#MonitorDeVíctimas | Niños de la Cota 905 y de El Cementerio dibujan la esperanza, por Santiago García Zubillaga - Runrun
#MonitorDeVíctimas | Niños de la Cota 905 y de El Cementerio dibujan la esperanza, por Santiago García Zubillaga

Dibujos hechos por los niños de la Cota 905 y de El Cementerio. Comp. Runrunes.

@miconvive

En febrero, desde Caracas Mi Convive, realizamos unas sesiones de dibujo con niños de la Cota 905 y de El Cementerio. En estas actividades se les pidió que dibujaran lo que les gustaba y lo que no les gusta de su comunidad. Los resultados fueron impactantes: al exponer lo que les desagrada plasmaron con sumo detalle pistolas, armas largas, granadas, drogas, enfrentamientos violentos y muertes.

No es de extrañar: estas comunidades son conocidas por ser unas de las más violentas y excluidas de la ciudad de Caracas. Vecindarios donde hay una marcada presencia de bandas criminales que imponen las normas en las calles. Aunado a esto, la respuesta gubernamental ha sido enviar operativos policiales para que enfrenten y “cacen” a los delincuentes.

Retratos de la violencia

Sin embargo, dicho enfrentamiento -además de dejar múltiples víctimas inocentes- solo ha causado que las diferentes bandas que existían se organicen en una sola, con más miembros y mejor armamento. Estos dibujos nos permiten ver cómo la violencia en Caracas ha sido enfrentada con más violencia, lo cual solo empeora la situación. A su vez, nos permiten plantearnos cuáles soluciones serían más efectivas para traer paz a las calles donde juegan estos niños.

#MonitorDeVíctimas | Niños de la Cota 905 y de El Cementerio dibujan la esperanza, por Santiago García Zubillaga
Estos dibujos nos permiten ver, desde la mirada infantil, cómo la violencia en Caracas ha sido enfrentada con más violencia.

La violencia urbana generada por las bandas se une a la violencia policial y crea un contexto casi bélico que aterroriza a los niños y adolescentes de estas comunidades. Por un lado, pueden perder a familiares y amigos a manos de la policía, que comete todo tipo de abusos en sus operativos.

Por otro, deben sobrevivir a complejas dinámicas sociales generadas por las bandas, donde una mala mirada o un roce con una persona pueden acabar con su vida. De esta manera, una serie de eventos traumáticos va alterando la forma como los niños piensan, sienten y se relacionan con el mundo.

Estas comunidades viven una situación compleja, donde se mezclan la pobreza, la falta de educación, las pocas oportunidades laborales y la violencia. Decidir por dónde comenzar a atacar el problema no tiene una respuesta sencilla. Sin embargo, disminuir estos marcados índices de violencia es, a nuestros ojos, una prioridad.

Estrategias que arrinconan la violencia

El trauma que viven estos niños no solo se expresa a través de sus dibujos. Estas experiencias disminuyen sus capacidades para manejar el estrés, para dormir y para aprender. Un niño que no aprende, abandona el colegio; y luego carece de la educación necesaria para mantener un trabajo. La violencia entonces perpetúa los ciclos de pobreza y desigualdad.

Por esta razón, generar estrategias que disminuyan los índices de violencia a corto y a mediano plazo no solo protege la vida de personas vulnerables, sino que es un paso vital a la hora de promover su desarrollo económico y social. A veces se piensa que para lograr esto es necesario realizar grandes cambios en la sociedad a nivel económico y educativo, dado que una sociedad más rica y mejor educada debería ser menos violenta. Sin embargo, existen múltiples ejemplos de políticas públicas y programas que logran disminuir la violencia en pocos años y con bajos costos.

En líneas generales, estas estrategias efectivas comparten un mismo enfoque: “La violencia se concentra en pocas personas y en pocos lugares”. Por lo tanto, el objetivo es identificar a estas “personas en riesgo” y “puntos calientes”, e intervenirlos de forma focalizada.

Por ejemplo, identificar individuos propensos a unirse a bandas criminales y ofrecerles servicios de educación, trabajo y apoyo psicológico ha tenido buenos resultados. A su vez, aumentar la presencia policial, así como iluminar y mejorar la estructura de lugares específicos con alta incidencia criminal, ha demostrado tener un efecto positivo.

Estas podrían ser buenas políticas públicas para la Cota 905 y El Cementerio, donde el riesgo se acumula. Sin embargo, durante años solo se han llevado a cabo operativos militarizados que han victimizado a estas comunidades. 

Es necesario dejar de ver a estos vecindarios como “bastiones criminales”. En ellos viven miles de personas, en comparación a las decenas de individuos que conforman las bandas. El prevenir que los pocos que están en riesgo de comenzar la vida criminal formen parte de grupos delictivos puede ser un primer paso para traer paz a estas comunidades que parecen vivir en guerra.

La esperanza se hace presente en los dibujos en los que los niños muestran lo que sí les gusta de su comunidad: paisajes, juegos y mensajes de paz. Si bien se encuentran en un contexto complejo, también son sumamente resilientes y capaces de cambiar el entorno que los rodea.

El potencial que poseen los niños para convertirse en promotores de la convivencia supera con creces el que tienen en la vida violenta.

Un criminal no nace, es construido a partir de una vida llena de experiencias traumáticas, y la ausencia de oportunidades. Queda de parte de todos nosotros decidir si vamos a perpetuar el miedo y la exclusión que ya están viviendo estos niños, o si buscaremos vías diferentes para promover su desarrollo.