Perdieron Barinas, poco importa, por Armando Martini Pietri - Runrun
Perdieron Barinas, poco importa, por Armando Martini Pietri
El chavismo perdió Barinas, la cuna de quien confeccionó este régimen dictatorial y destruyó a Venezuela

 

@ArmandoMartini

Barinas es de poca importancia política e insignificancia electoral. Su relevancia proviene de ser estado natal del fundador del desastre, y residencia habitual de la estirpe familiar. Territorio de lindos atardeceres, afable gentilicio, música llanera, extensiones y llanuras, sol, zancudos, ganado, siembras y Sabaneta, que pasa a la historia por ser cuna de quien después destruiría con afán todo lo construido. Abrió las puertas de la corrupción y el poder a sus compañeros de armas, exigiendo completa sumisión.

Allí, un docente copeyano vio cómo uno de sus hijos se hacía comunista, y otro militar. El desvío primogénito hacia el castrismo es reflejo de aquella Venezuela que deliró por Fidel, se regocijó en sus criadillas, fue a morir en las guerrillas, heridos y presos a ser acumulados en la cárcel militar del cuartel San Carlos al norte de Caracas y por el cual se peleó a muerte cuando adecos y militares se alzaron contra el democrático Isaías Medina Angarita.

Los barineses obtuvieron una victoria, motivo de gozo y satisfacción. El júbilo es bueno y saludable, aunque después se derrumbe.

Brutal ha sido la derrota. Igual de bestial la primera declaración del novel gobernador. La abdicación reconociendo a la usurpación, es dura de tragar, constituye una estafa para los electores. El oficialismo tiene en teoría 19 de 23 gobernaciones, en la práctica todas. Ellos reconocieron al usurpador como legítimo. Derrotar al sistema socialista es cambiar al régimen, lo que no impide registrar la expresión ciudadana, aunque la alegría dure poco.

Se pensaría que por patria chica algo habrían hecho por aquellas extensiones. Ha sido lo contrario. El único logro es no hacer nada sino darle ventajas al linaje. Han gobernado por tres períodos, y no tienen gente ni siquiera para acompañar al candidato impuesto por el castrismo oficialista después de que el hermano gobernador se hartó y renunció.

El chavismo ha perdido pujanza con el madurismo. El castrismo está desgastado, ajado y desprestigiado. El heredero puede haberse fortalecido entre los castro-chavomaduristas, pero ha perdido fuerza popular.

El madurismo es el gran perdedor de la jornada. Puso a desfilar al mediocre, sin lucimiento, acompañado de colectivos y de Piedad Córdoba. La derrota por un adeco devoto a la corriente asaltada y residente en el Estado, casi dobló en resultados al aspirante psuvista, a pesar de la vergonzosa colaboración del Poder Electoral y Judicial. Un síntoma de que los venezolanos están hasta el tapete de la incompetencia y mentiras del chavismo comandado por el castrismo.

Pero más allá de trampitas y truculencias, declaraciones que nadie cree, el chavismo debería pensar que una oposición seria, coherente, responsable, legitimada, sin las estultas necedades del G4, es  posibilidad cierta para un electorado harto de carencias.

Es el agotamiento de un proyecto que alcanzó poder y popularidad, más allá de las fábulas de Fidel para engañar a un ambicioso militar, gris en los estudios, y derrotado en su intento golpista. Llegó al poder por decadencia de los partidos políticos, mostrando en sus primeros actos incapacidad para administrar la república.

Fue Adán quien adoctrinó, más que en el comunismo en el fidelismo, al infantil e imberbe que terminaría traicionando su juramento insurgiendo contra la democracia; acción en dos capítulos, ambos con la derrota de los alzados después de mucha sangre derramada. Síntoma de lo que vendría, pues el naciente chavismo militar fracasó y terminaron presos −años después carceleros y torturadores− en uno de los encarcelamientos más blandos y dóciles que recuerden los avatares políticos.

En mala hora fue liberado junto con sus cómplices por Caldera, líder ideológico de su padre, presionado por uno de esos enloquecidos clamores populares frecuentes en Latinoamérica que unió al populacho con la dirigencia empresarial y medios de comunicación. Lloriqueo y súplica del cual no mucho después se arrepentirían.

No importa quién resultó electo. El madurismo cívico-militar conserva el poder pero dilapida ciudadanía, fortalece la dictadura pero pierde la República. La tragedia continua y este país nunca será el que fue antes. No con la revolución castrochavista ni el regreso de los partidos opositores, sino con los venezolanos que idos vuelvan reformulados, quienes han nacido en estas últimas décadas y crecido sin ilusión política dedicados solo a realizar sus propios designios, lo cual llevará a un país a su medida.

Interpretaciones circulan. La más: una victoria pactada con el colaboracionismo; y el menos, que ocurrió lo inesperado. Independiente, insistirán en el discurso que comparten sectores cohabitantes. La ruta electoral, única para producir cambios, con el entendimiento y subvención entre el régimen y la “oposición cómplice”.

Sigue el referéndum revocatorio, que nunca lo permitirían, salvo que existiera una fuerza civil, militar, nacional e internacional que lo imponga. ¿Cómo el presidente interino plantea un revocatorio al presidente usurpador? Está más enredado que una estopa.

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