
Para estar claros y con la verdad por delante, hay que reconocer que el Presidente Nicolás Maduro puede manejar mal o bien un autobús grande –incluso los aparatosos chinos-, sonreÃrse de vez en cuando, hacer un chiste de mal o buen gusto, haberse defendido razonablemente en cargos importantes del Gobierno y parlamento, ser buen amigo y quizás buena persona –aunque su ferocidad con los presos polÃticos indica todo lo contrario. Pero lo que sà está sobradamente probado es que Nicolás Maduro definitivamente no sabe ser Presidente. No es un cargo fácil, es también necesario reconocerlo, con el agravante de que su maestro fue pésimo profesor.
Chávez fue un tipo con carisma y, además, con muy buena suerte. Cuando dio el golpe de estado el 4 de febrero de 1992 puso la torta y terminó arrinconado en la que años después serÃa su tumba, mientras los subalternos que cumplieron sus objetivos fueron derrotados y presos porque el Comandante no cumplió en Caracas. Sin embargo lo siguieron aceptando y obedeciendo como jefe, carisma y suerte. A Maduro hoy en dÃa, todo lo indica asÃ, nadie le hace mayor caso ni siquiera sus compatriotas en general y chavistas en particular le creen. Es innegable que la corriente madurista no representa al chavismo, de hecho, es solo una fracción minoritaria como quedó evidenciado en la plenaria nacional extraordinaria del III Congreso del PSUV, pero es que además Maduro hace lo que puede pero es poco lo que hace. Si Chávez no hubiera muerto, Maduro no serÃa hoy Presidente ni de lejos. Quizás él tampoco lo hubiera querido.
Por eso cuando la oposición se da el lujo de anunciar que en aproximadamente seis meses tendrán definido el procedimiento constitucional para que Maduro deje de ser Presidente, nadie se escandaliza y sólo alguno que otro afecto al madurismo afirma que eso no puede ser asÃ.
La soledad presidencial debe ser inmensa, apabullante. No entiende el Presidente cómo hay que gobernar este paÃs arruinado, destrozado, inhabilitado, con la mayor inflación del mundo, violento como ningún otro en el planeta, declarado en crisis humanitaria de salud por la Asamblea Nacional, donde los medios afectos y los que no lo son al unÃsono le piden que renuncie, donde  se decreta la emergencia económica pero sin esperanza ni voluntad de rectificación por parte del poder ejecutivo, un paÃs que Nicolás Maduro nunca aspiró a gobernar pero que Chávez dejó en sus manos como una maldición gitana, y tampoco se le ocurre qué es lo que hay que hacer.
Su equipo en nada lo ayuda, por el contrario lo hunde más. Sabe que hay una gravÃsima emergencia porque todo el mundo se lo grita, chavistas incluidos, pero no tiene ni la experiencia ni los estudios ni la agilidad ni la audacia para diseñar y señalar alguna estrategia. La corrupción lo carcome y hasta su entorno más intimo esta cuestionado, la desfachatez, desvergüenza e insolencia se imponen al ser miembros de la Comisión de ContralorÃa del parlamento personajes  como Pedro Carreño, Hugo Carvajal e Ismael GarcÃa; la procacidad, impudor e inmoralidad se ponen al descubierto cuando el presidente del Banco Central de Venezuela guarda miles de dólares y euros en su casa y se los sustrae una menor de edad, quien dice ser su amiga y cuyo esplendor fÃsico es evidente, la inseguridad no se tolera y además de todo esto ser éste uno de los pocos paÃses que tiene los mayores depósitos de dinero en Andorra, España, Francia, China, Suiza, islas del Caribe, etc., pertenecientes a funcionarios y/o testaferros del régimen que se los han robado a los ciudadanos. Su gobierno es como poner a un ciego sordo –pero nunca mudo- a manejar un autobús repleto de asustados pasajeros en una calle estrecha, rebosada de tráfico, sin controles y con los frenos largos.
Cuando escuchamos a los ministros y altos funcionarios, especialmente los de la parte económica, declarar ante los medios de comunicación social, nos damos cuenta de que es más de lo mismo además de que los declarantes son los mismos fracasados de demasiados años. Es idéntico régimen pero empeorado por la falta de dinero, de producción y de capacidad de su propio Gobierno. No se entiende cómo no fracasar con fracasados reiteradamente probados.
El Presidente seguro ya entiende que no tiene salida, que está inventando planes irrealizables con el mismo grupo de los que arrasaron el paÃs, sus alocuciones son patéticas y demuestran su incapacidad para enfrentar la espantosa crisis que hoy padecemos, que ya todo el mundo lo culpa de lo malo por no saber hacer nada. ¿Busca ganar tiempo? ¿Para qué? ¿Va a permitir que sean los ciudadanos y sus afectos los que lo echen del cargo con un revocatorio que lo dejará en una posición vergonzosa? No espere esa desgracia, Presidente. DespÃdase y quÃtele ese gustico -más bien gustazo- a quienes pretenden revocarlo. Opositores, camaradas y hasta los “ninÔ dejarán de serlo. Amárrese los pantalones, si quiere convérselo con su familia y amigos, imagine el legado que dejará al contribuir para que se dé inicio a esa nueva etapa de un paÃs al cual le costará sudor, esfuerzo y muchas lagrimas salir a flote nuevamente.
Hágase a usted mismo, señor Presidente, el inmenso favor de apartarse del camino y salir por la puerta grande, deberÃa saber que ni con miles de motores fantaseados podrá darles a los venezolanos ni siquiera un pequeño porcentaje de las soluciones que necesitan. La moneda inventada para los pequeños paÃses andinos, no resolverá nada, el sucre es una ficción, los dólares que ya no se tienen en el BCV son una triste y alarmante carencia real. Es increÃble y por insólito que parezca volvimos a los tiempos del trueque pero con las mochilas vacÃas.
Presidente, mientras usted y sus equipos económico y de gobierno sigan con tozudez y ceguera obsesiva la pretensión de fantasilandia de que todo esto se va arreglar con medidas anacrónicas y fracasadas por décadas en el mundo, nada cambiará sino que empeorará, como tampoco lo harán con reuniones, mesas de trabajo ilusorias ya desgastadas y repetidas que sólo son una distracción propagandÃstica y un engaño que en nada contribuyen a solucionar, por el contrario, generan más incertidumbre, angustia y decepción. Asà no saldremos de este lamentable laberinto que nos causará más daño y perjudicará a todo el paÃs en mucho y por largo tiempo, estamos viviendo un cuento de hadas oscuro donde en cualquier momento la bruja oficial puede ser lanzada a una hoguera muy difÃcil de apagar. En estos momentos más de uno anda con los fósforos en la mano.Â
Lorenzo Mendoza, ejemplo de empresarios venezolanos triunfadores, acaba de hacerle el favor de explicarle claramente lo que se debe hacer. Hágale caso al oso Presidente, pÃdale que le explique en detalle, que lo asesore dÃa tras dÃa para retornar a la sustentabilidad y viabilidad del paÃs. Hágalo, o váyase por su propia voluntad, es lo menos que se merece este paÃs y lo que más le agradecerán los venezolanos, incluyendo los chavistas que no sean burócratas enchufados.



