Bachelet, de lado y lado - Runrun
Laura Helena Castillo Jun 23, 2019 | Actualizado hace 6 meses
Bachelet, de lado y lado

“Guárdame el puesto”, pide la funcionaria de la Casa Militar. Está sentada al lado, esperando la llegada de Michelle Bachelet, Alta Comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas. No tiene más de 30 años y nunca sonríe. Minutos antes estuvo registrando carteras y bolsos de los periodistas como medida de seguridad. Con ella están otros hombres con jeans y chaquetas que, aunque lucen nuevas, parece que les hace falta una lavada. Todos van de civil, son muy jóvenes y segregan una autoridad postiza, dos tallas más grande que ellos.

Tanto con el gobierno de Hugo Chávez como con el de Nicolás Maduro, no ha habido rueda de prensa fácil: la hostilidad es siempre el titular. En este caso, el equipo de comunicaciones de la Alta Comisionada fue el encargado de definir la logística con los reporteros. Mientras, el equipo del gobierno, se encargaba del acceso y la fiscalización en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, donde fue el encuentro con la prensa.

Acostumbrados a las limitaciones del oficio en Venezuela, los periodistas se ponen de acuerdo en minutos para decidir quiénes harán las cuatro preguntas permitidas. La interlocutora de la ONU los elogia: “¡Pero qué organizados están ustedes!”. Es una experticia forzada, de las muchas que los comunicadores sociales venezolanos han tenido que desarrollar para no extinguirse como los dodos.

Bachelet dice estar cansada, pero ni ella su ni equipo lo parecen. Tienen buenas caras, sonríen con facilidad. El auditorio –miembros de Casa Militar incluidos- no parece tener el mismo humor después de cuatro horas de espera. La declaración final de su visita que leyó casi a las 10 de la noche –su vuelo de Air Europa tenía casi una hora de retraso- fue un elogio al “lado y lado”. Reconoció que en Venezuela hay graves violaciones a los Derechos Humanos, que sintió dolor al escuchar el deseo de justicia de las víctimas y que abrirán una oficina permanente, pero dijo que el diputado de Voluntad Popular, Gilber Caro –secuestrado por el SEBIN- había estado “en custodia del SEBIN”. Dijo que la crisis venezolana se profundizó en 2013, año de la llegada de Nicolás Maduro al gobierno –esa precisión no la hizo-, pero advirtió que las sanciones al petróleo y al oro están agravando la situación. Habló de los muertos en las protestas opositoras –más de 120- y del joven partidario del chavismo que fue quemado. Así hasta el punto final: de lado y lado.

Al poco tiempo de comenzar la rueda de prensa, la funcionaria de la Casa Militar que estaba sentada al lado se paró y se fue. En la elección de los voceros para preguntarle a Bachelet, los medios oficiales no exigieron visibilidad ni participar. Las palabras finales de “la Alta” –como le llaman a pesar de medir 1,56 centímetros, motivo por el cual se permitió un chiste que no muchos rieron, al comienzo de la rueda de prensa– no parecían ser de mayor interés de VTV o Telesur.

Después de aceptar, con amabilidad e interés, tres preguntas –que inicialmente eran cuatro, pasaron a dos y terminaron siendo un promediado tres-, Bachelet se despidió sin atender la petición de dos periodistas que se pusieron de pie para denunciar las violaciones al derecho a la información. A la salida, personal de protocolo del aeropuerto guió a los reporteros a la salida por un salón distinto a la entrada principal. En un espejo del cuarto estaba rotulado el mensaje “Aquí no se habla mal de Chávez”. No se sabe si Bachelet entró y salió por ahí, pero en su declaración final hizo caso a este mandato.