El viaje de Timoteo Zambrano alrededor de la talanquera

Durante años, Timoteo Zambrano ha perfeccionado el arte de caminar por el filo de la navaja política, presentándose como el “puente” necesario entre dos mundos irreconciliables. Sin embargo, gran parte de la oposición tradicional lo etiqueta como “colaboracionista”, por decir lo menos.

Su trayectoria, marcada por un alejamiento sistemático de las rutas de presión opositora y estar cada vez más cerca del chavismo -pero sin decirse chavista- lo lleva ahora a ser embajador de Venezuela en España por designación de Delcy Rodríguez, presidenta encargada con el aval de Estados Unidos, con quien parece simpatizar aún más de lo que ya lo hacía con el exgobernante Nicolás Maduro antes de su captura el pasado 3 de enero.

Metamorfosis partidista

Timoteo Zambrano no es un recién llegado. Su nombre aparece en los registros de la política venezolana desde los tiempos de la hegemonía de Acción Democrática, partido donde forjó su astucia parlamentaria y llegó a ser secretario general. 

En 1998 fue elegido diputado al Congreso Nacional y, tras la llegada del chavismo en 1999, sus palabras eran radicalmente distintas a las de hoy: “Estamos ante una dictadura que está soportada en el seno de la Asamblea”, sentenció entonces como senador.

Se destacó como opositor al fallecido Hugo Chávez, al punto de formar parte de la Coordinadora Democrática y de sentarse como representante de los sectores adversos al chavismo en la mesa de negociación promovida por el entonces secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), César Gaviria, tras el paro petrolero de 2002. En esta mesa también participaron figuras como Alejandro Armas, Américo Martín, Manuel Cova y Rafael Alfonzo.

En 2004 abandonó AD para unirse a Alianza Bravo Pueblo (ABP), pero su estancia fue efímera. Para 2006 recaló en el Polo Democrático y, un año después, se sumó a Un Nuevo Tiempo (UNT) bajo el ala de Manuel Rosales. Desde allí, escaló hasta encabezar la lista de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) para el Parlamento Latinoamericano en 2010.

Su ruptura definitiva con la coalición opositora mayoritaria comenzó a gestarse en 2016, cuando sus críticas a la presión internacional contra Maduro lo dejaron fuera del juego. En 2018 abandonó UNT para ser secretario general de Prociudadanos, pero apenas unos meses después abandonó la organización para fundar su propio partido, Cambiemos Movimiento Ciudadano, y anexarse a la coalición de Henri Falcón.

Desde entonces, Zambrano dejó de hablar el lenguaje de la confrontación para adoptar el código de la convivencia, convirtiéndose en el interlocutor favorito del oficialismo para simular pluralidad en el Parlamento.

Aliado de Zapatero

Timoteo Zambrano también ha estado vinculado a José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente del gobierno español. Según medios españoles, Zambrano es considerado uno de los colaboradores más fieles de Zapatero desde su primer aterrizaje en Caracas en 2015.

De acuerdo con El Mundo, el antiguo líder del PSOE convenció a Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, de la conveniencia de su presencia en el Parlamento. 

A su vez, el medio Vozpópuli señaló que, salvo que surjan contratiempos políticos, Zambrano podría consolidar una “doble afinidad política para Zapatero”, indicando que por un lado tendría un “colaborador de confianza en la representación venezolana en Madrid”; y por el otro, “con un perfil próximo en la embajada española en Caracas”.

El legado de “la mesita”

Zambrano fue el arquitecto principal de la Mesa de Diálogo Nacional, bautizada coloquialmente por la opinión pública como “La Mesita”. Esto ocurrió en 2019 y significó la ruptura definitiva con la estrategia de Juan Guaidó, quien entonces se había juramentado como “presidente interino” tras el desconocimiento internacional a la reelección de Maduro. 

Este espacio surgió como una alternativa de la “oposición moderada” frente al estancamiento de las negociaciones de Barbados. Mientras el grueso de la coalición opositora de aquel entonces apostaba por la presión internacional, Zambrano y su grupo defendieron una ruta basada en el acuerdo incremental y la reinstitucionalización del país.

Bajo su impulso, se logró el retorno del chavismo a la Asamblea Nacional y la conformación de nuevos rectores para el Consejo Nacional Electoral (CNE).

El operador de la convivencia en el Parlamento

Tras las cuestionadas elecciones parlamentarias de 2020, Zambrano asumió un rol protagónico en la Asamblea Nacional controlada por el oficialismo, alejándose de la resistencia legislativa para ocupar la presidencia de la Comisión Permanente de Política Exterior, Soberanía e Integración.

Zambrano ha sido el encargado de recibir a delegaciones extranjeras y de intentar vender una imagen de pluralidad democrática bajo el techo del Capitolio, a pesar de las condiciones en las que se alcanzó la directiva actual de la Asamblea Nacional.

En 2026, su influencia alcanzó un nuevo nivel al convertirse en el vocero principal de la Alianza Democrática en las reuniones de alto nivel con la directiva parlamentaria.

El pacto de “largo aliento”

En febrero de 2026, Zambrano dio un paso más allá de la simple negociación parlamentaria al proponer un “Gran Pacto Nacional” con una proyección de hasta 20 años. Mientras los sectores democráticos exigen soluciones inmediatas a la crisis institucional, el político abraza una visión de “gobernabilidad y alternabilidad”.

“Nosotros como Alianza Democrática hemos planteado un gran pacto nacional a 10, 15, 20 años que le dé estabilidad, que le dé gobernabilidad y alternabilidad al país”, explicó Zambrano, quien aspira a esforzarse en “remar juntos” para alcanzar dicho pacto.

Una amnistía de “hechos cerrados”

Zambrano también es un defensor de la Ley de Amnistía impulsada por Delcy Rodríguez, a pesar de que este mecanismo ha sido calificado como “excluyente” pues ha dejado a cientos de personas por fuera que siguen en cárceles donde se les vulneran sus derechos más básicos, como acceder a una alimentación adecuada y atención médica oportuna.

“Hay quienes cuestionan la ley, pero creo que no tiene por dónde cuestionar la ley (…) Hay gente que dice, ‘bueno, hay una cantidad de vacíos’. No, vacío no hay (…) Hay un paquete de hechos que son los que están establecidos en esa misma ley. Por lo tanto, no hay vacío”, aseguró.

El negacionista de la transición y del vacío de poder

Desde el estado Zulia, el pasado 19 de abril, Zambrano dinamitó cualquier puente con la oposición que aún reclama un cambio de mando. Al respecto, ratificó que su facción no contempla la salida del chavismo: “No contemplamos esa figura de la transición, porque no tenemos vacío de poder. Eso es clave. Eso es importante”.

Zambrano ha llegado incluso a calificar cualquier intento de declarar la ausencia del mandatario anterior como una falta de ética política: “No podríamos ir, jamás, a la calificación de la ausencia absoluta porque, además, sería legitimar el secuestro de un mandatario… No podemos blanquear una acción de esa naturaleza”, dijo.

Para Zambrano, la prioridad ya no es el cambio, sino el sostenimiento del sistema, halagando a Delcy Rodríguez por su gestión: “Y miren a esa mujer cómo lo está haciendo. Y yo digo que no es sencillo. Está decidiendo, mirando la geopolítica”, expresó.

Con su partida a Madrid, Timoteo Zambrano cierra un círculo de años de equilibrismo político. Deja atrás un Parlamento en el que ayudó a disolver la disidencia real y se instala en una embajada que premia su lealtad a la narrativa del poder.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Timoteo Zambrano pasó de criticar la “dictadura” de Chávez a convivir con Maduro y, finalmente, halagar a Delcy Rodríguez
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Durante años, Timoteo Zambrano ha perfeccionado el arte de caminar por el filo de la navaja política, presentándose como el “puente” necesario entre dos mundos irreconciliables. Sin embargo, gran parte de la oposición tradicional lo etiqueta como “colaboracionista”, por decir lo menos.

Su trayectoria, marcada por un alejamiento sistemático de las rutas de presión opositora y estar cada vez más cerca del chavismo -pero sin decirse chavista- lo lleva ahora a ser embajador de Venezuela en España por designación de Delcy Rodríguez, presidenta encargada con el aval de Estados Unidos, con quien parece simpatizar aún más de lo que ya lo hacía con el exgobernante Nicolás Maduro antes de su captura el pasado 3 de enero.

Metamorfosis partidista

Timoteo Zambrano no es un recién llegado. Su nombre aparece en los registros de la política venezolana desde los tiempos de la hegemonía de Acción Democrática, partido donde forjó su astucia parlamentaria y llegó a ser secretario general. 

En 1998 fue elegido diputado al Congreso Nacional y, tras la llegada del chavismo en 1999, sus palabras eran radicalmente distintas a las de hoy: “Estamos ante una dictadura que está soportada en el seno de la Asamblea”, sentenció entonces como senador.

Se destacó como opositor al fallecido Hugo Chávez, al punto de formar parte de la Coordinadora Democrática y de sentarse como representante de los sectores adversos al chavismo en la mesa de negociación promovida por el entonces secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), César Gaviria, tras el paro petrolero de 2002. En esta mesa también participaron figuras como Alejandro Armas, Américo Martín, Manuel Cova y Rafael Alfonzo.

En 2004 abandonó AD para unirse a Alianza Bravo Pueblo (ABP), pero su estancia fue efímera. Para 2006 recaló en el Polo Democrático y, un año después, se sumó a Un Nuevo Tiempo (UNT) bajo el ala de Manuel Rosales. Desde allí, escaló hasta encabezar la lista de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) para el Parlamento Latinoamericano en 2010.

Su ruptura definitiva con la coalición opositora mayoritaria comenzó a gestarse en 2016, cuando sus críticas a la presión internacional contra Maduro lo dejaron fuera del juego. En 2018 abandonó UNT para ser secretario general de Prociudadanos, pero apenas unos meses después abandonó la organización para fundar su propio partido, Cambiemos Movimiento Ciudadano, y anexarse a la coalición de Henri Falcón.

Desde entonces, Zambrano dejó de hablar el lenguaje de la confrontación para adoptar el código de la convivencia, convirtiéndose en el interlocutor favorito del oficialismo para simular pluralidad en el Parlamento.

Aliado de Zapatero

Timoteo Zambrano también ha estado vinculado a José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente del gobierno español. Según medios españoles, Zambrano es considerado uno de los colaboradores más fieles de Zapatero desde su primer aterrizaje en Caracas en 2015.

De acuerdo con El Mundo, el antiguo líder del PSOE convenció a Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, de la conveniencia de su presencia en el Parlamento. 

A su vez, el medio Vozpópuli señaló que, salvo que surjan contratiempos políticos, Zambrano podría consolidar una “doble afinidad política para Zapatero”, indicando que por un lado tendría un “colaborador de confianza en la representación venezolana en Madrid”; y por el otro, “con un perfil próximo en la embajada española en Caracas”.

El legado de “la mesita”

Zambrano fue el arquitecto principal de la Mesa de Diálogo Nacional, bautizada coloquialmente por la opinión pública como “La Mesita”. Esto ocurrió en 2019 y significó la ruptura definitiva con la estrategia de Juan Guaidó, quien entonces se había juramentado como “presidente interino” tras el desconocimiento internacional a la reelección de Maduro. 

Este espacio surgió como una alternativa de la “oposición moderada” frente al estancamiento de las negociaciones de Barbados. Mientras el grueso de la coalición opositora de aquel entonces apostaba por la presión internacional, Zambrano y su grupo defendieron una ruta basada en el acuerdo incremental y la reinstitucionalización del país.

Bajo su impulso, se logró el retorno del chavismo a la Asamblea Nacional y la conformación de nuevos rectores para el Consejo Nacional Electoral (CNE).

El operador de la convivencia en el Parlamento

Tras las cuestionadas elecciones parlamentarias de 2020, Zambrano asumió un rol protagónico en la Asamblea Nacional controlada por el oficialismo, alejándose de la resistencia legislativa para ocupar la presidencia de la Comisión Permanente de Política Exterior, Soberanía e Integración.

Zambrano ha sido el encargado de recibir a delegaciones extranjeras y de intentar vender una imagen de pluralidad democrática bajo el techo del Capitolio, a pesar de las condiciones en las que se alcanzó la directiva actual de la Asamblea Nacional.

En 2026, su influencia alcanzó un nuevo nivel al convertirse en el vocero principal de la Alianza Democrática en las reuniones de alto nivel con la directiva parlamentaria.

El pacto de “largo aliento”

En febrero de 2026, Zambrano dio un paso más allá de la simple negociación parlamentaria al proponer un “Gran Pacto Nacional” con una proyección de hasta 20 años. Mientras los sectores democráticos exigen soluciones inmediatas a la crisis institucional, el político abraza una visión de “gobernabilidad y alternabilidad”.

“Nosotros como Alianza Democrática hemos planteado un gran pacto nacional a 10, 15, 20 años que le dé estabilidad, que le dé gobernabilidad y alternabilidad al país”, explicó Zambrano, quien aspira a esforzarse en “remar juntos” para alcanzar dicho pacto.

Una amnistía de “hechos cerrados”

Zambrano también es un defensor de la Ley de Amnistía impulsada por Delcy Rodríguez, a pesar de que este mecanismo ha sido calificado como “excluyente” pues ha dejado a cientos de personas por fuera que siguen en cárceles donde se les vulneran sus derechos más básicos, como acceder a una alimentación adecuada y atención médica oportuna.

“Hay quienes cuestionan la ley, pero creo que no tiene por dónde cuestionar la ley (…) Hay gente que dice, ‘bueno, hay una cantidad de vacíos’. No, vacío no hay (…) Hay un paquete de hechos que son los que están establecidos en esa misma ley. Por lo tanto, no hay vacío”, aseguró.

El negacionista de la transición y del vacío de poder

Desde el estado Zulia, el pasado 19 de abril, Zambrano dinamitó cualquier puente con la oposición que aún reclama un cambio de mando. Al respecto, ratificó que su facción no contempla la salida del chavismo: “No contemplamos esa figura de la transición, porque no tenemos vacío de poder. Eso es clave. Eso es importante”.

Zambrano ha llegado incluso a calificar cualquier intento de declarar la ausencia del mandatario anterior como una falta de ética política: “No podríamos ir, jamás, a la calificación de la ausencia absoluta porque, además, sería legitimar el secuestro de un mandatario… No podemos blanquear una acción de esa naturaleza”, dijo.

Para Zambrano, la prioridad ya no es el cambio, sino el sostenimiento del sistema, halagando a Delcy Rodríguez por su gestión: “Y miren a esa mujer cómo lo está haciendo. Y yo digo que no es sencillo. Está decidiendo, mirando la geopolítica”, expresó.

Con su partida a Madrid, Timoteo Zambrano cierra un círculo de años de equilibrismo político. Deja atrás un Parlamento en el que ayudó a disolver la disidencia real y se instala en una embajada que premia su lealtad a la narrativa del poder.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

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