La ciencia del queso telita por Felix Tapia

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El gobierno bolivariano se propuso desde un principio acabar con el estamento científico venezolano. Para ello se buscaron algunos líderes del posmodernismo criollo que planteaban, precisamente eso, sustituir lo existente por una ciencia diferente y menos alineada con la forma de hacer ciencia en la mayor parte del mundo. Los argumentos, se basaban en impulsar una ciencia endógena y pertinente socialmente, y evitando una ciencia imperialista,  Hasta ahí, todo bien, pero resulta que el grupo dominante entre los “pensadores” de la ciencia chavista no quería experimentar y menos aplicar el método científico, tan identificado con el capitalismo.

Así que desde un principio, el objetivo era sustituir la manera de hacer ciencia por una distinta e insistentemente cacareada como mejor. De hecho, en esa época, un buen amigo –chavista de aquél entonces y hoy día bastante desencantado- me decía: “lo que pasa con ustedes es que en sus estudios aprendieron a jugar béisbol, y ahora lo que se juega es fútbol”. Bueno, muchos investigadores venezolanos intentaron jugar fútbol, pero se consiguieron con una práctica que juzgaba su lealtad al gobierno por encima de sus credenciales o trabajo de investigación.

Si alguien duda de lo que digo, visiten cualquier página web o aquellas involucradas con investigación y desarrollo (I+D) del gobierno bolivariano, las cuales inician con toda una parafernalia proselitista que en cualquier país serio -con su democracia- del mundo, sería considerada un abuso, pero en Venezuela se acepta porque vivimos en revolución y en una revolución se vale todo, incluyendo la violación de la Constitución.

En el gobierno no tardaron en darse cuenta que la Ley Orgánica de Ciencia Tecnología e Innovación (LOCTI) creada por ellos en 2005, tributaba y obligaba a las empresas (estatales y privadas) a invertir en I+D en sus firmas, pero generaba demasiado dinero para dejarlo todo en manos de empresarios o universitarios. A la LOCTI se le hicieron modificaciones en 2010 que la transformaron en  un simple impuesto a las empresas, el cual no se sabe en qué se invierte debido a la falta de transparencia.

Paradójicamente, en esos días de la LOCTI 2005, el gobierno venezolano decía que invertía más del 2 % del PIB en ciencia tecnología e innovación (CTI). Cifra sobre la cual  un colega brasileño me decía: “si eso es verdad, uno vería al bajarse de un avión en Venezuela, CTI por todos lados”.

Al final, no tenemos un mejor queso telita que el que teníamos en 1998, pero sí evidenciamos unas cifras que certifican el desastre de la CTI en Venezuela. La ciencia venezolana viene en peligro desde 2006, en picada. Tan es así que en 2009 Colombia nos desplazó de sempiterno cuarto lugar en índices internacionales como el SciMago 2014.

 

@ftapia

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El gobierno bolivariano se propuso desde un principio acabar con el estamento científico venezolano. Para ello se buscaron algunos líderes del posmodernismo criollo que planteaban, precisamente eso, sustituir lo existente por una ciencia diferente y menos alineada con la forma de hacer ciencia en la mayor parte del mundo. Los argumentos, se basaban en impulsar una ciencia endógena y pertinente socialmente, y evitando una ciencia imperialista,  Hasta ahí, todo bien, pero resulta que el grupo dominante entre los “pensadores” de la ciencia chavista no quería experimentar y menos aplicar el método científico, tan identificado con el capitalismo.

Así que desde un principio, el objetivo era sustituir la manera de hacer ciencia por una distinta e insistentemente cacareada como mejor. De hecho, en esa época, un buen amigo –chavista de aquél entonces y hoy día bastante desencantado- me decía: “lo que pasa con ustedes es que en sus estudios aprendieron a jugar béisbol, y ahora lo que se juega es fútbol”. Bueno, muchos investigadores venezolanos intentaron jugar fútbol, pero se consiguieron con una práctica que juzgaba su lealtad al gobierno por encima de sus credenciales o trabajo de investigación.

Si alguien duda de lo que digo, visiten cualquier página web o aquellas involucradas con investigación y desarrollo (I+D) del gobierno bolivariano, las cuales inician con toda una parafernalia proselitista que en cualquier país serio -con su democracia- del mundo, sería considerada un abuso, pero en Venezuela se acepta porque vivimos en revolución y en una revolución se vale todo, incluyendo la violación de la Constitución.

En el gobierno no tardaron en darse cuenta que la Ley Orgánica de Ciencia Tecnología e Innovación (LOCTI) creada por ellos en 2005, tributaba y obligaba a las empresas (estatales y privadas) a invertir en I+D en sus firmas, pero generaba demasiado dinero para dejarlo todo en manos de empresarios o universitarios. A la LOCTI se le hicieron modificaciones en 2010 que la transformaron en  un simple impuesto a las empresas, el cual no se sabe en qué se invierte debido a la falta de transparencia.

Paradójicamente, en esos días de la LOCTI 2005, el gobierno venezolano decía que invertía más del 2 % del PIB en ciencia tecnología e innovación (CTI). Cifra sobre la cual  un colega brasileño me decía: “si eso es verdad, uno vería al bajarse de un avión en Venezuela, CTI por todos lados”.

Al final, no tenemos un mejor queso telita que el que teníamos en 1998, pero sí evidenciamos unas cifras que certifican el desastre de la CTI en Venezuela. La ciencia venezolana viene en peligro desde 2006, en picada. Tan es así que en 2009 Colombia nos desplazó de sempiterno cuarto lugar en índices internacionales como el SciMago 2014.

 

@ftapia

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