¿Es posible un desastre mayor? Siendo franco y vertical, sí. La catástrofe castrochavista todavía tiene tiempo, espacio y paciencia popular para crecer aun más. Si en 1998 producíamos 3 millones de barriles diarios de petróleo, y ahora con dificultad apenas llegamos a los 300.000, parte enviado a China para cancelar deudas y a Cuba para mantener al castrismo con sus veteranas perversidades y marramucias, perfectamente puede el madurismo conseguir a otro indocto todavía más eficiente. Solo tiene que llevar la producción a lo justo para que los chinos no demanden y el grupete que manda en La Habana siga engordando, incluyendo al largamente preparado Díaz-Canel, pelo blanco, guayabera fina y barriga burocrática.
Si el castrochavismo acabó con el complejo siderúrgico de Guayana, quedan todavía algunas instalaciones que pueden ser destartaladas. No tanto para venderlas, sino para aumentar la única industria que crece en Venezuela: la de la chatarra.
El régimen desapareció la agricultura y ahora importamos casi todo, con algunas siembras marginales por ahí. Ya desmantelada Agroisleña que ni por cambiarse el nombre a Agropatria se salvó, pueden perfectamente ser abandonados los campos a las lluvias y sequías, que no puede controlar ni destruir el régimen pero sí mirar para otro lado mientras los campos se resecan, el ganado muere y el pueblo sigue siendo engañado, esquilmado, con resignación y limosnas. Dádivas, cajas CLAP que a nadie sustenta, excepto el bolsillo de los bolichicos y enchufados de ambos universos.
Si el oro y otros minerales son necesarios para respaldar fortunas mal habidas y un cada día más escuálido Tesoro Nacional, bien pueden seguir mineros desharrapados de diversas nacionalidades sacando riqueza para beneplácito de sinvergüenzas oportunistas y negociados oscuros, cómplices, rameras y narcoguerrilleros, dueños de la zona que asolan, desertizan con mercurio y vuelven caca el ambiente.
Algunos lingotes irán al obediente Banco Central de Venezuela y de ahí a bóvedas ya no de Inglaterra, los ingleses se ponen fastidiosos con el asunto de las sanciones, sino a las cubanas, rusas y turcas. Más seguras, comprensivas y solidarias.
A propósito de las navidades
Venezuela se prepara para una Navidad complicada en lo moral, social, económico y político. Sin embargo, aunque pequeña e insuficiente, habrá celebración para quienes forman parte de la religión cristiana. Nos preparamos para el encuentro y buenos deseos en un ambiente de alegría y festividad similar en los países cristianos o donde existen comunidades cristianas.
Venezuela, Norteamérica, Europa desde las gélidas, organizadas y mesuradas monarquías del norte, hasta las concurridas y animadas playas mediterráneas; desde las revoltosas costas atlánticas y las vivarachas bulliciosas del Caribe hasta las lejanías del océano Pacífico y la interminable Rusia con sus eternidades siberianas siguen la fe cristiana, la rusa ortodoxa para más detalle. También en naciones de religiones dominantes radicales y con sistemas de gobierno ateas, como China, Japón, Vietnam y el Asia distante. Solo en los países musulmanes ponen trabas y dificultades a sus pequeñas comunidades cristianas -o las asesinan, como hacen los fanáticos criminales del llamado Estado Islámico.
La Asamblea Nacional surgida del fraude y no reconocida, no tiene fácil imponer el Estado comunal a un pueblo, tomando decisiones sin considerar que somos una nación y no una comuna. Para políticos que no inventan ni analizan, sino que obedecen y para los ocupados en tener planchados sus atuendos y llenos los bolsillos, será como seguir destruyendo a Venezuela sin molestar al imperialismo. ¡No es fácil, pero en eso andan!
Muchos pensarán en los cambios políticos, sociales y económicos que aspiran o esperan. No solo el creciente hastío de la población, chavistas incluidos, por los errores y terquedad pecaminosa de Maduro y su equipo, empeñados en “profundizar” un socialismo anticuado, obtuso e ineficiente; postrados en la trampa de un supuesto “legado de Chávez” que fue precisamente el que empujó a Venezuela a la desesperante calamidad actual.
Habrá los convencidos de que la oposición no podrá cambiar nada y el chavismo seguirá hundiendo aun más a Venezuela. Pero también, los convencidos, la mayoría optimista, que creen la oposición verdadera, la responsable, del coraje, valentía y coherencia, la que no es cómplice ni complaciente, que no cede sus principios ni pone en riego valores. Capaz de entender la trascendencia actual, con ciudadanos capacitados, dispuestos a unir experiencias y esfuerzos para cambiar radicalmente el fatídico rumbo castro-chavista-madurista.
Después de todo Navidad es natividad, nacimiento, renovación, evolución; es el despuntar de una nueva esperanza. Y la esperanza es alegría e ilusión, que deseamos a cada uno de ustedes.
¡Feliz Nochebuena Venezuela, y que Dios bendiga a sus ciudadanos!
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