La unidad de nuestros tormentos, por Julio Castillo Sagarzazu - Runrun
La unidad de nuestros tormentos, por Julio Castillo Sagarzazu

@juliocasagar

Hace unos meses escribíamos en una nota, y ahora lo confirmamos: hay palabras con las que no se puede pelear en el centro del ring porque te noquean. Palabras como: paz, amor, convivencia, diálogo, entendimiento y unidad son alguna de ellas.

Tienen una carga semántica que le dan valor por sí mismas. No necesitan ponerse al lado de otras, ni adjetivarlas. Tienen buena prensa, buena reputación, son atractivas y la gente las acepta como buenas.

La nota de hoy tiene que ver con una de esas palabras. Una que nos atormenta: unidad. Reconocemos que no es fácil tratar de hacerle una disección para separar sus cosas buenas o malas porque, repetimos. Casi todas sus connotaciones son buenas.

En el caso de Venezuela, el tema de la unidad para enfrentar a Maduro, es un tema de primera importancia y lo es porque aunque pareciera evidente y de perogrullo que teniendo el régimen una evidente minoría de aceptación entre los venezolanos que no llega al 15 %, el otro 85 % que le adversa no se ha podido articular para desalojarlos del poder.

Una de las razones por las cuales hay que examinar el término unidad, es que ha sido evidente que Maduro ha logrado poner como operadores de sus planes políticos a una parte de quienes en algún momento se presentaron como sus opositores. La mayoría de ellos siguen presentándose como gente de oposición y algunos, incluso, no se ahorran críticas a los disparates de Miraflores. Por supuesto que ello forma parte del plan. Si no hablaran como oposición, no servirían a esos propósitos. Como decían los abuelos “chirulí se coge con chirulí”

La línea entre ellos y el resto de la oposición no es fácil de trazar y cometeríamos enormes injusticias si nos erigiéramos en el juez de delitos de opinión para arrogarnos la prerrogativa de decir quién es  puro y quién no lo es, como lo hacían los tribunales nazis que decretaban la pureza racial aria.

De manera que para no hacer ese papel de cazador de brujas, hay que asumir que hay gente que aunque tenga posiciones que directa o indirectamente benefician a Maduro, ellas son producto de su manera de ver las cosas y que algunos de ellos proceden de buena fe. Lo razonable sería entonces que la línea roja de separación que hay que trazar es con aquellos que ostensiblemente vendieron su primogenitura por un plato de lentejas; aquellos que resolvieron traficar con sus conciencias por unos cuantos euros que contaban detrás de las puertas de los baños y que son descaradamente agentes del régimen y sus colaboradores confesos.

Con ellos no hay unidad posible. Ellos ya escogieron su campo y cuando hablemos de esa unidad en los siguientes párrafos de esta nota, el tema no tiene nada que ver con ellos. Sencillamente no hacen falta, que se queden donde están.

Para el resto de los venezolanos, esa inmensa mayoría del 85 % de nuestros compatriotas y para el liderazgo que eventualmente lucha por conducirla es que van las recriminaciones, sugerencias y entrepituras que siguen, porque, por más vueltas que le demos el asunto, será indudablemente necesario que actuemos juntos para terminar con la pesadilla.

Veamos entonces:

Que nadie está diciendo que tenemos que jurarnos amor eterno y casarnos de velo y corona. Que ya sabemos que no somos iguales, que pensamos distinto en muchas cosas. Nadie nos está pidiendo que sellemos un pacto de sangre, ni siquiera que forjemos un acuerdo por los siglos de los siglos.

Lo que está pidiendo a gritos la gente es que nos entendamos, no a pesar de nuestras diferencias, sino con nuestras diferencias. Es que actuemos unidos porque tenemos un objetivo común que es salir del régimen que nos mal gobierna.

Es obvio que las diferencias son necesarias e indispensables para que avancen los procesos. Si no hay debate, si no hay discusión, todo se pudre como el agua estancada.

La dialéctica y el movimiento están en el origen de la existencia de todas las cosas. El organismo más pequeño que es la célula, se divide a diario y compite con otras para asegurar su existencia, pero llega un momento que tiene que convivir para formar un tejido y tiene que trabajar junto con otras células para que ese tejido forme un órgano y para que ese órgano desarrolle su función. No por esa cooperación deja de ser un organismo vivo e independiente.

Repitámoslo: hoy lo que nos pide a gritos la sociedad venezolana no es que dejemos de ser quienes somos; o que hipócritamente nos digamos que somos la misma cosa cuando no lo somos.

Lo que nos pide a gritos la sociedad venezolana martirizada, es que nos pongamos de acuerdo para desarrollar una política unitaria para enfrentar a Maduro y a su minoría.

Como ya dijimos, no es comprensible que un régimen, que no tiene más del 15 % de apoyo popular, se mantenga en Miraflores porque hay pequeñas y parroquiales diferencias; que por cálculos subalternos o simplemente por falta de miras, no nos ponemos de acuerdo para transitar un periodo de tiempo con una posición común y liderar la gran mayoría de los venezolanos, es 85 % de compatriotas que no quieren a Maduro.

¿Y sobre qué debemos ponernos de acuerdo? Pues para lo que todo el mundo decente y civilizado nos apoya: lograr una salida política.

Para tratar de conseguir ese objetivo se ha puesto sobre la mesa un nuevo proceso de negociaciones auspiciado por el reino de Noruega, que cuenta con el apoyo de los Estados Unidos, Canadá y de la Unión Europea. ¿Entonces? ¿Por qué buscamos a Dios por los rincones?

Lo que tenemos que hacer es definir unos mínimos aceptables para ir a esa mesa de negociaciones. ¿Cuáles podrían ser esos mínimos? (y disculpen la entrepitura) Lo primero, lo esencial, tendría que ser la promoción de condiciones para atender la dramática y cada vez peor situación humanitaria, no solo la que deriva de la pandemia, sino la que se ha agravado por la inflación, y el caos de los servicios como el agua, la luz y el gas.

Concertarnos para hacer frente y proponer soluciones de emergencia es de primera necesidad y luego, y entrando en el terreno político, obviamente que ese acuerdo debería tratar:  libertad de los presos políticos, civiles y militares; regreso de los exiliados; habilitación de los inhabilitados; compromiso de elecciones limpias con observación internacional adecuada y un cronograma que establezca dilucidar todos los mandatos pendientes de elegir. Las fechas podrían discutirse.

¿Es todo esto muy difícil? No pareciera. Ciertamente, si sobre eso nos ponemos de acuerdo, podremos ir en mejores condiciones para negociar con la dictadura. No son cosas originales, en realidad es lo que se ha venido planteando desde hace un tiempo. Es una versión comprimida del decálogo aprobado por la AN para ir a las elecciones del 6D.

Esto tiene que ponerse sobre la mesa pronto y hay que presionar para que sepamos rápidamente cual es la respuesta del régimen sobre esas propuestas. Cuando las conozcamos deberemos abrir un debate para saber si las aceptamos o no las aceptamos.

Lo más importante es que podamos decidir conjuntamente lo que hay que hacer. Si el régimen logra batirnos al detal; si tiene éxito en dividirnos para que unos hagan una cosa y otros hagan otra (sobre todo de cara a las elecciones regionales) nos enfrentaremos a la peor de las derrotas.

Ninguno de los discursos sobre “recuperar espacios” “organizar y movilizar en medio de la campaña”, y otras afirmaciones parecidas, van a funcionar.

El régimen se saldrá con la suya. El votante natural de la oposición se quedara en su casa. No importa cuán brillante, cuan chévere, cuán buena nota sean los candidatos. Si no accionamos unidos quienes verdaderamente adversamos a Maduro, no habrá vida.

Bien nos valdría recordar a Benjamín Franklin, sabio por muchos títulos y razones y quien debió enfrentarse a la amarga realidad de la desunión de sus compañeros de ruta, y quien tuvo que recordar a sus contemporáneos: “O ACTUAMOS JUNTOS, O NOS COLGARAN POR SEPARADO”

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