«Me dijeron que iba a llegar a la plaza»
En la plaza Bolívar de Caraballeda, las preguntas iban de un lado a otro. ¿Ya viene María Corina Machado? ¿Por dónde va a pasar? ¿Es verdad que va a llegar hasta aquí?
Marisela González intentaba responder a quienes se acercaban para conocer los detalles de la visita sorpresa de la líder opositora y premio Nobel de la Paz. «Me dijeron que ya vienen. Están recorriendo los campos de golf. Están ahora por la calle donde se cayó el edificio El Molino», explicaba, mientras los teléfonos comenzaban a sonar y los mensajes de voz corrían de vecino en vecino.
La expectativa crecía. Algunos querían avisar a sus familiares; otros se mantenían atentos a cualquier noticia que pudiese confirmar la llegada de Machado. La dirigente había viajado a La Guaira sin anunciar públicamente su recorrido, pero la noticia ya se extendía por las calles de Caraballeda.
Finalmente, llegó a la plaza. Frente a la iglesia Nuestra Señora de la Candelaria, el padre Freddy Lara la bendijo durante unos segundos de oración. A su alrededor, varias personas levantaban sus teléfonos para fotografiarla y tratar de guardar un recuerdo del encuentro.
«María Corina gracias por venir».
«María no estás sola».
«María Corina, menos mal que ya estás aquí».
Cada abrazo parecía abrir la oportunidad para decirle algo, contarle una experiencia o pedirle que escuchara lo que había ocurrido en el estado después del doble terremoto del 24 de junio.
Quienes la esperaban se fueron en procesión hasta la sede de Residencias Planchart, donde Machado tenía planeado un encuentro privado con la estructura parroquial de su partido Vente Venezuela en Vargas.

Afuera, Yelitza García esperaba con la esperanza de saludarla. Su hija le había avisado que había visto a la dirigente en la zona y ella decidió acercarse, aunque sabía que estaba reunida con el equipo político.
García estaba dispuesta a esperar hasta que terminara el encuentro. Como ella, otras personas fueron llegando a las inmediaciones del edificio, con la intención de verla de cerca y escuchar lo que tuviera que decirles.
«Yo de aquí no me muevo. Voy a ver a María Corina. Quiero abrazarla desde las elecciones de 2024. Quiero que sepa que aquí en Caraballeda defendimos esos votos y vamos a volver a hacerlo», insistía.
De El Trébol hasta Tanaguarena
La jornada había comenzado en el distribuidor El Trébol, la entrada principal al litoral central. Allí, Machado se detuvo para conversar con habitantes del sector y conocer cómo habían enfrentado la emergencia y la atención recibida durante los meses posteriores a los sismos.
«Ella vino a ver la magnitud de lo que había pasado», contó Abelardo López, vecino de El Trébol, quien tuvo la oportunidad de hablar con la dirigente.
Según relató, Machado les preguntó cómo habían vivido el doble terremoto, qué atención habían recibido y qué había ocurrido durante el tiempo en que ella no estuvo físicamente en la entidad. También les dijo que los había acompañado con sus oraciones.
«De nosotros se despidió con la promesa de volver. Siguió hacía Caraballeda, porque sabe que allá eso está más feo».
El recorrido de Machado se extendió por la urbanización Caribe y Tanaguarena. En las zonas afectadas, sobrevivientes y familiares de personas desaparecidas encontraron la oportunidad de contarle sus historias. Hubo abrazos, reclamos, llanto y peticiones de actuación ante una emergencia cuyas consecuencias siguen presentes en la vida de cientos de familias.

Un hombre moreno, vestido con una camiseta y con la rabia y la tristeza a flor de piel, se abrió paso para dirigirse a Machado.
«¿Hasta cuándo? ¿Qué vas a hacer tú por este poco de pobres que estamos aquí? Este gobierno no sirve para una paja. ¿Qué vas a hacer tú? Dime que yo te ayudo», le planteó, en un reclamo que puso sobre la mesa la urgencia de quienes esperan soluciones.
«Sabía que tenía que estar aquí»
Pasadas las 3:30 de la tarde, las personas seguían agrupadas frente a Residencias Planchart. La amenaza de lluvia no las hizo desistir. Esperaban la salida de Machado, que finalmente se dirigió a quienes permanecían en el lugar.
«Sabía que tenía que estar aquí. Desde el primer día no estuve físicamente, pero sí estuvieron mis oraciones», les dijo.

Machado reconoció el afecto recibido durante la jornada y formuló una promesa que encontró eco entre los presentes: «Hoy he recibido tanto amor. Yo les prometo que vamos a recuperar y a reconstruir Vargas. Y va a ser mejor de lo que fue. A Vargas la vamos a poner de primera en Venezuela».
También explicó por qué había considerado importante regresar a la entidad: «Este era el encuentro más importante que yo tenía pendiente porque tenía que ver lo que había pasado».

Después de escucharla, los vecinos comenzaron a retirarse. Algunos se marcharon con mejor ánimo; otros se quedaron unos minutos más, comentando lo que acababan de vivir. La visita había terminado, al menos por ese día, pero la expectativa de volver a verla seguía presente.
Maricela González, la mujer que durante buena parte de la jornada había intentado orientar a quienes preguntaban por Machado también se llevó una promesa.
«Ella dijo que esta no iba a ser la última vez, que ella iba a volver. Yo espero que vuelva y que todo lo que nos dijo sea completamente verdad. Nosotros aquí en Caraballeda sabemos lo que es vivir con esperanza. Ojalá todo lo que haya dicho María Corina sea verdad», expresó.
En una comunidad que todavía intenta reconstruir su cotidianidad después de los terremotos, la visita de María Corina Machado dejó una mezcla de expectativas y esperanza.
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