
Henrique Capriles Radonski y Leopoldo López se unían en una yunta de fuerza, entusiasmo y juventud. En momentos cuando el descaro de un gobierno militarista y enfermizo insistía vorazmente en su obsesión de poder y dominio sobre la voluntad venezolana, ellos se atrevían a poner energías y ganas al servicio de su País.
Yo conocí a Leopoldo desde su adolescencia, cuando ya lo buscaba como noticia en su esfuerzo por los jueces de paz que era una tarea empecinada de aquel muchacho desafiante, claro en la meta humana enseñada en el hogar de principios y amor. Ellos tenían que coincidir en la vida. No solo en la exigencia de trabajar por su Pais sino también por la manera como llegaron a ese propósito y esos logros. No ha sido fácil. A los 26 años Henrique era presidente del Congreso.
Y Leopoldo avanzaba en la pasión política que habría de ubicarlo en la lista del nuevo liderazgo de esta maltratada Venezuela maniatada por por la obscura presencia militar sobre su historia de libertad y una Democracia que había disputado su derecho a ser frente al golpismo y las viejas y carcomidas dictaduras militares.
Contra ellos apuntaron el poder y la mediocridad. Desde los balcones de un teatro las hordas corearon agravios, la voz del líder iracunda y soez abofeteó el mérito de sus logros personales con ofensas baratas incitando a diferencias y odios. Lo que no se les perdona es eso…haber llegado a donde están sin empujar, sin destruir, a pulso propio. En una Venezuela de canallas acusándose entre sí, los hombres y mujeres que han vivido quince años de agresiones y venganzas, despiertan de la pesadilla y buscan la luz.
Y allí están estos muchachos sin rendirse, esgrimiendo principios contra mentiras y corruptelas, venganzas y barbarie. Hoy Leopoldo enfrentará otra imputación obedeciendo los vicios de la sumisión de poderes en esta farsa de la justicia.
“Yo me declaro y asumo mi condición de ser un perseguido político, de un Gobierno que impulsa la persecución como forma de hacer política”, sentenció López.
Esta vez Venezuela lo acompaña con la fuerza del despertar. Y Capriles los vuelve locos con la imagen retadora de los titulares de hoy:




