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Narcodictadura

Maduro y el penado 14, por Marianella Salazar

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Después de un silencio sepulcral, que encendió alarmas y envió señales contradictorias a la comunidad internacional que repudia la farsa electoral para convalidar la dictadura, la MUD no tuvo más remedio que escucharla y atender también el llamado de la sociedad civil, la Iglesia, las universidades, los empresarios, los sindicatos y los gremios para no ser partícipes de la pantomima electoral y aparecer ante el mundo como cómplices. De repente les cayó la locha y se percataron de que no había condiciones mínimas electorales, aunque nunca las hubo, con el mismo CNE, las mismas rectoras y el mismo siniestro personaje –Jorge Rodríguez– que ha manejado con total impunidad el tramposo tinglado electoral.

Reticentes, los partidos políticos –a excepción de VP, Causa R, Vente y ABP– han evitado llegar al matadero fijado para el 22 de abril, donde también serán descabezados los diputados a la Asamblea Nacional si se realizan conjuntamente elecciones presidenciales y parlamentarias, como propone inconstitucionalmente Diosdado Cabello.

Nicolás Maduro cerró el camino para una solución electoral a la tragedia que vivimos y no permitirá nunca elecciones en igualdad de condiciones para lograr el cambio que ponga fin a la trágica crisis humanitaria que ha llevado a un doloroso éxodo masivo con consecuencias gravísimas migratorias para los países vecinos, solo comparable con los innumerables balseros cubanos que se ahogaron en el estrecho de la Florida mientras intentaban huir de la sanguinaria dictadura castrista.

La comunidad internacional tiene puesto el foco en las fronteras venezolanas; solo en Colombia se contabilizan 550.000 personas que han huido de la barbarie, la hambruna y la devastación que representa la narcodictadura. El estado de Roraima, en Brasil, también colapsó ante el ingreso de refugiados venezolanos. La emigración calculada en más de 4 millones se incrementará después de abril, cuando se profundizará aún más la crisis económica y social debido a la fraudulenta reelección presidencial. La fractura de la sociedad, a través de la desestructuración de la familia, es uno de los crímenes más infames cometidos por este régimen.

A pesar del aterrador panorama hay quienes no tienen ningún escrúpulo y se prestan a la farsa electoral en un intento fallido de legitimar al régimen y disolver el Parlamento, cuyo período vence en 2021. Son los pastores, sargentos técnicos de tercera y otros impostores, siempre listos a pasar raqueta y recibir su mesada.

Lo peor que le podría pasar a Maduro es presentarse solo en la patraña adelantada; necesita que le hagan comparsa para no sentirse más aislado. Acorralado como está por las sanciones internacionales y por el repudio mundial, comienza a replegarse atacando con su peculiar estilo de matón de barrio y amenaza con ir a Perú, a la Cumbre de las Américas, quizás coleado en el avión de Evo, para hacer el mismo papelón cuando no lo dejaron aterrizar en Honduras para rescatar a la fuerza a Zelaya, o cuando intentó detener la destitución de Lugo en Paraguay y salió a patadas.

Maduro no deja espacio para una tregua informativa y anuncia sorpresas para incentivar la imaginación colectiva que sueña con su renuncia. Ante grandes expectativas se mostró el domingo pasado con un insulso mensaje en lenguaje de señas que significó una falta de respeto para la comunidad sordo-muda de Venezuela.

No habría que sorprenderse de que días antes de la convocatoria a las urnas salten expresiones que solo quedarán para la anécdota. Lo que sí es predecible es que terminará como el famoso penado catorce, pero en una Corte Penal: “Dicen que el pobre presidiario murió haciendo señas y nadie lo entendió”.

 

@AliasMalula

Sin atajo en el laberinto, por Marianella Salazar

laberinto

El régimen cruel e insensato es hoy la peor amenaza que tenemos los ciudadanos. Sin embargo, este pueblo no se doblega, mucho menos después del fraude anunciado y consumado el pasado domingo en la elección de los constituyentes; por el contrario, arreciará aún más su lucha por la libertad, que será cruenta, hasta conseguir que el gobierno se vaya.

El régimen ha podido aguantar los discursos de rechazo y hasta desprecio de los políticos, organizaciones no gubernamentales, de gobiernos democráticos de la comunidad internacional, pero el día que el ciudadano de a pie empezó a salir a la calle, el día que los muchachos se lanzaron con sus escudos de latón o de cartón piedra a enfrentarse con los esbirros desalmados de los cuerpos represivos, ese día descubrieron que no solo eran muchos más, sino que eran mucho más valientes.

El panorama social ha cambiado radicalmente, el país se le ha vuelto ingobernable al pranato enquistado en Miraflores, por eso sé que la movilización ciudadana, a un costo tan alto como es la privación de la libertad, el aislamiento y la tortura de miles de venezolanos, los allanamientos, robos y destrozos a mansalva de la propiedad privada, de la sangre derramada por los caídos en las manifestaciones, conseguirá que el narcorrégimen, determinado a no dejarnos en paz, sí desaparezca para siempre.

El diálogo como coartada

El régimen secuestra al líder de Voluntad Popular, Leopoldo López, y saca empijamado de su cama al líder de Alianza Un Bravo Pueblo, Antonio Ledezma, presos en sus casas, para confinarlos a una prisión militar; lo hace horas después de haber convocado a una reunión con la oposición para hablar sobre las elecciones regionales, cuyas inscripciones fueron anunciadas por el Comando Zamora para el 7 de agosto.

La jugada es perversa, claramente divisionista. Coloca al liderazgo opositor ante la disyuntiva de aceptarlo y ganarse el desprecio de un electorado cada vez más consciente, que no aceptará más traiciones ni complicidades por parte de una dirigencia entreguista que todavía no ha tomado nota de que en los laberintos no hay atajos.

No sabemos si esos dirigentes opositores que han saboteado la constitución de un gobierno transitorio sean capaces de digerir el mensaje de Antonio Ledezma, que los llama a la reflexión por haber trastocado en derrota lo que han sido grandes triunfos y reclamarles no haber cobrado la victoria del 16 de julio, con el mandato de más 7 millones de venezolanos, para que se conformara un gobierno de unidad nacional que facilitara la realización de elecciones generales. Se trata de un tema que no puede ser negociable por unas elecciones regionales, como quiere el gobierno y esos pillos de la vieja política, que lo único que les importa es financiar los cascarones vacíos de sus partidos con los presupuestos de las alcaldías y gobernaciones.

Como afirma Ledezma, “nadie que sea leal a la lucha que ha dado el pueblo estará haciendo fila para inscribirse en el CNE” en las elecciones regionales. Acaso, en esa “feria de vanidades en que han convertido la unidad” –Ledezma dixit– ¿serán capaces de hacer un acto de contrición y propósito de enmienda? Quién sabe, pero lo que sí sabemos es que, a pesar de ellos, no es el momento para la desesperanza. Conseguiremos finalmente que el gobierno forajido de Nicolás Maduro deje de ser una amenaza para los venezolanos, ahora que ya ha sido descubierto como narcodictadura, desconocido y hasta sancionado por la comunidad internacional. Vamos a estar claros, la lucha que comenzó el 1° de abril no era por la constituyente, sino por el modelo político encarnado en la desgraciada revolución bolivariana que arrasó con el país.

 

@AliasMalula

El Nacional

Sin vuelta atrás, por Marianella Salazar

unpaso

 

La lectura del aplastante significado de más de 7,6 millones de votos de la consulta popular en la cual la mayoría de los venezolanos, incluyendo a los del exilio, exigieron de manera rotunda el fin de la narcodictadura de Maduro debe tener una consecuencia inmediata y terminante.

Los venezolanos ejercimos un mandato claro, establecido en la tercera pregunta del plebiscito, que llama a la conformación de un gobierno de unidad nacional para convocar elecciones libres. El resultado no debe dar lugar a erróneas interpretaciones, o incluso peor, a convertir en derrota un triunfo tan concluyente.

Como lo indicara el gobernador Henrique Capriles, los venezolanos están esperando acciones más contundentes que los anuncios de la MUD del pasado lunes y advierte que “si la dirigencia no escucha, el pueblo le pasará por encima”. De hecho, los trancazos espontáneos de ayer son un claro mensaje a la MUD para que forme nuevo gobierno y acate el mandato del pasado domingo, que no es más que llover sobre mojado sobre los resultados apabullantes de las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015.

El paro de 24 horas previo a la retrasada designación de nuevos magistrados del TSJ, el próximo viernes, empaña la voluntad popular expresada firmemente el pasado 16J. Capriles plantea una huelga y no un paro. El país comienza a ver las costuras que nos impiden avanzar a través de un gobierno de transición y que la AN como poder legítimo debe conformarlo. Para mañana es tarde porque serán disueltos por la asamblea nacional constituyente cuando los desalojen para sesionar en el Hemiciclo a partir del 1° de agosto. En la comunidad internacional comienzan a mirar con estupor los retardos de la Asamblea Nacional, que aún contando con un decisivo apoyo internacional para nombrar al interlocutor legítimo y reconocido por 99% de los gobiernos del mundo, no lo ha hecho.

El comunicado sin precedentes del presidente Donald Trump, a menos de 24 horas del plebiscito, también es un mensaje directo a la dirigencia opositora, y debe entenderse con toda la dimensión de su relevancia política a través del explícito lenguaje diplomático de la Casa Blanca, quien junto con los pronunciamientos de la Unión Europea, Alemania, Canadá, Colombia, México, Brasil y España, han sido los primeros en expresar, de una forma implícita, que reconocerán al nuevo gobierno que constituya la Asamblea Nacional. Ese será el signo del fin de la dictadura.

Negociaciones

Como lo advertí en mi artículo de la semana pasada, sectores opositores siguen soñando (y negociando) con elecciones regionales, intentan llegar a un pacto que entierre la constituyente, permita la celebración de elecciones de gobernadores y Maduro prolongue la agonía hasta diciembre de 2018. Las declaraciones del dirigente de Acción Democrática, Henry Ramos Allup, replanteando el diálogo, recibió ipso facto una respuesta en perfecta sintonía del alcalde Jorge Rodríguez. Para más inri, el diputado Freddy Guevara de Voluntad Popular afirmó que están dispuestos a “discutir sin manipulaciones si retiran la constituyente”.

Aquí el único diálogo posible es el que facilite un acuerdo para la rendición del narcorégimen y llame a elecciones generales en un lapso no menor a 3 meses. Obvian que en enero de este año, la AN decretó el abandono del cargo de Nicolás Maduro y todavía, a pesar de estar en cuenta regresiva, no han nombrado al gobierno interino, que sin duda generará la escisión de la Fuerza Armada y aglutinará a los sectores democráticos para producir el quiebre del régimen de manera definitiva.

El momento es crucial, puede significar el anhelado cambio hacia la libertad, o hacia la tragedia cubana, pero agravada en el siglo XXI.

@AliasMalula

El Nacional 

Una prueba de resistencia, por Marianella Salazar

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La cobarde narcodictadura de Maduro pretende que nos acostumbremos a vivir dentro del drama de la violencia y la muerte ordenando a sus grupos paramilitares o brigadas de choque que atenten contra la oposición y un pueblo declarado en rebelión por las miserables condiciones de vida que el régimen genocida lo obliga a padecer.

La violencia se intensifica en un in crescendo escalofriante que se ha topado con una población resteada, sin miedo, hambreada y harta de un gobierno nefasto, ladrón y fracasado. Ya no es la clase media pauperizada la que sale a la calle, son los barrios que aun con las amenazas de los colectivos asesinos armados por la dictadura se aprestan, a punta de cacerolas, a exigir la salida de Nicolás Maduro de un cargo que siempre le quedó grande.

La salvaje represión de los últimos días ha manchado de sangre las calles del país: o son las fuerzas represivas o los colectivos, o juntos, quienes han desatado un feroz terrorismo de Estado. Matar por una fijación política, como el trasnochado socialismo, es una acción terrible. Hacer que los “colectivos” se impongan por la armas y maten a personas inocentes no tiene justificación en un sistema de libertades donde todo se podría defender con argumentos y no con tiros; pero no vivimos en democracia sino en dictadura, donde se impone por la fuerza y el terror el criterio de unos pocos. Estamos frente a un vulgar dictador que aniquila a un pueblo y viola sistemáticamente los derechos más elementales de las personas, como el derecho a la vida.

No se puede esperar otra actuación de un régimen atrincherado, infectado de narcotraficantes señalados con pruebas por la DEA; con un Tribunal Supremo de Justicia presidido por un ex convicto por homicidio, y la mayoría de sus magistrados sin cumplir los mínimos requisitos académicos; a esto se suma la actuación de una Defensoría del Pueblo que ignora las gravísimas violaciones de los derechos humanos y cuyo iracundo titular exhibe un descontrol muy singular en las redes, similar al que produce el uso y abuso de sustancias prohibidas, como los esteroides anabolizantes. En algún momento todos serán sometidos a la justicia internacional por delitos de lesa humanidad.

Estamos ante un escenario de altísima tensión popular y militar en contra del régimen, que constituye una prueba de resistencia para el país democrático; tenemos la mayor cantidad de presos políticos desde la dictadura del general Juan Vicente Gómez, con líderes inhabilitados, dirigentes presos o en el exilio; entonces, el régimen acorralado se juega la ficha de convocar las aplazadas elecciones regionales con la seguridad de que los predecibles dirigentes partidistas dentro de la Mesa de la Unidad Democrática muerdan el anzuelo y le laven la cara a la dictadura, aceptando un proceso electoral cargado de fraude e irregularidad, y evitando así su salida y el llamado a elecciones generales como exige más de 90% del país y espera la comunidad internacional.

La dictadura está caída. Está en manos de la dirigencia de oposición darle la estocada final y convocar a elecciones generales con un nuevo CNE y un TSJ. El momento es crucial, no para mezquinas querellas internas que nos pueden costar aún la libertad. Caer en la trampa electoral del régimen o de un nuevo proceso de diálogo es oxigenar la dictadura y aumentar el sufrimiento de un país que no los perdonará y les pasará factura. Llegó la hora de exigir la renuncia de Maduro y de todos sus secuaces que acaparan los distintos poderes del Estado, mantener la presión en la calle hasta lograr la salida de la dictadura para luego convocar unas elecciones generales que restituyan el orden constitucional.

 

 

@AliasMalula

El Nacional