Has tenido suerte esa noche con una mujer que te ha movido el piso durante un tiempo. La convences para regresar contigo a casa “y que” a tomar un último trago antes de terminar la noche. Esa idea claramente se fragua en el ascensor de tu edificio donde comienzan los besos y ambos saben que esos tragos van a terminar en la mesa de noche.
Entran al apartamento y mientras ella va al baño a retocarse, decides prender el iPod para recrear un ambiente musical. ¿Cerati o Sting? No, Barry White. Can’t Get Enough of your Love es la alfombra roja de todos los polvos mundiales. Cambias la canción, Barry es como obvio. Ella regresa del baño y se sienta en la cama. Wicked Game de Chris Isaack para comenzar. Nunca falla.
La ropa cae en el piso a cuentagotas, mientras ambos se revuelcan entre las sabanas. Las canciones pasan y es With or Without You de U2 la que los conduce a ambos a hacer el amor. Las notas que suenan desde las cornetas intensifican el ritmo. Pero el shuffle del iPod te juega un coitus interruptus. No puedes creer lo que oyes. Coleado, nadie sabe cómo, suena el tema del Llanero Solitario.
Tratas de hacerte el loco y continúas con tu cometido. Pero nada dice «acaba tan rápido como puedas» como la introducción del cabalgante de Silver. Naturalmente la chica finge un repentino dolor de cabeza y te pide que la lleves a casa. Ni tratas de convencerla para que se quede.
No hay nada peor que ser sujeto de críticas durante el sexo, sobre todo si son externas. Hay canciones que pueden constituir un suicidio sexual que no termina acabando en orgasmos. Termina con la frase «Mejor te llamo yo» dicha por ella. Como no eres DJ pero sí amasador de música de todos los géneros en cantidades preocupantes, tienes que tener muy en claro de que el accidente de una canción inesperada puede ocurrir si te lanzas a la merced del shuffle en tu iPod. La recomendación es a que revises tus listas de canciones y que pongas las más problemáticas en un archivo separado.
Comienza por botar temas infantiles. La introducción de El Chavo del Ocho fue genial oírlo en esa fiesta donde todos dijeron: «¡Berro! ¿Te acuerdas?». Que suene esta canción durante el sexo es suficiente para considerar vivir en un barril de vergüenza por el resto de tu soltería. Si sale Supercalifragilistiexpialidocio, retírate del sexo. Las relaciones públicas del derrame petrolero de la British Petroleum se arreglan más fáciles que eso.
Debes tener cuidado también con los himnos. Separa todas las canciones oficiales del Mundial de Fútbol. Tranquilo. Al igual que tú, todos tenemos estipulado en nuestro testamento el deseo de ser enterrados con el himno Un’estate italiana del Mundial Italia ’90 sonando de fondo. Pero que salga durante el sexo te va a hacer pensar en anotar un gol y eso es demasiada presión junta. Con respecto al Himno de Acción Democrática, estemos claros: nada alienta más a una cuerda de espermatozoides que la letra: «¡Adelante a luchar milicianos!». Descártala (a menos que busques ser papá o seas Henry Ramos Allup).
Continúa tu edición y bota cualquier canción que una novia tuya (o tú mismo, sin pena) te ha convidado a tener en tu iPod. Macho que se respeta no se va a la cama con Luis Miguel o Alejandro Fernández. Por forfait hay que botar la canción Sin Pensarlo Dos Veces de Guillermo Dávila. Ninguna mujer quiere oír el cuento de cómo le arrancan el vestido a otra mientras tiene sexo contigo. La única excepción para tener a Dávila en el iPod es que estés con una cougar pegada en los años ochenta. Pero hasta ahí. Si tienes Hacer el Amor con Otro de Alejandra Guzmán, te lo buscaste tú solito.
Archiva en una carpeta cualquier canción con un coro gregoriano de iglesia medieval en el fondo. Eso da como culillo. Por último, santifícate «en el nombre del iPod, de Steve Jobs y de Apple, Amen» la próxima vez que vayas a tener sexo con la música prendida. Si has hecho un buen trabajo de edición, jamás sonará Experiencia Religiosa de Enrique Iglesias mientras estás en la cama con ella. Por lo menos el Llanero Solitario era ateo.
Toto Aguerrevere
@totoaguerrevere




