Cualquier análisis sobre las elecciones en Venezuela debe remarcar el abuso, constante y creciente, del gobierno para darle una ventaja notable a sus candidatos y silenciar, intimidar y satanizar a los candidatos de la oposición.
Dicho esto, también es cierto que la mayoría de los análisis se compara el más reciente proceso con otros anteriores, los cuales también tuvieron su amplia carga de ventajismo oficialista.
Por eso es que ciertamente, en líneas generales, la oposición no puede considerar buenos los resultados del domingo 8 de diciembre. Se avanzó en número de alcaldías y en los concejos municipales, pero en buena medida porque se venía de un fondo bastante bajo. No se pudo alcanzar el triunfo en los 96 municipios en los que Henrique Capriles obtuvo más de 50% el 14 de abril, se perdieron muchas alcaldías que se habían obtenido en 2008 y, sobre todo, no se pudo demostrar que la Mesa de la Unidad Democrática domina en las grandes ciudades, y el chavismo está restringido al campo y pequeñas ciudades.
Esto último es muy sencillo de ver: si bien la MUD ganó 3 de los 5 municipios con más electores, al ir ampliando la muestra, se va reduciendo la cuota: 5 triunfos entre los 10 municipios más grandes, 9 entre los primeros 20, y apenas 10 triunfos opositores entre los 30 municipios más grandes (en los cuales Capriles el 14A se impuso en 17).
Ahora muchos dedos apuntan al gobernador de Miranda como responsable de este resultado gris. Es innegable el esfuerzo que le puso a estas elecciones en las que no estaba en juego su cargo, y cómo buscó animar a una población cansada de perder, y parte de la cual seguía molesta por la irregular derrota en abril. La estrategia de considerar las elecciones municipales un plebiscito al gobierno nacional pudo servir para mover a más de un votante, pero hoy luce como amplificadora de una derrota opositora.
Está claro que cualquier paso inmediato que se pensó en dar en contra de Maduro por la vía electoral debe quedar aparcado, y la estrategia para luchar contra un gobierno cada vez más autoritario debe ser otra. Sin elecciones en el horizonte cercano vale analizar lo que otro dirigente opositor ha estado haciendo desde 2008, y los resultados que su trabajo le ha valido.
Desde el momento en que fue inhabilitado Leopoldo López se dedicó a crear un partido político. Con menos atención mediática, López viajó repetidamente a todos los rincones del país, sembrando las bases de su movimiento, formando líderes jóvenes o captando dirigentes locales con trayectoria. Sin lugar a dudas, el 8D los números le sonrieron, y sin ser el partido que más candidatos tenía, Voluntad Popular obtuvo triunfos en sitios muy simbólicos, como Guasdualito, estado Apure o Maturín, estado Monagas, y otros más mediáticos como San Cristóbal, estado Táchira y El Hatillo, estado Miranda.
Precisamente ahora viene un período en el que el trabajo de base será fundamental, en el que no habrá muchas cámaras ni elecciones. Se debe comenzar a sembrar una verdadera mayoría y hablarle a la población sin tener que pedirle el voto. Es la hora de los partidos políticos, para volver a formar dirigentes, abrir sedes en distintos pueblos y hacer que el ciudadano se vuelva a identificar con los colores. La MUD debe seguir coordinando la vocería a nivel nacional, pero al menos por dos años no hace falta crear alianzas ni purgar listas de candidatos.
Los alcaldes y concejales recién electos deben ser los líderes de la oposición en cada uno de sus lugares, y plantear políticas públicas concretas para que ahí, en pequeño, la población vea que realmente puede haber un camino de progreso, que trascienda los afiches propagandistas.
También el liderazgo debe demostrar fortaleza en períodos no electorales, comenzando por defender los triunfos del 8D. Si tantas quejas surgieron por aparentemente no defender el presunto triunfo del 14 de abril, ¿cómo permitir entonces que se creen instituciones inconstitucionales paralelas a las alcaldías? ¿Cómo un alcalde que el domingo recibió el apoyo popular de la mayoría permite que en menos de una semana su rival perdedor tenga más poder y recursos que él? Es la primera, y quizás más importante, prueba que un dirigente debe enfrentar para fortalecer su liderazgo.
Finalmente, la oposición debe analizar la gran cantidad de votos que perdió por no lograr alianzas perfectas, pero sobre todo revisar los sitios en donde el candidato de la MUD quedó tercero, o incluso cuarto. Aunque la polarización es clara, vale la pena echar un ojo a los liderazgos que retaron la línea del PSUV (y en menos casos de la MUD) y obtuvieron el triunfo.




