El calor extremo sofoca a los guaireños

La Calle Real de Playa Verde, en La Guaira, aún mantiene una fila de casas derrumbadas. Cuatro meses han pasado desde los sismos del 24 junio de 2026 y decenas de vecinos siguen viviendo bajo carpas, bajo el sol, a la espera de una vivienda que les brinde sombra y frescor. La incertidumbre los sofoca: cada carpa tiene al menos un ventilador o un aire acondicionado.

—El calor es horrendo. Tu no sabes ni dónde ponerte a que te pegue la brisa, que te de un poquito de fresco —dice Alejandra González, una manicurista de 21 años. Las columnas de su casa se reventaron y toda su familia vive en carpas frente a una casa que deben derrumbar—. Empecé a trabajar como manicurista en mi carpa, pero empecé a agendar a mis clientes a partir de las seis de la tarde, cuando ya no hay sol. El calor dentro de la carpa no deja trabajar: se me secan los esmaltes.

Alejandra González (21) posa frente a la carpa donde vive su madre, en Playa Verde, La Guaira. Tuvo que comprar dos aires acondicionados para refrescarse mientras espera una vivienda digna. Foto: María Gracia La Cruz

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) advierten que una exposición prolongada al calor extremo aumenta el riesgo a la salud pública, especialmente cuando la sensación térmica (índices de calor) supera los 31 °C por varias horas. Las personas con hipertensión, con una edad mayor a los 60 años, las mujeres embarazadas y los niños niñas y adolescentes son la población con mayor riesgo a sufrir desmayos, problemas cardiacos, falta de sueño, problemas renales y golpes de calor que pueden ser mortales.

Desde el desastre socioambiental, la sensación térmica de La Guaira tuvo un promedio de 35,79 °C entre las 10:00 a.m. y las 05:00 p.m., según datos satelitales del ERA5 Land, un programa del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio. Pero la sensación térmica dentro de una carpa es más alta. Entre el 24 y el 26 de octubre de 2026, Runrun.es midió con termómetros eléctricos el interior de cuatro carpas en Playa Verde: allí, la temperatura máxima alcanzaba los 36 °C en las tardes y el índice de calor promedio fue 47,77 °C entre las 12:00 y las 02:00 p.m., un umbral de «extrema precaución» para la salud pública bajo los estándares de la NOAA y la OMS.

Hecho con Visme Presentation Maker

Expuestos a un clima intenso

Frente a esos niveles de calor, Alejandra tuvo que comprar dos aires acondicionados. Uno está en la capra de su madre, una mujer hipertensa, y el otro está en la carpa donde vive ella y su hija, de 8 años. Unos cables cruzan la avenida y conectan el circuito eléctrico de su casa con las carpas donde vive.

—Igual los aires acondicionados solo funionan de noche: no refrescan aire durante el día —asevera González, buscando una sombra—. Es agobiante: uno no puede tener las ventanas abiertas porque entra el polvo de los escombros. Mi hija ya tiene bronquitis por el polvo.

El cambio climático ha hecho de La Guaira un lugar más caluroso. Un infome de la ONG Climate Central publicado este 7 de octubre afirmó que la temporada de El Niño de este año es y será más intensa que periodos anteriores debido a la crisis climática. En Venezuela, el fenómeno del El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) en su fase cálida se mantifiesta con periodos de sequía y mayor temperatura del aire.

Sin importar el periodo el El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) es frío o cálido, la temperatura promedio del planeta sigue subiendo. Gráfico: Climate Central

Los vecinos de Playa Verde y Mare Abajo, desplazados por los terremotos, tapan sus carpas con más lonas para protegerse del sol y crear túneles de viento. Algunos ponen durante todo el día los ventiladores electrónicos que les han donado.

—Ya después de las ocho de la mañana tenemos que abrir todo dentro de la carpa porque a veces el mismo calor nos despierta —dice Adriana Villanueva dentro de su carpa, a unos metros de distancia de González. Su casa quedó estructuralmente comprometida tras los terremotos y debe cuidar a su hijo con discapacidad motora y a su madre con hipertensión—. Normalmente uno tiene que estar es afuera o pegado al ventilador para que uno se no esté mareando ni nada de eso.

Adriana Villanueva sostiene un anerómetro que mide la temperatura del aire dentro de su carpa a las 12:35 p.m. del 26 de octubre. Al llegar a los 34,9 °C y una humedad relativa alta (de 66 % en promedio), el índice de calor o sensación térmica alcanza riesgos para la salud, según la NOAA. Foto: María Gracia La Cruz

Desde que sale el sol, Adriana, su familia y sus vecinos salen de sus carpas y se sientan en lonas improvisadas a esperar la brisa. Durtante los tres días que Runrun.es visitó esas carpas, la brisa no superaba el metro por segundo de velocidad. Los ventiladores, por su parte, se mantienen la mayor parte del día prendidos.

—Ya cuando hay un bajón de luz, cuando cortan el servicio eléctrico por unas horas, el calor es insoportable. Eso pasa al menos una vez a al semana por varias horas —agrega Adriana.

Capas de vulnerabilidad

La plataforma The Lancet Countdown, en su informe publicado este 27 de octubre, advirtió a la OMS y sus países miembros que el cambio climático debe ser abordado como una emergencia de salud mundial. Según sus estimaciones, en la última década (del 2016 al 2025) la población mundial estuvo expuesta 9,2 % más horas de calor extremo al año frente a la década pasada (2006 – 2015).

«Y, según nuestras estimaciones, Venezuela es uno de los países de Latinoamérica con mayor incremento de la exposición de personas ante el calor extremo», explica Yasna Palmeiro, investigadora en salud global y miembro del The Lancet Countdown. «Esto significa que el sistema de salud debe estar más atento ante estos eventos».

La ventilación depende de cada carpa y cada familia. Algunos usan ventiladores donados, otros compran aires acondicionados. Todos afirman que deben cerrar la mayoría de las ventanas para evitar que el polvo de los escombros se meta a sus carpas. Foto: María Gracia La Cruz

Según los datos de ERA5 Land, La Guaira ha estado expuesta a niveles de calor riesgosos para la salud entre el 24 de junio y el 26 de octubre de 2026. De las 2995 horas acumuladas (124 días), solo 301 horas (10 %) —todas ubicadas en la madrugada— no presentaban un umbral de riesgo para la población de La Guaira. La mayoría de las horas —especialmente durante las jornadas laborales— el umbral de riesgo de la NOAA arrojaba una «extrema precaución», donde la población y el Estado deben estar atentos a la salud pública.

Todos esos 124 días fueron más calurosos gracias al cambio climático, según las estimaciones de Climate Central.

Pero dentro de una carpa la temperatura aumenta: durante los tres días de medición de Runrun.es, los datos satelitales arrojaban un promedio de 33 °C durante el pico de calor (entre las 12:00 y las 02:00 p.m.); en la carpa el promedio fue de 35 °C en las mismas horas.

Pese a los niveles de riesgo, ONG venezolanas como Clima21 han denunciado que el país no tiene una infraestructura para prevenir, atender y mitigar los riesgos relacionados al cambio climático, vulnerando los derechos humanos de la población.

Los vecinos de La Guaira se enfrentan a una opacidad de datos socioambientales dispobibles al público por una insfraestructura científica olvidada, a cortes a los servicios de agua y electricidad y la falta de transparencia gubernamental en la gestión de desastres socioambientales. Ante ese panorama, vecinos como Adriana deben comprar sus propios tanques de agua para hidratarse y asearse en las carpas.

«Las personas que están viviendo en estas carpas se ven doble o, inclusive, triplemente afectadas. Están ante una amenaza de calor, súmale todo lo que es el estrés postraumático que significó el doble terremoto, súmale la condición en la que están viviendo, súmale el elemento que los servicios básicos están limitados… En fin, hay múltiples elementos que afectan y aumentan que esas personas tengan mayor riesgo de enfermar, no solo físico, sino que también mental», agrega Palmeiro.

Moraima Pérez, docente, creó una escuela itinerante en Playa Verde para atender a las infancias después del desastre. Primero empezó con una lona, ahora tiene una carpa de Unicef. Aún así, debe mantener dos ventiladores con vientos de 4 m/s para refrecar un poco el aula. A los 5 minutos dentro de la carpa ya debe sacar su pañuelo para secarse el sudor. Sus alumnos atienden sus clases luego de las 03:00 p.m., luego de su jornada escolar y el pico de calor en La Guaira. Foto: María Gracia La Cruz

Incertidumbre que no refresca

Yasmín Hidalgo, una empleada pública de 51 años en el Minsiterio de Salud, es «vecina de carpa» de Adriana. Su casa quedó completamente inhabitable: de las columnas que sostienen su vivienda solo quedaron las caillas.

—Pero no puedo quedarme dentro de la carpa por más de 10 minutos cuando hay sol —reitera, sentada en una carpa familiar hecha de poliéster y algodón.

Los números que arrojaban el termómetro de Runrun.es dentro de la carpa bailaban entre los 34,7 y los 35,2 °C. La humedad relativa del aire se mantuvo 67 %. Yasmín sudaba bajo un índice de calor (o sensación térmica) de 48,4 °C, un umbral de peligro para la NOAA.

Yasmín Hidalgo tiene dos ventiladores para refrescar su carpa. Los mantiene encendidos todo el día, pero siente que no es suficiente. Foto: María Gracia La Cruz

—Ayer [25 de octubre] no pude dormir: el calor no me dejaba conciliar el sueño. De las ocho horas que tenía pude dormir cuatro, y mal. Antes no podía dormir por el trauma que me generaron los terremotos, ahora el calor no me deja descansar —dice Yasmín—.

Muchos de los vecinos de Playa Verde sienten que no pueden dejar sus carpas: tienen miedo a que le quiten las pocas pertenencias que les quedan o han perdido o mantienen en pausa sus empleos. Otros vecinos afirman que deben estar todo el tiempo en las carpas para seguir recibiendo donaciones de otros ciudadanos.

Mientras tanto, esperan una respuesta del Gobierno venezolano para reubicarlos.

—Entonces, durante el día debemos estar pendiente de cómo nos sentidmos, si nos mareamos nos pasamos agua o hielo. Yo también sufro de hipertensión y no debo sudar mucho porque tengo un ojo enfermo, comprometido —agrega Yasmín—. No puedo trabajar por órdenes del ministerio: hasta que no consiga una casa no puedo reinsertarme a la plantilla. Llevamos como tres meses pidiendo una vivienda digna, pero no tenemos respuesta. Esta incertidumbre es como el calor: nos sofoca.

Durante los primeros 124 días tras el dobre terremoto, La Guaira ha acumulado más de 1100 horas de calor que presentan un riesgo para la salud. Foto: María Gracia La Cruz

La ONU ha documentado que los desplazados internos son las personas con mayor exposición al calor extremo: al menos 3 de cada 4 personas desplazadas han vivido abjo condiciones climáticas que afectan a su salud, según su último informe publicado en noviembre de 2025. Sus proyecciones para 2050 indican que un desplazado viviría unos 200 días con calor extremo.

Ante este panorama, Palmeiro recomendó que la salud pública venezolana debe ir directamente hacia la población que aún vive en carpas, tomar mediciones de la presión arterial y corroborar que la hidratación y ventilación de las carpas. La vigilancia epidemiológica debe tener mayor prevalencia si la temperatura dentro de una carpa alcanza los 34 °C.

«La clave es tener una vigilancia activa», dice la investigadora. «Las insituciones deben buscar, deben ir a educar, a enseñar, sobre el impacto del calor en esas condiciones. Averiguar de qué están hechas las carpas: el material influye en la retención del calor. Hay que hablar con ellos, saber si han tenidos síntomas sobre el calor: mareos, dolor de cabeza, problemas para respirar, entre otras cosas… En fin, en lo que se pueda, hay que ir hacia el paciente, no esperar a que el paciente vaya al centro de salud.».

Por ahora, el sistema sanitario venezolano está más vulnerable tras los terremotos. Una investigación publicada en la revista The Lancet estimó que la atención humanitaria en Venezuela requerida tras los sismos podría durar más de 24 meses. La ONU estimó en julio de 2026 que los terremotoso dejaron 36 centros de salud en La Guaira y en Caracas parcialmente operativos: 14 por daños estructurales y 22 por falta de insumos y personal que arrastraba la institución antes del desastre socioambiental.

Los vecinos de Playa Verde seguirán esperando, en sus carpas, con sus recursos y con las donaciones, a que el Gobierno los reubique.

***

Agradecemos a Abraham Salcedo, profesor del Departamento de Ingeniería Hidrometeorológica de la Universidad Central de Venezuela, por prestar el anemómetro y el termómetro eléctrico para las mediciones dentro de las carpas de Playa Verde. Para revisar la base de datos provenientes de ERA5 Land - Open Meteo, puedes descargar el documento de Excel en el enlace incrustado.
En los primeros 124 días tras el desastre, La Guaira acumula más de 1120 horas donde el calor presenta un alto riesgo para la salud humana
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Fotografías: María Gracia La Cruz / Infografía: Mayerlin Perdomo
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La Calle Real de Playa Verde, en La Guaira, aún mantiene una fila de casas derrumbadas. Cuatro meses han pasado desde los sismos del 24 junio de 2026 y decenas de vecinos siguen viviendo bajo carpas, bajo el sol, a la espera de una vivienda que les brinde sombra y frescor. La incertidumbre los sofoca: cada carpa tiene al menos un ventilador o un aire acondicionado.

—El calor es horrendo. Tu no sabes ni dónde ponerte a que te pegue la brisa, que te de un poquito de fresco —dice Alejandra González, una manicurista de 21 años. Las columnas de su casa se reventaron y toda su familia vive en carpas frente a una casa que deben derrumbar—. Empecé a trabajar como manicurista en mi carpa, pero empecé a agendar a mis clientes a partir de las seis de la tarde, cuando ya no hay sol. El calor dentro de la carpa no deja trabajar: se me secan los esmaltes.

Alejandra González (21) posa frente a la carpa donde vive su madre, en Playa Verde, La Guaira. Tuvo que comprar dos aires acondicionados para refrescarse mientras espera una vivienda digna. Foto: María Gracia La Cruz

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) advierten que una exposición prolongada al calor extremo aumenta el riesgo a la salud pública, especialmente cuando la sensación térmica (índices de calor) supera los 31 °C por varias horas. Las personas con hipertensión, con una edad mayor a los 60 años, las mujeres embarazadas y los niños niñas y adolescentes son la población con mayor riesgo a sufrir desmayos, problemas cardiacos, falta de sueño, problemas renales y golpes de calor que pueden ser mortales.

Desde el desastre socioambiental, la sensación térmica de La Guaira tuvo un promedio de 35,79 °C entre las 10:00 a.m. y las 05:00 p.m., según datos satelitales del ERA5 Land, un programa del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio. Pero la sensación térmica dentro de una carpa es más alta. Entre el 24 y el 26 de octubre de 2026, Runrun.es midió con termómetros eléctricos el interior de cuatro carpas en Playa Verde: allí, la temperatura máxima alcanzaba los 36 °C en las tardes y el índice de calor promedio fue 47,77 °C entre las 12:00 y las 02:00 p.m., un umbral de «extrema precaución» para la salud pública bajo los estándares de la NOAA y la OMS.

Hecho con Visme Presentation Maker

Expuestos a un clima intenso

Frente a esos niveles de calor, Alejandra tuvo que comprar dos aires acondicionados. Uno está en la capra de su madre, una mujer hipertensa, y el otro está en la carpa donde vive ella y su hija, de 8 años. Unos cables cruzan la avenida y conectan el circuito eléctrico de su casa con las carpas donde vive.

—Igual los aires acondicionados solo funionan de noche: no refrescan aire durante el día —asevera González, buscando una sombra—. Es agobiante: uno no puede tener las ventanas abiertas porque entra el polvo de los escombros. Mi hija ya tiene bronquitis por el polvo.

El cambio climático ha hecho de La Guaira un lugar más caluroso. Un infome de la ONG Climate Central publicado este 7 de octubre afirmó que la temporada de El Niño de este año es y será más intensa que periodos anteriores debido a la crisis climática. En Venezuela, el fenómeno del El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) en su fase cálida se mantifiesta con periodos de sequía y mayor temperatura del aire.

Sin importar el periodo el El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) es frío o cálido, la temperatura promedio del planeta sigue subiendo. Gráfico: Climate Central

Los vecinos de Playa Verde y Mare Abajo, desplazados por los terremotos, tapan sus carpas con más lonas para protegerse del sol y crear túneles de viento. Algunos ponen durante todo el día los ventiladores electrónicos que les han donado.

—Ya después de las ocho de la mañana tenemos que abrir todo dentro de la carpa porque a veces el mismo calor nos despierta —dice Adriana Villanueva dentro de su carpa, a unos metros de distancia de González. Su casa quedó estructuralmente comprometida tras los terremotos y debe cuidar a su hijo con discapacidad motora y a su madre con hipertensión—. Normalmente uno tiene que estar es afuera o pegado al ventilador para que uno se no esté mareando ni nada de eso.

Adriana Villanueva sostiene un anerómetro que mide la temperatura del aire dentro de su carpa a las 12:35 p.m. del 26 de octubre. Al llegar a los 34,9 °C y una humedad relativa alta (de 66 % en promedio), el índice de calor o sensación térmica alcanza riesgos para la salud, según la NOAA. Foto: María Gracia La Cruz

Desde que sale el sol, Adriana, su familia y sus vecinos salen de sus carpas y se sientan en lonas improvisadas a esperar la brisa. Durtante los tres días que Runrun.es visitó esas carpas, la brisa no superaba el metro por segundo de velocidad. Los ventiladores, por su parte, se mantienen la mayor parte del día prendidos.

—Ya cuando hay un bajón de luz, cuando cortan el servicio eléctrico por unas horas, el calor es insoportable. Eso pasa al menos una vez a al semana por varias horas —agrega Adriana.

Capas de vulnerabilidad

La plataforma The Lancet Countdown, en su informe publicado este 27 de octubre, advirtió a la OMS y sus países miembros que el cambio climático debe ser abordado como una emergencia de salud mundial. Según sus estimaciones, en la última década (del 2016 al 2025) la población mundial estuvo expuesta 9,2 % más horas de calor extremo al año frente a la década pasada (2006 – 2015).

«Y, según nuestras estimaciones, Venezuela es uno de los países de Latinoamérica con mayor incremento de la exposición de personas ante el calor extremo», explica Yasna Palmeiro, investigadora en salud global y miembro del The Lancet Countdown. «Esto significa que el sistema de salud debe estar más atento ante estos eventos».

La ventilación depende de cada carpa y cada familia. Algunos usan ventiladores donados, otros compran aires acondicionados. Todos afirman que deben cerrar la mayoría de las ventanas para evitar que el polvo de los escombros se meta a sus carpas. Foto: María Gracia La Cruz

Según los datos de ERA5 Land, La Guaira ha estado expuesta a niveles de calor riesgosos para la salud entre el 24 de junio y el 26 de octubre de 2026. De las 2995 horas acumuladas (124 días), solo 301 horas (10 %) —todas ubicadas en la madrugada— no presentaban un umbral de riesgo para la población de La Guaira. La mayoría de las horas —especialmente durante las jornadas laborales— el umbral de riesgo de la NOAA arrojaba una «extrema precaución», donde la población y el Estado deben estar atentos a la salud pública.

Todos esos 124 días fueron más calurosos gracias al cambio climático, según las estimaciones de Climate Central.

Pero dentro de una carpa la temperatura aumenta: durante los tres días de medición de Runrun.es, los datos satelitales arrojaban un promedio de 33 °C durante el pico de calor (entre las 12:00 y las 02:00 p.m.); en la carpa el promedio fue de 35 °C en las mismas horas.

Pese a los niveles de riesgo, ONG venezolanas como Clima21 han denunciado que el país no tiene una infraestructura para prevenir, atender y mitigar los riesgos relacionados al cambio climático, vulnerando los derechos humanos de la población.

Los vecinos de La Guaira se enfrentan a una opacidad de datos socioambientales dispobibles al público por una insfraestructura científica olvidada, a cortes a los servicios de agua y electricidad y la falta de transparencia gubernamental en la gestión de desastres socioambientales. Ante ese panorama, vecinos como Adriana deben comprar sus propios tanques de agua para hidratarse y asearse en las carpas.

«Las personas que están viviendo en estas carpas se ven doble o, inclusive, triplemente afectadas. Están ante una amenaza de calor, súmale todo lo que es el estrés postraumático que significó el doble terremoto, súmale la condición en la que están viviendo, súmale el elemento que los servicios básicos están limitados… En fin, hay múltiples elementos que afectan y aumentan que esas personas tengan mayor riesgo de enfermar, no solo físico, sino que también mental», agrega Palmeiro.

Moraima Pérez, docente, creó una escuela itinerante en Playa Verde para atender a las infancias después del desastre. Primero empezó con una lona, ahora tiene una carpa de Unicef. Aún así, debe mantener dos ventiladores con vientos de 4 m/s para refrecar un poco el aula. A los 5 minutos dentro de la carpa ya debe sacar su pañuelo para secarse el sudor. Sus alumnos atienden sus clases luego de las 03:00 p.m., luego de su jornada escolar y el pico de calor en La Guaira. Foto: María Gracia La Cruz

Incertidumbre que no refresca

Yasmín Hidalgo, una empleada pública de 51 años en el Minsiterio de Salud, es «vecina de carpa» de Adriana. Su casa quedó completamente inhabitable: de las columnas que sostienen su vivienda solo quedaron las caillas.

—Pero no puedo quedarme dentro de la carpa por más de 10 minutos cuando hay sol —reitera, sentada en una carpa familiar hecha de poliéster y algodón.

Los números que arrojaban el termómetro de Runrun.es dentro de la carpa bailaban entre los 34,7 y los 35,2 °C. La humedad relativa del aire se mantuvo 67 %. Yasmín sudaba bajo un índice de calor (o sensación térmica) de 48,4 °C, un umbral de peligro para la NOAA.

Yasmín Hidalgo tiene dos ventiladores para refrescar su carpa. Los mantiene encendidos todo el día, pero siente que no es suficiente. Foto: María Gracia La Cruz

—Ayer [25 de octubre] no pude dormir: el calor no me dejaba conciliar el sueño. De las ocho horas que tenía pude dormir cuatro, y mal. Antes no podía dormir por el trauma que me generaron los terremotos, ahora el calor no me deja descansar —dice Yasmín—.

Muchos de los vecinos de Playa Verde sienten que no pueden dejar sus carpas: tienen miedo a que le quiten las pocas pertenencias que les quedan o han perdido o mantienen en pausa sus empleos. Otros vecinos afirman que deben estar todo el tiempo en las carpas para seguir recibiendo donaciones de otros ciudadanos.

Mientras tanto, esperan una respuesta del Gobierno venezolano para reubicarlos.

—Entonces, durante el día debemos estar pendiente de cómo nos sentidmos, si nos mareamos nos pasamos agua o hielo. Yo también sufro de hipertensión y no debo sudar mucho porque tengo un ojo enfermo, comprometido —agrega Yasmín—. No puedo trabajar por órdenes del ministerio: hasta que no consiga una casa no puedo reinsertarme a la plantilla. Llevamos como tres meses pidiendo una vivienda digna, pero no tenemos respuesta. Esta incertidumbre es como el calor: nos sofoca.

Durante los primeros 124 días tras el dobre terremoto, La Guaira ha acumulado más de 1100 horas de calor que presentan un riesgo para la salud. Foto: María Gracia La Cruz

La ONU ha documentado que los desplazados internos son las personas con mayor exposición al calor extremo: al menos 3 de cada 4 personas desplazadas han vivido abjo condiciones climáticas que afectan a su salud, según su último informe publicado en noviembre de 2025. Sus proyecciones para 2050 indican que un desplazado viviría unos 200 días con calor extremo.

Ante este panorama, Palmeiro recomendó que la salud pública venezolana debe ir directamente hacia la población que aún vive en carpas, tomar mediciones de la presión arterial y corroborar que la hidratación y ventilación de las carpas. La vigilancia epidemiológica debe tener mayor prevalencia si la temperatura dentro de una carpa alcanza los 34 °C.

«La clave es tener una vigilancia activa», dice la investigadora. «Las insituciones deben buscar, deben ir a educar, a enseñar, sobre el impacto del calor en esas condiciones. Averiguar de qué están hechas las carpas: el material influye en la retención del calor. Hay que hablar con ellos, saber si han tenidos síntomas sobre el calor: mareos, dolor de cabeza, problemas para respirar, entre otras cosas… En fin, en lo que se pueda, hay que ir hacia el paciente, no esperar a que el paciente vaya al centro de salud.».

Por ahora, el sistema sanitario venezolano está más vulnerable tras los terremotos. Una investigación publicada en la revista The Lancet estimó que la atención humanitaria en Venezuela requerida tras los sismos podría durar más de 24 meses. La ONU estimó en julio de 2026 que los terremotoso dejaron 36 centros de salud en La Guaira y en Caracas parcialmente operativos: 14 por daños estructurales y 22 por falta de insumos y personal que arrastraba la institución antes del desastre socioambiental.

Los vecinos de Playa Verde seguirán esperando, en sus carpas, con sus recursos y con las donaciones, a que el Gobierno los reubique.

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Agradecemos a Abraham Salcedo, profesor del Departamento de Ingeniería Hidrometeorológica de la Universidad Central de Venezuela, por prestar el anemómetro y el termómetro eléctrico para las mediciones dentro de las carpas de Playa Verde. Para revisar la base de datos provenientes de ERA5 Land - Open Meteo, puedes descargar el documento de Excel en el enlace incrustado.
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