La Elección Estratégica de Dilma y Brasil por Leopoldo E. Colmenares G.

vilmarouseff

Hace cerca de diez años atrás, en el marco de un evento organizado por la National Defense University (NDU), me sorprendieron mucho  las palabras de un profesor brasileño de ese centro, quien, en respuesta a una pregunta o consideración sobre el rol que Brasil  debería tener en los asuntos internacionales,  argumentaba que en su país “liderazgo” se consideraba  casi que como una mala palabra. Decía, además, que en Brasil se sentían bastante cómodos  con la etiqueta de ser “el país del futuro”, ya que por cuestiones espaciales tal futuro nunca llegaría.

Hoy, ante la cantidad de evidencia al respecto, pareciera que este académico tenía toda la razón sobre el tema cuando emitía esas consideraciones tan lapidarias.  Y es que Brasil, aún balanceándose entre ser la quinta o sexta economía del globo y conformar el grupo de los BRICS, club de países que en teoría reta a las potencias convencionales del mundo, no termina de tomar un rol de liderazgo  en el concierto internacional y, entre otras cosas, su diplomacia tiende mayormente a comportarse  como lo hacen  muchas  cancillerías suramericanas, cuya dinámica se basa en los más disparatados postulados chavecistas.

Es así como, por  ejemplo, Brasil, y en este momento particular Dilma Roussef, utilizan el foro de la ONU para atacar a los Estados Unidos por su “programa de espionaje”, que según la mandataria  violó los derechos humanos, la libertad civil y la soberanía  de su país. Mientras los líderes brasileños no definan claramente el papel que  Brasil debe jugar en el concierto internacional, que dado sus características debería ser el de un claro y coherente liderazgo constructivo,  esta nación seguirá dando tumbos y sin duda nunca llegará a ser considerada como un socio confiable por las potencias más avanzadas del planeta. Seguirá, pues, siendo el país del futuro.

Con respecto al “espionaje” estadounidense, a los ductores de la política de seguridad del Brasil, no se les ha ocurrido otra cosa que aliarse con Argentina para supuestamente  crear una  infraestructura de ciberseguridad. ¡Argentina! Si. Un país en donde sus autoridades no son capaces de detener la violencia en los estadios de futbol, es el gran socio seleccionado por los sesudos líderes brasileños para protegerse de la “amenaza” cibernética de los Estados Unidos.

Cuestiones como la arriba mencionada, sumada  a otras como el papelazo dado por Brasil con Turquía durante el gobierno de “Lula” Da Silva  en el caso del programa nuclear iraní, así como el gran desastre interno que tienen en la organización de los próximos Juegos Olímpicos y Mundial de Futbol, hacen sospechar de la madurez o capacidad para manejar asuntos estratégicos por parte de la  alta política brasileña y en particular  para tomar las decisiones sobre quiénes son y quiénes no deberían ser sus aliados en el mundo.  Amanecerá y veremos.

 

 

Centro Latinoamericano de Estudios de Seguridad.

Universidad “Simón Bolívar”

Por: Leopoldo E. Colmenares G.

@LCOLG

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vilmarouseff

Hace cerca de diez años atrás, en el marco de un evento organizado por la National Defense University (NDU), me sorprendieron mucho  las palabras de un profesor brasileño de ese centro, quien, en respuesta a una pregunta o consideración sobre el rol que Brasil  debería tener en los asuntos internacionales,  argumentaba que en su país “liderazgo” se consideraba  casi que como una mala palabra. Decía, además, que en Brasil se sentían bastante cómodos  con la etiqueta de ser “el país del futuro”, ya que por cuestiones espaciales tal futuro nunca llegaría.

Hoy, ante la cantidad de evidencia al respecto, pareciera que este académico tenía toda la razón sobre el tema cuando emitía esas consideraciones tan lapidarias.  Y es que Brasil, aún balanceándose entre ser la quinta o sexta economía del globo y conformar el grupo de los BRICS, club de países que en teoría reta a las potencias convencionales del mundo, no termina de tomar un rol de liderazgo  en el concierto internacional y, entre otras cosas, su diplomacia tiende mayormente a comportarse  como lo hacen  muchas  cancillerías suramericanas, cuya dinámica se basa en los más disparatados postulados chavecistas.

Es así como, por  ejemplo, Brasil, y en este momento particular Dilma Roussef, utilizan el foro de la ONU para atacar a los Estados Unidos por su “programa de espionaje”, que según la mandataria  violó los derechos humanos, la libertad civil y la soberanía  de su país. Mientras los líderes brasileños no definan claramente el papel que  Brasil debe jugar en el concierto internacional, que dado sus características debería ser el de un claro y coherente liderazgo constructivo,  esta nación seguirá dando tumbos y sin duda nunca llegará a ser considerada como un socio confiable por las potencias más avanzadas del planeta. Seguirá, pues, siendo el país del futuro.

Con respecto al “espionaje” estadounidense, a los ductores de la política de seguridad del Brasil, no se les ha ocurrido otra cosa que aliarse con Argentina para supuestamente  crear una  infraestructura de ciberseguridad. ¡Argentina! Si. Un país en donde sus autoridades no son capaces de detener la violencia en los estadios de futbol, es el gran socio seleccionado por los sesudos líderes brasileños para protegerse de la “amenaza” cibernética de los Estados Unidos.

Cuestiones como la arriba mencionada, sumada  a otras como el papelazo dado por Brasil con Turquía durante el gobierno de “Lula” Da Silva  en el caso del programa nuclear iraní, así como el gran desastre interno que tienen en la organización de los próximos Juegos Olímpicos y Mundial de Futbol, hacen sospechar de la madurez o capacidad para manejar asuntos estratégicos por parte de la  alta política brasileña y en particular  para tomar las decisiones sobre quiénes son y quiénes no deberían ser sus aliados en el mundo.  Amanecerá y veremos.

 

 

Centro Latinoamericano de Estudios de Seguridad.

Universidad “Simón Bolívar”

Por: Leopoldo E. Colmenares G.

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