Del esbirro que salió del revoltijo político-dictatorial, por Antonio José Monagas - Runrun
Del esbirro que salió del revoltijo político-dictatorial, por Antonio José Monagas
Acá tiende a fortalecerse el concepto de esbirro. El régimen lo necesita para mantenerse

 

@ajmonagas

Referir la palabra “esbirro”, exige indagar el tejido político. El repulsivo término se afinca en la naturaleza del totalitarismo. Junta razones políticas de la más indecente calaña, con disposiciones de fuerza.

El hecho de contar con sinónimos como “policía, represor, secuaz, seguidor, sicario y torturador”, según el Diccionario Panhispánico de la Real Academia Española, revela el carácter de su etimología. El DRAE asienta que el significado de “la persona que ejecuta las órdenes de otra o de una autoridad, si para ello debe emplear la violencia”.

Para ahondar la materialización del término por estas tierras, quizá luzca pertinente la revisión de la teoría sociológica del “gendarme necesario”, expuesta por el asesor principal del gobierno del general Juan Vicente Gómez, quien condujo a Venezuela durante las tres primeras décadas del siglo XX. Fue el general Gómez quien hizo que Venezuela se administrara bajo la sombra de la tiranía.

Durante su gobierno el término “esbirro” le fue endilgado a funcionarios de la seguridad política cuyas actuaciones comportaban la violencia que mejor habla del torturador, del represor, del policía intransigente e injusto.

El esbirro como hijo del militarismo

El militarismo consiguió en el “caudillismo” el aliado que mejor justificaba la imposición de la fuerza como recurso de gobierno para “civilizar la población”. Este “militarismo” se convirtió en razón que cuadraba con la necesidad de “ordenar” la sociedad.

Fue así como el “militarismo” adquirió fuerza política. Así, logró cambiar intenciones de crecimiento económico con el apoyo de una estructura cívico-policial donde la figura del “esbirro” no podía faltar. Con ello mantendría a raya todo factor disidente que pusiera en riesgo la estabilidad del régimen tiránico.

En el plano político, el “militarismo” hegemónico, visto en el curso de la historia política contemporánea, se ha arrogado atribuciones al voleo. Así le ha restado importancia a la institucionalidad sobre la cual descansa el ordenamiento jurídico que sirve de fundamento al discurrir de la sociedad.

¿Cómo se afianzó el concepto de esbirro?

Acá tiende a fortalecerse el concepto de “esbirro”. Su aparición se ha valido de estructuras gubernamentales que, en su oficio, buscaron afianzar el totalitarismo como sistema político. De ahí que someter la sociedad bajo la fuerza de este personaje significaba instaurar un régimen político suficientemente opresivo para sembrar el terror y consolidar el poder.

Por eso el sistema político actual, en contrario con postulados que exaltan libertades y derechos humanos, actúa apegado a esquemas dictatoriales con un barniz de postulados democráticos.

En aras pues de dominar circunstancias generadas por la barbarie, el caos y la anarquía, había que aducir alguna figura de poder que calzara con la necesidad de sofocar la disidencia a realidades convulsivas. Había que pensar en quién podría ejercer la autoridad dictatorial, en representación del régimen político. Fue entonces cuando adquirió razón la figura del esbirro quien, en el contexto del autoritarismo tiránico, fue el personaje que fungía como el “hombre fuerte” sin que sus acciones tuvieran mayor repercusión. Era la figura que se corresponde con las intenciones perversas del totalitarismo en curso.

La impunidad, su plataforma

La impunidad de la cual se ha valido el régimen autoritario para imponer su fuerza facilita la acción de este personaje siniestro. Y que indistintamente de lucir un uniforme y actuar a nombre de la autoridad, o vestido de paisano, garantiza los intereses políticos del autoritarismo.

Además, su labor es infiltrada por el odio. A decir de algunos postulados reivindicados por líderes totalitarios, el odio es un “factor de lucha”. Como recurso sociológico, permite forzar acciones políticas dirigidas a anular al adversario. El esbirro, entonces, busca actuar contra toda manifestación que atente contra la ideología y praxis política sobre la cual descansa el discurrir dictatorial.

La necesidad de echar mano de la represión obliga a las dictaduras a dotarse de artilugios de movilidad y de fuerza (vehículos y armas) que facilitan la labor opresora de sus esbirros. Esto ha hecho que organismos policiales y militares avalen el indigno trabajo del torturador en su condición de verdugo, sicario, mercenario o servil del autoritarismo hegemónico y tiránico.

El esbirro se adapta a las coyunturas sociales y políticas. En consecuencia, las organizaciones de seguridad “política” de los regímenes autoritarios cambian sus fachadas a conveniencia del régimen y su dominio absoluto. Detrás de tanta indecencia, aparece camuflada la figura de esos personajes. O sea, del “esbirro” que salió del revoltijo político-dictatorial.

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