CONTINUANDO CON LOS DISTINTOS análisis y noticias que se siguen presentando tras las elecciones del domingo aquí tenemos un resumen de artículos y noticias sobre la elección del domingo 8D:
La Nación
Las fuerzas de Capriles, víctimas de la maquinaria mediática oficial
– Lo que no se ve, no existe, dice un viejo axioma periodístico convertido en credo mediático para el oficialismo venezolano. Cuando las urnas municipales se cerraron anoche, la llamada “artillería del pensamiento” hizo el balance del proceso electoral con su puntería más afinada que nunca: siete canales públicos convertidos en canales privados del chavismo; las dos grandes cadenas privadas temerosas ante cualquier reacción del Palacio de Miraflores, y Globovisión, en otro tiempo el único canal crítico del país, sumado a la causa revolucionaria a golpe de talonario.
Un panorama desolador para la oposición democrática y para su líder, Henrique Capriles, sobre quien pesa una de las peores sentencias para un político: la invisibilidad pública.
Y es que el oficialismo ha perfeccionado su aplanadora mediática. Conquistada la televisión, comprado el mayor diario del país (Últimas Noticias contó ayer en su puente de mando, una vez más, con la presencia de la diputada oficialista Desireé Santos Amaral, encargada de dar el visto bueno a los titulares de la trascendental jornada electoral) y amenazados el resto, sometidas las radios y convenientemente dirigido el mayor sitio web de noticias, el chavismo mediático parece hoy una trituradora.
“Maduro profundizó en pocos meses las medidas de Chávez. Vamos paso a paso, sin freno, hacia la presencia de una comunicación única, que en definitiva es la tesis de la hegemonía en todos los ámbitos de la sociedad y de la vida del venezolano”, resumió el comunicólogo Marcelino Bisbal.
El estudio realizado por la ONG Monitoreo Ciudadano así lo atestigua. Nicolás Maduro ordenó 156 cadenas obligatorias de radio y televisión desde el 5 de marzo, día de la muerte de Chávez, hasta el 15 de noviembre. Un total de 130 horas, para una media diaria de 30 minutos en todos los canales del país. La receta fue aún más intensa para los canales estatales: 93 minutos por día.
Una vez comenzada la campaña, el presidente aumentó la presión: 49 minutos “encadenados” por día y 108 minutos en los canales públicos. En cambio, Capriles, que recorrió 130 municipios en su “cruzada nacional”, sólo salió una vez en directo por televisión, pese a haberse convertido en el jefe de campaña de los 337 candidatos de la Mesa de Unidad Democrática (MUD).
“Son importantes las palabras de Capriles, porque viene de hacer una campaña nacional impresionante. Aunque no las vieras por televisión”, azuzó Luis Carlos Díaz, especialista en nuevas tecnologías.
Ante tamaño apagón informativo, el equipo de Capriles lanzó su propia televisión digital, que ayer emitió en directo durante varias horas. Lo mismo hizo el diario El Universal con las emisiones a través de su web, una aventura audiovisual que nace con la intención de convertirse en una ventana para la libertad de expresión para un país que las está cerrando a ritmo vertiginoso.
Sin medios, pero con miles de ciudadanos que a través de las redes reportaron al minuto lo que pasaba en la jornada electoral. Convertidos en el ojo público de todos los rincones, los tuiteros airearon los abusos de los motorizados oficialistas para amedrentar a los votantes opositores. También multiplicaron las imágenes de irregularidades y abusos oficialistas, desde el controvertido voto asistido hasta la ubicación de los llamados “puntos rojos” (puestos para que las personas se afilien al PSUV o consulten sus datos electorales) tan cerca de los colegios electorales que violaban las normas.
TRAS LA JORNADA ELECTORAL:
Fuerte avance opositor en las principales ciudades de Venezuela
Aunque el chavismo logró una mayor cantidad de votos, la alianza de Capriles se impuso en municipios clave, como Maracaibo, la Alcaldía Mayor de Caracas y Valencia; conquistó Barinas, la cuna de Chávez
Por Daniel Lozano | Para LA NACION
En unas elecciones municipales que se presentaban como cruciales, la alianza opositora liderada porHenrique Capriles logró un fuerte avance en los principales municipios de Venezuela , al conquistar varias de las ciudades más pobladas e, incluso, Barinas, la cuna del chavismo, según los resultados oficiales.
A pesar de que el oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y sus aliados obtuvieron la mayor cantidad de votos totales, con el 49,2%, 6,5 puntos que más que la Mesa de Unidad Democrática (MUD), la jornada terminó con festejos de la oposición.
De todas formas, tras una jornada plagada de los tradicionales abusos electorales del gobierno, el chavismo intentó mostrarse triunfador antes del anuncio del Consejo Nacional Electoral (CNE), que se demoró en la entrega de los primeros resultados.
La alianza democrática conquistó de nuevo la Alcaldía Mayor de Caracas (que engloba los cinco municipios capitalinos), Maracaibo (la segunda ciudad del país) y varias capitales de los 23 estados, pero se quedó sin una de las joyas de la corona republicana: el municipio Libertador, de Caracas.
“A punta de violencia quieren ganar Libertador, firmes allá”, había clamado Capriles por Twitter. Su candidato, Ismael García, acudió al CNE para denunciar irregularidades. Este municipio, con más de dos millones de personas, es el mayor del país.
Sucre, con el emblemático barrio de Petare (una de las mayores favelas de América latina), y Baruta, granero opositor, repetirán en Caracas con sus actuales alcaldes, Carlos Ocariz y Gerardo Blyde. Un fracaso personal de Maduro, que impuso a dos candidatos de la dolce vita venezolana (un ex beisbolista cantante y un presentador musculoso) pasando por encima de los liderazgos personales.
Una de las derrotas más dolorosas del chavismo se produjo en la cuna de la revolución: José Luis Machín fue elegido nuevo alcalde de Barinas, por primera vez en 15 años de gobierno bolivariano. “Barinas asume el cambio desde hoy”, se congratuló quien venció a la Familia Real venezolana.
La fronteriza Táchira, territorio rebelde, volvió a protestar con la fuerza de sus votos. La capital San Cristóbal cayó en el botín opositor, así como la mayoría de sus municipios. El cierre de frontera con Colombia una semana antes de las elecciones le sirvió de muy poco al gobierno.
Barquisimeto, Mérida, Barcelona, Porlamar, entre otras grandes ciudades, serán opositoras los próximos cuatro años. Al igual que Valencia, cuyo nuevo alcalde, el empresario Miguel Cocchiola, fue acusado por Maduro de ser un “especulador”. También retuvieron la capital del estado insular de Nueva Esparta, Asunción, informaron las autoridades. La participación fue del 58,9%, una cifra que preocupó al chavismo.
Del lado oficialista quedaron otras grandes ciudades, como Maracay. Y, sobre todo, más de 200 pueblos agrícolas, el principal granero del poder municipal para los chavistas.
Según los primeros resultados, dados a conocer cuatro horas después del cierre de centros de votación y cuando las cifras son consideradas irreversibles en la mayoría de los 337 alcaldías en disputa, el PSUV y sus aliados obtenían 5,1 millones de votos, mientras que la oposición obtenía 4,4 millones. La alianza de Maduro se aseguró el control de 196 municipios y la oposición liderada por Capriles, 53
Las próximas horas afinarán la balanza del poder municipal en el país y la musculatura política de Maduro y de Capriles para enfrentar un 2014 lleno de dudas económicas y sin ninguna elección de por medio.
El domingo electoral siguió al pie de la letra el guión clásico de los abusos electorales del chavismo: propaganda televisiva, uso de fondos públicos para su millonaria Operación Remate (que pudo inclinar la balanza en el municipio Libertador) y aparición de cientos de motociclistas, reunidos en manadas para intimidar a los electores.
En uno de los incidentes nocturnos donde estuvieron implicados se desencadenó un tiroteo con dos muertos. Fue una jornada larga durante la cual el CNE puso su mejor cara, se tapó los oídos y cerró los ojos mientras los canales públicos proseguían su propia campaña electoral. Incluso Tibisay Lucena, su presidenta, se congratuló por la “cobertura dinámica y buena”. Evidentemente no quiso ver el despliegue mediático del gobierno, amparado casi siempre en el Día de la Lealtad y del Amor a Chávez.
Maduro no soltó la batuta gubernamental en una jornada definida por los abusos del chavismo, que incluso envió mensajes de texto a través de celulares llamando a votar por lealtad a Chávez.
“Vamos todos los patriotas a votar, para regalarle en este día una victoria a nuestra comandante”, señaló después de la marcha atrás realizada tras defender a capa y espada revolucionaria el homenaje al “comandante supremo”. En la decisión, tomada a última hora, pesaron las críticas internas y externas a lo que se consideraba una exhibición excesiva del habitual ventajismo electoral.
“Hemos conmemorado en nuestro corazón porque coincidía con las elecciones. Comenzaron a decir por ahí. Teníamos un conjunto de eventos, los dejamos para la noche o para la semana”, insistió Maduro, conocedor de que los ojos del mundo hubieran mirado de forma muy crítica semejante festejo en medio de unas elecciones. Pero gran parte del despliegue festivo ya estaba hecha. Los diarios exhibieron miles de páginas de publicidad. “Siempre leales al amor” o “Lealtad a los valores socialistas”, gritaban en sus anuncios, unidos a las copias que circulaban del Plan de la Patria que el gobierno ha convertido en ley.
Todas ellas con la intención de apretar las filas revolucionarias en un nuevo día de votación. Publicidad chavista para dar y tomar con la excusa del amor a Chávez.
También Se vieron 60 vehículos de Pdvsa, la petrolera estatal, esperando para subir a Antímano para recoger a los simpatizantes del oficialismo que no habían ejercido el voto a las 14. Un ventajismo sin sonrojo que se instaló de forma permanente en la Venezuela electoral.
En la previa electoral, un nuevo decreto
En víspera de las elecciones, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, prorrogó por un año más un decreto que establece la inamovilidad laboral, y citó el “ejemplo” del fallecido mandatario Hugo Chávez y la necesidad de “proteger a aquellos que trabajan”.
El decreto establece que no podrán ser separados de sus cargos trabajadores de los sectores privado y público regidos por la ley orgánica del trabajo, criticada por las patronales, que consideran que no fomenta la productividad laboral.
“Acá voy a firmar entonces el decreto que establece la inamovilidad laboral y la protección de los trabajadores de la patria para 2014, cumpliendo la tradición histórica del comandante Chávez”, dijo.
Desde el Palacio de Miraflores, Maduro se jactó de que Venezuela tiene la ley laboral “más avanzada del mundo”. El presidente salió al paso de las posibles críticas que el decreto podría generar en las cámaras empresarias, al señalar que con esta medida no busca promover “ni la flojera, ni el desacato al trabajo, ni la indisciplina laboral”, sino proteger “al que trabaja frente a los abusos”.
El diario Clarín de Argentina:
Maduro se radicaliza y pone condiciones para el diálogo
Luego de las elecciones municipales, el presidente redobla la apuesta contra la oposición. Dijo que se reunirá sólo con los alcaldes que apoyen un polémico plan oficial. Así, muchos quedan afuera.
POR CLAUDIO ALISCIONI
CARACAS. ENVIADO ESPECIAL – 10/12/13
A horas de las elecciones municipales del domingo, Nicolás Maduro redobló su apuesta contra la oposición. El líder chavista sostuvo que estaba dispuesto a dialogar con los nuevos alcaldes surgidos del voto popular.
Pero puso condiciones: afirmó que sólo lo haría con aquellos que reconocieran su liderazgo como presidente y aceptaran su polémico “Plan de la Patria”. Se trata de un escrito atribuido al extinto Hugo Chávez y que, según la oposición, estatizará aún más la economía y someterá a las intendencias a la voluntad discrecional y a la billetera del poder central.
“Todo aquel que me reconozca como presidente y reconozca este Plan de la Patria está invitado al gran diálogo social. Así de sencillo y fácil. Aquel que no me reconozca se quedará en el ostracismo del olvido”, sostuvo Maduro poco después de que difundieran los resultados globales, con el 98% de los sufragios escrutados, que daban la victoria al oficialismo en 210 de las 337 alcaldías en juego y en la suma de votos nacionales, aunque adjudicaban a la oposición un triunfo en 55, entre ellas, las principales capitales de Venezuela, además del enorme batacazo en la capital de Barinas, el feudo de la familia Chávez. El resto de las municipalidades se repartía en partidos locales.
En rigor, el resultado entró dentro de lo previsible.
El partido oficial (PSUV) y sus aliados obtuvieron 5.111.336 votos (49,24% del total) y la alianza opositora MUD logró 4.435.097 (42,72%).
Aunque en este caso la diferencia entre bloques es del 7%, si se toma lo logrado por cada partido en sí mismo (4.584.477 votos para el PSUV y 4.252.082 para el MUD), la brecha se achica a 332.395 sufragios (4%). En la elección presidencial de abril pasado, Maduro le ganó al opositor Henrique Capriles por apenas 260.000 sufragios. Esta vez triunfó con el apoyo de los aliados ocasionales, que le dieron 526.859 votos válidos.
La oposición planteaba esta elección como un plebiscito. Tal vez eso ahora se congele por un tiempo. “Ahí tienes tu plebiscito, ‘caprichito’. Prepotente, fascista prepotente”, le espetó Maduro a Capriles anoche. Sin embargo, más allá del fanatismo de uno y otro lado, un dato central resulta indiscutible: en siete años, la brecha entre ambos sectores se redujo de 26 a 7 puntos. Y sigue encogiéndose. Ya no está Chávez, que ganaba por dos millones o un millón y medio de votos.
El elemento a tener en cuenta para calibrar lo que pasa en Venezuela es que el chavismo gana ahora con un margen mucho menor –entre 300.000 u 800.000 votos– aun cuando usa y abusa de un formidable aparato estatal que ha llevado el rojo fiscal a un monto equivalente al 15% del PBI.
Tiene el control absoluto del petróleo, la petroquímica, la electricidad, la siderurgia y el cemento. Posee hegemonía decisiva en telefonía, centrales azucareras, distribución y venta de alimentos, y confisca bienes para venderlos a precio de remate bajo un desabastecimiento histórico.
Además, domina la TV de todo el país. Con toda esa ayuda y lo que representa el voto de los 2,5 millones de personas que trabajan para el gobierno (en 1998 eran 800 mil), el chavismo no llega al millón de sufragios de diferencia y el país está partido al medio. Es la larga mano del Estado, y la creciente ruralización del voto chavista, lo que ayuda a entender su supremacía actual.
La discusión que se abre ahora por el Plan de la Patria parece trazar el futuro venezolano inmediato. Lo presumible es que la mitad de los alcaldes no concurran al diálogo. En general, rechazan el Plan porque introduce el llamado “estado comunal”, que reduce las competencias de los alcaldes y los somete al poder financiero del Estado central.
Venezuela ya había dicho “no” al sistema en el referendo de 2007. Fue aquel que Chávez calificó como “una victoria de mierda” de la oposición.
Diario El País de Madrid:
Un trabajo de su corresponsal en Caracas sobre la crítica permanente a Capriles nos retrotrae al pasado 15 de abril, fecha de la contienda Maduro-Capriles:
La oportunidad que Capriles dejó escapar
La oposición se divide por el resultado obtenido en las municipales, que aumenta su brecha con el chavismo
ALFREDO MEZA Caracas 9 DIC 2013 – 20:57 CET51
Hay muchas maneras de evaluar los resultados de las elecciones municipales en Venezuela, pero la más importante es la sumatoria de votos nacionales obtenida por los bandos enfrentados desde hace 15 años. Poco le vale a la opositora Mesa de la Unidad (MUD), la alianza de partidos contrarios al chavismo, ufanarse de controlar las alcaldías más importantes del país si la brecha que lo separaba del Partido Socialista Unido de Venezuela aumentó de 1,49% en las elecciones presidenciales de abril a 3,2% con el 97,52% de los votos escrutados. Si se suma a esa cuenta la contribución de los aliados la brecha se ensancharía a 6,52%. El plebiscito planteado por la oposición terminó ratificando a Maduro. La reacción de su líder, Henrique Capriles, es quizá la prueba de la aceptación de la derrota. La noche del domingo prefirió no interpretar los números para reivindicar un avance que no es tal. Más comedido el gobernador del estado Miranda se centró en otra realidad que también gritan los números: ninguno de los bandos puede reivindicarse como triunfador cuando las diferencias en muchas ocasiones ni siquiera llegan a dos dígitos. Con su discurso Capriles se ha colocado por encima de las pasiones de sus seguidores, que en medio del evidente retroceso en el voto nacional suelen apelar al ventajismo en la campaña y a la evidente parcialidad del Consejo Nacional Electoral (CNE) para explicar los resultados.
El gobierno es quien administra el situado constitucional, que proviene principalmente de la renta petrolera, y suele ser especialmente vengativo con aquellas regiones y municipios contrarios. No envía los recursos a tiempo o establece gobiernos paralelos. Valgan dos ejemplos. En 2008 Hugo Chávez decidió restarle poder y presupuesto a la alcaldía metropolitana de Caracas nombrando una jefa de gobierno del Distrito Capital, un autoridad no escogida de manera democrática en elecciones. Su discípulo Nicolás Maduro ha seguido el ejemplo para poder penetrar el electorado fiel a Capriles.
Después de su precaria victoria de abril nombró al canciller Elías Jaúa como “protector del estado Miranda”, que gobierna al líder opositor, y presidente de Corpomiranda, una instancia con presupuesto asignado por el gobierno central que construye obras que luego reivindica el oficialismo.
Parte del buen resultado obtenido por el Gobierno obedece a la simpatía con la que se apreció la confiscación y remate de mercancías
Una vez conocidos los resultados de las municipales queda la sensación de que la oposición equivocó la estrategia al desactivar la protesta popular en abril. Tres días después de los estrechos resultados, Capriles, que estaba convencido de que había sido el ganador de la contienda presidencial, decidió suspender una caminata hacia la sede de la autoridad electoral para entregar las pruebas que soportaban sus fundadas presunciones. Ordenó entonces a sus seguidores que se quedaran en casa haciendo sonar las ollas mientras que un grupo reducido se encargaba del formalismo del reclamo. Había entonces un gran temor al costo político de asumir el poder por medio de una vía distinta a la establecida en la Constitución venezolana. Entre el lunes 15 y el martes 16 habían fallecido 9 personas y otras 78 estaban heridas. Profundizar aquello tal vez se hubiera convertido en el baño de sangre que traicionaba la vocación pacífica del líder opositor.
Dirigentes opositores como Leopoldo López o María Corina Machado mostraron entonces y ahora su desacuerdo con esa estrategia. Ambos señalaron la conveniencia de acompañar el reclamo institucional con la presión en la calle, sin que eso significara un atajo golpista. Se sabía de antemano que la impugnación de los resultados presidenciales no prosperaría. El Gobierno mantiene en un puño a los demás poderes públicos y nadie procede sin el visto bueno de Miraflores. Capriles confiaba entonces que el desastre económico legado por diez años de controles pudiera revertírsele al Gobierno. Las encuestas mostraron entonces un leve descenso en la popularidad de Maduro. Pero cuando el 8 de noviembre el jefe del Estado decidió iniciar un plan para regular todos los bienes y servicios empezó a ser mejor evaluado por el electorado. Parte del resultado obtenido por el Gobierno en las municipales obedece a la simpatía con la que se apreció la confiscación y remate de mercancías que ocurre en Venezuela desde hace un mes.
Los economistas aseguran que las medidas económicas pueden tener éxito en el corto plazo, pero que a la larga la inflación volverá a rebrotar como la mala hierba. Tal vez entonces llegue la oportunidad de Capriles de retomar con fuerza la opción de solicitar un referéndum revocatorio de su mandato en 2016. Hoy ese plan no luce factible porque es evidente que Maduro atraviesa su mejor momento desde que asumió la vacante dejada por su padre político. A pesar de su precaria oratoria, se desenvuelve mucho mejor y se permite conjeturas sobre su destino como Presidente. Desde hace unas semanas, cada vez que se dirige a su público, siempre deja una idea en el aire: “Yo estaré aquí al menos hasta 2019”.






