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Santos insiste en aclarar que las FARC si pueden estar en Venezuela y así lo avala Alfonzo Cano

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Nuestra colaboradora Virginia Contreras se ha especializado en cubrir todos los aspectos de las relaciones entre Colombia y Venezuela mas allá de aquellas cercanías y discrepancias entre Hugo Chavez y Alvaro Uribe y, por estos días, de las intimidades en la relación de los “nuevos mejores amigos Juan Manuel Santos y el mismo comandante presidente venezolano” tan sorpresivas hoy como sorprendente podrían ser en el futuro.

Considero importante este amplio análisis que ella hace sobre las declaraciones del mandatario colombiano en torno a la presencia o no de la guerrilla de la FARC en territorio venezolano. La primera diciendo que los campamentos guerrilleros habían desparecido de Venezuela. Luego una en la que dejaba de nuevo las dudas. Otra asegurando que no podía con certeza saberse de su existencia de ese lado de la frontera. Pero la que llevó a colocar contra la pared al presidente colombiano fue una del jefe de la guerrilla, Alfonzo Cano, desde algún lugar de la tierra, pidiendo a uno de sus lugartenientes “Grannobles” que dejara su refugio en el lado venezolano y volviera al combate en Colombia.

Es aquí donde la ex embajadora Conteras señala que “el único confundido respecto al paradero de la guerrilla colombiana es el presidente Santos”.

Reproduzco su articulo completo para darle todos los elementos al lector. Ella ahonda en las razones del acercamiento de Zelaya y Lobo, el interés del presidente Obama y lo que todo esto significa para la OEA y America Latina.

El Extraño Caso de la Desaparición de las FARC de Venezuela

por Virginia Contreras

Muchos se preguntan qué habrá por detrás de los pasos que recientemente han unido a mandatarios tan disímiles como Juan Manuel Santos, de Colombia; Hugo Chávez, de Venezuela; y Porfirio Lobo, de Honduras. La respuesta es muy sencilla: Barack Hussein Obama.

Aún cuando ha sido imperceptible para algunos, los hechos han venido desarrollándose desde meses atrás, en donde han convergido tanto los intereses del mandatario colombiano, por mejorar su política exterior con la vecina Venezuela, como la necesidad del presidente norteamericano de impedir cualquier atisbo de crisis en Latino América.

Si bien resulta difícil señalar desde cuándo el presidente Obama ha tenido entre sus planes presentarse para la reelección presidencial, es obvio que esa posibilidad ha debido rondar por su cabeza desde hace tiempo. Y es que cuatro años pasan volando, más aún cuando el mandatario no las ha tenido todas consigo.  Casos como la reforma del sistema de salud, propiciada por él, hoy en día están en el banquillo de las Cortes norteamericanas en más de veinte estados, y ya ha sido anulada por inconstitucional en Virginia (parcialmente) y en Florida (en su totalidad).  La reforma migratoria, anzuelo para atraer el voto latino, en vez de beneficiar a este esperanzado sector de la población, se ha convertido en un boomerang. Tanto así, que “sólo en los nueve primeros meses de su gobierno se produjeron casi el doble de deportaciones que hace cinco años”, según lo ha ratificado la “Transactional Records Access Clearinghouse” (Trac), de acuerdo a los datos de la Oficina de Inmigración y Aduanas de los Estados Unidos (ICE).

Esto, sin contar las graves diferencias que se han producido en relación con aspectos vinculados a la política exterior del actual gobierno estadounidense en materia de defensa, como la situación en Afganistán, hecho que además de haber causado serias diferencias con importantes autoridades de las fuerzas armadas de los Estados Unidos -por la manera cómo se ha implementado la estrategia- en la práctica pareciera no avizorar un futuro mejor. Lo evidencian tanto las listas de soldados norteamericanos muertos en acción, como la amenaza que significa el que el conflicto se trasladara hacia países vecinos de aquél, como Pakistán.

La mala suerte ha sido tal para el presidente Obama, que ni siquiera hechos de menor envergadura, como la oferta de eliminación de la cárcel de Guantánamo, o la sustitución de los procesos militares, por juicios civiles a los allí detenidos, han podido materializarse.

Políticas éstas, sin incluir otras de mucho mayor interés para el grueso de la población estadounidense, como la crisis económica, y todos los aspectos vinculados con ésta, como el desempleo, el recorte o no de los impuestos, la situación inmobiliaria, la disminución del gasto público, entre otras, lo cual ha llevado al jefe de Estado a una considerable disminución de su popularidad. Si a esto le incluimos la pérdida de la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes del Congreso de los Estados Unidos, en las pasadas elecciones parlamentarias, el reto que tiene entre manos el mandatario, si quiere continuar viviendo en la Casa Blanca, no es poca cosa. Comprenderemos entonces el interés de eliminar toda huella de crisis, o tensión política -al menos a simple vista- en el continente.

De todos los jefes de Estado considerados para colaborar con Obama, no hubo mejor candidato que Juan Manuel Santos, presidente de Colombia. Este, recién estrenado como gobernante, necesita, de todas-todas, estar de buenas con su homólogo estadounidense, si de verdad quiere echar a andar su política de “prosperidad democrática”.

La necesidad de profundizar su relación con los Estados Unidos, representa no sólo la materialización del tan esperado Tratado de Libre Comercio (TLC) con dicho país, sino la continuación de la colaboración que desde hace décadas ha facilitado el gobierno norteamericano, en la lucha contra el narcotráfico y ahora contra el terrorismo.  De allí, que el argumento que el gobierno colombiano ha dejado colar, respecto a que “de no ser tratados como un socio igualitario por los Estados Unidos, Colombia buscará nuevos destinos”, resulte poco menos que creíble.  Lobbies van y lobbies vienen, presencia en los medios de comunicación de los Estados Unidos a cada rato de personalidades justificando la necesidad de la ratificación del TLC, preparación de documentos a los cuales se ha comprometido el presidente Santos remitir a la Casa Blanca, visitas del vicepresidente y del presidente de Colombia a los Estados Unidos, y ahora incluso la solicitud del gobernante colombiano para que sus antecesores en la Casa de Nariño, se lancen al ataque en pro de dicho Tratado, evidencian que una cosa es lo que se dice al tratar de no demostrar desesperación, y otra muy distinta son las acciones tomadas a fin de amarrar el negocio.

Dos han sido los asuntos qué tratar respecto a la situación latinoamericana:

1.-Venezuela, de cuyo presidente, Obama no quiere escuchar ni un silbido; y 2.- La crisis de Honduras, mancha oscura en la historia de nuestras democracias, toda vez que, aparte de Cuba, su origen democrático ha sido cuestionado por ciertos gobiernos del hemisferio. En base a esto, el gobierno de Colombia empezaría su tarea.

Quiso la fatalidad para el narcotraficante Walid Makled aparecer en territorio colombiano en momentos tan propicios para los intereses colombo-venezolanos. Esto explicaría el que en noviembre pasado, el presidente Santos, aún sin esperar la decisión de la Corte Suprema de Justicia al respecto, se arriesgara a comprometerse a extraditar a dicho criminal a Venezuela, una vez terminaran los trámites legales.

Para los conocedores de la personalidad del mandatario, este hecho, de adelantar opinión frente a una institución como la Corte Suprema de Justicia, que produjo tantos dolores de cabeza a su antecesor, no podía obedecer sino a un acto deliberado. De hecho, si comparamos tal actitud con la asumida por él dos meses después, durante su viaje a Europa, veremos que la diferencia fue notable. En esta oportunidad, ante las interrogantes surgidas por las llamadas “escuchas ilegales” en Colombia (chuzadas), en donde se pretende involucrar al ex mandatario Álvaro Uribe, Santos actuaba con profusa prudencia durante el programa de televisión “Hard Talk”, de la cadena “BBC” de Londres, respondiendo que “estaría, muy, muy triste, si eso ocurriera, pero lo aceptaría, por supuesto” (sic).

El problema no radica en analizar, por enésima vez, si fue USA o Venezuela quien solicitó primero la extradición del delincuente Makled. La situación estuvo muy clara desde un principio para el gobernante colombiano; y es que si quería ganarse el favor de su homólogo venezolano, a fin de mejorar las relaciones comerciales, y a su vez tranquilizar al jefe de Estado norteamericano, la extradición comprometida era más que necesaria. Como dirían por allí: con Makled, Santos mataba a dos pájaros con una misma piedra.

Es cierto que en el país del norte ha habido descontento con la medida en cuestión, tanto así que hasta aquellos congresistas que han venido confirmando su deseo de votar a favor del TLC, han manifestado su disgusto con dicha extradición. Pero lo que es una realidad, es que la decisión de extraditar al narcotraficante no estaba dirigida a satisfacer más que a una sola persona: el inquilino de la Casa Blanca. Ya éste verá cómo cumple sus promesas para con su colega colombiano.

El otro caso vinculado a Venezuela, y mucho más difícil de digerir, se refiere al conflicto surgido entre ambos gobiernos, como consecuencia de la denuncia que el pasado año, el gobierno colombiano interpusiera ante la Organización de los Estados Americanos (OEA), respecto a la presencia, casi convicta y confesa, de aproximadamente 1.200 guerrilleros colombianos, establecidos estratégicamente en 87 campamentos a lo ancho de la frontera venezolana. Recordemos incluso, que pocas horas después de publicitada dicha denuncia, al gobierno de Venezuela no le quedó más remedio que romper relaciones diplomáticas con aquél. Por lo menos con esto trataba de enderezar el entuerto que significaba la evidencia presentada frente a la comunidad internacional.

Como dirían en España, lugar aprovechado por el jefe de Estado colombiano para deslastrarse de tan dramática denuncia: “la oportunidad la pintan calva”; y es así que, en plena visita ante la Madre Patria, el pasado 12 de abril, frente a la “Televisora Española”, el presidente Santos declaraba: “Tenemos constancia de que los campamentos que nosotros teníamos ubicados ya no están ahí (en Venezuela)” (sic).

Lógico es suponer que las palabras del actual mandatario no alegraran el espíritu del pueblo colombiano, y muy especialmente el de los casi 500 mil efectivos que conforman una de las fuerzas militares mejor preparadas del continente, quienes han visto desaparecer impunemente a dichos criminales hacia territorio venezolano. Tanto fue el efecto, que el propio ex presidente Álvaro Uribe manifestó públicamente su inconformidad con tamaña aseveración.

Lo cierto del caso es que el gobernante reculó ante sus declaraciones iniciales. Aprovechando el inicio de la Semana Mayor, en entrevista exclusiva para la emisora de radio “la FM”, advertía: “Nunca dije que ya no hay presencia de las FARC en Venezuela, sino que los campamentos que teníamos localizados ya no están en el sitio donde sabíamos que estaban”.  Continuando más adelante: “No dije ni que esos campamentos se trasladaron a Colombia, ni que se mantuvieron en Venezuela, porque no lo sabemos. Infortunadamente la labor de inteligencia que se acumuló durante mucho tiempo se perdió porque ellos (las FARC) se dieron cuenta de que los estábamos vigilando y tomaron precauciones”. Insistiendo, por último, que “hoy por hoy el Gobierno no sabe si esos campamentos están en Venezuela o en Colombia(sic).

Olvidaba el mandatario en esta nueva intervención, sus declaraciones durante el almuerzo-conferencia organizado por el “Foro de la Nueva Economía”, en el Hotel Ritz de Madrid, durante el mismo viaje a España, en donde ante las insistentes preguntas de los periodistas invitados, desdecía anticipadamente de la aclaratoria antes referida, afirmando categóricamente: “Hemos visto actividad de guerrilleros de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y del ELN (Ejército de Liberación Nacional), cada vez más activa en la frontera. Es decir, los hemos visto trasladándose a Colombia(sic).

Quiso la casualidad, este 19 de abril, que los medios de comunicación internacionales recogieran una reciente solicitud, que supuestamente realizara el máximo líder de las FARC, alías “Alfonso Cano”, ordenándole al comandante guerrillero, “Grannobles”, (hermano del fallecido jefe guerrillero “Mono Jojoy”), que “deje el refugio que tiene en la frontera con Venezuela y vuelva al combate”. Como se ve, al parecer el único confundido respecto al paradero de la guerrilla colombiana, es el mismo presidente Santos.

El segundo caso que el gobierno norteamericano requiere finiquitar antes de la próxima Asamblea General de la OEA, a realizarse en junio, en El Salvador, se refiere a la reincorporación de Honduras al organismo hemisférico, a cuyo efecto necesita del concurso de sus Estados miembros. Siendo por todos conocido que la piedra de tranca para tal situación, lo ha sido el gobernante venezolano, era obvio suponer la necesidad de “solicitar su buena pro” para tan delicada misión. Nuevamente resultaría de una incuestionable utilidad la intervención divina del gobernante Santos. Y así, como quien saca un conejo de un sombrero, aparece el presidente hondureño, Porfirio Lobo, en la tan esperada reunión Santos-Chávez en Cartagena de Indias, el 9 de abril pasado.

El resultado del cónclave no se hizo esperar, hasta el punto de que a la salida del mismo, Lobo adelantara información sobre su próxima reunión, la cual pretende celebrar en compañía de sus mismos anfitriones, y del otrora indiciado, y ahora libre de culpa, el ex presidente Manuel Zelaya.

La situación de Honduras amerita una consideración especial, por el hecho de hacernos recapacitar respecto a antiguas prácticas que los demócratas del mundo supusimos superadas.

A raíz de la violación de principios constitucionales, definidos como delictivos por la propia Constitución hondureña, el para entonces presidente Zelaya, fue destituido de su cargo, y ordenada la apertura de varios procesos judiciales en su contra. Paralelamente, Honduras fue suspendida de la OEA, por considerarse irregular la manera como Zelaya fue destituido de su cargo. Para nadie es un secreto que el gobierno que lideró esta suspensión, así como el establecimiento de una serie de sanciones políticas y económicas, fue Venezuela.

El caso es que, sin que hubiera mediado un proceso judicial de por medio, y a sabiendas de que en dicho país no procede el juicio en ausencia por los delitos imputados al ex gobernante, la Corte Suprema de Justicia de Honduras “suspendió”, el pasado 25 de marzo, las tres órdenes de captura que operaban en contra del ex mandatario -entre ellas dos por procesos en los que era acusado por corrupción.

Esta situación, de desmantelamiento de las instituciones del Estado hondureño, resulta altamente preocupante. De hecho, en el mes de enero de este año, la Presidenta del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, Ileana Ros-Lehtinen, en comunicación enviada al subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental, Arturo Valenzuela, advertía que “Los Estados Unidos debe cesar de presionar a Honduras para que absuelva al ex presidente Manuel Zelaya” (sic).

Incluso, el propio Arturo Valenzuela, meses atrás, en una conferencia en el “Brooklyn Institute, en Washington DC, señalaba que “el presidente hondureño, Porfirio Lobo, ha hecho sus deberes y ha preparado el terreno para que Honduras sea readmitida en la OEA”(sic).

La interrogante que se presenta a raíz de esta manera anti jurídica de resolver la causa del ex mandatario hondureño, nos obliga a preguntarnos si serían esos, “los deberes”, a los cuales hacía referencia el representante de la diplomacia norteamericana. De ser así, el hecho no puede ser más alarmante, al verificar que esos valores, de respeto absoluto a las instituciones del Estado, y de independencia de los poderes públicos, tan estrictos dentro del territorio norteamericano, no se compaginan con los parámetros exigidos por las mismas autoridades estadounidenses, cuando de otros gobiernos se trata.

La intervención de otros Estados en los asuntos internos de Honduras ha llegado a un extremo tal, que nuevamente la congresista Ros–Lehtinen, el 19 de abril pasado, hace pública su preocupación al señalar “que la presión internacional, para forzar el retorno del ex Presidente hondureño Manuel Zelaya usurpa la soberanía de Honduras porque Zelaya fue removido de su cargo por violar la Constitución hondureña”. Urgiendo a todos los países miembros de la OEA a “desistir de esas tácticas de presión”; así como pidiéndoles que “reinstalen a Honduras durante su próxima reunión del mes de junio.”

Tales circunstancias deben hacernos recapacitar respecto a lo frágiles que resultan nuestras democracias, al depender las unas de las otras de acciones u omisiones de nuestros mandatarios, los cuales en muchos casos ni siquiera se han puesto a pensar las consecuencias que puedan generar sus actos. El caso actual de Colombia es un ejemplo de ello.

Colombia, un país con unos antecedentes tan complejos, pasó de considerarse prácticamente un Estado fallido, a un ejemplo de perseverancia en la lucha por la democracia.

Seguramente existen decenas de historias respecto a los grandes sacrificios que esto ha ameritado. Uno de esos ejemplos que se nos vienen a la memoria se refiere al capitán Camilo González, oficial de inteligencia, adscrito a la regional de Inteligencia de la Primera División del Ejército (RIME), en Santa Marta, Colombia, y el cabo Gregorio Martínez, también dedicado a labores de inteligencia. Ambos militares no tuvieron la suerte de escuchar las palabras de su presidente respecto a la pretendida desocupación, desaparición, mudanza, o como se le quiera llamar, de las FARC, del territorio venezolano. Los cuerpos sin vida de estos dos militares aparecieron con señales de haber recibido terribles torturas, en territorio fronterizo de Venezuela, en el 2007.

Es cierto que ya han pasado cuatro años de este terrible suceso, pero lo grave de la situación no es únicamente la irreparable muerte, y terrible sufrimiento que han debido padecer estas personas. El hecho es que la historia completa no deja de ser más asombrosa aún, al conocerse que supuestamente dichos militares fueron descubiertos por miembros de la guerrilla, y por oficiales, dentro de territorio venezolano, quienes al parecer los habrían trasladado a la sede del “Destacamento de Apoyo Aéreo # 1 de la Guardia Nacional”, en el estado Zulia. Lo demás es historia: los cuerpos fueron encontrados en las circunstancias descritas.

Por si esto fuera poco, la información apunta a la participación de un altísimo funcionario de la inteligencia militar venezolana, el cual habría dado la orden de proceder como en efecto sucedió.

Todos estos eventos nos llevan a considerar la difícil situación en la cual se encuentra el gobernante colombiano, quien, “por razones de Estado”, actúa con amigable consideración, mientras los indicadores demuestran que con nuevos amigos como los suyos, no necesita enemigos. Si a esto le agregamos la inmensa responsabilidad que dicho funcionario ha heredado de su antecesor, en el sentido de haber convertido éste a Colombia no sólo en un ejemplo a seguir, sino en el muro de contención del socialismo del siglo XXI y/o la revolución bolivariana, el peso que tiene sobre sus hombros el mandatario no es nada envidiable.

El caso del presidente Obama resulta menos comprensible. Este, desconociendo las realidades de este lado del hemisferio, pareciera dirigir su política exterior como quien pretende completar un rompecabezas, con piezas extrañas y a empujones.

No estamos aquí para juzgar a nadie, pero en el caso de estos dos gobernantes, es innegable que todos seremos beneficiarios, o víctimas, de sus aciertos o desaciertos. El tiempo dirá si dichos mandatarios pensaban para la próxima generación, o si simplemente lo hacían para la próxima elección.

La libertad de los esclavos en Venezuela, 1854

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Quizás todos podemos pensar que las efemérides nacionales son una especie de laberinto donde naufraga la memoria. Nadie recuerda, por ejemplo, y, ciertamente -no figura entre los grandes acontecimientos de desfiles militares, bengalas, discursos de prosaica prosa castrense y tambores- , el día en que se puso fin al régimen  de la esclavitud en Venezuela. Y, sin embargo… ¿quién duda de su gran importancia? En cambio celebramos fechas que se han ido imponiendo por vanidad, personalismo o demagogia.

El Presidente José Gregorio Monagas se hizo eco del antiguo clamor de los esclavos. El 10 de marzo de 1854 el político oriental dirigió un mensaje especial al Congreso Nacional sugiriéndole  a senadores y diputados la aprobación de  la ley de abolición.  Era una deuda muy antigua de la república que, inexplicablemente, no había honrado. ¿Cómo podía concebirse un país republicano en América Latina que aún mantuviera el régimen esclavista, después de tantas promesas, incluidas las del propio Simón Bolívar? Era cierto que desde 1811 los patriotas habían prohibido la introducción  y el comercio de esclavos. Pero en todo caso, y a pesar de su decadencia, la esclavitud sobrevivía en Venezuela cuatro décadas después de la independencia.

Esta efemérides quedó registrada el 24 de marzo de 1854, cuando José Gregorio promulgó la Ley de Abolición de la Esclavitud aprobada el 23 por el Congreso Nacional. Desde entonces, a Monagas se le llamó “el Libertador de los esclavos”. Un olvido que ilustra el menosprecio de los venezolanos por su propia historia. Nada qué hacer.

Según los historiadores, el número de esclavos liberados oscilaba entre 12.000 y 13.000. Y en 11.000 y tantos los manumisos. Los propietarios fueron compensados por el Gobierno mediante la reglamentación de la Ley. El “Libertador de los esclavos”, tuvo un fin  penoso e inmerecido: al ser derrocado su hermano José Tadeo en 1857, fue apresado en Barcelona  y enviado al Castillo de la barra de Maracaibo, y allá murió en 1858, en medio del desamparo. Así es la política.

El gran historiador norteamericano John Lombardi escribió el libro Decadencia y abolición de la esclavitud en Venezuela 1820-1854,editado por la UCV en 1974. Vale la pena leer también la novela Pobre Negro de Rómulo Gallegos.

SIMÓN ALBERTO CONSALVI

#TrailerFriday 22.04.11

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Aqui les traigo algunos trailers de esta semana:

1. Dolphin Tale

2. Terri

3. Larry Crowne

4. Bridesmaids

5. The Help

6. That’s What I Am

7. The Change Up

8. The Art Of Getting By

9. 30 Minutes Or Less

10. Another Earth

@LiveFromMind

Cabrera y Cabrera

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Los Indios de Cleveland se ven muy bien.

En estos primeros días de la temporada, tienen esa cantidad de victorias (13 antes de anoche) porque todo ha salido bien. Los lanzadores han estado dominantes, los bates han producido, la defensa ha sido sólida, la banca oportuna y el manager Manny Acta ha estado acertado.

No en balde se dice que “nunca un equipo se ve tan bien como cuando está ganando, ni tan mal como cuando está perdiendo”.

Como siempre en el buen trabajo de los lanzadores hay que contar con la buena defensa. Un doble play salvador o la atrapada de una bola que pudo ser  un extrabase son muchas veces determinante en la efectividad.

Si hacemos el ejercicio de buscar jugadas de esas que parecen en los resúmenes, varias veces encontraremos al barranquillero Orlando Cabrera y al venezolano Asdrúbal Cabrera. Ellos hacen recordar por qué Abelardo Raidi le decía a la segunda base “la adulterina”. “Está entre dos hombres” , decía el inolvidable periodista.

No diría que son Alomar y Vizquel, pero ¡qué bien luce esa combinación!

Contar con una buena defensa central, bateadores productivos y lanzadores controlados es el sueño de cualquier manager y el dominicano Acta ha sabido manejar eso, esperemos que pueda sostenerlo.

En cambio los Mets nos ha hecho recordar a uno de los managers más exitosos y legendarios de la historia, Casey Stangel, cuando dirigió a los Mets en los tempranos años 60’s “Los Mets me han enseñado maneras de perder que yo no conocía”.

Andrés Galarraga parte 4

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Es otra historia mágica la que cuenta cómo Andrés se curó del cáncer.

Unos días después de que el país y el mundo entero supieron la mala noticia, una joven abogada, Marilyn de Perera, soñó que la Virgen de la Rosa Mística le había dicho que contactara a Andrés Galarraga y le dijera que rezara el rosario en familia.

Esta muchacha, que jamás se había interesado por el beisbol, pero que sabía que el pelotero era una súper figura, muy querida hasta por los que no son fanáticos, da inicio a la sanación  ubicando el teléfono de Luís Alfonso Galarraga, quien era un hombre más bien esquivo con el celular.

La chica consigue el teléfono, lo llama y él le atiende, la escucha con atención y se comunica con Eneida, quien la llama para enterarse en detalles del sueño y de cómo rezarle a la Rosa Mística.

Marilyn había encargado una imagen de la Vírgen a Italia y se la había enviado con Luís Alfonso. Cuando la imagen llegó,  Eneida habló con ella sobre el particular rosario y supo que había que ofrendarle unas rosas blancas.

En todo West Palm Beach no halló ni una sola rosa blanca, sólo anaranjadas, pero igual las llevó, después de todo, lo importante era rezar toda la familia junta.

Era un poco antes de la media noche cuando Eneida llamó otra vez a  Marilyn para contarle que mientras rezaban el Rosario, las rosas naranjas se habían vuelto blancas…

La fe de Andrés debe venirle de parte de Juana. Ella es muy católica, creyente del Niño Jesús de Capaya, de la Vírgen de Betania, a quien le encomendó la rodilla de Andrés en 1993 cuando fue líder bateador, y de José Gregorio Hernández. Ahora también es una de las principales promotoras del Rosario de la Rosa Mística.

Confiada en esa alineación, Juana recibió la terrible noticia con optimismo. Después del susto inicial, su única convicción era que su jonronero no iba a dejarse ganar.

Lo puso en las manos de Dios y su equipo,  confiando en que no podía estar en mejores manos.

Unas semanas después de esos primeros días de la enfermedad de Andrés, ocurrió nuestra visita, para entrevistarlo para el documental.

Alejandro Wiedeman, cineasta venezolano, director de fotografía, escéptico y ácido,  me confesó después que varias veces se le puso la piel de gallina. Es importante recordar que la película se rodó estando Andrés en plena lucha.

Podría decirse que eran los primeros innings del cáncer y que por difícil que se pintara el juego, no entregarse, igual que en el beisbol, fue determinante en la vida de Andrés.

Esta vez no estaba el “Chico” ordenándole que tomara el guante y saliera a jugar, ya eso estaba muy aprendido.

Él era el mismo de aquel juego que se decidió con un batazo suyo, el que aprendió a batear de nuevo, el que ganó un título de bateo con todo y la rodilla rota. “El Gran Gato” que no se rinde.

Inolvidable un titular de Meridiano, indudablemente hecho por José Visconti, periodista deportivo, locutor, animador de eventos religiosos, caraquista y ex sem  inarista, que decía en sus grandes letras amarillas sobre fondo rojo: “TRANQUILOS TIENE 7 VIDAS”.

Para terminar nuestra entrevista, César Miguel resolvió ubicar a Andrés en el jardín de su casa, rodeado de centenares de cartas, tarjetas, fotografías, letreros tipo afiche y una enorme tela que pusieron los Bravos de Atlanta en la entrada del parque de Disney, donde entrenan en primavera, para que los fanáticos le escriberan un mensaje, al lado de un dibujo del Gato Sonrisa, el personaje de Alicia en el País de la Maravillas.

Andrés fue un pelotero amable con la prensa, siempre pendiente de atender a los fanáticos, no creo que sea temerario decir que jamás negó un autógrafo a nadie, ni un consejo a un novato. Quererlo es inevitable.

Muchas de esas cartas Andrés no había tenido tiempo de leerlas, así que fue allí donde se encontró con toda esa correspondencia amorosa que le había llegado desde todas partes de Estados Unidos y Canadá, de Venezuela, de Puerto Rico, Nicaragua, República Dominicana y otros sitios lejanos como Melbourne, Australia, para manifestarle apoyo.

Para los efectos de la edición, Andrés respondía a nuestras preguntas, mirando directamente a la cámara.

Estaba muy conmovido con lo que tenía alrededor, así que César Miguel, sorprendiendo a todos, sin prepararle para la pregunta, le gritó: “¡Andrés! ¿tú te vas a morir?”

Sin dudar, sin quebrarse, convencido, confiado y vigorosamente, el “Gato” dijo que no, que él no iba a morirse por ese cáncer: “ Yo soy una persona a la que no le gusta perder”, su voz se tambaleó únicamente cuando habló de lo que para él significaba todo ese amor que lo rodeaba. “Este es mi Salón de la Fama”, dijo con palabras que salieron de su alma.

Su respuesta fue el último parlamento de la película antes de terminar con la imagen de Andrés acompañado de Eneida y sus tres hijas, Andria, Katherin y Andrea, caminando con ellas en un jardín enorme, con el mundo por delante.

Así terminó el documental, pero todos sabemos que la historia es todavía más rica.

Andrés derrotó el cáncer y regresó a la prinera base de los Bravos. En los primeros días de los entrenamientos de primavera, cuando los lanzadores enfrentan a los jugadores del propio equipo, antes de que se dé inicio a la pretemporada o juegos de exhibición, el “Gran Gato” enfrentó a Gregg Maddux y se la conectó tan bien, que el estelar lanzador le dijo, según reseñaron los diarios de Atlanta, que él (Andrés) como que no había tenido nada.

Ese año 2000, la ciudad de Atlanta fue la anfitriona del Juego de las Estrellas y Andrés, aunque no fue elegido como abridor por los fanáticos, igual tuvo el privilegio de estar en el line up inicial porque Mark Mcgwire no participó por una lesión en su rodilla derecha. Bobby Cox se decidió por Andrés sobre Todd Helton, quien sustituyó al Gato en la primera base de los Rockies de Colorado.

Al momento de su anuncio, justo después de Chiper Jones, el gran consentido de los Bravos, el Turner Field le brindó una ovación estruendosa. Andrés saludaba con su gorra mientras la gente no dejaba de aplaudir y gritar. Ninguna estrella recibió esa noche más cariño que él.

En el palco de prensa, el periodista Carlos Figueroa y quien escribe habíamos decidido abrir el ventanal para escuchar ese momento. La ovación bajó cuando el locutor interno anunció la siguiente estrella.

Galarraga siguó siendo un buen bateador, sacó 28 jonones, dejó promedio de .302 y remolcó 100 carreras, números que le valieron el título de Regreso de Año.

A pesar de su actuación destacada y útil para la causa de los Bravos, la gerencia no lo contrató para el 2001, así que “El Gato” se fue a Texas, donde no le fue bien, más tarde vistió nuevamente el uniforme de los Expos y también el de San Francisco y por último fue cambiado a los Angelinos, equipo con el que vio su último turno oficial.

Luego quiso regresar con los Mets de Nueva York, pero decidió no seguir cuando se dio cuenta de que no podría rendir en los niveles de excelencia a los que se acostumbró y se fue.

Fueron 19 temporadas jugando en las Mayores, quedó en 399 jonrones, un número importante, pero frío, que no traduce su entrega ni su fuerza.

Sin duda, de no haberse enfermado, habría pasado muy largo la barrera de los 400 vuelacercas; Pero como él mismo dijo, el cariño que se ganó de la gente es su mejor logro.

Andrés es así de grande para que le quepa ese corazón enorme que tiene.

Restaurantes latinoamericanos aparecen entre los mejores del mundo

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Juan Pablo Sucre/ Gourmet Lounge

Desde el año 2002, la revista británica Restaurant, publica la lista de los mejores restaurantes del mundo, conocida como S. Pellegrino World’s 50 Best Restaurants, basada en encuestas de chefs, gastrónomos, restauradores y especialistas, conformado por paneles en las distintas regiones para llevar a cabo la clasificación.

No se vota por una lista de opciones predeterminadas, sino que cada miembro de estos grupos debe elegir 5 restaurantes de su propia elección. Para garantizar que existan seleccionados de todas las regiones, sólo se puede votar por un máximo de dos restaurantes de su propia región, el resto de los votos deben ser de locales fuera de su región de origen. Por supuesto, los miembros no pueden votar por su propio negocio y deben haber comido en los restaurantes que están votando en los últimos 18 meses.

Este año repite en el primer peldaño el restaurante danés Noma, ubicado en el Puerto de Copenhague y cuyo chef es el joven René Redzepi, que apuesta por una cocina escandinava bajo las técnicas vanguardistas “moleculares” o “tecnoemocionales”.

Destaca del Top 10 de la clasificación, la exclusión del restaurante El Bulli, del chef Ferran Adrià, luego de haber encabezado por varios años la lista y que en el año 2010, Adrià fuera distinguido por la misma revista como Mejor Cocinero de la Década. Esto se debe a que en julio 2010, cerró sus puertas para convertirse en una fundación.

Sin embargo, la cocina española salió fortalecida, pues la segunda y la tercera posición correspondieron a El Celler de Can Roca, de los hermanos Joan, Josep y Jordi Roca (Girona), y Mugaritz, de Andoni Luis Aduriz en Rentería (Guipúzcoa), respectivamente. Mientras tanto, Arzak, de Juan Mari Arzak (San Sebastián), ganó un puesto colocándose en la octava posición.

La gastronomía latinoamericana también ha avanzado significativamente en el ranking de este año, pues el restaurante brasilero paulista D.O.M., del chef Álex Atala, se ubicó en la séptima posición, subiendo once escaños respecto al año pasado. Por otro lado, la cocina peruana salió también aupada, al incluirse por primera vez a Astrid y Gastón, del exitoso chef Gastón Acurio, que debuta en el peldaño 42. El restaurante limeño Malabar, del chef Pedro Miguel Schiaffino, quedó, a su vez, en el puesto 87 del Top 100.

La revista Restaurant, también rindió homenaje a Juan Mari Arzak, con un premio por su trayectoria, después de imponerse ante a  los franceses Alain Ducasse y Pierre Gagnaire y al estadounidense Thomas Keller.

Asimismo, la clasificación ha otorgado por primera vez un Premio Veuve Clicquot a la Mejor Chef Femenina a la francesa Anne-Sophie Pic (Maison Pic, Francia), que compitió con otras dos finalistas: la española Elena Arzak y la italiana Nadia Santini.

Estos son los diez mejores del ranking S. Pellegrino, publicado por Restaurant:

  1. Noma, de René Redzepi, en Copenhague (Dinamarca)
  2. El Celler de Can Roca, de Joan, Josep y Jordi Roca, en Girona
  3. Mugaritz, de Andoni Luis Aduriz (Rentería, Guipúzcoa)
  4. Osteria Francescana, de Massimo Bottura, en Modena (Italia)
  5. The Fat Duck, de Heston Blumenthal, en Bray (Reino Unido)
  6. Alinea, de Grant Achatz, en Chicago (EEUU)
  7. D.O.M., de Álex Atala, en Sao Paulo (Brasil)
  8. Arzak, de Juan Mari Arzak, en San Sebastián
  9. Le Chateaubriand, de Iñaki Aizpitarte, en París (Francia)
  10. 10. Per Se, de Thomas Keller, en Nueva York (EEUU)

En estos links, las listas completas del Top 50 y Top 100, respectivamente:

http://www.theworlds50best.com/awards/1-50-winners

http://www.theworlds50best.com/awards/51-100-winners

Andrés Galarraga parte 3

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Pero llegó el año 1992 y Andrés Galarraga fue cambiado a los Cardenales de San Luís, equipo dirigido por Joe Torre.

Sufrió su peor  campaña, había perdido la mecánica, como si se le hubiera olvidado cómo batear y muchos aseguraron que su carrera había llegado al final.

Pero Andrés, esa es su historia, siempre consigue cómo vencer la adversidad.

El entonces coach de bateo de San Luís era Don Baylor, quien decidió trabajar con él como si hubiera que enseñarlo a batear de nuevo.

Cambió su manera de pararse en el plato; ahora miraba de frente al pitcher, tenía una mejor visual de la bola desde que la soltaba el lanzador y podía preparase para conectarla con todo su poder.

Baylor fue llamado para ser el manager de una franquicia de expansión, los Rockies de Colorado y con él se llevó al de Chapellín.

Aquellos Rockies impresionaron desde los primeros días. Su alineación, en la que estaban Larry Walker, Dante Bichete, Vinicio Castillas y Galarraga, fue uno de los line ups más temibles de la época. Además jugaban en el Coors Field, un parque en el que la bola corre “fácilmente”.

En el nuevo equipo,  Andrés dió batazos de todos los calibres, había recuperado la fuerza para dar jonrones y había mejorado notablemente el contacto.

Iba destrozando la liga, como dicen los beisboleros, hasta la tarde en la que, persiguiendo un fly, chocó con el segunda base y se lesionó la rodilla derecha.

Todo parecía haber terminado en aquella temporada, pero Baylor, conociendo la fuerza de voluntad de su pupilo, pactó con él para un día “X”. Ese día debía comenzar a practicar y poder incorporarse con el suficiente tiempo para pelear el liderato de bateadores de la Liga Nacional.

El día pautado apareció “El Gato” dispuesto a trabajar y en la fecha calculada fue reactivado.

La pelea no estaba fácil, su rival en la lucha por el título de bateo era nada menos que Tony Gwyn, uno de lo mejores bateadores de su época, hoy en día en el Salón de la Fama.

Muchos de los imparables de Andrés se fueron del parque. Él bromea e insiste en que daba jonrones para no tener que correr duro. Podría decirse que en una sola pierna, Andrés Galarraga fue el Campeón Bate.

En Venezuela delirábamos y empezó una locura llamada la “Galarragamanía” sus fanáticos no tomábamos el primer café antes de saber “qué hizo ‘El Gato’ anoche”.

Los años de Colorado fueron inolvidables, él y el resto de los “Bombarderos de la calle Blake”, como también eran llamados “El Gran Gato y su pandilla”, fueron el equipo nuevo que más rápido llegó a una postemporada, fueron los primeros en tener cuatro bateadores con más de 30 jonrones y 100 carreras empujadas y emociaban de verdad.

¡Un carro de leña! Uno detrás del otro, hábiles, fuertes, intimidantes…Tenían “química”, como se dice ahora, que no es otra cosa que una conexión que da la diversión, el poder ganar, hacerlo juntos, jugar y ser felices como cuando eran niños. Tenían mucho más que poder aquellos bombarderos.

Fue además de líder bate, líder en empujadas y en jonrones, aunque no el mismo año, pero ganó todos esos lauros, un bate de plata y apareció en la lista de los Más Valiosos.

Un sábado en la tarde los Rockies jugaban en el Pro Player Stadium, y el estelarísimo Kevin Brown se metió en líos dejando embasar a los dos primeros bateadores, con Larry Walker al bate; la decisión fue darle el boleto intencional para enfrentar a Galarraga. Al primer envío le devolvió la bola al último piso del parque. Fue el jonrón más largo en años y el más largo de Miami, creo que hasta ahora.

En principio se dijo que la bola había recorrido 570 pies, pero al rato, dice Andrés que cuando se dieron cuenta de que dejaría atrás a Mickey Mantle, rectificaron la medida y dejaron el batazo en 529 pies.

Unos innings más tarde, Dennis Cook entró a relevar y al enfrentar al Gato le pegó la bola, por primera vez en cientos de pelotazos; El toletero se fue al montículo con la intención de desquitarse a golpes; afortunadamente para Cook, no le atinó ninguno, porque lo habría lastimado. Lo expulsaron y lo multaron, pero si algo quedó claro, si algún día ven la repetición, es que Andrés no habría llegado tan lejos de haberle gustado el boxeo.

Cuando llegó el momento de renegociar, los Rockies salieron de Galarraga. A uno le da rabia que eso pase, que un equipo salga de un jugador “franquicia”, querido, que mete gente en el estadio, que la ciudad lo adora, etc, pero así es y es parte de como es todo.

El cambio, sin embargo, fue muy positivo para Andrés, porque su producción se mantuvo y así demostró que podía seguir siendo un excelente bateador fuera de Denver.

En su primer año con Atlanta despachó 44 jonrones, bateó para .305 y empujó 121 carreras.

El 17 de febrero de 1999, cuando abrieron los campos de entrenamiento de primavera, fiebrúo como siempre, se reportó con su entrenador personal, quien al verle le dijo que nunca lo había visto en tan buena forma. Haciendo swings de práctica, sintió un fuerte dolor en su espalda, que le impidió seguir con el trabajo.

Lo examinaron los médicos del equipo y decidieron que se chequeara en Chicago. Allí recibió la mala noticia que pronto impactaría en el mundo del beisbol. Tenía un linfoma en la quinta vertebra lumbar y había que someterlo a tratamiento de inmediato.

El cáncer era esta vez el violento pitcheo.

A estas alturas del cuento surgió una pregunta que, después de su respuesta, resultó ser importante, sobre todo a manera de consejo para mi vida en particular.

– “¿Tu no te has puesto bravo con Dios? ¿No has mirado al Cielo y le has reclamado que esto te haya pasado a ti?”

Entonces vino su respuesta que nunca olvidaremos quienes estábamos allí:

-“No, jamás me he puesto bravo con Dios, nadie se puede poner bravo con Dios, sino ¿quién te queda, quién te ayuda a enfrentar lo que sea que haya que enfrentar? !No, no me he puesto bravo con Él, confío en Él, sé que me voy a curar y que soy yo quien tiene cáncer, porque soy un ejemplo y seré ejemplo de que el cáncer se cura!”.

Sereno como el acostumbra decir las cosas, como si no fueran aleccionadoras sus vivencias y sus opiniones, nos dijo eso con una  fe tal, que estoy segura de que ese momento fue uno en los que a César le provocó abrazarlo y también aplaudirlo…

Años más tarde, cuando mi hija Lucía estaba peleando en su incubadora contra la bacteria que finalmente causó su ida al lado de Dios, recordé esas palabras de Andrés y rogué porque, si pasaba lo peor, pudiera aceptarlo sin perder la fe. Le pedía que no me dejara arrecharme con Él, que no me dejara sola…

A los tres meses, estoy segura de que por no haberme puesto brava con Él salí embarazada de Santiago, mi hijo menor,  un gran premio de la vida.

(Continuará)

A 201 años de una independencia que no es tal

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Por Adriana Boersner Herrera

Twitter: @aboersner  @diploos

www.diploos.com

A partir del 19 de Abril de 1810 se inicia el proceso de independencia que permitiría alcanzar la declaración de la independencia, el 5 de julio del siguiente año. Desde entonces gobierno tras gobierno ha recordado, tanto una fecha como la otra, bajo el manto de un protocolo y riguroso homenaje a aquellos padres de la patria que hacen perpetuar año tras año el mito de una independencia que hoy por hoy seguimos sin tener.

Hoy día, la llamada Revolución Bolivariana reafirma la gesta emancipadora a través de lo que el gobierno venezolano cree que es la inclusión del Poder Popular en cada una de las ramas de los poderes públicos del Estado. Tan sólo parece ser un cambio de nombre, una fachada cosmética sin mayores cambios de fondo.

¿A qué independencia se referirá el presidente Hugo Chávez? En lo que llevamos del año  2011, el gobierno de Venezuela ha firmado con China, un macro-acuerdo donde figuran la estatal PDVSA y un conglomerado empresarial chino, entre ellos el Industrial and Comercial Bank of China y Citic Group de Pekín, que dará una financiación de $4.000 millones a Venezuela y que se pagará como viene ocurriendo con otros acuerdos pasados, con barriles de petróleo venezolano a precios irrisorios.

En 2010, Rusia entregó un crédito a Venezuela por $4.000 millones para compra de armamento, sumado a otro crédito por 2.200 millones en 2009 para equipar, según el gobierno de Hugo Chávez, su fuerza armada y defender al país sudamericano de alguna “amenaza” externa.

Venezuela en 5 años ha comprado casi $11.000 millones de armamento ruso, algo que resulta incomprensible cuando el deficit de vivienda en el país se incrementa cada año en 100.000, ninguna misión hábitat o PDVSA Socialista contribuye a disminuir este déficit, y la situación empeora si examinamos otros ámbitos públicos y privados del país como la salud, la educación o la tenencia de la tierra.

Si se leen los portales oficiales, el tema de la vivienda es abordado por descalificaciones a un pasado que ya parece bastante lejano luego de 12 años de un gobierno que no termina de solucionar siquiera las necesidades básicas de la población, sólo se atiene a un ideal y un capricho personalista. “Reivindicar al pueblo” es el derecho constitucional a la vivienda, que fue uno de los más irrespetados durante anteriores Gobiernos [según este gobierno]. Mi pregunta ahora es ¿qué pensará la gente que está damnificada en el Ministerio del Poder Popular para las Relaciones Exteriores o Casa Amarilla o cualquier otro edificio de gobierno? ¿Se sentirán reivindicados en esta situación de hacinamiento?

Mientras el presidente venezolano insiste que somos un país soberano, independiente del centro imperialista, habría que preguntarse a qué centro imperialista se refiere. Desde hace tiempo,  el comercio entre Estados Unidos y Venezuela ha decaído, dejando que nuestro principal producto de exportación al país del norte pase a ser el cuarto en la lista tras Canadá, México y Arabia Saudita. Sin embargo, la dependencia sigue siendo clara por un tema lógico de estabilidad y potencialidad comercial.

Esa independencia anhelada desde 1810 se ha convertido en pleno siglo XXI en algo ilusorio cuando tras constantes y repetitivas cadenas y alocuciones, lejos de mejorar los problemas de dependencia de gobiernos  pasados, estamos cometiendo los mismos y peores errores. Creer que la independencia sólo se obtiene alejándonos de Estados Unidos y acercándonos a países con vicios iguales y que codician la vuelta de antiguas potencias que una vez fueron florecientes como la China o la Rusia Imperial, es no sólo un error en sí, sino también,  desvirtuar el sentido de lo que es urgente de atender frente a lo que es realmente importante para el país.