Sin conocimiento de la política

La ruina de la política estriba en la obcecación que hay en la persona se ve investida de poder absoluto

 

@ajmonagas

Jamás ha sido fácil la comprensión cabal del concepto de política. Menos, cuando es necesario entenderla como filosofía de vida. Ni siquiera porque dicho esfuerzo viene procurándose desde que Aristóteles se dio cuenta de la razón de la política. Más aun, luego de reconocer que el hombre por naturaleza es un ser profunda e implícitamente político. Sin embargo, este problema tiene distintas explicaciones que, en el tiempo, han sido discutidas, debatidas y hasta delineadas. Pero escasamente internalizadas.

Quizás una de las lecturas de mayor arraigo entre estudiosos de la ciencia política ha sido la riqueza de su significación y alcance como recurso del conocimiento. De esa forma, ha sido posible dominar un mayor campo de visualización de problemas desde el enfoque de otras ciencias sociales. No obstante, la proliferación de contextos de debate teorético y de análisis socio-histórico ha sido causa de apreciaciones del concepto de política que terminan desvirtuando no solo su acepción, sino, más grave, su praxis. Es decir, el ejercicio político. Consecuencias estas que han derivado en contradicciones y ofuscaciones que, a su vez, perjudican la lucidez del pensamiento político y acción política.

Las perversidades del poder

Estas implicaciones vistas como secuelas del problema de deformar y desvirtuar el concepto de política han sido reiterativas históricamente. Sobre todo, bajo circunstancias dominadas por perversidades propias de carácter usurero, egoísta y mediocre de hombres con una voracidad enfermiza por el poder político.

Por eso, el sentido de pluralismo que exhorta la política, en su más fecunda concepción, choca con toda doctrina que reivindica la imposición del pensamiento único y de un arbitrario criterio de socialización. Así que cualquier intento de actuar al amparo de lo que la verticalidad dialéctica pretende justificar, se convierte en factor de repulsión ante lo que el concepto de política propone.

Bastaría con reconocer la diferencia sobre la cual la vida del hombre se desenvuelve, para así aceptar que el concepto de política no se resuelve en la nimiedad del pensamiento obtuso, cerrado y marginado preparado para divulgar una doctrina política o un proyecto ideológico de gobierno. La noción de diferencia establece la base conceptual y metodológica para comprender la amplitud de lo que concierne a la política como fuente de vida. Sobre todo, al reconocer el respeto como actitud capaz de considerar la diferencia que se establece entre las múltiples perspectivas y respuestas que bien posee toda persona ante la vida.

La esencia de la política

Por ahí comienza a estructurarse el concepto de política. La diferencia hace que el hombre se apegue a las libertades cuya naturaleza determina el pluralismo. Se entiende este como la condición que avala la tolerancia y el respeto frente a cualquier opinión desgajada de las distintas corrientes del pensamiento.

Justamente, en su fragor, adquieren sentido las necesidades y los intereses que orientan el esfuerzo por elegir la dirección que habrá de determinar las libertades. Lo contrario, representa el ámbito social en cuyo terreno se abona toda intransigencia al pluralismo político.

Por otro lado, la ruina de lo político estriba en la obcecación que hay en la persona se ve investida de poder absoluto. Pero también, caprichos que brindan oportunidades para insuflarse de la soberbia necesaria que aviva posturas en el curso de un ejercicio de gobierno determinado. Esta decadencia de la política es de fácil observación en el aquí y el ahora. Tiempo y espacio ocupados por quienes toman decisiones sin medir sus efectos. Mucho peor, son cuadros de improvisados dirigentes de un gobierno usurpado mediante pronunciamientos disfrazados de democráticos. Y, además, sin conocimiento de política. 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

La ruina de la política estriba en la obcecación que hay en la persona se ve investida de poder absoluto

 

@ajmonagas

Jamás ha sido fácil la comprensión cabal del concepto de política. Menos, cuando es necesario entenderla como filosofía de vida. Ni siquiera porque dicho esfuerzo viene procurándose desde que Aristóteles se dio cuenta de la razón de la política. Más aun, luego de reconocer que el hombre por naturaleza es un ser profunda e implícitamente político. Sin embargo, este problema tiene distintas explicaciones que, en el tiempo, han sido discutidas, debatidas y hasta delineadas. Pero escasamente internalizadas.

Quizás una de las lecturas de mayor arraigo entre estudiosos de la ciencia política ha sido la riqueza de su significación y alcance como recurso del conocimiento. De esa forma, ha sido posible dominar un mayor campo de visualización de problemas desde el enfoque de otras ciencias sociales. No obstante, la proliferación de contextos de debate teorético y de análisis socio-histórico ha sido causa de apreciaciones del concepto de política que terminan desvirtuando no solo su acepción, sino, más grave, su praxis. Es decir, el ejercicio político. Consecuencias estas que han derivado en contradicciones y ofuscaciones que, a su vez, perjudican la lucidez del pensamiento político y acción política.

Las perversidades del poder

Estas implicaciones vistas como secuelas del problema de deformar y desvirtuar el concepto de política han sido reiterativas históricamente. Sobre todo, bajo circunstancias dominadas por perversidades propias de carácter usurero, egoísta y mediocre de hombres con una voracidad enfermiza por el poder político.

Por eso, el sentido de pluralismo que exhorta la política, en su más fecunda concepción, choca con toda doctrina que reivindica la imposición del pensamiento único y de un arbitrario criterio de socialización. Así que cualquier intento de actuar al amparo de lo que la verticalidad dialéctica pretende justificar, se convierte en factor de repulsión ante lo que el concepto de política propone.

Bastaría con reconocer la diferencia sobre la cual la vida del hombre se desenvuelve, para así aceptar que el concepto de política no se resuelve en la nimiedad del pensamiento obtuso, cerrado y marginado preparado para divulgar una doctrina política o un proyecto ideológico de gobierno. La noción de diferencia establece la base conceptual y metodológica para comprender la amplitud de lo que concierne a la política como fuente de vida. Sobre todo, al reconocer el respeto como actitud capaz de considerar la diferencia que se establece entre las múltiples perspectivas y respuestas que bien posee toda persona ante la vida.

La esencia de la política

Por ahí comienza a estructurarse el concepto de política. La diferencia hace que el hombre se apegue a las libertades cuya naturaleza determina el pluralismo. Se entiende este como la condición que avala la tolerancia y el respeto frente a cualquier opinión desgajada de las distintas corrientes del pensamiento.

Justamente, en su fragor, adquieren sentido las necesidades y los intereses que orientan el esfuerzo por elegir la dirección que habrá de determinar las libertades. Lo contrario, representa el ámbito social en cuyo terreno se abona toda intransigencia al pluralismo político.

Por otro lado, la ruina de lo político estriba en la obcecación que hay en la persona se ve investida de poder absoluto. Pero también, caprichos que brindan oportunidades para insuflarse de la soberbia necesaria que aviva posturas en el curso de un ejercicio de gobierno determinado. Esta decadencia de la política es de fácil observación en el aquí y el ahora. Tiempo y espacio ocupados por quienes toman decisiones sin medir sus efectos. Mucho peor, son cuadros de improvisados dirigentes de un gobierno usurpado mediante pronunciamientos disfrazados de democráticos. Y, además, sin conocimiento de política. 

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

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La ruina de la política estriba en la obcecación que hay en la persona se ve investida de poder absoluto

 

@ajmonagas

Jamás ha sido fácil la comprensión cabal del concepto de política. Menos, cuando es necesario entenderla como filosofía de vida. Ni siquiera porque dicho esfuerzo viene procurándose desde que Aristóteles se dio cuenta de la razón de la política. Más aun, luego de reconocer que el hombre por naturaleza es un ser profunda e implícitamente político. Sin embargo, este problema tiene distintas explicaciones que, en el tiempo, han sido discutidas, debatidas y hasta delineadas. Pero escasamente internalizadas.

Quizás una de las lecturas de mayor arraigo entre estudiosos de la ciencia política ha sido la riqueza de su significación y alcance como recurso del conocimiento. De esa forma, ha sido posible dominar un mayor campo de visualización de problemas desde el enfoque de otras ciencias sociales. No obstante, la proliferación de contextos de debate teorético y de análisis socio-histórico ha sido causa de apreciaciones del concepto de política que terminan desvirtuando no solo su acepción, sino, más grave, su praxis. Es decir, el ejercicio político. Consecuencias estas que han derivado en contradicciones y ofuscaciones que, a su vez, perjudican la lucidez del pensamiento político y acción política.

Las perversidades del poder

Estas implicaciones vistas como secuelas del problema de deformar y desvirtuar el concepto de política han sido reiterativas históricamente. Sobre todo, bajo circunstancias dominadas por perversidades propias de carácter usurero, egoísta y mediocre de hombres con una voracidad enfermiza por el poder político.

Por eso, el sentido de pluralismo que exhorta la política, en su más fecunda concepción, choca con toda doctrina que reivindica la imposición del pensamiento único y de un arbitrario criterio de socialización. Así que cualquier intento de actuar al amparo de lo que la verticalidad dialéctica pretende justificar, se convierte en factor de repulsión ante lo que el concepto de política propone.

Bastaría con reconocer la diferencia sobre la cual la vida del hombre se desenvuelve, para así aceptar que el concepto de política no se resuelve en la nimiedad del pensamiento obtuso, cerrado y marginado preparado para divulgar una doctrina política o un proyecto ideológico de gobierno. La noción de diferencia establece la base conceptual y metodológica para comprender la amplitud de lo que concierne a la política como fuente de vida. Sobre todo, al reconocer el respeto como actitud capaz de considerar la diferencia que se establece entre las múltiples perspectivas y respuestas que bien posee toda persona ante la vida.

La esencia de la política

Por ahí comienza a estructurarse el concepto de política. La diferencia hace que el hombre se apegue a las libertades cuya naturaleza determina el pluralismo. Se entiende este como la condición que avala la tolerancia y el respeto frente a cualquier opinión desgajada de las distintas corrientes del pensamiento.

Justamente, en su fragor, adquieren sentido las necesidades y los intereses que orientan el esfuerzo por elegir la dirección que habrá de determinar las libertades. Lo contrario, representa el ámbito social en cuyo terreno se abona toda intransigencia al pluralismo político.

Por otro lado, la ruina de lo político estriba en la obcecación que hay en la persona se ve investida de poder absoluto. Pero también, caprichos que brindan oportunidades para insuflarse de la soberbia necesaria que aviva posturas en el curso de un ejercicio de gobierno determinado. Esta decadencia de la política es de fácil observación en el aquí y el ahora. Tiempo y espacio ocupados por quienes toman decisiones sin medir sus efectos. Mucho peor, son cuadros de improvisados dirigentes de un gobierno usurpado mediante pronunciamientos disfrazados de democráticos. Y, además, sin conocimiento de política. 

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