El Hitler del siglo XXI

De las cavernas de la historia salió un espécimen tiránico de inspiración similar al autor de Mi lucha. Putin es el Hitler del siglo XXI.

 

@froilanbarriosf

Concluido el siglo XX, es conocido por ser el más letal en la historia de la humanidad. En ese tiempo se desarrollaron lamentables eventos globales como pandemias, guerras mundiales y locales, cuyo resultado derivaron en la muerte de más de 100 millones de seres humanos. Proliferaron las armas nucleares y se envileció la vida en el planeta. Tras el horror, se pensó que para el tercer milenio el género humano merecía un mejor destino.

Afortunadamente creció simultáneamente una comunidad internacional promotora del desarrollo económico y tecnológico en el contexto de la globalización. Eso sí, con la asignatura pendiente de atender la desigualdad entre el paralelo norte y el paralelo sur. Por otra parte, debemos señalar que esta evolución del comercio mundial conoció igualmente el desarrollo institucional y político de las libertades democráticas, las cuales se enfrentan a países cuyos modelos autoritarios son la rémora que los pueblos amantes de la libertad pretenden dejar en el pasado. 

En esa dirección la comunidad internacional, desde inicios del siglo XXI, se planteó loables metas de desarrollo sostenible que permitieran equilibrar la desigualdad económica entre países ricos y países pobres; disminuir sustancialmente la pobreza; generar empleos decentes en los cinco continentes, proteger la naturaleza y lograr el planeta tierra que todos merecemos. 

En esa perspectiva la pandemia del COVID-19 desde 2020 nubló parcialmente las esperanzas de un mundo mejor. Esta situación dio pie a que la ciencia una vez más produjera los antídotos para derrotar el letal virus, que hasta hoy registra un saldo mundial de un poco más de 6 millones de fallecidos. Aun así, los inicios de 2022 anunciaban el arranque de la recuperación.

Lamentablemente el alivio duró poco al salir de las cavernas de la historia un espécimen tiránico de inspiración similar al autor de Mein Kampf, esta vez proveniente de la Federación Rusa. Un Putin que pretende arrodillar al mundo democrático para sentar las bases de un “nuevo orden mundial” aplastando a su vecina Ucrania.

Afortunadamente, las voces disidentes en Rusia rechazan la invasión y exterminio del pueblo ucraniano, a tal extremo que más de 300.000 ciudadanos rusos prefirieron huir de su país a servirle a los disparates de Putin. Un dictador que pretende esconder la derrota militar de la invasión apabullando con misiles a una nación que decidió valientemente defender sus vidas y su soberanía.

La peligrosa ira de Putin

La tragedia del tirano es que no consigue equiparar sus objetivos políticos con sus objetivos militares. Sus metas de renacer la URSS o la Rusia de Pedro el Grande se han ido por la cañería de humillantes derrotas en el frente de guerra. Por ello su ira como respuesta con cientos de misiles contra la crucificada Ucrania, cuyos hombres y mujeres han hecho morder el polvo al “segundo mejor ejército del mundo”. Aun cuando haya cambiado de comandante del ejército invasor en 3 ocasiones en casi 8 meses de guerra.

Los delirios de grandeza le han conminado a amenazar con bombas nucleares, clara señal de que su mente puede llevarlo a cometer un genocidio del cual no pueda recuperarse la humanidad, ya que una confrontación nuclear pudiera llevarnos a la edad de piedra. Por tanto, ¿cuál sería la solución? Como dijera esta semana claramente la primera ministra de Finlandia Sanna Marin, “simplemente que las tropas rusas se retiren de inmediato de Ucrania”. 

Del resto, sabemos que la justicia global enjuiciará a los criminales de guerra por las atrocidades cometidas contra una nación libre y soberana. En el siglo XX se iniciaron estos procesos con los juicios de Nuremberg (1946) y Tokio (1947). Luego, en el siglo XXI, en La Haya con los acusados en la guerra de los Balcanes, esperando el turno a su debido tiempo con los criminales de la Federación Rusa encabezados por el actual tirano Vladimir Putin por la invasión a Ucrania, Chechenia y Siria

Finalmente, en su entorno también deben incluirse los que en tierras lejanas han sido cómplices de sus fechorías contra pueblos indefensos, como es el caso en Latinoamérica de los de su misma estirpe, Nicolás Maduro, Diaz Canel, Evo Morales y Daniel Ortega, galería de tiranos a quienes la justicia internacional los mantiene en lista de espera.

*Movimiento Laborista.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

De las cavernas de la historia salió un espécimen tiránico de inspiración similar al autor de Mi lucha. Putin es el Hitler del siglo XXI.

 

@froilanbarriosf

Concluido el siglo XX, es conocido por ser el más letal en la historia de la humanidad. En ese tiempo se desarrollaron lamentables eventos globales como pandemias, guerras mundiales y locales, cuyo resultado derivaron en la muerte de más de 100 millones de seres humanos. Proliferaron las armas nucleares y se envileció la vida en el planeta. Tras el horror, se pensó que para el tercer milenio el género humano merecía un mejor destino.

Afortunadamente creció simultáneamente una comunidad internacional promotora del desarrollo económico y tecnológico en el contexto de la globalización. Eso sí, con la asignatura pendiente de atender la desigualdad entre el paralelo norte y el paralelo sur. Por otra parte, debemos señalar que esta evolución del comercio mundial conoció igualmente el desarrollo institucional y político de las libertades democráticas, las cuales se enfrentan a países cuyos modelos autoritarios son la rémora que los pueblos amantes de la libertad pretenden dejar en el pasado. 

En esa dirección la comunidad internacional, desde inicios del siglo XXI, se planteó loables metas de desarrollo sostenible que permitieran equilibrar la desigualdad económica entre países ricos y países pobres; disminuir sustancialmente la pobreza; generar empleos decentes en los cinco continentes, proteger la naturaleza y lograr el planeta tierra que todos merecemos. 

En esa perspectiva la pandemia del COVID-19 desde 2020 nubló parcialmente las esperanzas de un mundo mejor. Esta situación dio pie a que la ciencia una vez más produjera los antídotos para derrotar el letal virus, que hasta hoy registra un saldo mundial de un poco más de 6 millones de fallecidos. Aun así, los inicios de 2022 anunciaban el arranque de la recuperación.

Lamentablemente el alivio duró poco al salir de las cavernas de la historia un espécimen tiránico de inspiración similar al autor de Mein Kampf, esta vez proveniente de la Federación Rusa. Un Putin que pretende arrodillar al mundo democrático para sentar las bases de un “nuevo orden mundial” aplastando a su vecina Ucrania.

Afortunadamente, las voces disidentes en Rusia rechazan la invasión y exterminio del pueblo ucraniano, a tal extremo que más de 300.000 ciudadanos rusos prefirieron huir de su país a servirle a los disparates de Putin. Un dictador que pretende esconder la derrota militar de la invasión apabullando con misiles a una nación que decidió valientemente defender sus vidas y su soberanía.

La peligrosa ira de Putin

La tragedia del tirano es que no consigue equiparar sus objetivos políticos con sus objetivos militares. Sus metas de renacer la URSS o la Rusia de Pedro el Grande se han ido por la cañería de humillantes derrotas en el frente de guerra. Por ello su ira como respuesta con cientos de misiles contra la crucificada Ucrania, cuyos hombres y mujeres han hecho morder el polvo al “segundo mejor ejército del mundo”. Aun cuando haya cambiado de comandante del ejército invasor en 3 ocasiones en casi 8 meses de guerra.

Los delirios de grandeza le han conminado a amenazar con bombas nucleares, clara señal de que su mente puede llevarlo a cometer un genocidio del cual no pueda recuperarse la humanidad, ya que una confrontación nuclear pudiera llevarnos a la edad de piedra. Por tanto, ¿cuál sería la solución? Como dijera esta semana claramente la primera ministra de Finlandia Sanna Marin, “simplemente que las tropas rusas se retiren de inmediato de Ucrania”. 

Del resto, sabemos que la justicia global enjuiciará a los criminales de guerra por las atrocidades cometidas contra una nación libre y soberana. En el siglo XX se iniciaron estos procesos con los juicios de Nuremberg (1946) y Tokio (1947). Luego, en el siglo XXI, en La Haya con los acusados en la guerra de los Balcanes, esperando el turno a su debido tiempo con los criminales de la Federación Rusa encabezados por el actual tirano Vladimir Putin por la invasión a Ucrania, Chechenia y Siria

Finalmente, en su entorno también deben incluirse los que en tierras lejanas han sido cómplices de sus fechorías contra pueblos indefensos, como es el caso en Latinoamérica de los de su misma estirpe, Nicolás Maduro, Diaz Canel, Evo Morales y Daniel Ortega, galería de tiranos a quienes la justicia internacional los mantiene en lista de espera.

*Movimiento Laborista.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es

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De las cavernas de la historia salió un espécimen tiránico de inspiración similar al autor de Mi lucha. Putin es el Hitler del siglo XXI.

 

@froilanbarriosf

Concluido el siglo XX, es conocido por ser el más letal en la historia de la humanidad. En ese tiempo se desarrollaron lamentables eventos globales como pandemias, guerras mundiales y locales, cuyo resultado derivaron en la muerte de más de 100 millones de seres humanos. Proliferaron las armas nucleares y se envileció la vida en el planeta. Tras el horror, se pensó que para el tercer milenio el género humano merecía un mejor destino.

Afortunadamente creció simultáneamente una comunidad internacional promotora del desarrollo económico y tecnológico en el contexto de la globalización. Eso sí, con la asignatura pendiente de atender la desigualdad entre el paralelo norte y el paralelo sur. Por otra parte, debemos señalar que esta evolución del comercio mundial conoció igualmente el desarrollo institucional y político de las libertades democráticas, las cuales se enfrentan a países cuyos modelos autoritarios son la rémora que los pueblos amantes de la libertad pretenden dejar en el pasado. 

En esa dirección la comunidad internacional, desde inicios del siglo XXI, se planteó loables metas de desarrollo sostenible que permitieran equilibrar la desigualdad económica entre países ricos y países pobres; disminuir sustancialmente la pobreza; generar empleos decentes en los cinco continentes, proteger la naturaleza y lograr el planeta tierra que todos merecemos. 

En esa perspectiva la pandemia del COVID-19 desde 2020 nubló parcialmente las esperanzas de un mundo mejor. Esta situación dio pie a que la ciencia una vez más produjera los antídotos para derrotar el letal virus, que hasta hoy registra un saldo mundial de un poco más de 6 millones de fallecidos. Aun así, los inicios de 2022 anunciaban el arranque de la recuperación.

Lamentablemente el alivio duró poco al salir de las cavernas de la historia un espécimen tiránico de inspiración similar al autor de Mein Kampf, esta vez proveniente de la Federación Rusa. Un Putin que pretende arrodillar al mundo democrático para sentar las bases de un “nuevo orden mundial” aplastando a su vecina Ucrania.

Afortunadamente, las voces disidentes en Rusia rechazan la invasión y exterminio del pueblo ucraniano, a tal extremo que más de 300.000 ciudadanos rusos prefirieron huir de su país a servirle a los disparates de Putin. Un dictador que pretende esconder la derrota militar de la invasión apabullando con misiles a una nación que decidió valientemente defender sus vidas y su soberanía.

La peligrosa ira de Putin

La tragedia del tirano es que no consigue equiparar sus objetivos políticos con sus objetivos militares. Sus metas de renacer la URSS o la Rusia de Pedro el Grande se han ido por la cañería de humillantes derrotas en el frente de guerra. Por ello su ira como respuesta con cientos de misiles contra la crucificada Ucrania, cuyos hombres y mujeres han hecho morder el polvo al “segundo mejor ejército del mundo”. Aun cuando haya cambiado de comandante del ejército invasor en 3 ocasiones en casi 8 meses de guerra.

Los delirios de grandeza le han conminado a amenazar con bombas nucleares, clara señal de que su mente puede llevarlo a cometer un genocidio del cual no pueda recuperarse la humanidad, ya que una confrontación nuclear pudiera llevarnos a la edad de piedra. Por tanto, ¿cuál sería la solución? Como dijera esta semana claramente la primera ministra de Finlandia Sanna Marin, “simplemente que las tropas rusas se retiren de inmediato de Ucrania”. 

Del resto, sabemos que la justicia global enjuiciará a los criminales de guerra por las atrocidades cometidas contra una nación libre y soberana. En el siglo XX se iniciaron estos procesos con los juicios de Nuremberg (1946) y Tokio (1947). Luego, en el siglo XXI, en La Haya con los acusados en la guerra de los Balcanes, esperando el turno a su debido tiempo con los criminales de la Federación Rusa encabezados por el actual tirano Vladimir Putin por la invasión a Ucrania, Chechenia y Siria

Finalmente, en su entorno también deben incluirse los que en tierras lejanas han sido cómplices de sus fechorías contra pueblos indefensos, como es el caso en Latinoamérica de los de su misma estirpe, Nicolás Maduro, Diaz Canel, Evo Morales y Daniel Ortega, galería de tiranos a quienes la justicia internacional los mantiene en lista de espera.

*Movimiento Laborista.

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