Dos cosas importantes ocurrieron la semana pasada. El comienzo planificado del fin del comunismo chino, con las mayores reformas desde Deng Xiaoping (Xinhua) y el comienzo en pleno despelote del fin de la Revolución Bolivariana. Nicolás huye hacia delante en busca de “su Cuba”, en la que fue feliz y en la que le pareció que la gente comÃa mejor que en muchos barrios de Caracas (1987). Nicolás quedó maravillado con los atletas cubanos que en las olimpiadas demostraban que superaban a toda Latinoamérica junta. De allà el que “nadie se equivoque con él”, porque “habilitado”, con sus “Comunas” y “Comités” de defensa de la revolución perseguirá su sueño, que se le devolverá cual boomerang en forma de pesadilla.
Será pronto, porque Nicolás nunca supo que cuando salió de La Habana, a 9.669 kilómetros de allÃ, en una cabaña a las afueras de Moscú, Reagan y Gorbachov discutÃan sobre el futuro de Cuba (Reagan dixit). Negociaban las condiciones a un conjunto de préstamos, y entre éstas, el apoyo a la isla (Gorbachov dixit). El lÃder ruso ordenó a sus asesores que le dieran sus opiniones y éstos contestaron: “(Castro) Va a seguir hasta el final”, “con su visión anacrónica”, “es biológicamente incapaz de cambiar”, “darles más dinero es inútil y ha corrompido a Cuba”, además “ya no nos sirven para nada” (Chernaiev, 2000. Págs. 147-48).
Y asà llegó el lÃder ruso a la isla, a pocos meses de que Nicolás se marchara, a decirles a los cubanos que “lo regalado se acabó”, aconsejándoles urgentes reformas económicas. Fidel como ya habÃan vaticinado, le contestó de forma arrogante y suicida: “Nosotros no cometimos los errores de los soviéticos” (Mullin 94). Gorbachov no podÃa dar crédito a sus oÃdos, los cubanos vivÃan de los soviéticos y espetaban aquellas burradas. En el avión de regreso a casa, Gorbachov y sus asesores meditaban: “El factor Cuba se ha ido a la porra”, “El Barbudo ha destruido a la Revolución y ahora va a destruir a su Nación” (Chernaiev).
Y asÃ, por una parte salió Nicolás de la “Isla de la FantasÃa” y por la otra el dinero ruso junto con miles de asesores, técnicos, médicos y entrenadores deportivos, y Cuba quedó destruida por completo. De 80 mil toneladas de azúcar, terminaron apenas en 15 mil con la ayuda de Brasil; el ron lo terminaron produciendo los franceses y el tabaco quedó reducido en un 52%. Los tres sÃmbolos del campo cubano se hicieron añicos, junto con la leche en un 47% y el pollo en un 63% (FAO). Fidel, el anacrónico, terminarÃa explicando que al marcharse los rusos: “las proteÃnas y calorÃas, se redujeron aproximadamente un 40 por ciento” (17/06/07) mientras sus expertos admitieron que era un 50% y la pobre isla entendió que hasta las calorÃas y todas “sus estadÃsticas”, eran en realidad soviéticas.
Nicolás habÃa vivido en una “Isla artificial”. Una brillante producción más del “Mosfilm” (el Hollywood soviético), que gastaba ingentes sumas de dinero en producir espejismos. Cuba tenÃa la 5ta. educación mejor del mundo, mucho mejor que la alemana y la japonesa, solo porque quien la evaluaba era Fidel en persona y la certificaba un “experto imparcial” de la Unesco que en realidad era viceministro de Educación de Ortega en Nicaragua y vivÃa en Cuba. La escuela “Cubana” de boxeo era tan tropical como el vodka, dirigida por los Ogurenkov, o los Chervonenko. Y al salir éstos, como los técnicos del campo, las ciencias y las artes, se desplomó todo, hasta las medallas.
“¿Por qué ningún economista se dio cuenta de esto?” Terminó lamentándose Castro en sus memorias. “¿Por qué no descubrimos que sostener esa producción era ruinoso?”, sin entender que le habÃa pasado lo mismo que describió Kruschev en la URSS: “Nuestra nación engendró muchos aduladores y especialistas en falsos optimismos y en el engaño”. Sus economistas, como el resto de los “técnicos” cubanos, sencillamente de tanto hacer propaganda, se la habÃan creÃdo.
“¡Cuántas formas de robo hay en este paÃs!”, terminó confesando Fidel al darse cuenta de que todo en la “Isla de la FantasÃa” era una mentira tras otra y que lo que le habÃa dicho a Gorbachov, habÃa sido sencillamente un autoengaño. Cuba se habÃa contagiado de todos los males de la URSS y ahora “Roban en las tiendas de divisas” (Fidel Dixit), “en los hoteles de 5 estrellas”, “incluso en las fábricas importantes”, “las medicinas”, “en La Habana aprendieron a robar como locos”, “se robaba hasta el 50% de lo que se producÃa” y todo eso terminaba, como en China, en los “mercados clandestinos”. Y se enteró que el “robo de materiales y de recursos no es de hoy”, ni del “perÃodo especial”.
Mientras el Mercado Negro, mucho más liberal y salvaje que el abierto y controlado, se tragó a la revolución cubana, el Partido Comunista Ruso murió y al Chino posiblemente le quedan 2.190 dÃas, Nicolás sin tener la menor idea de qué lo que acabará con él, vuela a su mundillo, idÃlico y mental para implementar todos “los males del socialismo”.




