María Alesia Sosa Calcaño, autor en Runrun

Maria Alesia Sosa calcaño

En braga de preso y encadenado, compareció expresidente Martinelli en las cortes de Miami

Foto: María Alesia Sosa

Fue detenido en su casa de Coral Gables, luego de que Panamá pidiera su extradición

 

@MariaAlesiaSosa

ESPOSADO, CON UNA CADENA amarrada en la cintura y vestido con un uniforme color beige correspondiente a los detenidos no procesados, compareció el expresidente panameño Ricardo Martinelli, ante las cortes de Miami, menos de 24 horas después de haber sido arrestado en su casa de Coral Gables, Miami. US Marshals (Cuerpo de Alguaciles de EEUU) detuvo al exmandatario la noche del lunes 12 de junio, atendiendo a una petición de extradición del Gobierno de Panamá, por una acusación de escuchas ilegales a más de 150 adversarios políticos.

Pasadas las 2 de la tarde del martes, se dio inicio a la audiencia presidida por el juez Edwin Torres. La sala estaba completamente llena, aunque sólo se le permitió la entrada a un familiar por cada acusado. Al menos 20 periodistas ingresaron a la sesión.

Martinelli fue el primero del banco de los acusados en atender al llamado del juez. Con semblante serio, sólo se le oyó la voz para decirle al juez que sí hablaba inglés fluido, así como para pronunciar su nombre completo.

La defensa, a cargo del abogado Marcos Jiménez, pidió libertad bajo fianza para su cliente y explicó que tenía una condición de salud por una operación a la que se había sometido. La fianza podría ser de un millón de dólares.

“El pedido de libertad bajo fianza será denegado en este momento”, manifestó el magistrado al finalizar la breve audiencia judicial.

El juez Torres, accedió a brindarle cualquier tipo de tratamiento médico que el acusado pudiera necesitar. La defensa insistió en que el Martinelli no tenía razones para estar detenido.

“Este es un caso políticamente motivado”, dijo el abogado del expresidente. Aseguró que era un plan orquestado por el actual presidente de Panamá, Juan Carlos Varela. Agregó que esto sucede luego de que Martinelli había expresado su deseo de volver a lanzarse a la presidencia de ese país, lo que el abogado calificó como “curioso”.

Además, la defensa alegó que en el tratado de extradición entre EEUU y Panamá, que data de 1904, no figura el delito de grabación de llamadas, por lo que no aplica la acción en este caso.

Jiménez dijo que Martinelli vive en Miami desde hace dos años y medio, junto a su familia, en condición  de asilado político, y que en marzo de este año, ese proceso se había formalizado cuando el exmandatario puso las huellas en su expediente de solicitud. Aunque otro abogado del expresidente, Sydney Sitton, declaró en las afueras del tribunal que su defendido está “con una visa especial que se le otorga a los expresidentes”.

La defensa insistió en que este era un caso absolutamente político, y sin entrar en detalles, criticó el sistema judicial de Panamá. Sin embargo, dijo que las pruebas de sus argumentos serían consignadas antes de la próxima audiencia.

El abogado también pidió al juez Torres, celeridad en el caso, ya que dijo que su defendido con debía estar bajo custodia.

Durante la audiencia, Jiménez recordó el caso del exministro colombiano Andrés Felipe Arias, a quien el gobierno de su país también intentó extraditar (por un caso de corrupción), sin embargo, un juez estodunidense le otorgó libertad bajo fianza  en noviembre de 2016, luego de permanecer dos meses y medio detenido.

Aunque a Martinelli, la medida de libertad bajo fianza le fue negada, el juez propuso la fecha del martes 20 de junio para escuchar la versión de la defensa. Con esto último, estuvo de acuerdo el fiscal acusador.

Lorenzo Palomares, abogado de la esposa de Martinelli, declaró al salir de la sala, que este caso es un orden del sistema judicial de Panamá, que está aliado con los gobiernos de Cuba y Venezuela.

Un día antes de que se produzca esa nueva audiencia, se espera la visita del presidente de Panamá, Juan Carlos Varela a Estados Unidos.

Ugalde: “El Gobierno está tratando de sembrar la idea de que el Papa no está con la Iglesia venezolana”

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@MariaAlesiaSosa

 

Apenas el Papa Francisco aterrizó en Roma el 30 de abril de 2017, proveniente de su viaje a Egipto, saltaron todas las alarmas por sus declaraciones sobre Venezuela durante el vuelo. Así lo relata el padre Luis Ugalde, exrector de la Universidad Católica Andrés Bello.

El Papa había declarado que la oposición venezolana estaba dividida, o al menos ése fue el titular que la mayoría de los medios destacaron de su informal alocución. “A mi también me saltaron las luces. Recibí una carta del rector José Virtuoso pidiendo que, inmediatamente, la Iglesia venezolana debía comunicarse con el Vaticano. Recibí también al Cardenal. Nos reunimos con urgencia y sacamos un documento”.

Cuenta Ugalde, que Pietro Parolín, secretario de estado de la Santa Sede, entregó ese documento al Papa, y fue entonces cuando el sumo pontífice supo que sus declaraciones habían sido sacadas de contexto. Lo mismo opina Ugalde. quien explica que la gente ignora muchas acciones que ha tomado el Vaticano en esta situación, y que no tienen la misma resonancia.

 Francisco fue duramente criticado por hablar de las divisiones de la oposición y no condenar la represión.

El Papa está muy claro de lo que sucede en Venezuela. Hay que entender el contexto: Regresaba de Egipto, de un encuentro que ocurre cada 500 años, de reunirse con los dos Papas de las iglesias ortodoxas, y de un complicado encuentro con los musulmanes en su universidad. Llega al avión, viene cansado. Le preguntaron del diálogo y dijo dos cosas claras: Que no se cumplieron las condiciones para que el diálogo funcionara. Y además, sobre el diálogo, dijo que la misma oposición está dividida. El Gobierno desde hace unos seis meses, está jugando sistemáticamente a difundir el siguiente mensaje: “Los obispos venezolanos han traicionado a la Iglesia y  funcionan como un partido político, por eso están en contra de nosotros; en cambio el Papa quiere el diálogo, y nosotros estamos con el diálogo”. Efectivamente, al Gobierno le interesa que la oposición diga que el Papa no está con los obispos venezolanos.

¿Hubo alguna aclaratoria del Santo Padre?**

El Ángelus del domingo siguiente, que se llama Regina Celis (Reina del Cielo), lo comenzó hablando sobre Venezuela y las terribles noticias que estaban recibiendo, como completando o corrigiendo el malentendido. Es el Gobierno quien está tratando de sembrar la idea de que el Papa no está con la Iglesia venezolana.

¿Cree que el Vaticano ha sido una postura clara en este tema?

Hay cosas que deben conocerse: Cuando se dió el mal llamado diálogo, que no ocurrió, el Vaticano, a través de Parolín, mandó una carta durísima en la que reclamó que no se habían dado las condiciones ni respetado los acuerdos. El Vaticano exigía los cuatro puntos que pedía la oposición. La respuesta del Gobierno de Venezuela fue terrible, y eso no se publicó. Furiosos en Caracas, Diosdado Cabello dijo que un tal Parolín les había enviado una carta, sin embargo, insistía en que esa no era la respuesta del Papa, “porque el Vaticano está con ellos”. Pero evidente el secretario de Estado del Vaticano, no escribe ni un párrafo en temas tan trascendentales, sin acuerdo con el Papa y la Conferencia Episcopal. Lo cierto es que el diálogo no se dió, y en diciembre de 2016 fueron a Venezuela los otros facilitadores, nombrados unilateralmente por el Gobierno, y el del Vaticano dijo “No voy”.

Algunos tachan a Francisco de comunista…

Pesa contra el Papa la idea de que él no acaba de entender la economía liberal, y eso está bien. No tiene por qué estar de acuerdo con esos  principios, son cosas que se discuten. Pero es bueno no mezclar las dos cosas, porque él está muy claro de que en Venezuela hay una dictadura. Hay que separar las dos cosas.

¿Cree que la Constituyente es una solución como plantea el Gobierno?

Cuando el Gobierno cayó en la cuenta de que las decisiones 155 y 156 prendieron las luces de alarma nacionales e internacionales, Maduro dijo que había un “malentendido”. Pero no corrigió nada en lo sustancial: la Asamblea Nacional no existe, y reparten sus atribuciones entre el TSJ y el Ejecutivo. Eso es dictadura.

El Gobierno primero trató de suavizar esa decisión, aunque la gente no le creyó y salió a la calle. Ellos dijeron: “les vamos a meter miedo”, y sacaron 500 mil milicianos con fusiles, y miles de motos armadas de sus grupos y la gente no se asustó. Fuimos a las marchas. Siguiente paso del Gobierno: deseos infinitos de elecciones regionales ¡Otra mentira! Nadie le paró. El Gobierno pensó que con eso desactivaba la calle, pero no fue así. Tuvieron que inventar otra cosa: la constituyente. Si se ha dicho nacional e internacionalmente que esto es una dictadura, ¡continuemos la secuencia! ¡No empecemos de cero!

Ahora nos ofrece este otro plato, pero todo lo que te ofrece el dictador es para afianzar la dictadura, no nos engañemos, es una trampa, y una trampa mortal. Los obispos lo dicen claramente en su último pronunciamiento, y el Papa está de acuerdo con ellos.

Justamente esta semana se cumplieron 60 años de la Pastoral de Monseñor Arias Blanco, que fue determinante en la caída de Pérez Jiménez, ¿Son estos pronunciamientos de los obispos el equivalente en la Venezuela de hoy?

Efectivamente esa pastoral que salió el 1 de mayo de 1957 irritó mucho al Gobierno, pero si se compara con lo que han sacado los obispos, los de hoy son mucho más duros. En aquel momento de gran silencio dictatorial, todos los analistas ponen ese momento de la Iglesia como un detonante. La reacción del Gobierno fue muy negativa, y fue la inspiración del movimiento. Eso es muy importante, porque cuando se ve la contradicción entre los principios cristianos y lo que un régimen está haciendo, aunque no tengas fusiles, la legitimación moral del régimen se derrumba. Y eso es lo que está pasando en Venezuela: la gente deslegitima al Gobierno.

¿Qué tan importante son las decisiones de los líderes en un momento en que el pueblo está desbocado en esa deslegitimación al Gobierno?

Si usted me hace esa pregunta hace dos meses, la situación hubiera sido muy distinta. En este momento, los líderes están en primera fila, en la calle, amenazados y a veces golpeados. Ahora tienen una gran claridad en los documentos que sacan, en las decisiones que toman. Se ve una unidad que no existía hace diez años. Están activados, están unidos, y además tienen claridad. No se van a dejar engañar cuando el Gobierno les ofrezca falsas salidas, están claros que la lucha es por la restauración total de los derechos humanos y de la constitución. También sienten que se ganaron la confianza de la gente que habían perdido. Todo el mundo responde a sus convocatorias, no porque sean de ese partido, sino porque los ven definidos y claros.

Usted habla de tender puentes, ¿a qué sectores hay que incluir sin caer en la trampa del diálogo?

El tema del diálogo, con los facilitadores que había nombrado el Gobierno unilateralmente, hay que cerrarlo. Ahora, pensando en la reconstrucción, es un esfuerzo formidable lo que hay que hacer, y allí hay que invitar a todo el mundo. Por supuesto, si alguien es un delincuente, para eso están los tribunales. Pero hay que abrir las puertas a toda la gente que, de buena fe, pensó que esto era la esperanza y hoy ha visto que es un desastre. No sólo arriba, también en las comunidades. Todas las familias que no se hablaban, que se comiencen a hablar cuando caigan en cuenta que esto ha sido una desgracia que se ha vivido, y que para salir de ella hace falta una especie de primavera de la conciencia, eso vendrá.

Usted ha dicho que sin una decisión de los militares, no hay salida, ¿eso lo ve posible?

Sin, llamémoslo, resquebrajamiento del apoyo militar al Gobierno, no hay salida. Porque esto es una dictadura militar. Pero no es una dictadura tan cerrada como la de Cuba o Alemania Oriental. Efectivamente nos agrava la cosa, la presencia de cubanos expertos en vigilancia, y por eso, cualquier conversación entre militares está más vigilada que las demás. Pero ese resquebrajamiento está, y si hubiera un modo o termómetro para medir dónde estaba hace seis meses, dónde está hoy y dónde estará mañana, se darán cuenta que el resquebrajamiento inicial es una grieta tremenda. Pero de eso nos enteramos al día siguiente.

Pérez Jiménez hizo el plebiscito y a las semanas tuvo que tomar el avión, porque los militares le dijeron: “No tienes apoyo”. No echaron tiros, hizo las maletas y se fue. Cuando Pinochet quiso continuar, el de la aviación, Matthei, le dijo: “Nosotros no te apoyamos”, y se dio la transición.

Son ejemplos de dictaduras de derecha, ¿no es diferente con regímenes comunistas?

Alemania Oriental, ningún analista podía predecir que el muro iba a caer, y el muro cayó sin disparos, teniendo un Estado policial terrible, teniendo la Fuerza Armada, todo. Pero al final, el desafecto es tal que viene mentalmente y en cada conciencia. Es la deslegitimación. La gente dice: “Para mí, no tiene legitimación”. Y eso está pasando en Venezuela en toda la sociedad.

La fuerte represión aún no refleja eso en el sector militar…

En las encuestas, los militares están en el sótano. En cambio, la empresa privada que fue atacada exitosamente por el gran predicador, y bajó, ahora está de segunda después de la Iglesia. No porque alguien lo predique, sino porque la gente se pregunta por qué no hay productos. Porque no hay empresa, y saben que no hay trabajo, porque no hay empresa. Si no hay empresa creativa y exitosa, ni hay trabajo, ni hay productos. Y eso lo entienden los militares también. Y cuando llegan a su casa, la mujer le dice que estuvo haciendo cola, el muchacho le pregunta cuándo van a actuar, eso va minando. Y la calle, cuando ven cientos de miles en la calle, decididos, eso va minando. Eso va minando mucho más que un ejército en frente echando tiros. Estoy convencido que ese resquebrajamiento hay que manejarlo con muchísimo cuidado, pero está ocurriendo.

¿Y los más leales?

Hitler decía lo siguiente: “Si el pueblo alemán no es capaz de defender este régimen, no es digno de seguir viviendo”. Luego del desembarco en Normandía, y cuando se vieron caídos, Hitler dio orden de, a medida que se iban retirando, destruir todas las infraestructuras: industria, ferrocarriles, vías, todo. Y Albert Speer que había sido el gran arquitecto de confianza de Hitler, se negó a ello. Le dijo que no a Hitler.

¿Todo Allende tiene su Pinochet?

Siempre hay gente que cree, pero cuando llega la hora de la verdad se dan cuenta de que están haciendo una monstruosidad. Esa actitud última de Speer, de negarse a la petición de Hitler, que era totalmente suicida, le salvó de la ejecución en Nuremberg.

¿Entonces la historia le da esperanza a Venezuela?

La historia nos da mucha esperanza, las dictaduras no duran para siempre.

 

 (**Esta entrevista se realizó horas antes de que el Papa Francisco publicara una nueva carta alertando sobre la situación de Venezuela, el 6 de mayo de 2017.)

Jaime, en Venezuela ya no hay puentes, por Maria Alesia Sosa Calcaño

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En febrero de 2006 conocí en Madrid a Jaime, un español de veintipocos años que estudiaba medicina. Era amigo de mi hermana, quien estaba haciendo un año de estudios en España. Cuando nos conocimos, intercambiamos los típicos comentarios de cada uno de nuestros países. Que si Madrid, que si Los Roques, que si el Salto Ángel. Lo bonito, lo bueno, lo que uno está acostumbrado a vender del país, allá afuera.

Jaime había visitado Venezuela pero no para hacer turismo, sino en una ocasión muy particular. Luego de ver las devastadoras imágenes de la tragedia de Vargas en diciembre de 1999, decidió agarrar sus maletas y viajar a La Guaira para sumarse como voluntario y ayudar a las miles de víctimas y damnificados del deslave. Me conmovió enormemente su solidaridad, por supuesto le di las gracias mil veces, con siete años de retraso.

Me contó también, que la noche antes de abordar el vuelo hacia Maiquetía, su padre, ingeniero civil de profesión, le pidió que observara con especial atención el puente que comunicaba la ciudad de Caracas con La Guaira. Le dijo que aquel viaducto era referencia de ingeniería, y que los profesores en la facultad lo mostraban como ejemplo una y otra vez.

Jaime, con timidez y prudencia, me reconoció que no le había sorprendido el famoso viaducto. Normal, habían pasado cincuenta años desde su construcción, y seguía siendo la única autopista que comunicaba la capital con el ahora estado Vargas.

Además, tuve que darle la mala noticia a Jaime, o quizás iba ser mala para su padre, de que dos meses antes, en diciembre de 2005, el viaducto había sido clausurado, porque estaba a punto de colapsar. Como en efecto colapsó en marzo de 2006, justo un mes después de mi conversación con él.

Han pasado 11 años, y en estos días me llega un vídeo donde se ve la tripulación de un vuelo de Iberia abordando una yate pequeño para poder llegar al Aeropuerto de Maiquetía, porque el puente Guanape, que comunicaba la zona del Hotel Olé Caribe, donde se hospedaban y Maiquetía, se desplomó. Además, el colapso de esta estructura dejó incomunicadas a las poblaciones de Punta de Mulatos, Macuto, Caraballeda, Caribe, Tanaguarenas y Naiguatá al Este del Litoral Central.

Posteriormente hablé con una fuente encargada del traslado, y me confirmó, que simplemente “les hizo el favor” de llevarlos. Ante la emergencia, los varguenses movieron cielo y tierra para que la tripulación de Iberia embarcara su vuelo. Y literalmente, tuvieron que embarcarse para llegar al principal aeropuerto internacional de Venezuela.

Aunque el español que graba el vídeo, se lo toma con jocosidad, lo que nos provocó a muchos venezolanos al verlo fue indignación y vergüenza. Porque sabemos que la caída de este puente, del que quizás antes ni conocíamos su nombre, no es un hecho aislado. Es la precisa fotografía de un país en decadencia, de la destrucción, de la desidia y de la mediocridad. Los pilotos y aeromozas de Iberia subiéndose al barco, nos recuerdan lo cuesta arriba y complicada que se ha vuelto la vida en nuestro país.

Sólo me consuela saber que recibí miles de mensajes de personas indignadas, y devastadas por la imagen, igual que yo.

A Jaime le perdí la pista, no supe más de él. Me imagino que ya no se atreve a ir de misión humanitaria a Venezuela, y que su padre ya no habla maravillas de esa ingeniería arcaica. Si lo vuelvo a ver, tendría que contarle que ya no salimos en los libros, ni nos mencionan en las escuelas de ingeniería. Que somos un país muy diferente al que él visitó. Que las estructuras se han quedado obsoletas o se han caído por ineficiencia y olvido. Que los puentes metafóricos de las cosas que nos unían, también se han caído. Que estamos cada vez más aislados del modernismo y del mundo. Que hace unos días sus compatriotas tuvieron que llegar en lancha a un aeropuerto. Tendría que contarle muchas cosas, pero mejor sólo le digo: Jaime, en Venezuela ya no hay puentes.

@MariaAlesiaSosa

Miguel Montero: “La alegría de los latinos en el equipo fue clave para ganar la Serie Mundial”

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Maria Alesia Sosa Calcaño

@MariaAlesiaSosa

 

Miguel Montero, catcher de los Cachorros de Chicago, creía que lo habían llevado a ver una exposición de arte en El Doral, como parte de su visita de cuatro días a Miami. Al llegar a la sala, el artista plástico, Eduardo “EDO” Sanabria y el periodista René Rincón, le tenían una sorpresa: una obra con el retrato del jugador, firmada por el reconocido ilustrador venezolano.

“¡Gracias, vale! ¡Gracias! Esto lo voy a poner en la pared principal de mi cuarto deportivo. Ahora estoy más emocionado con esta pintura que con el anillo, porque el anillo todavía no lo he recibido”, dijo Montero, refiriéndose al anillo por haberse coronado campeones de la Serie Mundial de la MLB hace poco más de un mes.

El receptor venezolano explicó que aún no puede mostrar el diseño del premio que recibirá el equipo el primer día de la próxima temporada. La prenda tendrá 108 brillantes, que simbolizan los 108 años que pasó el equipo sin ganar el campeonato de máximo nivel en el béisbol mundial.

A propósito de la sorpresa que le tenían, el veterano catcher respondió algunas preguntas sobre la experiencia del triunfo, así como de las claves de ese equipo ganador, que se ganó el corazón de otras fanáticas, en una serie mundial muy difícil frente a los Indios de Cleveland.

一¿Cómo se le dice a un papá español que su hijo quiere dedicarse al béisbol y no al fútbol?

一¡Ah! (Risas) Esa es una pregunta bien buena, mi papá es canario pero llegó muy joven a Venezuela, a los 18 años, y nunca le gustó el fútbol. Fue mi papá, quien me dijo que jugara béisbol y no fútbol. Cuando llegó, el béisbol fue el deporte que le llamó la atención.

一Vuelves a Miami, cuando se cumplen 10 años de tu debut en la Grandes Ligas con los Cascabeles, que fue precisamente aquí, ¿Cómo se siente regresar?

一Muy bien, me encanta Miami. Tengo bonitos recuerdos por mi primer juego.

一¿Qué recuerdas de ese día?

一Ese día va a ser inolvidable. Primero, porque fue mi debut en las Grandes Ligas, y segundo, porque un compañero, no de equipo, pero del beisbol, otro venezolano tiró un no hit no run. Era Aníbal Sánchez y de verdad estaba contento por él, pero triste por mí, porque no pude darle un hit.

一Finalmente acabaron con la “Maldición de la cabra”, ¿eres un hombre supersticioso?

一La verdad es que soy de los pocos jugadores que no soy supersticioso. No quiero caer en lo mismo todos los días. La maldición de la cabra está lista, ese día en el noveno inning, la lluvia le echó un bañito y se fue a dormir. Cuando nos dieron el jonrón, todo el mundo pensó: “Aquí viene la cabra otra vez”.

一Todos lo pensamos.

一Todos, y nosotros en el banco.

一Pensamos que se les iba la Serie Mundial, que se les escapaba de las manos…

一Casi, casi se nos escapa.

一¿Cómo fue ese momento?

一¿Sabes cuando te sientes incómodo? ¿Cuando vas emocionado para algo y de repente ves que no es lo que esperabas? Que se te viene el mundo abajo. Así mismo. Nos cayó como el “Ice Bucket Challenge” (balde a agua fría), así mismo. Empezó la lluvia, y nos sentimos por el piso, todos destrozados, pero después, gracias a Dios pudimos ganar el juego.

一Henry Blanco, Willson Contreras, Héctor Rondón, Franklin Font y tú, los cachorros fueron un equipo con un gran número de venezolanos, ¿Qué le aportaron los criollos a ese grupo campeón?

一Todos pusimos un poquito. Venezolanos, puertorriqueños, dominicanos, americanos, todos. Obviamente cuando un equipo tiene bastantes latinos hay más alegría. Y el equipo tenía mucha alegría. Los venezolanos somos alegres, parranderos, y aunque perdamos un juego, mantenemos el ánimo y las esperanzas del día siguiente. Nunca nos vamos a la casa con la cabeza baja, y aunque así sea, siempre ponemos música alegre a todo volumen para tratar de olvidar lo malo. Eso también ayudó a los americanos a motivarlos.

一¿Alguna música o canción que los inspiraba en esos días?

一¡Reguetón! Nos montábamos en el autobús, reguetón, nos bajábamos del autobús, reguetón, nos subíamos al avión, reguetón. Todo el día, porque las cornetas las cargaba un puertorriqueño, y pues éso era lo que oíamos a todo volumen.

一¿Fue clave esa alegría para llegar a ser campeones? Era un equipo muy joven…¿Eso ayudó?

一La juventud fue clave porque tenían el ánimo, la energía; pero igual de importante fue la veteranía al otro lado. Era una combinación perfecta. Lo veteranos estábamos para enseñar a los más jóvenes la responsabilidad, y ayudarlos a enfocarse todos los días. Y ellos tenían el talento y la energía para venir todos los días y jugar a la 1:00 de la tarde, porque eso si es difícil.

一¿Cómo es el ritmo de jugar de día en Wrigley Field?

一Al principio es fácil porque vienes de Spring Training que es por las mañanas, pero a medida que pasa el tiempo se complica un poco. De Wrigley me sorprende que cuando entras a jugar en la mañana, siempre está a casa llena. Yo me he preguntado, ¿acaso aquí la gente no trabaja?, porque todos los días eran 40 mil personas a la 1:00 de la tarde. Así que si estás un poco cansado y ves en el estadio a la fanaticada de los Cachorros, pues, te anima a salir al terreno de juego, y se te quita el cansancio, el sueño, y se te quita todo.

一Has sabido mantenerte durante mucho tiempo en las mayores, ¿cómo lo has logrado?

一Responsabilidad, trabajo duro, y siempre mantener la humildad y el cariño por el juego. Si respetas el juego y haces las cosas de la manera correcta, te puedes mantener mucho tiempo en este deporte.

一En esa carrera hay un nombre importante: Henry Blanco, ¿Qué representa para ti?

一El Capitán. No sólo en esta temporada, en toda mi carrera. Henry Blanco me ayudó a hacer un cambio en mi carrera muy grande. Fuimos compañeros de equipo por dos años, y después vino a ser coach, y me ha enseñado muchísimo. No tanto en el campo, sino mentalmente: el enfoque, la confianza. Me gusta hablar con él, porque todos los días aprendo. No voy a decir que lo siento como un papá, porque no le quiero decir viejo, pero sí como un hermano mayor. (Risas)

一Lamentablemente no puedes decir lo mismo de Joe Maddon (manager de Chicago), ¿llegaste a entender sus decisiones respecto a ti y la actitud que tenía contigo?

一No, de verdad que no las he entendido todavía. Son cosas que pasan, momentos del juego donde quizás uno dice cosas que no debió haber dicho, pero es por la adrenalina del momento. Los movimientos que él hizo no pueden agradar a todo el mundo, pero fueron los que decidió en el momento. Hay veces que salen bien, a veces salen mal. Aquí salieron cosas mal, pero otras salieron bien porque ganamos la Serie Mundial, y al final del día somos campeones. Lo que pasó es el pasado, y espero que podamos mejorar nuestra relación también.

一Insistes en que Maddon te mete a jugar cuando ya no lo queda otra opción, pero al final le callaste la boca, primero botándola con bases llenas en el primero por la serie de campeonato; y después en el séptimo juego de la Serie Mundial, con el hit que anotó la carrera que les dio el triunfo. ¿Crees que ya le demostraste lo suficiente y te tome más en cuenta?

一No, no lo sé. Ojalá mejore. Y espero que mejore la situación de conversación, de confianza, no necesariamente tiene que ser jugando. Sólo quisiera que fuéramos mejores compañeros, o amigos algún día. Es todo lo que pido, más nada.

一¿No hubo acercamiento o alguna palabra de su parte para felicitarte después de que ganaron la Serie Mundial?

一No, nada. Hasta los momentos no. Él obviamente ahora está preocupado y ocupado con las reuniones de invierno, pero esperemos que podamos hablar luego, y todo quede feliz y en paz.

一¿Crees que te han dado el crédito que te mereces?

一No sé, eso se lo dejo a los analistas y los fanáticos que piensen y den sus resultados. No me toca hacerlo yo mismo, simplemente hago mi trabajo. Hay momentos que me va bien, hay momentos que me va mal, pero yo siempre salgo a jugar, a ganar, y di mi hit. Si me dan crédito bien, y si no, yo sé que mis compañeros sí me lo dan, porque ellos ven el trabajo que hace uno todos los días, juegue o no juegue.

一Hablabas de tu excelente relación con Henry Blanco, ¿ahí entonces no hay rivalidad Caracas Magallanes?

一¡No, pero él ahora es Bravos!

一¡Claro! Pero Henry Blanco es caraquista de corazón.

一¡Sí! Todavía le duele, cada vez que va a jugar contra el Caracas, aunque sea manager de Bravos (de Margarita), le duele. Él me lo ha confesado.

一Has dicho que te gustaría volver a jugar con el Magallanes, ¿existe esa posibilidad?

一Ojalá se dé. Sí me gustaría jugar otra vez en el Venezuela porque es la tierra de uno, y se siente diferente cuando uno juega allá. Juegas al frente de tus amigos, de tu familia. Pero lamentablemente no he podido, entre una y otra cosa, no he tenido el tiempo suficiente para jugar en Venezuela.

一Hablas muy bien, podrías ser comentarista, cuando decidas retirarte ¿Qué has pensado para un futuro fuera del terreno?

一Sí, me gustaría ser comentarista pero de sólo de un cierto número de juegos, porque me gustaría ser mejor padre, mejor esposo, y compartir más tiempo con ellos. Porque en esta carrera uno pasa mucho tiempo sin su familia y ellos merecen compartir un poco más de tiempo conmigo.

一Entonces a disfrutar de la familia…

一Ya se verá… Y si se cansan de mí en la casa, tendré que buscar trabajo, ¿verdad?

(Risas)

*Si quieres ver esta entrevista en video, haz clic aquí.

 

“Venezuela volverá a ser un país digno de Sofía Ímber”

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Maria Alesia Sosa C.

@MariaAlesiaSosa

Después de tres años, cientos de encuentros y 200 horas de conversaciones guardadas en un grabador, Diego Arroyo Gil, el biógrafo de Sofía Ímber, llegó a la casa de ella con el manuscrito prácticamente listo.

“Eran 170 páginas, y ella me pidió que se las leyera. Al terminar de leer, me dijo: ‘Yo estoy horrorizada’. Solté unas risas, porque ya la conocía demasiado, y le pregunté por qué. ‘Porque esa soy yo”.

Así lo relató el autor en la presentación en Miami de aquel resultado final de las 170 páginas que se convirtieron en La Señora Ímber: Genio y Figura, publicado por Editorial Planeta.

El Centro Koubek del Miami Dade College en La Pequeña Habana, sirvió de espacio para un acto íntimo y emotivo, en donde homenajearon a promotora de arte más importante de la historia de Venezuela, a propósito de la presentación de su biografía. La obra es la bitácora de una vida dedicada a dos pasiones: el periodismo y el mundo de las artes.

El periodista y escritor Carlos Alberto Montaner dirigió un panel en el que participaron Arroyo Gil, Rina Carvajal, quien trabajó en el Museo de Arte Contemporáneo (MACSI) y el periodista Alejandro Marcano.

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Montaner consideró que el autor acertó en escribir el libro en primera persona, y que la obra refleja a la perfección la personalidad e impacto de Sofía Ímber en su país, así como para otras latitudes. Reveló que siempre la había admirado, pero se sorprendió luego de leer su biografía: “Yo creía que la conocía bien y la admiraba mucho, pero ahora la conozco mejor y la admiro más todavía”.

El periodista cubano apuntó que la historia de Ímber demuestra que Venezuela era un país con una movilidad social admirable. “Era una tierra donde podía llegar una rusita a los 6 años, sin un centavo y que ni siquiera hablaba el español, y podía convertirse en una de las figuras clave de la intelectualidad venezolana, y una persona central en el debate de ideas políticas”.

El panel destacó también la enorme influencia que tuvieron los dos esposos de Sofía Ímber: Guillermo Meneses, quien la introdujo en los círculos diplomáticos, y Carlos Rangel, con quien compartió la pasión por la política y el periodismo.

Precisamente una de las grandes revelaciones del libro es la publicación de la carta que le dejó Rangel a su esposa, antes de suicidarse.

Boris Izaguirre escribió el prólogo de la obra, y por su cercanía con Ímber confesó que él siempre pensó que sería él, el encargado de hacer la biografía de la icónica venezolana. “Pero yo escribo ficción, la vida de esta mujer es mucho más interesante y maravillosa que la de los personajes de mis novelas”, dijo al público.

El escritor venezolano dijo que la agasajada “siempre ha apostado con amor y desapego por un país que no le ha respondido igual”. Sin embargo, dio un mensaje alentador: “Sofía representa una Venezuela que va a existir. Algún día seremos ese país digno de Sofía Imber”.

Montaner calificó el prólogo de “muy inteligente y muy bien pensado”. Además, Arroyo Gil contó que recibir el prólogo y las observaciones de Izaguirre fue muy útil y determinante. “Se fijó en detalles e hizo precisiones que pueden hacer que un libro sea excelente o sea un desastre”, declaró el autor.

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Premio a una ciudadana mundial

Además, en la ceremonia, el Instituto Interamericano de la Democracia aprovechó la ocasión para otorgarle a Ímber, el Premio a la Ciudadanía Mundial, distinción que recibió de manos de Carlos Alberto Montaner, presidente del instituto y Beatrice Rangel, su directora.

“Es una mujer excepcional, no solo en Venezuela sino en toda América Latina. Merece este reconocimiento, y merece cien reconocimientos más”, dijo Montaner, quien además, le manifestó su amor y admiración.

Por su parte, Rangel dijo que este homenaje pretende resaltar la generosidad que tuvo Ímber con las mujeres de una generación al apoyarlas en el sueño de ser profesionales excelentes. “Otra virtud que este premio quiere destacar es su tolerancia: La casa de Sofía siempre estuvo abierta para personas de distintos pensamientos e ideas, y eso la acercaba más a la realidad venezolana. Ojalá que, algún día, Venezuela recupere la sindéresis de Sofía, para que pueda restituir su democracia”.

Al momento de cerrar su ponencia, Diego Arroyo Gil, dijo que mantener el legado de Ímber es un guía para la reconstrucción de Venezuela: “En medio del oscurantismo que vive nuestro país , Sofía y su historia, son una luz, si somos capaces como venezolanos de mantener esa llama ardiendo, habremos hecho el trabajo, y podremos estar satisfechos”.

El cierre del evento fue un espectacular recital de la cantautora venezolana, Soledad Bravo, también amiga de Ímber, desde hace más de 50 años. Bravo le dedicó a su amiga todas las canciones que interpretó: Palabras de Amor, Ojos Malignos, Pajarillo Verde y Alfonsina y El Mar.

Fotos: María Alesia Sosa

Si Bárbara se encontrara a Trump, por Maria Alesia Sosa Calcaño

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El otro día almorcé con mi amiga María Bárbara, y como no puede evadirse en estos tiempos, hablamos de la campaña presidencial de EEUU. Ella es venezolana y también americana, tiene 31 años, y mucho antes de que empezara todo esto es seguidora de Hillary Clinton. Le gustan sus ideas, su fuerza y lo que significa que una mujer esté de igual a igual en las altas esferas del poder en su otro país.

María Bárbara es fuerte, y tiene el ímpetu de su nombre. Tiene un humor agudo, es divertida y acertada. Mientras toda la mesa hablaba de las tendencias, de las encuestas, de lo que puede pasar, de la incredulidad de un triunfo de Trump, ella se quedó un rato pensando y de repente dijo: “Si yo me encuentro a Trump, no sé si se va a meter conmigo porque soy mujer, porque soy latina, o porque tengo síndrome de down”.

Nos reímos, nos quedamos asombrados de la forma brillante en que resumió la manera de ser tan deplorable, de un personaje que aspira, nada más y nada menos, que a la presidencia de Estados Unidos.

María Bárbara es, primero, la representación de millones de mujeres. Ella también forma parte de ese grupo de personas con capacidades diferentes, de las que Trump se ha burlado en televisión. Además es latina, como los casi 55 millones que hay en Estados Unidos, y a los que Donald Trump también ha insultado y juzgado.

Trump no puede ser la decisión correcta para la presidencia, si es una persona que ataca a las minorías, por cierto, ya demasiado grandes para llamarse así. Un bully como Donald Trump no puede ser el jefe de uno de los gabinetes más poderosos del mundo. Por principio, una persona vil y despectiva no puede llevar las riendas ni de ese, ni de ningún país.

Soy fiel creyente de que el mundo está mejor que hace 50 años. Creo que a pesar de los enormes problemas y diferencias que todavía existen, hemos mejorado como ciudadanos de este planeta. Si gana la malicia, esto no puede ser sino un gran retroceso en mi humilde pensamiento.

Más allá de que el candidato no tenga experiencia en política norteamericana, me preocupa que ni siquiera tiene lo más básico que necesitamos de cualquier líder: principios.

Vengo de Venezuela, un país que se destruyó por falta de principios. No se imaginan la gravedad de estar gobernados por una persona sin escrúpulos. En mi país se institucionalizó la maldad, se premió el odio, y eso es, en gran medida, lo que nos ha destruido. El verbo del poder es determinante para construir o destruir sociedades. En los líderes, millones de personas se fijan para imitar sus modos, sus acciones, y hasta sus actitudes.

Me parece aterrador que se institucionalice el bullying en EEUU. Sobre todo, esta forma de ser de Trump no representa al ciudadano estadounidense común, que, en general, es una persona buena.

Es gravísimo que Trump hable con tanta ligereza de su posible amistad con Putin, o que crea que la Constitución de EEUU tiene 12 artículos, pero ya ni siquiera hace falta ir tan lejos. Trump es un candidato que no ha entendido los avances de inclusión que tanto le han costado a este país.

Ni voto, ni soy partidaria de Hillary Clinton, pero en esta elección, creo que es imperativo votar por la única opción con principios.

Estoy saturada de lo que ha sido esta campaña tan vulgar y superficial. Sólo espero que el 9 de noviembre haya quedado atrás y regrese la decencia, aunque sea, para guardar las formas, o para que Bárbara no tenga que preguntarse cuál sería el insulto que le dijeran si se encontrara a Trump.

@MariaAlesiaSosa

Pancho Márquez: “No hay preso político que pueda canjearse por el Revocatorio”
“Ahí en San Juan de Los Morros hay un palo que es como un bate chato, y eso lo cargan los custodios para arriba y para abajo. Todo el tiempo caminan con eso para dejarte claro que lo pueden usar en cualquier momento. Decían “Sigue así que vas a recibir tablazo”, y esa es la práctica común. En otras cárceles lo llaman planazos. Se ve con una cotidianidad espeluznante.”

 

@MariaAlesiaSosa

SE DESPIDIÓ DEL ÁVILA DESDE EL AVIÓN, y de la costa venezolana. No hubo más tiempo. Apenas cinco horas antes estaba en una celda en la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional en Caracas. Francisco Márquez salió de Venezuela en un exilio forzado tras su liberación el 18 de octubre de 2016. Pasó cuatro meses preso en distintos centros de reclusión del país, junto a Gabriel San Miguel, con quien fue detenido cuando se dirigían a una actividad de la Mesa de Unidad Democrática en el estado Portuguesa. Abogado, militante del partido Voluntad Popular, activista del Movimiento Estudiantil en 2007, y al momento de su detención, era jefe de despacho del alcalde de El Hatillo, David Smolansky.

El caso de “Pancho y Gabo”, quizás porque el primero tiene nacionalidad estadounidense y el segundo, española, despertó  interés a escala mundial, y puso el ojo sobre los presos políticos en Venezuela, que suman 111 según la organización Foro Penal. A pocos días de su liberación, asegura que aún no lo ha asimilado todo, pero se atrevió a contar sus primeras impresiones de esos oscuros 121 días sin libertad.

¿Cómo se siente recuperar la libertad?

Sentimientos encontrados: el alivio de estar con la familia es grande, pero saber que hay tantos compañeros presos no me deja tranquilo. Tengo unas ganas gigantescas de contar esta historia, para que la gente en el mundo conozca la realidad de los presos políticos, y sobre todo para llamar la atención por la tortura. Ya está reconocido que en Venezuela hay presos políticos, pero siento que no se habla con la misma franqueza de que están ocurriendo torturas.

¿Fuiste torturado?

Puedo decir que fui torturado psicológicamente, no físicamente. Siento que fui sometido a una presión psicológica constante. Pero sí puedo confirmar que yo presencié torturas, y también interactué con personas que habían sido torturadas, especialmente en el Sebin y en la cárcel 26 de Julio en Guárico. Es una práctica común.

¿Qué torturas presenciaste?

En la 26 de Julio, escuchaba en las noches cómo le daban palo a los presos. Ahí en San Juan de Los Morros hay un palo que es como un bate chato, y eso lo cargan los custodios para arriba y para abajo. Todo el tiempo caminan con eso para dejarte claro que lo pueden usar en cualquier momento. Decían “Sigue así que vas a recibir tablazo”, y esa es la práctica común. En otras cárceles lo llaman planazos. Se ve con una cotidianidad espeluznante.

¿Se lo hacen a presos comunes y a presos políticos?

La mayoría de las veces a presos comunes, pero hay casos de presos políticos como es el de Vasco Da Costa, quien ha sido torturado y golpeado en la 26 de Julio. Yo no recibí tablazos, pero sí vi cómo lo hicieron. En las noches escuchaba gritos y los golpes que les daban. Escuché a los custodios decir que fracturaban las costillas, que “le dieron con todo” a un preso, echaban broma con eso entre ellos.

¿Recibiste amenazas?

Yo fui amenazado de tortura por el Sebin, cuando me interrogaron el día que me metieron preso. El funcionario se molestó mucho porque yo no quería hablar. Les dije que no había cometido ningún delito, que no sabía de qué se me acusaba, que mi detención era arbitraria y que hasta que no estuviera presente mi abogado, no iba a hablar. Nos dijo que si no hablábamos, se iba a encargar de que nos imputaran delitos de terrorismo y por desestabilizar la República. Incluso hizo un informe en donde afirmaba que había incurrido en actos terroristas. Todo esto con una R-15 encima, tratando de intimidar.

¿Cuál fue tu actitud durante la detención?

Para mí era importante que ellos supieran que uno no es un delincuente. Yo quería romper ese esquema que ellos tienen que uno es un tipo radical, insensato. Ellos se creen ese cuento de que uno es enemigo de la patria. Yo quería desmontar esa idea, y le dije: “Con todo respeto, sé que está intentando hacer su trabajo, pero nosotros tenemos unos derechos y queremos defenderlos. Estoy siendo arbitrariamente detenido”. Mi forma calmada de hablarle, lo alteraba más y me amenazaba más. Después de conversaciones, se fueron, y al final me dijo: ¡Se salvaron! Les lanzaron un salvavidas y mándale saludos a tu jefe David Smolansky.

¿A qué se refería?

Después de que salí me enteré de que la decisión de no enviarnos al Sebin esa noche fue por el ruido que generó la detención, y cómo se movieron las redes para difundir la noticia en el momento. Ellos no pudieron operar en la oscuridad, y no nos trasladaron.

¿Reconocerías a ese funcionario?

Claro, sé su nombre. Y cuando nos despedimos, él me dijo: “Esto no es nada personal”. Yo le dije: “Quizás algún día nos volvemos a ver”. En este proceso, no sólo la liberación es importante, sino la justicia. Hay muchos funcionarios en organismos de seguridad del Estado que han hecho cosas terribles, y eventualmente les tiene que llegar la justicia. No es un tema de revanchismo, todo lo contrario.

¿Cómo recuerdas el día que te detuvieron?

Cuando se me asignó la tarea, mi mayor preocupación era que en Portuguesa no se desataran actos de violencia. Lo que pensaba era qué hacer cuando estuviera en Portuguesa. Éramos enviados de la MUD, no sólo de Voluntad Popular. Cuando me pararon, no hubo mayor problema por el dinero en efectivo que llevábamos. Yo, como abogado, sabía que no estaba haciendo nada ilegal. Pero la cosa empeoró cuando en la parte de atrás de los asientos del carro, encontraron unos panfletos con mensajes de libertad para Leopoldo López. Ahí cambió la actitud, llamaron al capitán, dieron la orden de llevarnos a Apartaderos, y comenzó la espera y el intercambio de llamadas, horas de espera. Le avisé a mi equipo y ahí empezó todo.

¿Cómo fue tu llegada a la cárcel?

El traslado a la 26 de Julio fue muy brusco. Al llegar nos sentaron a raparnos el pelo, nos desnudaron y nos dieron un uniforme amarillo. Me llamó la atención porque el amarillo era para los condenados, y el azul era para los procesados. Creo que fue una especie de chiste cruel. Luego nos mandaron a  hacer una hora de orden cerrado, que es la marcha militar que obligan a hacer a los presos en todas las cárceles. Tuve que gritar “Chávez Vive, la patria sigue”. Lo hice una sola vez, y dije: “No me importa que me caigan a coñazos, pero yo no lo vuelvo a decir”. Cantar el Himno Nacional fue una catarsis, lo grité y fue un momento bonito, un momento para recordar el motivo de la lucha.

Cuatro centros de reclusión, siete celdas distintas, ¿Qué buscaba el Gobierno con tanto movimiento en el caso de ustedes?

Desde el principio fuimos un caso muy incómodo para el Gobierno. Ocurren casos parecidos, y sé que el nuestro fue un caso que agarró cierta fuerza mediática. Me sorprendió, porque uno siempre se pregunta qué irá a pasar, si la gente responderá o no.

¿Estaban al tanto del ruido que había generado el caso a escala nacional e internacional?

Solo lo supe la primera vez que pude sentarme con mis abogados. Me explicaron todo. Llegué a tener un indicio, porque cuando estaba llegando a San Juan, oí a alguien por un parlante desde afuera gritar “Francisco, tu hermano está en la OEA, está hablando con Almagro”. Eso me impresionó. Después con las cartas me enteraba de todas expresiones de solidaridad y los movimientos políticos y no políticos.

¿Por qué crees que su caso fue tan mediático?

Quizás porque éramos dos jóvenes que fuimos detenidos en una actividad que era tan claramente neutral. Era un tema del revocatorio, creo que también influyó en que éramos los primeros presos políticos del revocatorio. Todo eso fue muy incómodo para el Gobierno. También fue muy incómodo para ellos nuestras dobles nacionalidades.

Hay un corriente que sostiene que la liberación de ustedes fue negociada por Rodríguez Zapatero a cambio de que no hubiera revocatorio, y la misma semana que sales, se suspendió el referendo, ¿Qué tienes que decir al respecto?

No existe ningún preso político que esté canjeado por el Revocatorio, nunca ha estado planteado. Hay que saber que es muy difícil las decisiones del Gobierno con los presos políticos ¿Por qué a Rosales no le dieron libertad plena? ¿Por qué a Ceballos le dieron casa por cárcel, y ahora está preso? No es una negociación así. El gobierno es una caja negra llena de distintas facciones, que tienen intereses encontrados a veces, y no se sabe, nunca se sabe cuál es la tecla que es lo que hace que uno salga.

Hasta el sol de hoy, no sé qué motivó mi salida, todo lo demás es especulación.

La decisión de suspender el revocatorio le dice al mundo que en Venezuela hay dictadura, y más bien aleja cualquier condición para el diálogo, y pareciera que no hay nada que negociar, porque se están trancando las puertas. Esa conexión no la veo.

¿Cómo fue el día que Gabo salió y tú no?

Fue, sin duda, el día más devastador de estos meses. No es que se hubiera ido, es cómo lo hicieron. Primero lo sacaron a él de la celda, y luego me llamaron a mi. Gabo me dijo: “Nos vamos en libertad”. Nos hicieron unos exámenes médicos. Yo soy muy escéptico, pero me empecé a creer la broma. Luego nos dijeron: “Recojan sus cosas, prepárense”. Y luego imprimieron el acta de egreso, y los dos la firmamos. Ahí me lo creí, yo decía: “¡Dios mío! Esto va a ocurrir”. Nos dijeron que esperáramos en la celda, y el funcionario del Sebin, dijo: “Gabo, sal tú primero”. Gabo y yo, ni nos despedimos, porque pensamos que nos veíamos al rato allá afuera. Le presté mis cholas, porque no tenía, y le dije: “Me las das allá afuera”.

Pasaron las horas, y yo esperando. Hasta que fui a hablar con uno de los detectives del Sebin. Le dije: “Hermano háblame claro, ¿voy a salir?”. Respondió: “No vayas a decir nada pero no vas a salir”. Me costó asimilarlo. Estaba completamente atolondrado. Me senté en la celda y no lloré, no hice nada. Ahí me dije: “No sé qué va a pasar”. De ahí pasaron tres semana en las que no dormía y me di cuenta que tenía una rabia inmensa. Pero eso ocurre, y pasan cosas peores entre los compañeros.

¿Cómo era la relación entre Pancho y Gabo dentro de la cárcel?

Antes de que esto pasara, Gabo era mi mano derecha en la alcaldía, además ya éramos muy amigos. Yo me sentía muy responsable por esa detención, porque cuando lo busqué para irnos a Portuguesa, su mamá me dijo: “Cuídame a mi muchacho”. Cuando él salió libre, a pesar de que  la forma en que se hizo fue muy dura, yo estaba muy contento. Para mi fue un gran alivio saber que él estaba fuera. Cuando uno es jefe de alguien, siempre se siente responsable por lo que ocurre. Casi que lo primero que hice fue escribirle una carta a su mamá disculpándome, porque me sentía responsable. Si antes éramos cercanos, en la cárcel desarrollamos una  proximidad de hermanos.

¿Podían aislarse de su situación y hablar de otros temas?

Mira, Viktor Frankl, un sobreviviente a un campo de concentración que leímos, dice que uno se acostumbra a todo. Eso no es bueno ni malo, sino una realidad. Cuando estás preso hay un proceso de normalización, llega un punto en que te acostumbras a estar en una celda llena de zancudos, oscura, que huele a heces.

Claro que hablábamos de todo: Del país, de nuestra vida personal, de nuestras cosas del pasado, de lo que uno se arrepentía, de lo que estábamos aprendiendo, de nuestra fe, de lo que queríamos hacer. Los primeros libros que nos dieron fueron la Biblia y el de Nelson Mandela. Y Mandela dice allí que en la cárcel no hay donde esconderse. Y es así, en esa celda, uno es como es, lo bueno y lo malo sale. Hablamos de todo y hablamos de nada. Otras veces sólo estábamos callados viendo el techo. Como yo me sentía responsable por él, siempre traté de protegerlo y de que él se sintiera bien. Y eso me ayudó porque quitaba el foco en cómo me sentía yo, y la preocupación era cómo está Gabo. Que él estuviese protegido era mi prioridad absoluta.

¿Cuál era el peor escenario que te imaginabas?

Trataba de no imaginármelo. No era un tema de ignorar la realidad, pero es inútil estar preso y pensar en un futuro. Había días que teníamos elementos para pensar que no íbamos a salir nunca, otros días pensábamos todo lo contrario. Frente a ese flujo de información que era poco y muy esporádico, lo mejor era vivir el presente de la manera más intensa, y mantener una rutina.

¿Qué cosas hacían para que se les pasara el tiempo?

Teníamos rutina de lectura, de rezar, hacer ejercicio, yo tocaba el cuatro. Él jugaba ajedrez con los compañeros. Él es más extrovertido, y conversaba más, yo soy más callado.

Hay días donde el tiempo es interminable, pero el resto del tiempo hacíamos rutina. La rutina es importante porque te da una sensación de control, de lo que haces. No teníamos reloj, no teníamos forma de saber la hora, sino por un pequeño haz de luz que te daba un indicio. Leía muchas horas al día.

¿Mantenías comunicación con el exterior a través de cartas?

Sí, gran parte del tiempo lo empleaba en escribir cartas. Y recibirlas era la mejor parte del día, porque recibir mensajes donde la gente expresaba su cariño y solidaridad, era muy impactante. No puedo describir el impacto real y genuino que tiene recibir una carta de una persona allá afuera. Eran discusiones del alma, que se tenían a través de las cartas. Eso te da una energía increíble, de saber que uno no está solo.

¿Alguna te marcó de manera especial?

La primera vez que me escribió mi familia y mi novia, fue muy importante para mi. Pero hubo una que me llegó de un gran amigo de mi colegio, el San Ignacio de Loyola, porque terminó la carta con las canciones del colegio: “La ley que nos rige y nos batalla…”. Para nosotros eso es una conexión emotiva, muy fuerte. Es un himno de batalla, es un himno de lucha. Yo no había drenado, y después de leer esa carta fue cuando entré en llanto. Me conectó con la fortaleza ignaciana, con la reflexión, con los ejercicios espirituales. Saqué el himno en cuatro y de ahí en adelante, siempre la cantaba. Se la enseñé a Gabo. Fue un momento muy bonito recibir esa carta.

¿Tuviste interacción con otros presos políticos?

A Daniel Ceballos lo pude ver por dos horas en San Juan, y en el Sebin también. El cambió de Ceballos es impresionante. Él es ejemplo de cómo ha agarrado este sacudón de alma y ha sabido darle la vuelta. Ver su fortaleza me ayudó mucho. Vi su transformación de libertad a preso. Tiene fortaleza y hasta humor.

También Rosmith Mantilla, compañero de celda, lleva dos años y medio preso. Rosmith vivió un Sebin donde torturaban con más frecuencia y de manera mucho más abierta. Tuvo la amenaza real de tortura. Pienso en él, porque yo estuve sólo cuatro meses, y no me puedo ni siquiera imaginar lo que es dos años y pico. Es que no puedo ni imaginarlo, y él sigue preso.

¿Qué fue lo peor que viste durante estos cuatro meses?

La crueldad. Me llamaba la atención cómo algunos seres humanos buscaban quitarle la dignidad a otros seres humanos. Lo hacían con una facilidad impresionante, y creo que con poca consciencia de lo que eso implica. Ver las cosas horribles que le hacían a los demás fue lo peor. Para ellos (los custodios), preso no es gente. Y les importa un bledo si eres culpable o inocente. La forma de castigar a los presos es completamente natural: paliza inclemente, todo el penal escuchaba los gritos. Yo lo ví, nadie me lo contó.

Una vez, en la cancha, vi un señor esposado a una reja acostado boca arriba, y vi como 6 o 7 custodios le caían a golpes, se turnaban las patadas con sus botas militares. El pie sobre la rodilla y sobre los tobillos. Lo más impactante eran los gritos del preso. No sólo es la indignación de verlo, sino no poder hacer nada al respecto. Gabo y yo lo que hicimos fue rezar por esa pobre alma.

También has comentado que te impactó la solidaridad de los presos…

Así es. En la primera celda que entramos, por ejemplo, había gente acusada por robo, homicidio, violación, y uno entra con prejuicios y sin saber qué le puede pasar, pero fue todo lo contrario, fue un recibimiento solidario. Nos abrieron un pequeño espacio, nos dieron jabón, pasta de dientes. A la mañana siguiente sólo tenían arroz blanco para desayunar, y nos dieron doble ración de arroz para demostrar su solidaridad. Al decir que éramos presos políticos, la solidaridad era inmediata. Esos actos de solidaridad y dignidad, en un ambiente tan cruel, me impactaron mucho.

¿Qué viste que no conocías del sistema penitenciario de Venezuela?

Yo lo sabía y tenía la información pero vivirlo en carne propia es otra cosa. Es un tema vivencial. No había nada nuevo a nivel de información. Quizás no sabía lo amplio, común y reiterado que es la tortura hacia los presos políticos. En el fondo, es indescriptible, porque lo que uno siente, no hay manera de expresarlo en palabras. Es muy difícil explicar lo que uno siente cuando alguien intenta robarte tu dignidad.

¿Sientes odio hacia quienes te hicieron esto?

No siento odio, lo último que siento es odio. Hay dolor, hay cosas que me impactaron y me transformaron pero odio no siento. Todo lo contrario: esto no se lo deseo a nadie, y no quiero que pase más nunca en Venezuela. Tampoco sentí que fui objeto de odio personal, pero sí que era un preso, y para ellos, uno no es persona.

Hablas de los custodios, pero ¿y las altas esferas de poder?

Uno termina siendo una ficha en su juego político. La decisión de meterme preso, no fue porque querían fregar a Francisco Márquez, sino “él es jefe de despacho de David Smolansky, una figura política destacada de Voluntad Popular, y quiero hacerle daño a ese partido”. Es un odio hacia lo que representamos.

¿Por qué después de graduarte en Harvard y con oportunidades en el exterior decidiste regresar a Venezuela?

Porque Venezuela es mi hogar, en todo el sentido de esa palabra. Es donde yo quiero hacer familia, donde tengo mis amistades, donde quiero vivir, donde tengo mis raíces, mi idioma. Me rehúso a permitir que un gobierno nefasto y dictatorial me arranque el hogar. No quiero permitirlo. Quiero en un futuro.

Regresé en 2012 porque tenía la esperanza de que íbamos a ganar la elecciones de ese año, y no ocurrió, pero continúa la lucha. Estamos en la parte final de este capítulo horrible, para comenzar uno nuevo. Los países mejoran, eso es así y la historia lo demuestra. El tema es cuándo y éso es lo que juega con nuestras ilusiones y nuestras esperanzas.

¿Por qué estás tan convencido de que el cambio está cerca?

Cuando el propio aparato de represión de seguridad se queja constantemente de Maduro, altos funcionarios, te das cuenta que esto no tiene vuelta atrás, la gente quiere un cambio, eso viene, aunque la espera pueda ser frustrante. El final es claro, es el cambio.

Entrevista exclusiva│Padres de Francisco Márquez: “Nos vimos sometidos a la extorsión de no declarar a cambio de que no torturaran a nuestro hijo”

@MariaAlesiaSosa

“ESTO ES COMO UNA TERAPIA. Es como una terapia, porque es la primera entrevista que damos, y estamos diciendo muchas cosas que nos ayudan a procesar nuestra alegría y nuestra tristeza”, dice Ricardo Márquez. Él es Trabajador Social de profesión, y se desempeña como capellán de un hospital en Estados Unidos. María Luz Lara, la esposa de Márquez, es médico alergólogo y doctora en inmunología. Pero desde hace cuatro meses, no son conocidos por sus exitosas hojas de vida, sino porque son los papás de Francisco Márquez Lara, el joven militante de Voluntad Popular que fue detenido el 19 de junio de 2016. “Pancho” como se le conoce públicamente, salió de la cárcel el martes 18 de octubre, y se vio obligado a salir de Venezuela. Gestiones diplomáticas desde distintos frentes permitieron la liberación de Francisco Márquez y Gabriel San Miguel.

“Era el Día del Padre, y Francisco quería que nos reuniéramos temprano porque dijo que tenía una misión importante y debía viajar a Portuguesa”, relata María Luz. Desde hace algunos años, las reuniones de la familia Márquez Lara se hacen a través de una pantalla, porque todos viven en ciudades diferentes. “Yo estaba muy asustada, yo le pregunté que por qué tenía que ir él, le dije que él no conocía bien el llano, ni esa zona. Pero él estaba orgulloso y feliz de hacer esa tarea. Me dijo: ‘Mamá, es una petición de VP (Voluntad Popular), es una tarea de la MUD, ahí necesitan de nuestra ayuda”.

La reunión por Skype, con las cuatro pantallas, fue a eso de las 12:30 del mediodía y muy rápida. De ahí Francisco salió rumbo al estado Portuguesa con la misión de ayudar en la logística en un territorio donde la MUD había detectado que había muy pocas máquinas, para un universo de votantes gigante. Todo esto, en el proceso de recolección de firmas para activar el Referendo Revocatorio contra Nicolás Maduro.

Su mamá estaba angustiada, y no supo de él sino hasta las 6 de la tarde: “Me mandó un mensaje que decía ‘Ya voy llegando’, y yo me quedé tranquila. Pero a las 6:30 de la tarde nos llega la noticia de que está detenido en Apartaderos (Cojedes). Ahí se me fueron los tiempos”.

Ricardo y María Luz recibieron esa llamada, que todo el que vive lejos de los suyos, teme. Ambos estaban haciendo sendos posgrados en Estados Unidos, y justo esa semana les tocaba guardia en el hospital. “No podíamos agarrar un avión e irnos para Venezuela. Nuestras guardias duraban una semana, no podía abandonar el servicio a los pacientes. Imagínate el dilema y la desesperación de no poderme mover. Sólo pudimos irnos a Caracas cuando se acabó la guardia, una semana después”, relata la madre.

Cuentan que fueron días de no dormir, porque estaban en un huso horario distinto al de Venezuela, y durante el día, mientras trabajaban estaban conectados a Whatsapp, esperando alguna noticia.

Los padres iban y venían para poder terminar sus posgrados y a la vez estar presentes en el caso de su hijo. En esos días, mientras ellos no estaban en Venezuela, María Luz, recuerda el inmenso apoyo que recibió de sus hermanas, así como de Maribel, la mamá Gabriel, el muchacho que detuvieron junto con Francisco.

Pancho está preso

Al día siguiente de su detención, pudieron hablar con su hijo en una llamada de 15 segundos. “Una amiga convenció a un Guardia Nacional de que le pasara el teléfono. Los guardias dijeron que admiraban a los muchachos, y uno de ellos se compadeció y permitió la llamada”, recuerda Ricardo Márquez, al tiempo que su esposa relata la corta conversación: “Él nos dijo: ‘No se preocupen, estoy bien, no se tienen que venir’. Ésa era su mortificación, porque sabía que su papá y yo estábamos en posgrados muy difíciles con compromisos de guardias que no podíamos simplemente soltar. Le dijimos: ‘Te queremos, te amamos, estamos contigo’.

No hubo tiempo para más. María Luz cree que es una actitud muy típica de los presos políticos. “Ellos no quieren preocupar a su familia. Por eso me repetía siempre: Mamá, estoy bien, estoy fuerte”.

Confiesa que al principio esperaban que fuera algo rápido. “Los primeros tres días que estaba en Cojedes, todavía había la esperanza de que los soltaran. No había pruebas de legitimación de capitales, ni instigación pública. Cuando nos enteramos que lo dejan preso, y que serían trasladados a Guárico, yo dije: ‘Esto se va a poner feo’.

Paupérrimas condiciones

“El tiempo que estuvo en la cárcel 26 de julio fue el más duro, pasó una semana completamente aislado, sin poder hablar con nadie, y sin las mínimas condiciones, sin uniformes, sin ropa, sin insumos de limpieza. Esa cárcel es prácticamente un campo de concentración”, relata su mamá.

Llegaron a un calabozo que tenía cerca de 18 lápidas de cemento, que supuestamente sirven como camas. Pancho y Gabo entraron, y tras ellos se cerró la reja. Delante, los recibió un cuarto oscuro, sin luz natural ni bombillos. En una esquina, una manguera desde donde caía agua de vez en cuando, y en la otra, una letrina abierta que impregnaba de hedor el espacio. Un pequeño rayo de luz entraba por un hueco que había en el techo, era el resultado de una granada que explotó en un motín anterior.

El techo era el piso donde caminaban guardias armados. “La sensación de opresión y de vigilancia era máxima”, cuentan los padres de Márquez.

La lápida que Francisco escogió para dormir la primera noche estaba muy sucia, así que decidió quitarse la braga para limpiar con ella, lo que sería su cama. Se acostó en ropa interior, con su braga como almohada, pero los mosquitos no lo dejaron dormir.

“Efectivamente las condiciones eran terribles, pero aseguran que sobrevivieron gracias a la amistad del resto de los presos”, dijo Márquez. María Luz recalca que los presidiarios fueron buenos con su hijo, y le manifestaban su admiración. “Mamá, hemos vivido de la solidaridad de los presos. La solidaridad más bella me la he encontrado en la cárcel”, cuenta que le reveló.

Los padres de Francisco, acudieron a la Defensoría del Pueblo para reclamar que su hijo estaba siendo torturado. Los recibió el director de tortura de la defensoría y la asistente del defensor Tarek William Saab. “Lo más irrisorio es que nos dijeron que eso no era tortura, en tal caso, eran tratos crueles”.

Amenazas y chantajes

Al principio de la detención, la familia y el partido hicieron muchísima bulla con el caso de “Pancho y Gabo”, pero eso les pasó factura: los jóvenes fueron aislados y maltratados.

En una de las visitas a la cárcel, al abogado defensor de Márquez le advirtieron que cuidara sus declaraciones. “Ten cuidado con todo lo que digas allá afuera, porque los que van a sufrir son los muchachos”.

Entonces comenzó ese dilema y susto de la familia por lo que debían o no sacar a la luz pública. “Las familias de los presos políticos vivimos con una mordaza, nos atemorizan con que todo lo que digamos fuera, lo padecerán ellos. Nos envían toda clase de mensajes, que si denunciamos, los muchachos van a sufrir. Es una infamia, todas las familias de los presos nos vemos sometidas a la misma extorsión y chantaje: no hablen, no digan, porque los maltratamos. Las familias de los presos están amordazadas y no pueden confesar las condiciones oprobiosas en que están sus familiares”, reclama María Luz Lara.

La esperanza

Cuenta que lo que los hizo mantener la esperanza era la convicción de que saldrían en libertad y de que se haría justicia. “Por supuesto no se puede abandonar la parte jurídica. Es importante tener un buen equipo legal, porque aunque el sistema judicial no funciona, tú tienes que hacer la tarea”.

Los papás de Francisco dicen que nunca lo vieron decaer. “Vivió esto con un altruismo inmenso, una gran fortaleza. Francisco me repetía que él sabía por qué estaba allí, y que su inocencia se iba a comprobar”.

Coinciden en que el joven decidió conectarse con su parte espiritual durante el encierro, y que eso le dio mucha fuerza y esperanza. Dos libros que leyó en ese tiempo lo marcaron: El hombre en busca de Sentido de Viktor Frankl, un sobreviviente del holocausto nazi, y Dios en mi secuestro, de Germán García Velutini. “Me asombró que Francisco me dijo un día: ‘Papá, entendí que el tema no es por qué estoy aquí, sino para qué estoy aquí”.

María Luz dice que su hijo buscó la mejor manera de sacarle provecho a esta horrible experiencia. “Esto tiene un sentido y por algo estamos aquí, le repetía”.

Un antes y un después

Ricardo y María Luz dicen conmovidos que la vida les cambió para siempre y que el compromiso con las familias de los presos políticos es eterna. “No vamos a descansar hasta que el último preso político salga”, dice ella. Él la interrumpe: “Descubrimos otras familias, nos hermanó el sufrimiento. Y cuando a ti te pasa algo así, no te puedes liberar del sufrimiento de los demás que pasan por lo mismo”.

Como la familia cristiana que son, se aferraron en todo momento a la fe. Sostienen que la oración jugó un papel importante en este proceso. “Tratamos de cultivar desde dentro lo que queríamos ver afuera. La fe fue un gran apoyo durante este tiempo tan duro y doloroso”, dice el papá de Francisco.

Dicen que lo peor que puede pasarle a un preso político es que la gente los olvide, y ese no fue el caso de “Pancho y Gabo”. Ambos padres se quiebran al hacer un recuento de todas las muestras de solidaridad que recibieron durante estos cuatro meses. “Eso fue así como una pólvora, como una explosión de luz. En tres días se logró que Amnistía Internacional los reconociera como presos políticos. Todos sus amigos se manifestaron. Hasta el sol de hoy, la solidaridad de la familia y los amigos ha sido abrumadora. Recuerdo lo que dice la Biblia: ‘Allí donde abundó la oscuridad, sobreabundó la gracia’. Fue así”, explica Ricardo Márquez.

Ella no puede evitar romper en llanto al hablar de ese tema: “Apareció gente que teníamos 30 años sin ver; familia, amigos. Recibimos llamadas, correos, cientos. Con el paso del tiempo eso fue bajando, pero hubo un núcleo de familia y amigos que se mantuvo. Grupos de oración. Tú no sabes cuánta gente estaba rezando por ellos. Yo quiero agradecer a nuestra familia, a mis hermanos, a los primos, a nuestros amigos que estuvieron ahí dándonos tanta solidaridad”.

Ricardo y María Luz describen estos cuatro meses como “haber bajado al hades”, pero insisten en que no se quedaron allí, y que más bien fue una experiencia de crecimiento profundo. “Aunque la pasamos mal, pensar que esto tenía un sentido nos dio fuerza. Sabemos que fue un sacrificio para conseguir algo mejor, una Venezuela llena de justicia y paz. Tenemos la confianza en que Francisco seguirá siendo un gran líder y luchador por los DDHH en su país. Vamos a regresar en cuanto podamos para ayudar en la reconstrucción de Venezuela”.