¿Chavismo reflotado por la clase media?, por Alejandro Armas - Runrun
¿Chavismo reflotado por la clase media?, por Alejandro Armas
¿Qué está pasando? ¿Se trata de una anomalía o es más bien de un cambio estructural? ¿Una arista más en el poliedro de la evolución del cuasi estalinismo a la perestroika bananera?

 

@AAAD25

Estas elecciones (o como las quieran llamar) regionales y locales que tendremos en un par de semanas nos han provisto de material para reírnos a carcajadas o para llorar a moco suelto por la suerte de Venezuela. Incluso asumiendo que los comicios serán poco o nada relevantes para el futuro del país (caso de quien escribe), las escenas de campaña inevitablemente llaman la atención e ilustran sobre el tipo de clase política que tenemos. Desde riñas infantiles por un segundo lugar en el Distrito Capital y Miranda, pasando por la ingesta de cerveza en actos públicos en Lara hasta una rifa de carro para quienes movilicen votantes a favor de cierto partido en Zulia.

Y… Luego tenemos el curioso fenómeno de chavistas haciendo campaña como si fueran cualquier cosa menos chavistas. En Caracas tenemos el caso muy evidente de Georgette Topalián, quien aspira a ser la primera alcaldesa roja rojita del siempre desproporcionadamente opositor municipio Baruta. Pero el carmesí socialista no figura en su propaganda. Por el contrario, en sus afiches que adornan los postes de la autopista de Prados del Este, así como en su perfil de redes sociales, luce un verde casi copeyano. Aunque, por supuesto, el rostro de Rafael Caldera no la acompaña en los pendones, tampoco están los orwellianos ojitos de Hugo Chávez, emblema del PSUV.

Considerando que Topalián intentó en 2017 hacerse con esta misma alcaldía, que en aquella ocasión sí lo hizo con toda la parafernalia revolucionaria de rigor y que predeciblemente fue derrotada, sería sencillo y tal vez acertado atribuir su cambio a un razonable aprendizaje de los errores del pasado y a la vocación de intentar algo nuevo, más afín al entorno que le tocó. De ser así, la metamorfosis sería algo exclusivamente local y de poca importancia para la ontología del chavismo.

Pero resulta que la Topalián no está sola. Al menos una parte de la campaña del gobernador Rafael Lacava en Carabobo va por el mismo sendero. Ello a pesar de que demográficamente el estado entero es muy diferente al municipio Baruta y contiene amplias zonas donde el chavismo, por vías puras o no, ha contado con importantes poblaciones para movilizar hacia su rectángulo en el tarjetón electoral. Su predecesor, Francisco Ameliach, así como el mismo Lacava en 2017, hicieron con éxito campañas en general tradicionalmente chavistas.

A pesar de todo eso, llamó la atención un video propagandístico en el que una celebridad local sin militancia conocida, la modelo Arianna Pitino, invita a los “independientes” a reelegir al gobernador. La pieza audiovisual no identifica en ningún momento a Lacava como miembro del PSUV. No se invoca el espíritu de Chávez. No hay consignas socialistas. Solo alusiones a una “gestión que les devolvió el optimismo” e instrucciones para respaldar a Lacava mediante una tarjeta llamada “Carabobeños por Carabobo”, convenientemente purgada de cualquier connotación ideológica. Es un mensaje claramente dirigido a personas que nunca han sido chavistas, como diciéndoles “Olvídate del partido de Lacava y vota por él porque hace cosas”.

Entonces, ¿qué está pasando? ¿Se trata de una anomalía o es más bien de un cambio estructural? ¿Una arista más en el poliedro de la evolución del cuasi estalinismo a la perestroika bananera?

He podido recoger varias hipótesis al respecto, con interpretaciones igualmente distintas sobre las implicaciones para la muy mermada base de apoyo del chavismo.

Personalmente, creo que no es algo coyuntural. Lo veo como parte del discreto abandono del socialismo marxista como la ideología oficial de la elite gobernante. Comenzó a manifestarse en aquellas áreas donde le es más fácil, pero poco a poco pudiera expandirse.

Lo que no creo es que, como algunos han insinuado, esto permitirá al chavismo volver a sus días de gloria en cuanto a apoyo masivo se refiere, pero de la mano de la clase media, o ex clase media, en lugar de los sectores más humildes. Es decir, que el chavismo como movimiento de masas reflote impulsado por un segmento demográfico que siempre se le opuso en su inmensa mayoría, pero que ahora, al igual que el grueso de la población venezolana, está desencantado con la política y no se identifica con la dirigencia opositora por sus fracasos.

No creo que ocurra porque ese argumento reposa sobre una subestimación enorme de la percepción del igualmente pantagruélico daño que hizo el chavismo. Una percepción que tal vez sea especialmente difícil de revertir entre los estratos que alguna vez tuvieron ingreso medio. Hablamos de personas que vieron el valor de sus ahorros líquidos y activos físicos (viviendas, carros, etc.) evaporarse en unos pocos años. Personas cuyo poder adquisitivo y calidad de vida relativamente altos se desplomaron. Semejantes tragedias individuales solo pudieron confirmar los temores que el chavismo les inspiró desde su llegada al poder.

Ahora, de paso, con el surgimiento de una nueva oligarquía política y empresarial que exhibe negocios y lujos con cada vez mayor desparpajo, a la desolación de esa clase media se une una repulsión profunda hacia las fortunas hechas en revolución. Veo más probable que, para los desposeídos, el giro business-friendly del chavismo es visto más como una confirmación cruel de su estatus como los nuevos excluidos, que como una oportunidad para la recuperación.

No obstante, nada de lo anterior quiere decir que el plan no atraerá a absolutamente nadie en su población blanco. Lo puedo afirmar por mi propia experiencia. Unos pocos conocidos míos, opositores a rabiar de toda la vida, evalúan abiertamente la posibilidad de votar por candidatos del PSUV. Sus razones varían, pero tienen algo en común: todas parten de la premisa de que el chavismo no dejará el poder en el corto o mediano plazo. O sea, por pura frustración se desprendieron de su identidad como adversarios activos de la elite gobernante. En medio de esta triste resignación, algunos consideran que tiene más sentido votar por un chavista que “al menos trabaja”, como Lacava, que por un opositor al que no darán recursos para siquiera arreglar las calles. Otros ven saludable alentar la transición del chavismo lejos de la extrema izquierda, asumiendo, está de más decir que con razón, que algunos de sus elementos más destructivos son los que vienen del marxismo.

Tal vez la elite gobernante, cuya permanencia en el poder de todas formas se emancipó de la voluntad ciudadana y de sus propias facciones más dogmáticamente socialistas, es consciente de los límites de esta estrategia, pero aun así piensa que vale la pena. Tal vez el punto de todo esto sea atraer a un puñado de opositores desilusionados. Y tal vez (este último es un enorme “tal vez”) dicho puñado de opositores desilusionados, más la apatía generalizada hacia la política, la existencia de múltiples candidatos ajenos al PSUV y el descontento con la gestión del burgomaestre actual sean suficientes para que Georgette Topalián obtenga la alcaldía de Baruta.

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