Robar la esperanza por Monseñor Baltazar Porras

papafrancisco_domingoramos_afp

La Navidad no es tiempo de “pasada”, ni una tregua para seguir en las mismas. Navidad, Epifanía y año nuevo es tiempo para pensar en el bien del otro. Los males de nuestro mundo no pueden ser excusa para dejarnos robar la alegría y la esperanza. Miremos los desafíos para crecer. “Aunque nos duelan las miserias de nuestra época y estemos lejos de optimismos ingenuos, el mayor realismo no debe significar menor confianza en el Espíritu ni menor generosidad”.

Se anuncia un año con una economía desquiciada, con inflación galopante que exige correctivos, diálogo y entendimiento entre todos los que pueden aportar soluciones viables. Es significativo que por primera vez el Presidente de la República se reuniera con todos los nuevos alcaldes y se pudiera hablar con libertad y respeto. Pero a la par, ciertos discursos políticos llaman más al odio, la exclusión y la violencia que a la concordia. La elección de la directiva de la AN es un contratestimonio. Todo organismo plural debe tener representación de la diversidad en su dirigencia. Es ineludible “reconocer” al otro para construir la paz. Los caminos del diálogo hay que afrontarlos con creatividad y coraje. Es la única manera de que crezca el bien común, no el de una parte.

El Papa Francisco nos da la pauta: “una de las tentaciones más serias que ahogan el fervor y la audacia es la conciencia de derrota que nos convierte en pesimistas quejosos y desencantados con cara de vinagre. Nadie puede emprender una lucha si de antemano no confía plenamente en el triunfo”.

El mensaje navideño de paz pasa por la fuerza de la debilidad. Dios es Jesús niño, impotente, pero pleno de la clave del triunfo que es el amor, la ternura y la acogida del “otro”. ¡No nos dejemos robar la esperanza! Así, sí vale la pena desearnos feliz año!

faustih.cronicas@gmail.com

El Universal

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La Navidad no es tiempo de “pasada”, ni una tregua para seguir en las mismas. Navidad, Epifanía y año nuevo es tiempo para pensar en el bien del otro. Los males de nuestro mundo no pueden ser excusa para dejarnos robar la alegría y la esperanza. Miremos los desafíos para crecer. “Aunque nos duelan las miserias de nuestra época y estemos lejos de optimismos ingenuos, el mayor realismo no debe significar menor confianza en el Espíritu ni menor generosidad”.

Se anuncia un año con una economía desquiciada, con inflación galopante que exige correctivos, diálogo y entendimiento entre todos los que pueden aportar soluciones viables. Es significativo que por primera vez el Presidente de la República se reuniera con todos los nuevos alcaldes y se pudiera hablar con libertad y respeto. Pero a la par, ciertos discursos políticos llaman más al odio, la exclusión y la violencia que a la concordia. La elección de la directiva de la AN es un contratestimonio. Todo organismo plural debe tener representación de la diversidad en su dirigencia. Es ineludible “reconocer” al otro para construir la paz. Los caminos del diálogo hay que afrontarlos con creatividad y coraje. Es la única manera de que crezca el bien común, no el de una parte.

El Papa Francisco nos da la pauta: “una de las tentaciones más serias que ahogan el fervor y la audacia es la conciencia de derrota que nos convierte en pesimistas quejosos y desencantados con cara de vinagre. Nadie puede emprender una lucha si de antemano no confía plenamente en el triunfo”.

El mensaje navideño de paz pasa por la fuerza de la debilidad. Dios es Jesús niño, impotente, pero pleno de la clave del triunfo que es el amor, la ternura y la acogida del “otro”. ¡No nos dejemos robar la esperanza! Así, sí vale la pena desearnos feliz año!

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