Un frente no tan amplio, por Manuel Roa

Hay algo claro, sin mayor espacio a cuestionamientos, de las pocas certezas que parece dejar la crisis venezolana: derrotar a la dictadura pasa por lograr quebrar a su coalición, conseguir desintegrar a quienes hoy desde puestos de mando siguen apoyando las perversiones del régimen de Maduro. Pero esto no sucede, o no con la contundencia necesaria para lograr la transición democrática. Por el contrario, la que ha sufrido mayores rupturas ha sido la oposición; mucho más profundas, mucho más perjudiciales.[gap height=”20″]

Para sanar heridas la Mesa de la Unidad Democrática intentó reconfigurarse en una coalición más abierta y plural, que integrara sectores importantes de la sociedad civil, conocida desde marzo como Frente Amplio. Este nuevo bautizo no logró resolver el cisma que ha diluido la fuerza, la conducción y la confianza de la alternativa democrática; el que viven los cuatro grandes partidos opositores con María Corina Machado y, desde hace menos tiempo, con Antonio Ledezma. Por el contrario, la nueva estructura parece estar construida sobre bases tan debilitadas, que Acción Democrática, también, decidió dar su lucha de manera diferenciada

Son posiciones enfrentadas desde la misma acera. Machado y Ledezma aseguran que se cuenta con la fuerza suficiente, dentro y fuera de las fronteras, para doblegar a la dictadura sin dar mayores concesiones. Por su parte, el Frente Amplio percibiendo mayor fortaleza en la coalición dominante sigue intentando vías menos disruptivas para lograr la transición hacia la democracia. Dos maneras distintas de entender los medios para llegar al mismo objetivo. Dos propuestas que no parecen estar cerca de conseguir lo que se proponen.

Ambas alternativas carecen de una representatividad sólida. Sus discursos y estrategias diferenciadas impiden que haya un eco unificado de denuncia de la crisis que logre canalizar el enorme rechazo a la dictadura. Por ello, encontrar los puntos fuertes de ambas corrientes y volver a reunirlos en una gran alianza que pueda contener el avance del régimen chavista debe ser hoy el primer punto en agenda de la dirigencia opositora.

Machado y Ledezma son los símbolos del coraje y la contundencia, insumos que la mayoría del país cree necesarios para luchar contra un sistema atroz como el que encabeza Nicolás Maduro. La fundadora del movimiento Vente Venezuela destaca, además, por su solidez ideológica. María Corina ha logrado llevar la batalla contra el gobierno al terreno de las ideas, desnudando la perversidad del socialismo del siglo XXI y presentando una propuesta sostenida en los valores de la libertad, lo que representa un tipo de resistencia no desarrollada, hasta ahora, por los grandes partidos políticos de oposición.

Por su parte, el Frente Amplio es una coalición que, aún con el desgaste en sus índices de popularidad, sigue agrupando a gran parte de los venezolanos con convicción democrática. Cuenta con los principales partidos políticos; lo que se traduce en capacidad de organización, dirigencia, maquinaria e interlocución con grupos de poder dentro y fuera del país. Y, sobre todo, con una misión unitaria expresada desde su origen que debe volver a tomarse como línea guía.

Ambas propuestas, por separadas, resultan insuficientes. La primera no puede sostenerse solo en la fuerza sin una conducción factible y asertiva del conflicto; y la segunda no puede conducir correctamente nada, si se queda sin el apoyo popular. A los del coraje les ha hecho falta sabiduría en el manejo de los tiempos y las dinámicas políticas, y a los que dicen conocer las reglas del juego del poder les ha sobrado ingenuidad para entender la naturaleza del régimen que nos oprime.

Constituir una alianza con mayor solidez ideológica y menor ingenuidad política, contundente discursiva y estratégicamente, y asertiva en el entendimiento del contexto político, debe ser un objetivo prioritario e impostergable. La batalla contra la dictadura necesita darse en distintos tableros donde ambas propuestas son imprescindibles. En el plan de quebrar a la coalición dominante siempre se estará a la delantera si por cada esfuerzo que hacemos para lograrlo se multiplican los factores que nos fortalecen como oposición. El frente para recuperar la democracia en Venezuela necesita ser verdaderamente amplio y de manera urgente.

Manuel Roa

@ManuelRoa

Hay algo claro, sin mayor espacio a cuestionamientos, de las pocas certezas que parece dejar la crisis venezolana: derrotar a la dictadura pasa por lograr quebrar a su coalición, conseguir desintegrar a quienes hoy desde puestos de mando siguen apoyando las perversiones del régimen de Maduro. Pero esto no sucede, o no con la contundencia necesaria para lograr la transición democrática. Por el contrario, la que ha sufrido mayores rupturas ha sido la oposición; mucho más profundas, mucho más perjudiciales.[gap height=”20″]

Para sanar heridas la Mesa de la Unidad Democrática intentó reconfigurarse en una coalición más abierta y plural, que integrara sectores importantes de la sociedad civil, conocida desde marzo como Frente Amplio. Este nuevo bautizo no logró resolver el cisma que ha diluido la fuerza, la conducción y la confianza de la alternativa democrática; el que viven los cuatro grandes partidos opositores con María Corina Machado y, desde hace menos tiempo, con Antonio Ledezma. Por el contrario, la nueva estructura parece estar construida sobre bases tan debilitadas, que Acción Democrática, también, decidió dar su lucha de manera diferenciada

Son posiciones enfrentadas desde la misma acera. Machado y Ledezma aseguran que se cuenta con la fuerza suficiente, dentro y fuera de las fronteras, para doblegar a la dictadura sin dar mayores concesiones. Por su parte, el Frente Amplio percibiendo mayor fortaleza en la coalición dominante sigue intentando vías menos disruptivas para lograr la transición hacia la democracia. Dos maneras distintas de entender los medios para llegar al mismo objetivo. Dos propuestas que no parecen estar cerca de conseguir lo que se proponen.

Ambas alternativas carecen de una representatividad sólida. Sus discursos y estrategias diferenciadas impiden que haya un eco unificado de denuncia de la crisis que logre canalizar el enorme rechazo a la dictadura. Por ello, encontrar los puntos fuertes de ambas corrientes y volver a reunirlos en una gran alianza que pueda contener el avance del régimen chavista debe ser hoy el primer punto en agenda de la dirigencia opositora.

Machado y Ledezma son los símbolos del coraje y la contundencia, insumos que la mayoría del país cree necesarios para luchar contra un sistema atroz como el que encabeza Nicolás Maduro. La fundadora del movimiento Vente Venezuela destaca, además, por su solidez ideológica. María Corina ha logrado llevar la batalla contra el gobierno al terreno de las ideas, desnudando la perversidad del socialismo del siglo XXI y presentando una propuesta sostenida en los valores de la libertad, lo que representa un tipo de resistencia no desarrollada, hasta ahora, por los grandes partidos políticos de oposición.

Por su parte, el Frente Amplio es una coalición que, aún con el desgaste en sus índices de popularidad, sigue agrupando a gran parte de los venezolanos con convicción democrática. Cuenta con los principales partidos políticos; lo que se traduce en capacidad de organización, dirigencia, maquinaria e interlocución con grupos de poder dentro y fuera del país. Y, sobre todo, con una misión unitaria expresada desde su origen que debe volver a tomarse como línea guía.

Ambas propuestas, por separadas, resultan insuficientes. La primera no puede sostenerse solo en la fuerza sin una conducción factible y asertiva del conflicto; y la segunda no puede conducir correctamente nada, si se queda sin el apoyo popular. A los del coraje les ha hecho falta sabiduría en el manejo de los tiempos y las dinámicas políticas, y a los que dicen conocer las reglas del juego del poder les ha sobrado ingenuidad para entender la naturaleza del régimen que nos oprime.

Constituir una alianza con mayor solidez ideológica y menor ingenuidad política, contundente discursiva y estratégicamente, y asertiva en el entendimiento del contexto político, debe ser un objetivo prioritario e impostergable. La batalla contra la dictadura necesita darse en distintos tableros donde ambas propuestas son imprescindibles. En el plan de quebrar a la coalición dominante siempre se estará a la delantera si por cada esfuerzo que hacemos para lograrlo se multiplican los factores que nos fortalecen como oposición. El frente para recuperar la democracia en Venezuela necesita ser verdaderamente amplio y de manera urgente.

Manuel Roa

@ManuelRoa

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Hay algo claro, sin mayor espacio a cuestionamientos, de las pocas certezas que parece dejar la crisis venezolana: derrotar a la dictadura pasa por lograr quebrar a su coalición, conseguir desintegrar a quienes hoy desde puestos de mando siguen apoyando las perversiones del régimen de Maduro. Pero esto no sucede, o no con la contundencia necesaria para lograr la transición democrática. Por el contrario, la que ha sufrido mayores rupturas ha sido la oposición; mucho más profundas, mucho más perjudiciales.[gap height=”20″]

Para sanar heridas la Mesa de la Unidad Democrática intentó reconfigurarse en una coalición más abierta y plural, que integrara sectores importantes de la sociedad civil, conocida desde marzo como Frente Amplio. Este nuevo bautizo no logró resolver el cisma que ha diluido la fuerza, la conducción y la confianza de la alternativa democrática; el que viven los cuatro grandes partidos opositores con María Corina Machado y, desde hace menos tiempo, con Antonio Ledezma. Por el contrario, la nueva estructura parece estar construida sobre bases tan debilitadas, que Acción Democrática, también, decidió dar su lucha de manera diferenciada

Son posiciones enfrentadas desde la misma acera. Machado y Ledezma aseguran que se cuenta con la fuerza suficiente, dentro y fuera de las fronteras, para doblegar a la dictadura sin dar mayores concesiones. Por su parte, el Frente Amplio percibiendo mayor fortaleza en la coalición dominante sigue intentando vías menos disruptivas para lograr la transición hacia la democracia. Dos maneras distintas de entender los medios para llegar al mismo objetivo. Dos propuestas que no parecen estar cerca de conseguir lo que se proponen.

Ambas alternativas carecen de una representatividad sólida. Sus discursos y estrategias diferenciadas impiden que haya un eco unificado de denuncia de la crisis que logre canalizar el enorme rechazo a la dictadura. Por ello, encontrar los puntos fuertes de ambas corrientes y volver a reunirlos en una gran alianza que pueda contener el avance del régimen chavista debe ser hoy el primer punto en agenda de la dirigencia opositora.

Machado y Ledezma son los símbolos del coraje y la contundencia, insumos que la mayoría del país cree necesarios para luchar contra un sistema atroz como el que encabeza Nicolás Maduro. La fundadora del movimiento Vente Venezuela destaca, además, por su solidez ideológica. María Corina ha logrado llevar la batalla contra el gobierno al terreno de las ideas, desnudando la perversidad del socialismo del siglo XXI y presentando una propuesta sostenida en los valores de la libertad, lo que representa un tipo de resistencia no desarrollada, hasta ahora, por los grandes partidos políticos de oposición.

Por su parte, el Frente Amplio es una coalición que, aún con el desgaste en sus índices de popularidad, sigue agrupando a gran parte de los venezolanos con convicción democrática. Cuenta con los principales partidos políticos; lo que se traduce en capacidad de organización, dirigencia, maquinaria e interlocución con grupos de poder dentro y fuera del país. Y, sobre todo, con una misión unitaria expresada desde su origen que debe volver a tomarse como línea guía.

Ambas propuestas, por separadas, resultan insuficientes. La primera no puede sostenerse solo en la fuerza sin una conducción factible y asertiva del conflicto; y la segunda no puede conducir correctamente nada, si se queda sin el apoyo popular. A los del coraje les ha hecho falta sabiduría en el manejo de los tiempos y las dinámicas políticas, y a los que dicen conocer las reglas del juego del poder les ha sobrado ingenuidad para entender la naturaleza del régimen que nos oprime.

Constituir una alianza con mayor solidez ideológica y menor ingenuidad política, contundente discursiva y estratégicamente, y asertiva en el entendimiento del contexto político, debe ser un objetivo prioritario e impostergable. La batalla contra la dictadura necesita darse en distintos tableros donde ambas propuestas son imprescindibles. En el plan de quebrar a la coalición dominante siempre se estará a la delantera si por cada esfuerzo que hacemos para lograrlo se multiplican los factores que nos fortalecen como oposición. El frente para recuperar la democracia en Venezuela necesita ser verdaderamente amplio y de manera urgente.

Manuel Roa

@ManuelRoa

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