La huida de Maduro… por Pedro X. Valverde Rivera

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Fuente: ElUniverso.com

El reciente anuncio que ha hecho el gobierno venezolano de “salir” del sistema interamericano de derechos humanos no es noticia que llame realmente la atención. Las ejecutorias del gobierno bolivariano, en la última década, solamente podían desembocar en ello.

La forma en que se han violentado derechos humanos desde el poder en la hermana república no es compatible con la Convención Interamericana de Derechos Humanos, ni con la jurisprudencia de la Corte.

El cierre de medios independientes, el hostigamiento al pensamiento libre, la persecución a la oposición crítica, a través del largo brazo judicial, e incluso las serias denuncias de presos políticos y torturas han generado un ambiente ajeno a los estándares democráticos elementales, que generan a las víctimas un estado de indefensión, pues las instituciones que deberían protegerlas están tomadas por el poder total.

Precisamente para casos como el de Venezuela es que encuentra su razón de existencia el sistema interamericano. Para proteger y defender a los ciudadanos de los gobiernos totalitarios y de sus excesos.

La CIDH fue muy incómoda para Pinochet, para Velasco Alvarado, para Stroessner, para Videla y para Fujimori. También lo fue para los diferentes gobernantes mexicanos durante el imperio del PRI. Y en general, para muchos gobernantes, civiles, militares, de derecha o de izquierda, cuando esta ha acogido las denuncias de ciudadanos por violaciones a sus derechos humanos.

Porque cuando un gobernante consigue alinear todas las instituciones del Estado a su voluntad, cuando consigue con un telefonazo sentencias judiciales, dictámenes fiscales o informes de organismos de control, es una verdadera molestia reconocer que exista un organismo supranacional, con credibilidad histórica, que salga de su control imperial.

La avalancha de casos de víctimas del régimen bolivariano que están en conocimiento de la CIDH y otros, ya patrocinados por esta ante la Corte Interamericana, sumado al reciente y sonado fracaso de tomar el control de la Comisión, con el contubernio de otros gobernantes con estándares democráticos similares, y con el voto de los gobiernos favorecidos por regalos petroleros, finalmente, como lo dije al inicio de este artículo, han llevado al presidente Maduro y su combo a huir del sistema.

Porque saben que tanto en la Comisión como en la Corte las decisiones se tomarán en defensa de los derechos humanos de las víctimas. Que no habrá telefonazos ni amenazas que cambien sentencias, ni cadenas de televisión que amilanen a los funcionarios encargados de resolver en cada caso.

Vamos a ver si otros gobernantes se atreven a seguir a Maduro en su fuga hacia la consolidación de la tiranía formal, ya sin siquiera guardar las apariencias.

Lo cierto es que cuando termine este triste capítulo que vive el pueblo venezolano, y a los responsables les toque rendir cuentas por todos los atropellos cometidos, se recordará esta salida del sistema interamericano como uno de los más graves errores cometidos por el régimen. Mientras tanto, que siga la fiesta, que viva la farra, que el mundo se acaba…. Así opera la droga del poder.

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Fuente: ElUniverso.com

El reciente anuncio que ha hecho el gobierno venezolano de “salir” del sistema interamericano de derechos humanos no es noticia que llame realmente la atención. Las ejecutorias del gobierno bolivariano, en la última década, solamente podían desembocar en ello.

La forma en que se han violentado derechos humanos desde el poder en la hermana república no es compatible con la Convención Interamericana de Derechos Humanos, ni con la jurisprudencia de la Corte.

El cierre de medios independientes, el hostigamiento al pensamiento libre, la persecución a la oposición crítica, a través del largo brazo judicial, e incluso las serias denuncias de presos políticos y torturas han generado un ambiente ajeno a los estándares democráticos elementales, que generan a las víctimas un estado de indefensión, pues las instituciones que deberían protegerlas están tomadas por el poder total.

Precisamente para casos como el de Venezuela es que encuentra su razón de existencia el sistema interamericano. Para proteger y defender a los ciudadanos de los gobiernos totalitarios y de sus excesos.

La CIDH fue muy incómoda para Pinochet, para Velasco Alvarado, para Stroessner, para Videla y para Fujimori. También lo fue para los diferentes gobernantes mexicanos durante el imperio del PRI. Y en general, para muchos gobernantes, civiles, militares, de derecha o de izquierda, cuando esta ha acogido las denuncias de ciudadanos por violaciones a sus derechos humanos.

Porque cuando un gobernante consigue alinear todas las instituciones del Estado a su voluntad, cuando consigue con un telefonazo sentencias judiciales, dictámenes fiscales o informes de organismos de control, es una verdadera molestia reconocer que exista un organismo supranacional, con credibilidad histórica, que salga de su control imperial.

La avalancha de casos de víctimas del régimen bolivariano que están en conocimiento de la CIDH y otros, ya patrocinados por esta ante la Corte Interamericana, sumado al reciente y sonado fracaso de tomar el control de la Comisión, con el contubernio de otros gobernantes con estándares democráticos similares, y con el voto de los gobiernos favorecidos por regalos petroleros, finalmente, como lo dije al inicio de este artículo, han llevado al presidente Maduro y su combo a huir del sistema.

Porque saben que tanto en la Comisión como en la Corte las decisiones se tomarán en defensa de los derechos humanos de las víctimas. Que no habrá telefonazos ni amenazas que cambien sentencias, ni cadenas de televisión que amilanen a los funcionarios encargados de resolver en cada caso.

Vamos a ver si otros gobernantes se atreven a seguir a Maduro en su fuga hacia la consolidación de la tiranía formal, ya sin siquiera guardar las apariencias.

Lo cierto es que cuando termine este triste capítulo que vive el pueblo venezolano, y a los responsables les toque rendir cuentas por todos los atropellos cometidos, se recordará esta salida del sistema interamericano como uno de los más graves errores cometidos por el régimen. Mientras tanto, que siga la fiesta, que viva la farra, que el mundo se acaba…. Así opera la droga del poder.

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