La maldad de Chávez contra La Candelaria y su Sambil revela improvisación y mentiras

PENA AJENA E INDIGNACIÓN provoca el decreto dado a conocer tan solo antier, después de dos años de ser anunciado por el comandante-presidente, expropiando el centro comercial Sambil de La Candelaria que cómo él mismo lo dijo “me sorprendí al pasar por la avenida Urdaneta y toparme con ese monstruo capitalista”.

El Sambil, edificado por el sector privado de la construcción como es la empresa de Salomón Cohén, ya tenía vendido buena parte de sus locales comerciales a vecinos de la zona que querían ser partícipes de un exitoso proyecto cercano a sus viviendas y en el que muchos habían invertido buena parte de sus ahorros de vida.

Como sabemos, Chávez no tiene en sus adláteres ninguno con la suficiente autonomía de vuelo para hacerle ver lo absurdo de una medida como esa.

Tras el anuncio de convertirlo en un hospital (tiene 38 escaleras mecánicas) o en un centro de convenciones, ni la jefa del distrito capital ni el alcalde rojito hicieron nada sino aplaudir como focas la locura del caudillo.

Demostrando la ineficiencia, la improvisación y la maldad contra los propietarios ahora es que deciden convertirlo en lo mismo que en su momento le reclamaron: un centro comercial socialista.

Antes Chávez atacó el proyecto por consumista. Hoy monta lo mismo pero con el apellido socialista. Ni siquiera el uso del estacionamiento se pudo acordar en estos veinte y tantos meses tras su ímpetu dominical. Encargando al ministerio de Comercio del espacio de 117.884 metros cuadrados para transformarlo en el “desarrollo de la corporación de mercados socialistas y espacios para el fomento de la cultura revolucionaria”.

Familias y propietarios a los que aun no se sabe cuando les será pagada su inversión. Indigentes y basura es lo que se ha visto desde la puntada estomacal del presidente aquel Aló Presidente.

Como bien lo dijo un vecino propietario: “Ahora si se lo que es la democracia participativa: Aquella en la que te participan algo sin habértelo consultado. Así fue. Apenas horas después de aparecido el decreto ya muchos dirigentes rojitos se apresuraron a decir que si entrarán algunos comercios no comprometidos con la robolución. Improvisa que algo queda, parece ser la consigna. Ni ellos mismo saben qué hacer, como lo demostraron con el país por once años incluyendo los últimos dos con el caso Sambil La Candelaria.

Pillaje y saqueo con la complacencia del alto poder.

Tomo la excelente caricatura de Weil para ilustrar este artículo.

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PENA AJENA E INDIGNACIÓN provoca el decreto dado a conocer tan solo antier, después de dos años de ser anunciado por el comandante-presidente, expropiando el centro comercial Sambil de La Candelaria que cómo él mismo lo dijo “me sorprendí al pasar por la avenida Urdaneta y toparme con ese monstruo capitalista”.

El Sambil, edificado por el sector privado de la construcción como es la empresa de Salomón Cohén, ya tenía vendido buena parte de sus locales comerciales a vecinos de la zona que querían ser partícipes de un exitoso proyecto cercano a sus viviendas y en el que muchos habían invertido buena parte de sus ahorros de vida.

Como sabemos, Chávez no tiene en sus adláteres ninguno con la suficiente autonomía de vuelo para hacerle ver lo absurdo de una medida como esa.

Tras el anuncio de convertirlo en un hospital (tiene 38 escaleras mecánicas) o en un centro de convenciones, ni la jefa del distrito capital ni el alcalde rojito hicieron nada sino aplaudir como focas la locura del caudillo.

Demostrando la ineficiencia, la improvisación y la maldad contra los propietarios ahora es que deciden convertirlo en lo mismo que en su momento le reclamaron: un centro comercial socialista.

Antes Chávez atacó el proyecto por consumista. Hoy monta lo mismo pero con el apellido socialista. Ni siquiera el uso del estacionamiento se pudo acordar en estos veinte y tantos meses tras su ímpetu dominical. Encargando al ministerio de Comercio del espacio de 117.884 metros cuadrados para transformarlo en el “desarrollo de la corporación de mercados socialistas y espacios para el fomento de la cultura revolucionaria”.

Familias y propietarios a los que aun no se sabe cuando les será pagada su inversión. Indigentes y basura es lo que se ha visto desde la puntada estomacal del presidente aquel Aló Presidente.

Como bien lo dijo un vecino propietario: “Ahora si se lo que es la democracia participativa: Aquella en la que te participan algo sin habértelo consultado. Así fue. Apenas horas después de aparecido el decreto ya muchos dirigentes rojitos se apresuraron a decir que si entrarán algunos comercios no comprometidos con la robolución. Improvisa que algo queda, parece ser la consigna. Ni ellos mismo saben qué hacer, como lo demostraron con el país por once años incluyendo los últimos dos con el caso Sambil La Candelaria.

Pillaje y saqueo con la complacencia del alto poder.

Tomo la excelente caricatura de Weil para ilustrar este artículo.

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