​Una cosa dicen los políticos, otra piensa la gente​ por Armando Martini Pietri

​Una cosa dicen los políticos, otra piensa la gente​ por Armando Martini Pietri

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En estos días, pasando las dolencias de la picada de un mosquito doble propósito, porque del dengue evolucionó al zika, conversaba con Max, un buen amigo que llamó para saber de mi padecimiento –siempre quedan amistades que se preocupan, ya que el Gobierno deja la salud de los ciudadanos sepultada en lo más profundo de sus indiferencias, aunque no de sus alardes para la televisión-, e hizo una pregunta específica: “¿en qué porcentaje Juan Bimba cree lo que le dicen los dirigentes del PSUV y lo que proponen los opositores de la MUD?” 

Intrigado, no pude recordar que existiera algún estudio sobre la influencia que directamente tengan las declaraciones de los políticos profesionales sobre el pueblo llano, el ciudadano común. El tema capturó mi atención pues hace posible especular e imaginarse lo que puede pensar la gente, y eso haremos, aun con el riesgo de equivocarnos sin que ello signifique alguna consecuencia. 

¿Que podrán pensar la mujer y el hombre de pueblo, los que miden la vida diaria en salarios más que mínimos miserables, y cuentan las horas de las noches en sus barrios entre balaceras y amenazas, cuando un político dice: “en Venezuela la inseguridad es una ilusión producto de los medios”; “la inflación es inducida por la guerra económica” o “es mentira que tengamos la mayor inflación del mundo”? Lo menos que piensan es que le falta un tornillo, que está medio loco, que vive en otro país o se fumó una lumpia en malas condiciones. O, más probable, que el Gobierno sigue mintiendo descaradamente, que sólo se preocupa por lo que dice pero no de lo que hace. La verdad es que hasta los mismos maduristas -que todos los días son menos-, reconocen que es poco lo que el Gobierno hace, y ese poco es habitualmente insuficiente, tardío, irrelevante y malo.

La siguiente pregunta necesaria: ¿qué piensan esos mismos venezolanos, tanto los más pobres, menos favorecidos aunque el Gobierno engañe al respecto, como los de la azotada clase media que ni puede acudir a servicios de orden popular porque en salud, educación, seguridad y alimentación poco o nada les resuelven, y del otro lado sus sueldos han venido quedando cada mes más precarios e insuficientes para abastecerse con bachaqueros delincuentes?

Un político madurista hace meses declaró y el Presidente sigue ofreciendo que “acabaremos con los bachaqueros” y “exportaremos alimentos”. Solo queda reírse y suponer que esos políticos están fuera de la realidad y nos creen pendejos. Ellos no hacen las mismas colas denigrantes e interminables que Juan y Juana Bimba, aunque se llenen la boca declarando a los medios que sí. Demagogos, mentirosos. Por cierto, esos politiqueros tienen sus formas adecuadas de suministro para que nada les falte a sus familias. 

¿Qué piensan esos venezolanos cuando algunos dirigentes opositores hablan de la situación como si cualquiera de ellos pudiera resolverla con un par de plumazos, mientras otros sólo por buscar un titular y una foto de prensa proponen bolserías y sandeces inaplicables como “dolarizar las prestaciones y hasta la economía?” Algunos inocentes y ávidos de resolver sus problemas se animan a creerlo o más bien a soñarlo a pesar de estar conscientes que son objeto del más burdo engaño y la más grosera manipulación.

¿Qué piensa ese ciudadano de a pie cuando una presidenta de otro país que, afortunadamente para ellos pudo corregir su rumbo, se atrevió a decir: “El mundo no ha comprendido todavía el genio financiero que habita en la mente del presidente Maduro”? Definitivamente había que salir de ella y el pueblo lo hizo.  Ahora otros deberán internarla en un psiquiátrico. O en una cárcel, dependiendo de los jueces.

Lo más triste es ver a políticos jóvenes actuando como los ya viejos, retirados o muertos a quienes tanto criticaron. Partidos que se inauguraron hace pocos años, se desesperan por un micrófono que, si además viene acompañado de una cámara de televisión, es fascinante y embriagador para ellos como lo fueron para aquellos a quienes es factible responsabilizar por el asalto popular del chavismo. Es bueno recordar que Chávez no llegó a la Presidencia por lo bueno que era, sino por los malos y vacíos que habían llegado a ser los líderes de aquellos partidos que muchos llamaban “del status”, o aquél candidato y el partido que fundó para apoyarlo a él, cabalgando al galope pretendiendo fatuamente, quizás, ser confundido con Páez, lo cual, demás está decirlo, jamás logró. La verdad sea dicha, desgonzados AD y Copei desesperados y enceguecidos, Hugo Chávez con un mensaje que después jamás cumplió, bajo a aquél candidato del caballo, él y su gente se quedaron sin batalla ni victorias. 

Con sus excepciones, que las hay -¡hasta en el chavismo izquierdero hay singularidades!, aunque en el madurismo torpe parece que ninguna- el liderazgo actual sólo logra méritos cuando por cualquier razón se dejan los protagonismos de lado y se une para objetivos realmente superiores que interesan a las grandes mayorías. 

Pero es de analizar por qué ninguno de esos nuevos partidos está siquiera cerca, aunque sea una minoría de gran peso; crispa los nervios ver y oír a dirigentes jóvenes que deberían plantear orientaciones más modernas e inteligentes porque son estudiados, y algunos apenas chupaban tetero cuando el adequismo y el copeyanismo se disolvían en incongruencias, hacer en cambio planteamientos y afirmaciones que ya eran viejas y polvorientas en 1998.

¿Cómo puede sentirse un profesional que por el caos económico y social se ve obligado a jugarse la vida trabajando como taxista, o un técnico que por la corrupción y el descuido oficialistas no sólo gana poco sino que además debe atender emergencias eléctricas sin guantes ni calzado protectores, con escasas herramientas, y encima lo acusan de saboteador?

¿Qué piensa un ama de casa a la cual le dicen que los dólares que valora Dólar Today no son verdad sino conspiraciones contra el Gobierno, cuando tras aguantarse una larga cola consigue algunos de los alimentos que buscaba a precios de Dólar Today, pero no encuentra ni uno a precio regulado? ¿Cómo se sienten los hermanos cuyo padre muere en un barrio porque no se consigue en ninguna parte, y aún menos en la farmacopea oficial, la medicina para tratar un ACV? 

Mientras los políticos convocaban a marchas, unos para que el CNE les haga caso en el revocatorio y otros por cualquier alarde mentiroso de la misión vivienda y con burbujas conservar el poder. Los ciudadanos una vez más, no hicieron caso al llamado porque el pueblo está pendiente de sus problemas y de adquirir alimentos como sea y donde sea; en otros lugares se producían saqueos, peligrosamente cada vez más frecuentes, como los linchamientos de bandidos. Los políticos perdieron el contacto, extraviaron el rumbo, no saben leer ni comprender lo que la población desea y quiere. Más que una verdadera lástima es un problema delicado y riesgoso, lo deseable es que se recupere la conexión y el afecto entre la población y sus dirigentes. De lo contrario, el futuro luce nublado y oscuro. 

No es necesario analizar encuestas para al menos deducir y comprender lo que piensan Juan y Juana Bimba. Basta verlos en las colas, pagando cada día más caros los pasajes de transporte en los cuales, además los atracan con frecuencia. Es suficiente hacer lo que el Gobierno no hace porque ni siquiera sabe cómo se hace eso, ha olvidado sus propios orígenes. Es decir, escuchar a la gente, a ese pueblo que Maduro y sus compinches se llenan la boca afirmando defender, pero del cual solo esperan obediencia y bobera.

 Preguntándole a la gente se llega a la respuesta amigo Max. No le creen a los opositores ni al Gobierno. Bajan la cabeza y esperan, y allí está la verdadera cuestión, la interrogante que nadie sabe cómo responder: calcular cuánto tiempo más van a seguir con la cabeza baja pero con la mirada pendiente, esperando el momento propicio, calculando la oportunidad. Mucho cuidado pues, con la furia de un pueblo paciente.

@ArmandoMartini

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