El confuso mundo del siglo XXI

La situación internacional despierta temores por un confuso mundo colmado de exabruptos, al parecer ninguno totalmente comprendido

 

@ajmonagas

Si bien el siglo XX estuvo colmado de serias amenazas y eventos contra la paz mundial y el avance de las ciencias y las tecnologías, el siglo XXI no ha escapado de vivir algo parecido. La situación internacional en cuanto a lo político, económico, social, cultural y militar despierta de nuevo los temores por un mundo colmado de exabruptos, al parecer ninguno totalmente comprendido.

Crisis, caos, revoluciones, conflictos, guerras, como pudiera llamarse cualquiera de los problemas que han puesto en jaque la paz mundial, la situación no ha dejado de verse urdida por dificultades que tienden a empeorar.

La súbita desaparición de la bipolaridad que expusieron los dos grandes bloques de poder de Occidente y la denominada Unión Soviética, mutó en forma, magnitud y sentido. Ahora la situación mundial adoptó otro matiz. El confuso mundo surgido en lo que va de siglo XXI luce difícil de comprender. Es bastante complicado. Cada vez, el ambiente se torna más turbio. Y, desde luego, delicado desde la perspectiva de los peligros que por doquier afloran.

Ni siquiera las incidencias de la guerra propiciada por el abusivo poder ruso sobre el territorio ucraniano podrían sobrepasar los efectos que está sembrando la crisis social y cultural que se esparce por los puntos cardinales del planeta.

Rutas que confunden

Pareciera que el ensayo de un nuevo orden político busca imponer un estilo de vida conveniente a intereses y necesidades asincrónicas de lo que hasta ahora se ha conocido. No es un mecanismo de guerra lo que en adelante podría definir la fuerza capaz de cambiar las realidades. O sea, lo que está por surgir y lo que está por borrarse en una nueva e ineludible geografía del poder. Inclusive, se habló del fin de las ideologías. ¿Acaso ese es el problema mayúsculo que está arrastrando otros de menor tamaño?

No es fácil estar en medio de las presunciones o supuestos que muchos hacen de las consecuencias que tales pronunciamientos generan en perjuicio de la paz, el equilibrio y la ecuanimidad que requiere este mundo confuso.

Valdría pensar que lo que está sucediendo es consecuencia directa del vacío que ha dejado el desenlace de las ideologías que ocupaban el centro de la vida del ejercicio político. Ejercicio este que tenía presencia en programas, actividades y planes dirigidos a ordenar la vida humana en términos del progreso, bienestar y confluencia del ser humano.

Incluso, podría achacarse la culpa de tal descalabro a la ausencia que ha quedado luego de que los egoísmos y envidias acumuladas soltaron los amarres que contenían las perversidades que dieron hilo secuencial a la historia de las ideas. A la historia del hombre en la plenitud de su potencial deontológico.

Igualmente se ha hablado de la consumación de competencias que se daban entre antagonistas políticos y económicos. Ello como razón de la grave crisis de ideologías que, en la actualidad, ha venido arrasando con todo.

Como paroxismo de la vigente crisis, la educación está desviándose del rumbo que en otrora signaron valores de moralidad, ética y urbanidad. Claves funcionales que propiciaron al desarrollo económico, social y político; ventajas comparativas y competitivas que le valieron el talante necesario para allanar el camino de la excelencia.

Nuevos horizontes

Igual problema está surgiendo en perjuicio del reacomodo de actores geopolíticos que, en su gestión en pro de necesarias integraciones, estuvieron próximos a pactar para ajustarse a las exigencias del siglo XXI. Sin embargo, el esfuerzo se estancó para permitir el paso a los desarreglos que hoy abaten el desarrollo de sociedades enteras.

Los centros de poder protagonistas del siglo XX han visto reducidas sus capacidades de convocatoria. No obstante, las dificultades que aminoraron sus capacidades, posiblemente potencien otras. Y a eso habrá que apostar pues por ahí habrá que definirse el futuro del mundo. Y que tendrá que ver con la conservación del ambiente, la educación, el crecimiento de la población, el conocimiento y la cultura que requiere el desarrollo en su más exacta acepción.

Ojalá la aparición de nuevos actores políticos, económicos, sociales y culturales incidan en la concepción de nuevas fuerzas capaces de revertir el desorden que impera en el mundo. Sobre todo, cuando el respeto dejó de ser el valor que posibilita todo esfuerzo por construir nuevas perspectivas de vida. Así como para enrumbar propósitos hacia el norte. Es decir, hacia arriba y adelante.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

La situación internacional despierta temores por un confuso mundo colmado de exabruptos, al parecer ninguno totalmente comprendido

 

@ajmonagas

Si bien el siglo XX estuvo colmado de serias amenazas y eventos contra la paz mundial y el avance de las ciencias y las tecnologías, el siglo XXI no ha escapado de vivir algo parecido. La situación internacional en cuanto a lo político, económico, social, cultural y militar despierta de nuevo los temores por un mundo colmado de exabruptos, al parecer ninguno totalmente comprendido.

Crisis, caos, revoluciones, conflictos, guerras, como pudiera llamarse cualquiera de los problemas que han puesto en jaque la paz mundial, la situación no ha dejado de verse urdida por dificultades que tienden a empeorar.

La súbita desaparición de la bipolaridad que expusieron los dos grandes bloques de poder de Occidente y la denominada Unión Soviética, mutó en forma, magnitud y sentido. Ahora la situación mundial adoptó otro matiz. El confuso mundo surgido en lo que va de siglo XXI luce difícil de comprender. Es bastante complicado. Cada vez, el ambiente se torna más turbio. Y, desde luego, delicado desde la perspectiva de los peligros que por doquier afloran.

Ni siquiera las incidencias de la guerra propiciada por el abusivo poder ruso sobre el territorio ucraniano podrían sobrepasar los efectos que está sembrando la crisis social y cultural que se esparce por los puntos cardinales del planeta.

Rutas que confunden

Pareciera que el ensayo de un nuevo orden político busca imponer un estilo de vida conveniente a intereses y necesidades asincrónicas de lo que hasta ahora se ha conocido. No es un mecanismo de guerra lo que en adelante podría definir la fuerza capaz de cambiar las realidades. O sea, lo que está por surgir y lo que está por borrarse en una nueva e ineludible geografía del poder. Inclusive, se habló del fin de las ideologías. ¿Acaso ese es el problema mayúsculo que está arrastrando otros de menor tamaño?

No es fácil estar en medio de las presunciones o supuestos que muchos hacen de las consecuencias que tales pronunciamientos generan en perjuicio de la paz, el equilibrio y la ecuanimidad que requiere este mundo confuso.

Valdría pensar que lo que está sucediendo es consecuencia directa del vacío que ha dejado el desenlace de las ideologías que ocupaban el centro de la vida del ejercicio político. Ejercicio este que tenía presencia en programas, actividades y planes dirigidos a ordenar la vida humana en términos del progreso, bienestar y confluencia del ser humano.

Incluso, podría achacarse la culpa de tal descalabro a la ausencia que ha quedado luego de que los egoísmos y envidias acumuladas soltaron los amarres que contenían las perversidades que dieron hilo secuencial a la historia de las ideas. A la historia del hombre en la plenitud de su potencial deontológico.

Igualmente se ha hablado de la consumación de competencias que se daban entre antagonistas políticos y económicos. Ello como razón de la grave crisis de ideologías que, en la actualidad, ha venido arrasando con todo.

Como paroxismo de la vigente crisis, la educación está desviándose del rumbo que en otrora signaron valores de moralidad, ética y urbanidad. Claves funcionales que propiciaron al desarrollo económico, social y político; ventajas comparativas y competitivas que le valieron el talante necesario para allanar el camino de la excelencia.

Nuevos horizontes

Igual problema está surgiendo en perjuicio del reacomodo de actores geopolíticos que, en su gestión en pro de necesarias integraciones, estuvieron próximos a pactar para ajustarse a las exigencias del siglo XXI. Sin embargo, el esfuerzo se estancó para permitir el paso a los desarreglos que hoy abaten el desarrollo de sociedades enteras.

Los centros de poder protagonistas del siglo XX han visto reducidas sus capacidades de convocatoria. No obstante, las dificultades que aminoraron sus capacidades, posiblemente potencien otras. Y a eso habrá que apostar pues por ahí habrá que definirse el futuro del mundo. Y que tendrá que ver con la conservación del ambiente, la educación, el crecimiento de la población, el conocimiento y la cultura que requiere el desarrollo en su más exacta acepción.

Ojalá la aparición de nuevos actores políticos, económicos, sociales y culturales incidan en la concepción de nuevas fuerzas capaces de revertir el desorden que impera en el mundo. Sobre todo, cuando el respeto dejó de ser el valor que posibilita todo esfuerzo por construir nuevas perspectivas de vida. Así como para enrumbar propósitos hacia el norte. Es decir, hacia arriba y adelante.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

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La situación internacional despierta temores por un confuso mundo colmado de exabruptos, al parecer ninguno totalmente comprendido

 

@ajmonagas

Si bien el siglo XX estuvo colmado de serias amenazas y eventos contra la paz mundial y el avance de las ciencias y las tecnologías, el siglo XXI no ha escapado de vivir algo parecido. La situación internacional en cuanto a lo político, económico, social, cultural y militar despierta de nuevo los temores por un mundo colmado de exabruptos, al parecer ninguno totalmente comprendido.

Crisis, caos, revoluciones, conflictos, guerras, como pudiera llamarse cualquiera de los problemas que han puesto en jaque la paz mundial, la situación no ha dejado de verse urdida por dificultades que tienden a empeorar.

La súbita desaparición de la bipolaridad que expusieron los dos grandes bloques de poder de Occidente y la denominada Unión Soviética, mutó en forma, magnitud y sentido. Ahora la situación mundial adoptó otro matiz. El confuso mundo surgido en lo que va de siglo XXI luce difícil de comprender. Es bastante complicado. Cada vez, el ambiente se torna más turbio. Y, desde luego, delicado desde la perspectiva de los peligros que por doquier afloran.

Ni siquiera las incidencias de la guerra propiciada por el abusivo poder ruso sobre el territorio ucraniano podrían sobrepasar los efectos que está sembrando la crisis social y cultural que se esparce por los puntos cardinales del planeta.

Rutas que confunden

Pareciera que el ensayo de un nuevo orden político busca imponer un estilo de vida conveniente a intereses y necesidades asincrónicas de lo que hasta ahora se ha conocido. No es un mecanismo de guerra lo que en adelante podría definir la fuerza capaz de cambiar las realidades. O sea, lo que está por surgir y lo que está por borrarse en una nueva e ineludible geografía del poder. Inclusive, se habló del fin de las ideologías. ¿Acaso ese es el problema mayúsculo que está arrastrando otros de menor tamaño?

No es fácil estar en medio de las presunciones o supuestos que muchos hacen de las consecuencias que tales pronunciamientos generan en perjuicio de la paz, el equilibrio y la ecuanimidad que requiere este mundo confuso.

Valdría pensar que lo que está sucediendo es consecuencia directa del vacío que ha dejado el desenlace de las ideologías que ocupaban el centro de la vida del ejercicio político. Ejercicio este que tenía presencia en programas, actividades y planes dirigidos a ordenar la vida humana en términos del progreso, bienestar y confluencia del ser humano.

Incluso, podría achacarse la culpa de tal descalabro a la ausencia que ha quedado luego de que los egoísmos y envidias acumuladas soltaron los amarres que contenían las perversidades que dieron hilo secuencial a la historia de las ideas. A la historia del hombre en la plenitud de su potencial deontológico.

Igualmente se ha hablado de la consumación de competencias que se daban entre antagonistas políticos y económicos. Ello como razón de la grave crisis de ideologías que, en la actualidad, ha venido arrasando con todo.

Como paroxismo de la vigente crisis, la educación está desviándose del rumbo que en otrora signaron valores de moralidad, ética y urbanidad. Claves funcionales que propiciaron al desarrollo económico, social y político; ventajas comparativas y competitivas que le valieron el talante necesario para allanar el camino de la excelencia.

Nuevos horizontes

Igual problema está surgiendo en perjuicio del reacomodo de actores geopolíticos que, en su gestión en pro de necesarias integraciones, estuvieron próximos a pactar para ajustarse a las exigencias del siglo XXI. Sin embargo, el esfuerzo se estancó para permitir el paso a los desarreglos que hoy abaten el desarrollo de sociedades enteras.

Los centros de poder protagonistas del siglo XX han visto reducidas sus capacidades de convocatoria. No obstante, las dificultades que aminoraron sus capacidades, posiblemente potencien otras. Y a eso habrá que apostar pues por ahí habrá que definirse el futuro del mundo. Y que tendrá que ver con la conservación del ambiente, la educación, el crecimiento de la población, el conocimiento y la cultura que requiere el desarrollo en su más exacta acepción.

Ojalá la aparición de nuevos actores políticos, económicos, sociales y culturales incidan en la concepción de nuevas fuerzas capaces de revertir el desorden que impera en el mundo. Sobre todo, cuando el respeto dejó de ser el valor que posibilita todo esfuerzo por construir nuevas perspectivas de vida. Así como para enrumbar propósitos hacia el norte. Es decir, hacia arriba y adelante.

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