Pobreza y recursos mentales por Nila Velázquez

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Diarios de distintos países acogieron en sus páginas el resultado de un trabajo realizado por investigadores del Reino Unido, Canadá y los Estados Unidos, acerca de la correlación de la pobreza y los recursos mentales. Ellos concluyen que es la pobreza misma, al margen de la alimentación o la influencia del entorno cultural, la que consume recursos mentales del individuo, de tal manera, que la preocupación económica de la persona reduce sus capacidades mentales, tal como se mide en los test de inteligencia.

Anandi Mani de la Universidad de Warwick, Reino Unido y sus colegas, lo explicaron en un artículo publicado en la revista Science, en el que presentaron sus experimentos y conclusiones, parte de las cuales dio a conocer el diario El País, de España, del cual tomo la próxima cita: “El sistema cognitivo humano tiene capacidad limitada y las preocupaciones monetarias dejan menos recursos cognitivos disponibles para guiar acciones y decisiones.

Para este estudio se definió la pobreza como la distancia entre las necesidades de un individuo y los recursos de los que dispone para satisfacerlas y se centraron en los efectos inmediatos de la pobreza en las capacidades cognitivas, por supuesto, no se discuten otras investigaciones más generales y cuyos resultados ya no se discuten, por ejemplo, que la nutrición en los cuatro primeros años de un niño es determinante para su desarrollo cerebral.

Una de las pruebas consistió en aplicar a pequeños agricultores dos test, uno de fluidez mental y otro de control cognitivo, antes de la cosecha y después de la cosecha, con distinto contenido pero con el mismo objetivo y el mismo método. La segunda vez los resultados fueron evidentemente superiores. Antes, tenían la atención secuestrada por el problema económico que no sabían si la cosecha iba a resolver.

América Latina ha logrado en los últimos años una disminución de la pobreza y aún así, un informe de la Cepal, realizado en el 2011 y publicado al año siguiente, señala que, entonces, el 31% de la población vivía bajo los índices de pobreza y es el menor en varias décadas, sin embargo, aún 170 millones de latinoamericanos son pobres. En Ecuador, en el 2010, el índice de pobreza era de 37,3, en el 2012 fue de 32,4 y la indigencia, en el 2010 fue de 14,2 y en el 2012 de 10,1.

Quizás esto ayude a entender por qué aún teniendo notas escolares similares, los resultados de exámenes de ingreso a las universidades o pruebas previas a la obtención de un empleo, siempre favorecen a unos sectores y perjudican a otros. Por eso una de las recomendaciones de los investigadores es evitar lo que ellos llaman “impuestos cognitivos” en los trámites importantes, que para entenderlos requieren atención y tranquilidad, por ejemplo, rellenar largos y complejos cuestionarios o enfrentar exigentes entrevistas de trabajo.

Es de elemental sentido de justicia y de respeto a la dignidad humana, trabajar para erradicar la pobreza, pero es también un imperativo social, nuestros países necesitan trabajar por su desarrollo y por alcanzar una democracia plena, pero esto será posible cuando todos los ciudadanos estemos en condiciones de aplicar toda nuestra capacidad cognitiva al máximo y la investigación que comentamos nos deja claro que en nuestro continente esto no es posible para 170 millones de personas.

Fuente: ElUniverso.com

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Diarios de distintos países acogieron en sus páginas el resultado de un trabajo realizado por investigadores del Reino Unido, Canadá y los Estados Unidos, acerca de la correlación de la pobreza y los recursos mentales. Ellos concluyen que es la pobreza misma, al margen de la alimentación o la influencia del entorno cultural, la que consume recursos mentales del individuo, de tal manera, que la preocupación económica de la persona reduce sus capacidades mentales, tal como se mide en los test de inteligencia.

Anandi Mani de la Universidad de Warwick, Reino Unido y sus colegas, lo explicaron en un artículo publicado en la revista Science, en el que presentaron sus experimentos y conclusiones, parte de las cuales dio a conocer el diario El País, de España, del cual tomo la próxima cita: “El sistema cognitivo humano tiene capacidad limitada y las preocupaciones monetarias dejan menos recursos cognitivos disponibles para guiar acciones y decisiones.

Para este estudio se definió la pobreza como la distancia entre las necesidades de un individuo y los recursos de los que dispone para satisfacerlas y se centraron en los efectos inmediatos de la pobreza en las capacidades cognitivas, por supuesto, no se discuten otras investigaciones más generales y cuyos resultados ya no se discuten, por ejemplo, que la nutrición en los cuatro primeros años de un niño es determinante para su desarrollo cerebral.

Una de las pruebas consistió en aplicar a pequeños agricultores dos test, uno de fluidez mental y otro de control cognitivo, antes de la cosecha y después de la cosecha, con distinto contenido pero con el mismo objetivo y el mismo método. La segunda vez los resultados fueron evidentemente superiores. Antes, tenían la atención secuestrada por el problema económico que no sabían si la cosecha iba a resolver.

América Latina ha logrado en los últimos años una disminución de la pobreza y aún así, un informe de la Cepal, realizado en el 2011 y publicado al año siguiente, señala que, entonces, el 31% de la población vivía bajo los índices de pobreza y es el menor en varias décadas, sin embargo, aún 170 millones de latinoamericanos son pobres. En Ecuador, en el 2010, el índice de pobreza era de 37,3, en el 2012 fue de 32,4 y la indigencia, en el 2010 fue de 14,2 y en el 2012 de 10,1.

Quizás esto ayude a entender por qué aún teniendo notas escolares similares, los resultados de exámenes de ingreso a las universidades o pruebas previas a la obtención de un empleo, siempre favorecen a unos sectores y perjudican a otros. Por eso una de las recomendaciones de los investigadores es evitar lo que ellos llaman “impuestos cognitivos” en los trámites importantes, que para entenderlos requieren atención y tranquilidad, por ejemplo, rellenar largos y complejos cuestionarios o enfrentar exigentes entrevistas de trabajo.

Es de elemental sentido de justicia y de respeto a la dignidad humana, trabajar para erradicar la pobreza, pero es también un imperativo social, nuestros países necesitan trabajar por su desarrollo y por alcanzar una democracia plena, pero esto será posible cuando todos los ciudadanos estemos en condiciones de aplicar toda nuestra capacidad cognitiva al máximo y la investigación que comentamos nos deja claro que en nuestro continente esto no es posible para 170 millones de personas.

Fuente: ElUniverso.com

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