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Ibéyise Pacheco

Cabello: En casa de Ibéyise Pacheco se hizo un documento sobre un gobierno de transición

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El presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, dijo anoche que en la casa de la periodista Ibéyise Pacheco se elaboró un documento con detalles sobre una junta de gobierno de transición dirigido al presidente editor del diario El Nacional, Miguel Henrique Otero.

“Esta semana hubo un supuesto allanamiento en una casa y salió la señora Ibéyise Pacheco diciendo que ella tiene ocho meses en Miami y que le allanaron su casa. Hay una investigación en marcha, muy seria. Es una investigación sobre unos periodistas que generaron un documento golpista contra Venezuela. Y fue escrito todo desde una computadora [cuya] dirección IP daba ahí en esa casa. No fue la periodista [Ibéyise Pacheco] quien lo escribió. Fue otro periodista. Pero la dirección IP estaba ahí”, aseguró Cabello en Con el mazo dando.

Insistió en que el supuesto documento fue enviado a Otero: “Es un documento golpista de una junta de gobierno para Venezuela. El periodista que lo manda es Nelson Alberto Rivera Prato, amigo de Miguel Henrique Otero”.

Con información de El Nacional Web.

Ibéyise Pacheco:

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La periodista venezolana Ibéyise Pacheco denunció, por medio de su cuenta en Twitter  (@ibepacheco), que efectivos de la Dirección General de Contrainteligencia Militar —adscrita al Ministerio de la Defensa— allanaron la casa de unos antiguos vecinos, en la urbanización Colinas de Bello Monte, buscándola. Aunque ella vive fuera del país desde hace ocho meses. En el procedimiento, efectuado durante la tarde del lunes 7 de septiembre, los funcionarios interrogaron a la familia e intentaron incautarle una laptop.

Pacheco explicó, en sus mensajes de Twitter, que presume que se estaría gestando un procedimiento legal de carácter militar en su contra. “A esta hora (noche del martes 8 de septiembre de 2015) lo confirmado en mi ‘caso’ es que en jurisdicción militar está un expediente donde estoy imputada en un delito. No sé cual”, señaló.

Dijo a Runrunes no tener miedo de una nueva arremetida, pero responsabiliza al Gobierno de la seguridad de su familia.

—¿Por qué decidió irse a vivir a Miami?

—Yo me vine a vivir a Miami a finales de diciembre de 2014. Fue una decisión producto de varias circunstancias. Desde hace 16 años el Gobierno inició una persecución judicial en mi contra y eso significó un cerco en mis fuentes de trabajo. Tuve una alternativa, que fue escribir. Publiqué mi libro Sangre en el Diván, que por fortuna fue un éxito y me trajo propuestas de internacionalización. Univisión me propuso hacer una teleserie con esa historia. Fue un mix de razones. Era muy difícil trabajar en Venezuela.

—¿Usted vivía en la casa que fue allanada?

—No. Yo vivía en una casa en Colinas de Bello Monte, cerca de la que fue allanada. Pero las personas que viven allí no tienen nada que ver conmigo.

—¿Cómo fue el proceso de allanamiento?

—Fueron unos efectivos de la Contrainteligencia Militar quienes llegaron, buscándome a mí, con una orden de allanamiento en la mano. Es decir, es un procedimiento militar. Yo no estaba en esa casa, pero aún así entraron y hubo un incidente. Ellos estaban buscando equipos de trabajo, computadoras. A los dueños los hicieron firmar un papel en el que aseguraban que una computadora era de ellos. La presión era por saber dónde estaba yo.

—¿Por qué cree que se están emprendiendo esta acción en su contra?

—Yo conozco a este régimen. Por las certezas que tengo sobre él, tengo que pensar lo peor. Ellos crean casos, montan juicios, siembran pruebas, desacreditan, crean campañas contra la gente. No sé qué estarán planeando crear en mi contra. No me queda sino especular y decir que el sector militar se ha vuelto más sensible a las críticas.

—¿Ha hecho alguna crítica especialmente sensible?

—Sin duda. Ese es un tema que nunca he dejado de investigar.

—¿Planea emprender alguna acción legal en su defensa o para sus familiares que aún están en el país?

—No es la primera vez que me persiguen. Yo fui detenida, tuve una medida de casa por cárcel y fui a juicio. Sólo me queda decir que responsabilizo al gobierno de Nicolás Maduro de la seguridad de mi familia.

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Tras ser visto por más de 40 mil personas, y de su exitosa gira por Miami, Panamá y el interior del país, el aclamado monólogo “Sangre en el diván” finaliza su temporada por este año en los espacios del Centro Cultural BOD en La Castellana. El montaje, ganador del Premio de la Crítica en las categorías Mejor Actor, Mejor Iluminación y Mejor Maquillaje, se centra en el capítulo “El Delirio” del libro Sangre en el diván. El extraordinario caso del Dr. Chirinos escrito por la periodista Ibéyise Pacheco.

Desde su estreno en 2014 y hasta la fecha, en cada una de sus presentaciones  “Sangre en el diván” ha acaparado la atención del público generando excelentes comentarios por parte de voces especializadas quienes aplauden la puesta en escena y el desempeño actoral de Héctor Manrique por su convincente y sorprende interpretación de Edmundo Chirinos; un desempeño actoral logrado gracias a un acucioso trabajo de estudio de tan complejo personaje y una transformación física producto de más de una hora de maquillaje.

Un hombre exitoso, culto, realizado, rico, que por más de treinta años sometió a sus pacientes a terapias de sueño en las que luego de sedarlas y desnudarlas abusaba sexualmente de ellas. Todo esto gozando de total impunidad y valiéndose de sus dotes de seductor excepcional y manipulador.

El escritor y poeta Leonardo Padrón calificó el desempeño de Manrique como “memorable y excepcional”; el periodista Nelson Bocaranda manifestó: “No exagero. “Es la mejor actuación que he visto en Venezuela”; para el locutor y humorista Luis Chataing resultó “impresionante”. Cesar Miguel Rondón dijo que era “sencillamente extraordinaria”; mientras que Carmen Ramia, directora del Ateneo de Caracas, la consideró “brillante e imperdible”.

Edmundo Chirinos -quien fuera rector de la Universidad Central de Venezuela, candidato a la Presidencia de la República, diputado a la Asamblea Constituyente y médico psiquiatra de la pareja presidencial Chávez-Rodríguez- delira y relata su vida, colocándose como protagonista de eventos transcendentales en los últimos 60 años del país, poniendo de manifiesto su perversa  y retorcida psiquis. También muestra su actitud errática frente al asesinato de la joven Roxana Vargas, estudiante de periodismo de la Universidad Católica Santa Rosa, encontrada sin vida en la urbanización Parque Caiza, crimen por el que fue procesado.

“Sangre en el diván” se presenta del 24 de julio al 13 de septiembre en el Centro Cultural BOD de La Castellana con funciones los viernes a las 8:00 PM, y sábados y domingos a las 6:00 PM. Las entradas, a un precio de Bs. 450,00 están a la venta en las taquillas del teatro y a través del portal www.ticketmundo.com

Presidente de Conatel le puso todos los apellidos que pudo a la
William Castillo, director general de Conatel, acusa a los medios de ser parte de un “ejército agresor” que —según él— quiere “destruir la vida social y económica del país”. El discurso belicista es puesto al servicio de la ideologización de los empleados públicos

 

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A las dos de la tarde el auditorio está casi vacío. Un par de mujeres reciben cordialmente al visitante, dan la bienvenida y le piden amablemente que se registre en una planilla de asistencia. Un joven dice “bienvenido” y entrega una botella de agua mineral. Poco a poco el auditorio se llena de chaquetas rojas. Hay al menos 150 personas, casi todos empleados públicos, del Fondo Nacional de Ciencia y Tecnología (Fonacit). La gente se saluda, conversa y lentamente se ubica en las butacas mientras suena una salsa que dice “Vamos todos con Maduro”.

En el fondo del escenario hay una pantalla que muestra a William Castillo, director general de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel), en una imagen que fue difundida a través de la red social Twitter,  y que invitaba al “conversatorio” que lleva como título “La neurotización como herramienta desestabilizadora en la guerra económica actual”. Este recinto es el auditorio ‘Simón Rodríguez’ del Ministerio de Ciencia y Tecnología, en la esquina Los Chorros de Caracas.

Durante hora y media, Castillo nombrará al menos 10 modalidades de guerra que enfrenta el Gobierno del presidente Nicolás Maduro. Pero, sobre todo, acusará a los medios de mentir, tergiversar, manipular, promover matrices de opinión que adversas a los intereses del Estado y de afectar la psique del “pueblo venezolano” con mensajes que causan zozobra y desesperación.

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Geancarlos Rodríguez, el presidente del Fonacit, se sienta junto a su invitado, quien viste de jeans y una camisa azul marino. Agradece a todos los trabajadores que han acudido y dejado sus puestos de trabajo para escuchar al director de Conatel.

Castillo, quien además es periodista y expresidente de Venezolana de Televisión (VTV), y de la Televisora Venezolana Social (Tves), teorizará sobre la neurotización, una palabra que no aparece en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (DRAE), pero que en términos médicos significa: “crecimiento de un nervio, reimplantación de un nervio”. Todas las referencias a los otros usos dados a este vocablo conducen a Oscar Schemel, director de la firma Hinterlaces —cercana al oficialismo— y uno de los propulsores de la teoría de la guerra psicológica contra el Gobierno. Fue Schemel quien comenzó a usar esta palabra en 2014 para referirse a la supuesta guerra mediática contra la autodenominada “revolución bolivariana”.

El lugar se llena de silencio, mientras Rodríguez habla de “el comandante” Hugo Chávez y de sus esfuerzos por convertir los centros de trabajo en espacios para la formación  ideológica y revolucionaria. Se pasea brevemente por los 14 años de este gobierno, cuenta un poco sobre las dificultades y contextualiza la situación actual del país, la guerra encarnizada de EEUU y  factores de poder contra el país, pero que ahora tiene otra estrategia: “Todos los expertos, intelectuales, sabios del planeta, han advertido sobre esta guerra… nos quieren confundir desde la psiquiatría y la psicología para preparar el terreno y desestimar los logros de la revolución”, afirma Rodríguez.

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Castillo saluda, sonríe, se muestra amigable. Pregunta “¿ustedes me oyen bien?” y la audiencia responde con un “sííííí” al unísono. Entonces dice que comenzará mostrando una producción audiovisual del espacio TV Foro, que se transmite por VTV y que luego disertará sobre el tema que lo trajo hasta esta sala. Solicita que coloquen tres vídeos, preparados por el canal del Estado, sobre la “guerra económica” contra el expresidente chileno Salvador Allende. De golpe: la escasez, el acaparamiento, el golpe, la conspiración de los medios, empresarios y —por supuesto, que no falte—  de “el imperio”, léase: el gobierno de los Estados Unidos.

Las imágenes de archivo de un Chile a blanco y negro, las largas colas de los chilenos para comprar alimentos y el palacio de La Moneda ardiendo en llamas, anteceden a una segunda pieza con imágenes de Venezuela. De allí, hasta acá: las colas de venezolanos en Caracas 31 años después del golpe a Allende, la supuesta confabulación de grupos empresariales en este país, la corrupción de los banqueros, los daños económicos causados por el paro petrolero y la fuga de “225 mil millones” de dólares de la extinta Comisión de Administración de Divisas (Cadivi).

No se mencionaron las expropiaciones en cadena nacional, ni el fracaso de las empresas estatizadas. Tampoco se mencionaron casos emblemáticos de corrupción, ni a exfuncionarios acusados de delitos financieros y enriquecimiento ilícito y además condenados por tribunales en el país o prófugos de la justicia, como al ex ministro de Finanzas, Tobías Nóbrega; a Arné Chacón o Ricardo Fernández Berruecos. En ningún lado se nombró el desfalco al Banco de Desarrollo Económico Social (Bandes) ni las declaraciones de la exministra de Finanzas, Edmée Betancourt, que admitió que Cadivi había otorgado 20 mil millones de dólares a empresas de maletín.

Las imágenes vendieron como responsables del caos económico a los empresarios —a los que tildan de “parásitos”—, a Fedecámaras, Conindustria, Banesco, a Juan Carlos Escotet, Lorenzo Mendoza, y un cúmulo de empresas, entre las que se destacó a Alimentos Polar y Procter & Gamble (P&G). No faltó la fotografía en el palacio de Miraflores de Pedro Carmona Estanga, después del golpe de Estado de 2002.

También se mostraron fotos de Leopoldo López y su esposa Lilian Tintori —en una imagen de la boda de ambos, trajeados de liquiliqui blanco—;  las portadas de los diarios: El Nacional, El Universal, Últimas Noticias; y para rematar, un par de tuits con la palabra “escasez” escritos por los periodistas Nelson Bocaranda e Ibéyise Pacheco, entre otros.

El público atendió absorto. Durante cuarenta minutos no se oyó ni un alfiler. Tres vídeos después llegó el esperado monólogo de William Castillo, quien se levantó, cruzó el escenario y tomó el atril para dirigirse a los trabajadores con un lenguaje plagado de ideas repetidas por funcionarios y amplificadas por el sistema de medios de propiedad estatal.

El lenguaje belicista era capaz de hacerle imaginar al asistente cohetes, bombas y campos de combate. La “neurotización” es combatida con paroxismo y teorías de conspiración. Castillo no mencionó ni mostró pruebas, todo quedó sujeto a la conjetura. La ideologización es sinónimo de amor por la patria.

Hubo un intento de transferir la responsabilidad, la carga de las palabras. El discurso oficial insiste en que hay una guerra, una conspiración para sembrar pánico, terror, miedo. Pero en ese ejercicio se difunden mensajes que suenan casi a sirenas y alarmas de bombardeo mediático, a lenguaje militarista.

El director general de Conatel menciona el vocablo “guerra” tantas veces que la palabra retumba en el interior del cráneo de los asistentes. Cree que en Venezuela se libran muchas guerras, todas con apellidos: de cuarta generación, continuada, económica, psicológica, cultural, mediática, perversa, maquiavélica, sin fin, por los recursos, por el control, de redes.

Y funciona. En un momento afirma: “Es verdad que en este país se hacían teteros de agua de espagueti”. Y en el asiento de atrás un trabajador murmura: “aquí se comía perrarina”.

En otro pasaje argumenta:

—Esto es lo que quieren hacernos. Allende nacionalizó el cobre, subió el sueldo de los trabajadores. Los chilenos tenían dinero, pero no había nada qué comprar. Esa es la paradoja del capitalismo, en la cual las élites gozan de los privilegios del primer mundo. Una élite vive bien solo si una gran mayoría vive mal.

—Como en la cuarta república —responde una mujer de chaqueta roja sentada a un lado.

“Los medios son el principal actor de esta guerra”

La arenga contra los medios es el eje del discurso. Castillo no desmiente las colas, sabe que son ciertas, pero agrega que los medios que informan sobre estas y la escasez de productos básicos quieren entrar en los pensamientos de la gente y convertirlos en violentos criminales tumba-gobierno.

“El pentágono tiene un manual de guerra moderna, todo está escrito. No hacen falta intervenciones, ni tropas. Los ejércitos y las unidades militares han sido sustituidos por los medios y los mensajes”.

Si hasta aquí usted cree que ha oído suficiente, espere, porque hay más: los medios quieren “confundir”, “destruir la vida social y económica del país”, “desestabilizar el país con informaciones falsas”, “fomentar el caos y las compras nerviosas”, “promover el acaparamiento doméstico”, “estimular las fobias”, “provocar la destrucción mental del país”, “exacerbar la agresividad”, “destruir la conciencia del pueblo”, “acabar con la paz y la tranquilidad”.

Además miente. Aseguró que el diario El Nacional había publicado una información con un titular que, sugirió, intentaba ser una sátira.

—Ustedes saben que ayer fue 4 de febrero. Yo no sabía que también era el Día Mundial de la prevención del cáncer. Pues el diario El Nacional publicó ayer un titular que decía así: “4F: Algunas formas de cáncer deben prevenirse”.

La nota que publicó El Nacional es esta:

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Castillo hace chistes, se burla de que la oposición ahora vea a Chávez como “bueno”. Cuenta acnédotas y relata la supuesta masacre de indígenas Yanomami en la Comunidad Irotatheri, en Amazonas, que publicaron medios en 2012 y que el Gobierno desmintió visitando el asentamiento en medio de la selva. “No nos dejemos llevar por lo primero que nos dicen”, recomienda a la audiencia.

Además, Castillo afirma que hay que ser autocríticos, aunque en la hora y media de discurso él escurra el bulto, cuente una mitad de la historia y exima al Gobierno y funcionarios de la responsabilidad que tienen sobre la crisis actual. “Nadie ha negado que aquí hay problemas económicos”, dice… “pero si no fuera por la guerra económica no tendrían la cobertura mediática que tiene”.

Repite una y otra vez lo que ya otros han dicho: “Los organismos han sido penetrados por la corrupción”, “Las mafias poderosas reclutaron a funcionarios de Cadivi”. Y parafrasea a Nicolás Maquiavelo: “todos ven lo que parece y nadie sabe lo que es”. “Son maquiavélicos”. Las cabezas asienten.

La solución viene en adherencia, lealtad a todo costo, sumisión. William Castillo asegura: “Todo esto se puede evitar, se puede combatir. Podremos resistir esta guerra solo si el pueblo confía en su gobierno, si lo apoya y se mantiene fiel”.

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Llegada la ronda de preguntas, un hombre se levanta, toma el micrófono y exclama: “Lo felicito, camarada, muy buena su presentación. Ante un ataque como el que vivimos, ante una agresión como esta, que viene de todos lados, tiene que haber un contraataque.  ¿Cómo vamos a responder? ¿Cómo vamos a contraatacar?”

El discurso ha calado.