Boris Muñoz: “Existe una campaña global contra la verdad”

La pugna entre el poder político y el periodismo independiente, un conflicto que muchos asociaban exclusivamente a las dictaduras y regímenes autoritarios del tercer mundo, ha escalado hasta convertirse en una alarma de derechos humanos en el corazón de las democracias occidentales. 

Durante la transmisión de Espacio Runrunes, Luis Ernesto Blanco conversó con el periodista venezolano Boris Muñoz quien analizó la implacable confrontación de Donald Trump contra los medios.

El detonante de esta discusión global sobre la libertad de expresión fue el reciente incidente que involucró a la cadena ABC y su popular late night show, presentado por Jimmy Kimmel. A raíz de un comentario del comediante, la cadena lo sacó temporalmente del aire. Este acto, aunque de corta duración, sirvió como una “punta de lanza” y un precedente de intimidación contra ABC, que llegó con la amenaza de un miembro de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), de hacer las cosas “por la vía fácil, por las buenas o por las malas”.

Muñoz, quien reside en Estados Unidos, ha vivido de primera mano la erosión de la libertad de expresión en ambos contextos y sostiene que la estrategia de Trump va más allá de un temperamento “pugnaz” y se incrusta en el corazón del  “manual populista autoritario” cuyo objetivo es “copar la escena mediática” para, finalmente, “sacar del camino a sus enemigos”.

La Táctica de la Demonización

Para Boris Muñoz, quien se desempeñó como editor de Opinión en The New York Times en Español, la situación en Estados Unidos es un síntoma de una “campaña global contra la verdad” que pasa por la demonización mediante el lenguaje y que “Trump ha utilizado definiciones estigmatizantes para situar a la prensa en la acera del frente y expresiones como enemigos del pueblo buscan deslegitimar al periodismo, que es la institución que debe arrojar luz sobre las actuaciones de líderes políticos y exigir responsabilidad”.

En este clima, el entrevistado considera que Trump está aprovechando su posición para avanzar al máximo una agenda de control sobre el debate público. El mecanismo para imponer este control es la  intimidación, cuyo fin último es forzar la autocensura.

Muñoz recordó las acciones legales contra grandes medios como The New York Times, Wall Street Journal, ABC y CBS. La presión legal ha llevado a reacciones alarmantes, como el caso de CBS, que optó por pagar 16 millones de dólares para “planchar una acción legal”.

Una prensa más débil 

El clima de miedo quedó patente cuando la cadena ABC sacó del aire a Kimmel, una acción que, si bien se revirtió por presiones sociales, mostró la fragilidad de los medios ante el poder presidencial.

“La vulnerabilidad actual de la prensa estadounidense no radica en una baja de su calidad, sino en un cambio estructural del ecosistema comunicacional: la fragmentación mediática generada por lo digital y las redes sociales”. Muñoz aclara que, a diferencia del siglo XX, donde la prensa era un “contrapeso necesario” del gobierno , hoy su capacidad de incidencia está limitada por nuevos factores. “Existen ahora miles de blogs e influencers que, sin seguir el método periodístico, logran un alcance superior al de los grandes medios”.

Para el ganador del premio María Moors Cabot de la Universidad de Columbia en 2019, la prensa también se ve limitada en su capacidad económica y de alcance por los amos de los algoritmos o dueños de Silicon Valley. “Las redes sociales “fagocitan” los contenidos y, al mismo tiempo captan los recursos económicos al atraer la publicidad digital sin compartirla de manera justa, limitando así la robustez financiera de la prensa tradicional”, dijo..

Muñoz enfatizó que si alguna vez regresa la democracia a Venezuela, es indispensable “reconstruir el periodismo y fortalecerlo muy claramente para que no vuelva a pasar un escenario de acoso y autocensura. La defensa de la libertad de expresión es, en esencia, la defensa del sistema democrático.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

El periodista venezolano se refirió a los riesgos actuales de la libertad de expresión en Estados Unidos y las implicaciones para la democracia
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La pugna entre el poder político y el periodismo independiente, un conflicto que muchos asociaban exclusivamente a las dictaduras y regímenes autoritarios del tercer mundo, ha escalado hasta convertirse en una alarma de derechos humanos en el corazón de las democracias occidentales. 

Durante la transmisión de Espacio Runrunes, Luis Ernesto Blanco conversó con el periodista venezolano Boris Muñoz quien analizó la implacable confrontación de Donald Trump contra los medios.

El detonante de esta discusión global sobre la libertad de expresión fue el reciente incidente que involucró a la cadena ABC y su popular late night show, presentado por Jimmy Kimmel. A raíz de un comentario del comediante, la cadena lo sacó temporalmente del aire. Este acto, aunque de corta duración, sirvió como una “punta de lanza” y un precedente de intimidación contra ABC, que llegó con la amenaza de un miembro de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), de hacer las cosas “por la vía fácil, por las buenas o por las malas”.

Muñoz, quien reside en Estados Unidos, ha vivido de primera mano la erosión de la libertad de expresión en ambos contextos y sostiene que la estrategia de Trump va más allá de un temperamento “pugnaz” y se incrusta en el corazón del  “manual populista autoritario” cuyo objetivo es “copar la escena mediática” para, finalmente, “sacar del camino a sus enemigos”.

La Táctica de la Demonización

Para Boris Muñoz, quien se desempeñó como editor de Opinión en The New York Times en Español, la situación en Estados Unidos es un síntoma de una “campaña global contra la verdad” que pasa por la demonización mediante el lenguaje y que “Trump ha utilizado definiciones estigmatizantes para situar a la prensa en la acera del frente y expresiones como enemigos del pueblo buscan deslegitimar al periodismo, que es la institución que debe arrojar luz sobre las actuaciones de líderes políticos y exigir responsabilidad”.

En este clima, el entrevistado considera que Trump está aprovechando su posición para avanzar al máximo una agenda de control sobre el debate público. El mecanismo para imponer este control es la  intimidación, cuyo fin último es forzar la autocensura.

Muñoz recordó las acciones legales contra grandes medios como The New York Times, Wall Street Journal, ABC y CBS. La presión legal ha llevado a reacciones alarmantes, como el caso de CBS, que optó por pagar 16 millones de dólares para “planchar una acción legal”.

Una prensa más débil 

El clima de miedo quedó patente cuando la cadena ABC sacó del aire a Kimmel, una acción que, si bien se revirtió por presiones sociales, mostró la fragilidad de los medios ante el poder presidencial.

“La vulnerabilidad actual de la prensa estadounidense no radica en una baja de su calidad, sino en un cambio estructural del ecosistema comunicacional: la fragmentación mediática generada por lo digital y las redes sociales”. Muñoz aclara que, a diferencia del siglo XX, donde la prensa era un “contrapeso necesario” del gobierno , hoy su capacidad de incidencia está limitada por nuevos factores. “Existen ahora miles de blogs e influencers que, sin seguir el método periodístico, logran un alcance superior al de los grandes medios”.

Para el ganador del premio María Moors Cabot de la Universidad de Columbia en 2019, la prensa también se ve limitada en su capacidad económica y de alcance por los amos de los algoritmos o dueños de Silicon Valley. “Las redes sociales “fagocitan” los contenidos y, al mismo tiempo captan los recursos económicos al atraer la publicidad digital sin compartirla de manera justa, limitando así la robustez financiera de la prensa tradicional”, dijo..

Muñoz enfatizó que si alguna vez regresa la democracia a Venezuela, es indispensable “reconstruir el periodismo y fortalecerlo muy claramente para que no vuelva a pasar un escenario de acoso y autocensura. La defensa de la libertad de expresión es, en esencia, la defensa del sistema democrático.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

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