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Opinión

Sopotocientos y la televisión para la democracia: una crónica del futuro, por Isaac Nahón Serfaty

 

Probablemente muchos jóvenes no saben que en Venezuela tuvimos nuestro Plaza Sésamo (Sesame Street) llamado Sopotocientos, un programa para niños en edad pre-escolar que se transmitió por la Televisora Nacional (canal 5) a partir de 1973.  Concebido por Alba Revenga, quien después produciría otras emisiones en la televisión comercial, el programa buscaba educar a través del entrenamiento a partir de la interacción de los hermanos Pablito (Hugo Rojas) y Tinita (Karin Lechner) y sus padres (interpretados por Julio Capote y América Alonso) con unos simpáticos animales: Rascón Corroncho (un erizo interpretado por Oscar Ibarra), Potamito (una hipopótamo interpretada por Martha Velasco) y Doña Coco (una cocodrilo interpretada por María Luisa Lamata).

El espíritu de Sopotocientos expresaba ideas como la del famoso Míster Rogers, creador del programa homónimo para niños que se transmitió en la televisión pública de los Estados Unidos; es decir que la televisión puede ser un vehículo para la formación de un ser humano feliz, curioso, amable, abierto a los demás y empático. Con un formato lúdico, sin discursos moralistas pero lleno de valores, Sopotocientos era un espacio que ayudaba a modelar actitudes y comportamientos positivos en los pequeños, de alguna manera inspirado en los postulados de la teoría del aprendizaje social del psicólogo social Albert Bandura.

La televisión venezolana tuvo en su momento estelar otros programas formativos. De los más conocidos, recordamos Valores Humanos con Arturo Uslar Pietri, Las cosas más sencillas con el poeta Aquiles Nazoa, Por el mundo de la cultura con el musicólogo y compositor José Antonio Calcaño, Contratema con Adriano González León (autor de la novela País portátil), Cinemateca del aire con Rodolfo Izaguirre, la revista cultural Síntesis y el programa Retratos, ambos dirigidos por Sergio Sierra. Tampoco podemos dejar de mencionar Contesta por Tío Simón con el gran Simón Díaz, los especiales producidos por Renny Ottolina en la Gran Sabana y París, las entrevistas que hacía Pedro Berroeta, Contacto con Isa Dobles y Eduardo Sapene, entre muchos otros.

Este ejercicio de memoria no pretende ser una mera lamentación nostálgica de lo que hemos perdido. Los medios de comunicación y las formas en las que consumimos el entretenimiento y la información han cambiado radicalmente en el mundo de Internet y las redes sociales. No se trata de restituir el pasado, sino de ver hacia el futuro a partir de una óptica venezolana, desde donde podemos crear y difundir contenidos a través de las diversas plataformas digitales con las que contamos hoy en día. Lo que queremos demostrar es que no estamos condenados a reproducir los contenidos de la televisión “basura” o la burda propaganda del chavismo. Queremos poner en evidencia que en Venezuela existió y existe el talento para hacer mejor comunicación.

Independientemente de los formatos y las plataformas, se trata de un problema de principios, o si se quiere de política (con P mayúscula) como lo ha dicho hasta el cansancio el gran maestro de los estudios de la comunicación Antonio Pasquali. En su ensayo intitulado Redescubrir los servicios públicos, Pasquali escribió: “Lo que queremos cabe en cuatro palabras: democratizar la televisión latinoamericana, ponerle un cese al uso selectivo de tan poderoso medio. El triple objetivo a alcanzar: dar al mayor número posible de personas alguna capacidad emisora (lo que sólo puede alcanzarse mediante un gran y bien concebido servicio público); transformar los actuales círculos de telebasura en círculos de competencia a base de calidad; salvar a la democracia latinoamericana del telepoder total”.

En la circunstancia actual de Venezuela, lo planteado por el profesor Pasquali tiene algunas implicaciones muy concretas: democratizar la televisión y los medios de comunicación en general requiere primero acabar con este régimen militar-cívico para fundar una democracia de justicia y derecho. Esta es una condición si ne qua non para poder plantearnos la creación de un verdadero sistema público de medios (no confundir con los medios del gobierno). Además, la manifestación más brutal del “telepoder total” al que hacía referencia Pasquali en su ensayo es el aparato de propaganda del chavismo, una máquina de repetir mentiras, endiosar figuras como el fallecido Hugo Chávez, y ejercer una violencia simbólica y real contra la libertad de expresión y de información. No habrá democracia en Venezuela sin democracia en los medios de comunicación, y sin unos medios que formen ciudadanos y no esclavos de un populismo tiránico que reparte las migajas que dejan caer los gobernantes corruptos.

@narrativaoral

*Profesor en la Universidad de Ottawa. 

Una base de datos de mujeres y personas no binarias con la que buscamos reolver el problema: la falta de diversidad de género en la vocería y fuentes autorizadas en los contenidos periodísticos.

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