Diputado Paparoni: “Lo más difícil ha sido escuchar llorar a mi padre cuando me han herido”

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DIEGO ARROYO GIL

@diegoarroyogil

Son padre e hijo, pero a ratos parecen padre y padre, o hijo e hijo. Alexis y Carlos Paparoni, diputados ambos –aquel, de Un Nuevo Tiempo; este, de Primero Justicia– se sientan uno al lado del otro en el Salón Protocolar del Palacio Legislativo para conceder esta entrevista. Son más de las seis de la tarde y acaba de finalizar una sesión de la Asamblea Nacional en la cual ambos ejercieron el derecho de palabra. Llegan de buen humor, sin dar muestras de cansancio, aunque Alexis vive en Mérida y está en Caracas –como cada semana– para cumplir con sus obligaciones como congresista, y Carlos tiene el compromiso de asistir todavía a algunas actividades de su partido. Pero están frescos. Tanto, que nadie se imaginaría lo que han pasado en el transcurso de los últimos dos meses: Carlos Paparoni es, junto con Juan Requesens, el diputado que más ha sido herido durante las protestas (con una bomba lacrimógena, en la cabeza; con una metra, en una pierna; quedó tendido en el asfalto, perdido, lesionado brutalmente por un chorro de agua a presión proveniente de una tanqueta, en fin…), y Alexis es, bueno, su padre. “Olivares, Requesens, Pizarro y yo le echamos broma a mi papá –dice Carlos–, porque es el diputado que más ha llorado en todo el hemiciclo”. Se ríen. “Además, es el único diputado al que otro diputado le ha dado besos: yo”. Se ríen otra vez.

–Resulta un poco sui generis que les haya solicitado una entrevista a propósito del Día del Padre con todo lo que está pasando en el país, pero ocurre que es muy difícil ser padre en estos días en Venezuela, ¿no es verdad, diputado Paparoni?

–Paparoni padre: Sí, no hay la menor duda. Es difícil por un lado, pero alentador por otro. El deseo de un padre es que sus hijos tengan una buena formación, que le sirvan a la sociedad y al país, y cuando yo veo a mi hijo actuando como diputado y asumiendo su posición de defensa de los factores democráticos, me siento orgulloso. Me genera mucha tristeza cuando veo los golpes que recibe, pero en las conversaciones que hemos sostenido he llegado a la conclusión de que si no fuera por esa terquedad no estaríamos donde estamos. Y estoy convencido de que hoy estamos más cerca (de una solución) que hace algunos meses.

–¿Se ha sentido tentado de pedirle a su hijo que abandone la política?

–Paparoni padre: No, no, no, no. No he llegado allá… aún.

–Paparoni hijo: ¡Aún! –exclama el diputado.

–Paparoni padre: Lo que sí le he pedido, como todo padre, es que tenga cuidado. Pero el arrojo de mi hijo y de tantos jóvenes y venezolanos me da fortaleza para seguir adelante con actitud y con valentía. Cuando converso con mi hijo y me dice que está luchando porque quiere tener un futuro garantizado, porque quiere que mis nietos tengan una Venezuela con mejores condiciones, porque quiere, como yo, tener una casa y hacer una familia, me quedo sin alternativa y solo puedo darle mi apoyo y encomendarlo a Dios. Venimos de pueblos andinos donde la gente cree mucho en Dios. Lo que sí tengo que confesar es que son muchas las lágrimas que hemos tenido que derramar cuando le ha ocurrido lo que le ha ocurrido al diputado Paparoni.

–Nunca hasta ahora nos habíamos paseado por la posibilidad de que un diputado pueda perder la vida, de que pueda ser asesinado por órganos de seguridad del Estado. ¿No tiene miedo?

–Paparoni hijo: Sí, pero el miedo a la represión es mucho más fuerte que el miedo a lo que pueda pasarnos. Vivimos en un país donde todos los venezolanos hemos perdido peso, donde todos hemos visto a alguien buscar comida en la basura. Yo tengo 28 años, soy diputado y productor agrícola, y si hoy yo quisiera casarme no tendría con qué comprarme la nevera. A mí me da mucho más miedo vivir como hemos estado viviendo que arriesgarme. Yo no estoy haciendo nada diferente de lo que están haciendo miles de venezolanos más. Nosotros no estamos en la calle como diputados ni como servidores públicos ni como políticos, sino como jóvenes.

–Pero usted es diputado. ¿Por qué no usa máscara ni casco?

–Paparoni hijo: Eso ha sido un debate, y ahora más que mi padre me regaló un casco. Tiene mucho que ver con predicar con el ejemplo. A mí me criaron en política siempre diciendo que uno no puede pedirle a nadie que haga algo que uno no está dispuesto a hacer. Y esa ha sido una línea en la que yo me he mantenido. Quizá por la experiencia de la universidad uno tiene un poquito más de aguante a las bombas lacrimógenas. En todo caso, mi papá me hizo prometerle que iba a usar casco más a menudo.

–Cuando usted fue lesionado por el chorro de agua de una tanqueta, le recomendaron casi dos semanas de reposo y sin embargo al tercer día ya estaba en la calle. Mucha gente puede estar pensando que al diputado Carlos Paparoni le gusta ponerse en el blanco.

–Paparoni hijo: Hay un joven al cual le dañaron un riñón, también con la tanqueta, y hoy está en la calle. Hay miles y miles de venezolanos que han sido víctimas de la represión y hoy siguen en las calles. Yo soy de los que están en contra de los minutos de silencio para Neomar, para Juan Carlos, para Paola, para Armando, para César, para Miguel, porque, yo no sé quién lo dijo, en mi país no hay tantos minutos ni suficiente silencio para poder honrarlos. La única manera que tenemos de honrar a las víctimas es terminar lo que ellas comenzaron. Y si eso implica sacrificio, exponerse, arriesgarse, pues es lo menos que podemos hacer por Venezuela.

–Diputado, usted nació cuando principiaba la democracia, y su hijo nació cuando esa democracia ya estaba en crisis. ¿Por qué su generación no logró consolidar y mantener en pie el régimen de libertades instaurado en 1958?

–Paparoni padre: Yo soy integrante de la generación que nació en democracia. Yo nací después de que la dictadura de Marcos Pérez Jiménez fue derrocada. Y tuve las oportunidades que ese sistema me dio. Pude estudiar, pude formar a mis hijos, pude convertirme en un integrante de la clase media en Venezuela. Con mi trabajo de maestro de escuela y con el trabajo de campo junto con mis padres, pudimos tener casa, tener carro, etcétera. Pero hubo un momento en que nuestra generación no pudo seguir teniendo esas oportunidades, y ese impedimento vino cuando, hay que decirlo, los partidos abandonaron la senda democrática. Los partidos hablaban de democracia, pero se convirtieron en partidos autócratas. Eso impidió que las nuevas generaciones asumieran (sus propios) rumbos. El que se hayan repetido candidaturas y presidentes cercenó un derecho a la generación de la cual yo formo parte. Además, intereses de orden económico, por ponerle la mano a la producción de dólares que generaba el petróleo, asumieron posiciones contra los partidos. Y todo eso generó una opinión adversa con respecto a los partidos, que aún hoy tenemos. La gente tiene una opinión negativa de los partidos políticos. La gente dice que la democracia requiere de partidos políticos, pero internamente protestan contra ellos. Ha llegado la hora de que la gente despierte y sienta que un modo de participación es formar parte de los partidos políticos. Esta etapa que está viviendo mi hijo es muy importante, porque va a permitir que Venezuela se perfile hacia nuevos modelos, que logremos lo que todos queremos: nuevas oportunidades, buena educación, vivienda, alimentación.

–Si tuviese que establecer diferencias entre la generación política de su padre y la suya, ¿cuáles serían? Además de la experiencia, que es obvia.

–Paparoni hijo: Yo estoy convencido de que el problema político del país no tiene que ver ni con el terminal de la cédula ni con la edad. Pero, claro, hay formas y maneras de hacer política. A simple vista se puede ver. Mi papá usa corbata por la majestad del cargo. Me lo ha dicho cuando hemos tenido la discusión: “En esa tribuna de oradores habló Andrés Eloy, habló Betancourt”, “En esa tribuna de oradores vimos cómo una generación venció a una dictadura”. La corbata no es por estilo, es por respeto. Nosotros, (los jóvenes), quizá por el momento histórico que estamos viviendo, vamos más a la calle. Lo hemos visto en estos más de 70 días de protesta. Pero todos tenemos el mismo fin, que es servir a la gente. Algunas generaciones usan palabras más rebuscadas que las nuestras. Nosotros tenemos más actividad de calle porque la edad nos lo permite. Para mí sería muy difícil que mi papá fuera golpeado por la ballena. No podría soportarlo.

–¿Su padre le ha llamado la atención por no venir con corbata a la Asamblea?

–Paparoni hijo: Sí, en más de una oportunidad. Y en algunas sesiones especiales me ha pedido que la use. Además, detesta que me ponga la chaqueta amarilla en las sesiones. Claro que él se quita la corbata apenas sale de aquí…

–Sí, pero viene con ella.

–Paparoni hijo: Sí, siempre.

¿Por qué ustedes, que son padre e hijo, no forman parte del mismo partido político? ¿Cuáles son las diferencias ideológicas que hay, tomando en cuenta que Alexis Paparoni pasó de Acción Democrática a Un Nuevo Tiempo y que Carlos Paparoni es de Primero Justicia, en cuyo origen hay un núcleo copeyano?

–Paparoni padre: Yo creo que hay un hecho que nos marcó. Mi mamá era copeyana y mi papá era adeco, y hubo un momento en que un hermano mío era secretario juvenil del MEP, otro era secretario juvenil de Copei y yo era secretario juvenil de Acción Democrática, allá donde nacimos, en Santa Cruz de Mora. Entonces acostumbrábamos a hablar sobre política, y aunque jamás nos poníamos de acuerdo, nos respetábamos. Eso mismo he hecho yo con mis hijos: Carlos está en Primero Justicia y tengo una hija, por ejemplo, en Voluntad Popular. Discutimos, en algunas cosas estamos en desacuerdo, en la mayoría estamos de acuerdo. En algunos momentos ellos me dan la razón a mí, en otros momentos yo les doy la razón a ellos. En mi casa se practica la democracia.

–Paparoni hijo: Si me lo preguntas a mí, y no quiero que esto se entienda mal, quizá por eso que explicó mi papá de lo que ocurrió en el país con los partidos políticos, hoy yo veo que Primero Justicia es un partido que sí da muchas oportunidades, donde el debate interno es común. Primero Justicia es el partido con más debate interno que puede haber. Nosotros somos muy organizados: tendemos más a la organización que a los liderazgos, y eso es algo que nos caracteriza en nuestra manera de hacer política. Creemos en lo corporativo, remamos todos juntos, cada quien le da un valor agregado a la organización. Los liderazgos existen para la organización, no la organización para los individuos.

–Pero es inimaginable Primero Justicia sin Henrique Capriles.

–Paparoni hijo: Es un liderazgo muy sólido el de Capriles. Pero cuando nosotros hablamos de dirigentes, hablamos de Henrique, de Carlos Ocariz, de Julio Borges, de Tomas Guanipa, liderazgos muy fuertes hacia dentro y también en la calle. Y hay liderazgos en las provincias que son muy importantes para lo que pasa dentro del partido: Richard Mardo, Gustavo Marcano, Juan Pablo Guanipa. Tenemos liderazgos muy fuertes, pero la organización está por encima de esos liderazgos. Este es un partido que no se acaba si el día de mañana, Dios no lo quiera, a alguno de ellos le pasara algo, o se fuera.

–Ese panorama que plantea su hijo sobre Primero Justicia, esa discusión interna del partido, ¿existe también en Un Nuevo Tiempo?

–Paparoni padre: Esa es una de las cosas que algunos diputados hemos estado buscando. Como dije, (en el pasado) se perdieron muchos logros porque se dejaron de lado muchas discusiones. Y quisiéramos que en nuestro partido, en el mío, se rescatara eso. Ocurre muy poco, lo hacemos, pero no en todas las oportunidades en que deberíamos.

–¿Cuál es la traba?

–Paparoni padre: Un Nuevo Tiempo es un partido que está constituido fundamentalmente por un liderazgo que nació en el Zulia, y eso de una u otra manera hace que nuestros líderes fundamentales estén asentados allá, desde nuestro presidente, que es Manuel Rosales. Y eso aleja la relación con los demás líderes.

–Un sectarismo como el de AD en 1945-48, pero hacia dentro.

–Paparoni padre: Yo no diría sectarismo. Es una situación que se da no porque alguien la esté buscando sino porque de pronto no hemos hecho el esfuerzo que deberíamos hacer para que esto no ocurra. Pero estamos por buen camino.

–Hay muchos jóvenes que dicen que en Venezuela hay que dejar todo el pasado atrás, pero ustedes provienen de una región del país de donde han salido figuras políticas históricas: Antonio Pinto Salinas, Alberto Adriani, Consalvi, etcétera. ¿Por qué los líderes emergentes no hablan de eso? ¿Tienen miedo de perder réditos políticos si hablan del pasado?

–Paparoni hijo: No, para nada. Yo hablo muchísimo de Pinto Salinas. Revisas los últimos discursos y te das cuenta de que es parte de la discusión que estamos dando. Yo crecí muy cerca de esa historia, por mi papá. Para mí Pinto Salinas es alguien sobre quien pudiéramos hacer la mejor película de acción de los últimos tiempos. Un joven que salió de un pueblo del interior, de Cumbre de Pinto, se hace seminarista, se viene a Caracas, al tercer o cuarto año continúa con los votos de castidad y de pobreza pero deja el seminario porque siente que lo llama la lucha en la calle, se va a calle, es hecho preso, lucha contra la dictadura de Pérez Jiménez, es secretario de un partido tan importante en ese momento como Acción Democrática. Y un día lo asesinan vilmente, por la espalda, en una carretera hacia el Guárico. Yo sí creo que esa historia hay que resaltarla. Yo no le tengo miedo al pasado. Lo importante es corregir los errores que hayamos cometido. Ahora, yo no sé si tenemos que actuar según la teoría de Gene Sharp, o de Mandela, o si más bien debemos hacerlo al estilo de Betancourt o de Ruiz Pineda. No sé. Lo que sí sé es que seguir luchando es lo que va a generar los cambios. Yo no escogí la política. La vida me puso aquí.

–Usted quería ser ingeniero.

–Paparoni hijo: Yo quería ser artista, cantante, pero no tengo voz –se ríe–. Después quise ser cura, como a los 10 años, ¿no, papá?

–Paparoni padre: Sí, andaba con la foto de monseñor José Humberto Paparoni para arriba y para abajo.

–Paparoni hijo: Luego entré a estudiar Ingeniería. Pero en mi casa la política es muy constante, somos muy apasionados cuando peleamos, cuando discutimos. Entre nosotros el debate es común. Y llegó un momento en que el país hizo que yo asumiera una postura. Con el respaldo de mi padre, que sin duda es la persona más importante de mi vida hoy en día. Es su palabra la que me hace conseguir paz en medio de la violencia y de la persecución. Lo más difícil ha sido escucharlo llorar cuando me han herido.

–La gente en la calle está luchando por un cambio, pero detrás de la determinación y de la euforia en muchos casos, está el miedo de que esto no derive en nada sino en una frustración desmoralizante. Por eso todo el mundo les pregunta a los periodistas y a los políticos qué va a pasar. ¿Esa es una pregunta que se puede contestar sin caer en un terreno meramente especulativo?

–Paparoni hijo: Esa es una pregunta muy difícil. Lo único que no podemos hacer es rendirnos. Dentro de muchos años, cuando mis hijos y mis nietos me pregunten qué hice yo en el momento más difícil de Venezuela, quiero poder contestarles con la consciencia tranquila que yo lo di todo. No, rendirse no es una opción. Y eso tiene un costo muy alto, yo lo sé. Mi papá ha envejecido más en estos días que en toda su vida.

–Paparoni padre: Coincidimos, independientemente de que formamos parte de generaciones diferentes. Aquella generación que luchó por instaurar el sistema democrático, la generación intermedia, que es la mía, y la generación de mi hijo, están juntas. Hoy nos une el deseo de que Venezuela cambie, de que no continúe un gobierno que se ha quitado la careta, de quitarnos de encima a este gobierno que no le generó al país ningún futuro.

–¿Se imaginan a un Paparoni en el gobierno y al otro en la oposición?

–Paparoni hijo: En esta familia todo es posible –carcajadas.

–Paparoni padre: Es posible todo, sí.

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