@BrianFincheltub  Â
Si en algún paÃs del mundo los profesionales de salud necesitan de todo y no precisamente aplausos es en Venezuela. Nunca antes en historia nacional nuestros médicos habÃan sido tan maltratados, tan humillados y tan menospreciados por gobierno alguno como lo son ahora y como lo han sido durante estos largos veintidós años.
Maltratos y humillaciones que al principio no eran más que puro resentimiento, pero que luego se transformaron en maldad pura y desdén de quienes jamás les ha importado la vida de los venezolanos. Esta banda de resentidos desde su propia llegada al poder lo hizo detestando todo lo que oliera a conocimiento, esfuerzo y ciencia.
Asà fueron construyendo un discurso muy fértil en una Venezuela con profundas desigualdades: si el médico triunfaba y el camillero fracasaba, la culpa era del médico que explotaba al camillero. Si la salud privada funcionaba y la pública era un fracaso, la culpa era de las clÃnicas privadas que mercantilizaban un derecho.
A través de generalizaciones y etiquetas a las que recurren siempre los totalitarismos, el chavismo creó alrededor de la figura del médico venezolano y del sistema de salud heredado de la democracia una serie de mitos y medias verdades que usaron para destruir todo lo que funcionaba. Evidentemente con defectos, pero que funcionaba al fin.
A este modelo lo suplantaron por un sistema paralelo sostenido por la ideologización de un derecho fundamental y copiado a papel carbón del sistema cubano. En la entrega de Venezuela al castrismo, la salud fue quizás una de las primeras vÃctimas. De hecho, cuando el chavismo todavÃa cuidaba las formas, la fachada para traer los primeros represores al paÃs fueron las misiones de cooperación en materia de salud Cuba-Venezuela.
Quiero aclarar que no se trata de atacar a quienes son, en su mayorÃa, vÃctimas de una red de trata de personas y esclavitud moderna ideada por el castrismo; sino de reivindicar a los médicos venezolanos, profesionales como pocos, humanos y cercanos como ninguno.Â
No lo digo yo como venezolano, lo dicen afuera, allà donde nuestros connacionales con mucho esfuerzo han logrado mantenerse en el ejercicio de su profesión. Allà todos coinciden en que esa cercanÃa, ese sentido de escucha, esa comprensión de entender que frente a ellos tienen un paciente y no un número más, pocas veces se encuentra en los consultorios de médicos extranjeros.
Nuestros médicos siguen salvando vidas en tiempos de pandemia y socialismo. Lo siguen haciendo exponiendo las suyas propias, no solo porque su juramento hipócratico asà se los ordena, sino porque su vocación asà se los demanda. Más que aplausos, merecen que se les reconozca, merecen que se les escuche, que no se les persiga, que se les valore, que se les proteja. Merecen que se les trate con dignidad, como merecemos ser tratados todos los venezolanos.
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