Cuando se revisa el panorama de la prensa, sacas como conclusión que los grandes problemas del país son: el manejo económico en sus diferentes aristas, la crónica anunciada del fracaso del diálogo, la violencia que no se detiene y la falta de agua como parte del drama de los servicios públicos, te inclinas a pensar en un entrevistado, en una voz que pueda abordar esta realidad desde un punto de vista sistémico, integral.
En el pasado se podía pensar en contactar a un expresidente, que desde su experiencia como mandatario y probablemente desde la oposición hiciera su diagnóstico y ofreciera sus posibles soluciones. Eso hoy lamentablemente no es posible. Son 15 años de un solo gobierno, son 15 años de lo que llaman revolución. 15 años en los que con las características que conocemos la oposición no logró ganar una sola elección presidencial. Son 15 años que pretenden ir uniformando el criterio del ciudadano y que tiene algún éxito en la medida que desaparecen referencias adversas.
De los 40 años anteriores están muertos Wolfgang Larrazábal, Edgar Sanabria, Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Rafael Caldera, Carlos Andrés Pérez y Luis Herrera Campins. El propio Hugo Chávez no está.
Los dos únicos con vida son Jaime Lusinchi con 89 años y Ramón J. Velásquez con 97. Desaparecidos de la vida pública.
Es dramático para un país de ejemplo democrático, como fue Venezuela para el continente y el mundo. Y lo es aún más para los jóvenes que no pueden elaborar un criterio propio con base en la comparación a menos que apelen a los testimonios de referentes cercanos o tengan la iniciativa de consultar un texto de historia.
Quizás por eso último esa propuesta de libros ofrecida ya en varias ocasiones por el gobierno nacional.
Cuánta falta hace un debate público de confrontación de ideas. De altura.
El intento de Ramón Guillermo Aveledo es plausible, pero no suficiente cuando el interlocutor actúa como lo hace. La experiencia de Ramos Allup como parlamentario se puso en evidencia en una transmisión en cadena que por su resultado probablemente no veamos más en el país.
Nos queda el vacío de un vocero con experiencia presidencial que ofrezca su perspectiva de la realidad. Los ciudadanos de 30 o 40 años hacia arriba dependemos del recuerdo para registrar lo bueno y lo malo de aquellos 40 años de los que tanto se habla y que hoy acumulan ya 55 de un tipo de política que no termina de ofrecer las soluciones que el país entero merece.
(Lusinchi cumplirá 90 años el 27 de mayo)
Román Lozinski




