Apostarle a la política, por Julio Castillo Sagarzazu - Runrun
Apostarle a la política, por Julio Castillo Sagarzazu

@juliocasagar

Hace unos días, en algunos de los numerosos chats en los que participamos todos, una persona me indicaba, a propósito de una nota anterior, que le diera más razones para convencerla de participar en la consulta popular.

En realidad no tenía más que las que hoy referiremos en esta nota y que puede resumirse en la frase que sirve de título al artículo: hay que apostarle a la política.

En efecto, luego de la carta de los obispos venezolanos en las que pronunciaron una sentencia inapelable e incontrovertible: “No basta con abstenerse”, se abrió un debate en el país sobre qué habría que hacer. La conclusión casi unánime fue que no podíamos quedarnos de brazos cruzados; no podíamos dejarnos llevar por la inercia de los acontecimientos. Hacía falta una propuesta que pudiera convertirse en un eje para la acción de los millones de venezolanos que no querían participar en la farsa del 6D, pero que tampoco veían caminos frente a ellos.

No era fácil convencer de que ese camino era el de la consulta popular. Las condiciones eran adversas por donde se le vieran, pero aquí justamente era cuando había que apostarle a la política. ¿Y cómo se apuesta a la política? Es relativamente sencillo: en primer lugar hay que encontrar y creer en una idea justa. La fuerza de una idea justa es la base de una victoria. Ya lo decía Víctor Hugo: “nada tiene más fuerza que una idea a la que ha llegado su momento”. No importa cuán compleja parezca llevarla a cabo. Si creemos que es justa hay que luchar por ella. ¿Luchar por ella? Sí, porque las ideas solas nunca han ganado batallas.

En la política las ideas hay que convertirlas en carne, sangre y huesos de millones de seres humanos para que pueda tener chance de triunfar y eso solo se logra con la ORGANIZACIÓN.

Organizar es poner a la gente de carne y hueso tras una bandera; reunirlas, debatir con ellas; fijarse metas; rendir cuentas; hacer balances. Eso es lo que ha ocurrido con la consulta popular. Esa vanguardia opositora que estaba viéndose el ombligo; pastoreando nubes y discutiendo sobre el sexo de los ángeles, consiguió un eje de trabajo y se reanimó. Los voluntarios reaparecieron, los que discutían se reunieron a hacer algo concreto y a enfrentar juntos las adversidades comunes. En otras palabras, salimos de la quietud, del marasmo que genera la inercia. ¡Qué razón tenían nuestras abuelas cuando nos decían que “la ociosidad era la madre de todos los vicios”!

Ahora seguramente pasaremos días discutiendo los guarismos. Habrá expertos que dirán que la raíz cuadrada de pi, sobre la quinta potencia de X al cuadrado, es el verdadero resultado y otros replicarán otra cosa. Lo cierto es lo que pasó, lo que vimos, las decenas de miles de compatriotas animados de nuevo; los abuelos nonagenarios haciendo su cola; la gente vadeando ríos y usando burros para transportar el material; los nuestros resistiendo las agresiones de los colectivos fascistas y los miles de compatriotas de la diáspora volviendo a gritar “sí se puede” y mandando sus fotos y videos para darnos ánimo. ¡Qué maravilloso contraste con el día gris de amenazas, soledades y trapacerías del 6D!

Eso es apostarle a la política. Eso es tener el coraje de empujar una iniciativa aunque no tengamos todas las respuestas. Eso es poner la voluntad unida en un objetivo. Eso es el equivalente a lo que en las religiones es la oración: pedir todos juntos para que se nos dé algo o para dar gracias por algo. La política es una de las pocas ramas del quehacer humano donde la voluntad pueda cambiar la realidad, y lo que ocurrió el sábado es un ejemplo de la voluntad eficiente y efectiva.

Ahora nos toca, subidos en esta plataforma, afrontar el 2021. El próximo año seguirá habiendo desafíos decisivos, cruciales y complicados. Tenemos en las alforjas el bastimento necesario para superarlos. Tendremos que replantear la unidad, reestructurar lo que haya que reestructurar, corregir lo que haya que corregir y solidificar lo que hemos hecho bien, que no es poco.

Nos enfrentaremos a una nueva realidad geopolítica mundial con Biden en la Casa Blanca. La ayuda decidida del presidente Trump a Venezuela no puede perderse, pero habrá que reformularla con base al nuevo panorama.

Debemos aprovechar las ventajas que se producirán por la nueva óptica del multilateralismo y la cooperación que se abren paso. La causa de Venezuela debe conseguir la rendija para colarse y volver a estar en la agenda como el problema geopolítico mundial que es. Pero sobre todo debemos diseñar una estrategia unitaria y coherente que nos permita llegar a la tierra prometida de rescatar la democracia conquistando el derecho a hacer unas elecciones libres, justas y verificables que cambien TODOS los mandatos públicos para que comencemos de nuevo esta partida de hacer grande a Venezuela.

Por lo pronto, a seguir la lección que nos deja la consulta popular. Poner la política y confiar en ella. Evitar caer en baches de inactividad y en la pelea subalterna y, sobre todo, confiar en la frase de Víctor Hugo, porque la justeza de nuestra causa es monumental y hace tiempo que le llegó su momento.

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