El “Adolfito” “es uno de los implicados”… Reseñan las notas de sucesos la historia del lÃder de la banda “los Rapiditos” quienes “presuntamente” asesinaron a Mónica Spear, a su guapo esposo y que además hirieron a una niña de cinco años que hoy se pregunta dónde están sus padres.
El “Adolfito” es un tipo de 26 años que se siente “dueño del mundo”, invencible. Quien desde los catorce años decidió que todo es de todos y que para eso tiene su “pistola” para asà imponer su ley. Para él, la única que vale es “la del más fuerte”, aquella que se aplica a punta de plomo. Cuentan las crónicas rojas que su primera detención fue por robarse una moto, pero el caso fue sobreseÃdo por un Juez a los pocos dÃas y volvió a las calles. Si se libró tan fácil de la primera ¿por qué no seguir haciendo lo que le daba la gana? Si la violencia es el lenguaje oficial, el Adolfito y todos sus pares son sus mejores intérpretes. Si desde pequeño en cualquier cadena de radio y TV lo que ha oÃdo es “si alguien tiene necesidad por qué no robar” o el término “exprópiese”, o los insultos cotidianos como formas naturales de referencia a los contrarios o el puño que golpea la mano como diciendo: “te voy a jo…” a manera de saludo a las masas, lo más normal es que ese lenguaje lo haya incorporado no solo a su léxico sino a su espÃritu.
El juego “del gato y el ratón” hizo de la comisarÃa su segunda casa, pero siempre salÃa bien parado. Las notas de los colegas de sucesos cuentan el capÃtulo de su enrolamiento en el servicio militar (¿cómo incorporan a alguien con prontuario?) del que desertó a los pocos meses llevándose, eso sÃ, un FAL, unas cuantas balas y unos uniformes.
Sà llegó a estar en una cárcel grande. Por allá en el año 2010 en una de sus tantas detenciones finalmente fue recluido en Tocuyito, pero solo duró tres meses. Luego fue dejado en libertad. ¿Suerte, maña, contactos, corrupción, todas las anteriores? Lo cierto es que nuestro maravilloso sistema judicial y penitenciario siempre jugó a su favor hasta el punto que el año pasado un Juez militar le otorgó una nueva medida de presentación mensual que, como era previsible, nunca cumplió.
Sin embargo, lo que al parecer no logró la justicia formal, según relatan ciertas notas periodÃsticas de sucesos, lo habrÃa ejecutado la comunidad “harta” de la ley que a punta de miedo habÃa impuesto el Adolfito. ¿Será verdad que fue una poblada la que lo entregó a él y a sus secuaces a las autoridades?
El Adolfito logró hacerse famoso. El haber asesinado a una figura pública le dará muchos galones en el ranking de la violencia. Quizás en el futuro hasta llegará a ser un pran y si tiene suerte y habilidad tal vez un dÃa, si no lo vuelven a indultar, puede que reciba la llamada telefónica de alguna altÃsima autoridad para negociar las “condiciones del penal”. Se han visto casos.




