(Infografía) ¿A quién cuidaban los escoltas asesinados?

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@MariaAlesiaSosa

Infografía: Carmen Riera y Daniela Dávila Torres

 

Los homicidios de escoltas se han acentuado exponencialmente en los últimos años. Desde 2010, al menos 52 guardaespaldas han sido asesinados. Expertos en seguridad explican que el robo y homicidio de escoltas es multifactorial: la vulnerabilidad de este oficio responde principalmente a la falta de preparación de quienes lo ejercen, a lo rentable que resulta robar un arma y a la impunidad reinante en Venezuela.

La inseguridad juega un papel fundamental en el auge de esta industria. “Cuando el Estado no cumple con su deber constitucional de proteger a los ciudadanos, el privado tiene que defenderse, sea con rejas, vigilancia, seguridad pasiva o electrónica, y algunos, con escoltas”, afirma Mario Mármol García, experto en seguridad.

La mayoría de los guardaespaldas asesinados pertenecían o pertenecieron a un cuerpo policial. La migración de la policía al oficio de escoltas es otro factor a resaltar, y sucede principalmente por un tema económico. El sueldo de un escolta está entre 30 y 50 mil bolívares al comienzo, mientras que un policía con 15 años de servicio cobra 20 mil bolívares al mes. Dentro de este gremio, los que fungen como protección de empresas privadas cobran el doble o el triple que los de funcionarios públicos.

Para Mármol no es positiva esta diáspora de policías, pero sí comprensible. “El esquema del escolta privado es totalmente diferente al del policía. La labor del escolta es proteger la vida del dignatario, y siempre debe evitar la confrontación. El policía confronta y saca su arma de fuego. Al confrontar pone en riesgo la vida del dignatario”, explica.

Jesús trabajó por más de 15 años en la policía del estado Miranda, pero desde hace cinco decidió retirarse y dedicarse al servicio de seguridad privada porque pagaba mejor. Hoy trabaja como guardaespaldas de un empresario. “Ser escolta hoy en día es muy riesgoso, el hampa busca a las personas armadas, los matan sencillamente para despojarlos de su arma de fuego”.

Jorge no tiene experiencia como policía pero ha hecho cursos de entrenamiento. Lleva cinco años trabajando como guardaespaldas. Está pensando retirarse para dedicarse a otra cosa. “Ya no hay manera de protegerse, es un oficio demasiado riesgoso. No es como hace tres años. Me metí porque me gustaba esta rama de la seguridad y porque pagaba bien, pero ya el riesgo es demasiado”.

Tras el arma de fuego

En Venezuela casi 90% de los delitos violentos se cometen con armas de fuego. Para el jefe de seguridad de una empresa privada, la explicación de los recientes asesinatos está en el mercado de las armas. “Es lo que hace que los escoltas sean objetivo de la delincuencia. Desde hace 5 años no hay ventas de armas de fuego, se ha reducido mucho el parque de tráfico de armas, y son muy caras. Lamentablemente es más fácil agarrar a un escolta, quitarle la vida, y despojarlo de su arma de fuego”.

Por lo general los que se dedican a este oficio portan una pistola 9 mm que cuesta, en el mercado negro, entre 250 y 300 mil bolívares.

Jorge y Jesús coinciden en que no se sienten más protegidos que el resto de la gente por estar armados. “Al contrario, cuando uno anda armado sabe que corre más peligro. Uno carga cuchillo para su propia garganta. Si me vienen a asaltar y me consiguen la pistola, me van a matar, no me dejan vivo. Eso uno lo sabe”, dice Jesús.

“El delincuente está en la calle para buscar un arma de fuego y la manera más fácil es quitársela a un escolta”, comenta Jorge.

Ambos reconocen que el secuestro ya no es el delito más temido, sino que el negocio de la delincuencia son las armas.

“El problema aquí es que los cuerpos policiales del Estado perdieron la batalla contra la inseguridad. No es como era antes, hoy muchos decimos que la PM (Policía Metropolitana) era un mal necesario. La PM conocía los sectores y se metía a buscar a los malandros. Hoy la policía no puede entrar a enfrentarse a las bandas delictivas, no pueden entrar en esas famosas zonas de paz ¿Paz de qué? Será Paz de Hampa”, expresa el joven  guardaespaldas.

Dice que la inseguridad es un mal que padecen hasta los mismo funcionarios públicos. “Ya no vemos policía en la calle, lo que se ven son escoltas. Las personas “importantes” andan hasta con 12 guardaespaldas. La inseguridad está fuerte hasta para ellos mismos”, cuenta Jesús refiriéndose a los altos cargos del Gobierno.

Hay como un acuerdo tácito de que el delincuente cuando ve a un uniformado y lo atraca, le va a quitar la vida. Es como una regla. Todo lo que el delincuente pueda resolver en contra de alguien que represente autoridad, le van a sesgar la vida. Representa un riesgo para el delincuente si no le quita la vida. Son enemigos naturales. Prefieren acabar con el. Hay una rivalidad muy fuerte.

La siguiente infografía muestra las personas asesinadas a quienes identificaron como escoltas de funcionarios o empresarios desde 2010. Predominan los guardaespaldas de personalidades del Gobierno. A la lista debe sumarse Juan Manuel Villegas Herrera, escolta de la ministra para el Despacho de la Presidencia, Carmen Meléndez, quien fue asesinado este jueves 27 de agosto. El robo de arma de fuego es una constante, así como el lugar del homicidio: fuera de su sitio de trabajo. Quienes cuidan las espaldas de los llamados dignatarios no están a salvo, en cambio, son el blanco preferido de la delincuencia.

Los guardaespaldas son un blanco fácil

 

 

No los matan en el trabajo

En ninguno de los casos recogidos en esta base de datos, el escolta es asesinado mientras cumplía sus funciones. Es decir, no los han matado defendiendo a sus dignatarios o jefes. La mayoría de los crímenes sucede en plena calle y en una zona cercana a la vivienda de la víctima.

Mario Mármol indica que el entorno conoce que la persona trabaja en labores de seguridad, y sobre todo: saben que tiene un arma.

“En el sector donde vive la persona hay mucha delincuencia y saben que porta un arma, entonces es blanco de los malandros. Ya ahorita no existen los amigos, hay que cuidarse de todo el mundo. En el barrio saben que uno carga una pistola, y muchos quieren su pistola propia”, explica Jorge.

Entre su gremio llegaron a  escuchar que algunas bandas estaban pagando a sus integrantes 100 mil bolívares por matar a un policía y 50 mil por matar a un escolta. Pero no se dejan convencer, no creen que haya un operativo de ese tipo. “El mismo Gobierno lanza esos rumores para buscarle un pretexto al hampa. Eso es mentira, la única explicación es que la delincuencia está desatada. Hoy el hampa está muy bien organizada”, explica Jorge.

Mal entrenados

Para los especialistas consultados, que los guardaespaldas actúen como policías, y llamen la atención se explica con que están mal entrenados. Mármol indica que los esquemas de seguridad en protección de personalidades son varios: hay uno muy disuasivo que sostiene que los escoltas deben notarse para que sean un anillo de choque contra el delincuente que pretenda acercarse, hay otra escuela que cree que los escoltas deben pasar desapercibidos por completo; otra escuela es la mixta, donde se usan escoltas que se vean y algunos que no se vean.

Jesús cree que la mayoría de sus colegas “se paran en una esquina y se ponen a tragar bola, o sea, a mostrarse con el teléfono, el arma, y otras cosas llamativas. El delincuente lo ve fácilmente y lo agarra”.

Otro experto en seguridad que prefirió no identificarse, dice que los funcionarios del Gobierno a veces escogen a malandros como escoltas, porque creen que los protegerán mejor. “Una vez que el malandro empieza a trabajar con un político, se siente apadrinado y abusa de su poder, se las echa en el barrio, y también les quitan la vida por eso.

El reclutamiento es totalmente diferente. Los escoltas que van a trabajar en empresas privadas deben pasar por una preparación, vemos que el escolta de un ministro no necesariamente pasa por eso”.

El perfil del guardaespaldas

El problema para Mármol García es que no se sacan el diskette de policía, que siempre andan aparentando y les gusta mostrar.

“La conducta y características de un escolta son fáciles de ver. Hay un fenotipo. Cómo se viste y cómo actúa. Si un escolta es fácilmente detectable por el ciudadano común, ¡imagínate por la delincuencia!”, dice.

Se visten con chaqueta negra, utilizan motos parapoliciales, que son muy parecidas a las de los policías (Kawasaki, KLR, V-Strom, Suzuki, o Kawasaki Versys), y llevan un bolso pequeño de lado.

 

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