EE.UU y Venezuela: ¿Qué significa realmente que "todas las opciones están sobre la mesa"? - Runrun

EE.UU y Venezuela: ¿Qué significa realmente que “todas las opciones están sobre la mesa”?

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Expertos en comunicación política afirman que el discurso de los principales representantes del gobierno norteamericano con respecto a Venezuela evidencia que sí existe un plan coordinado con la oposición venezolana para recuperar la democracia en el país
Desde que Juan Guaidó asumió la presidencia interina de Venezuela el 23 de enero de 2019, los mensajes desde los Estados Unidos se han enfocado en tres aspectos: presionar mediante sanciones para cortar el oxígeno financiero a Maduro; paliar la crisis humanitaria y promover el retorno a la democracia en la totalidad de la región
Advierten que si bien las sanciones han puesto a Maduro en jaque y han despertado la atención de muchos, el rol protagónico de los Estados Unidos también podría tener un lado negativo dentro y fuera de las fronteras venezolanas como radicalizar a la oposición, hacerla dependiente de una agenda que quizás no la favorezca y prender las alarmas de los “antiimperialistas” alrededor del mundo

 

@GITIW

 

¿Qué significa cuando desde el gobierno norteamericano se afirma, una y otra vez, que todas las opciones están sobre la mesa cuando hablan de Venezuela? Tanto opositores como chavistas cavilan incesantemente sobre esta pregunta.

 

¿Significa que la administración Trump está considerando una intervención militar? Elliott Abrams, designado como enviado especial para Venezuela, respondió a esto durante una entrevista telefónica concedida a Caracol Radio: “El presidente [Donald Trump] lo dice porque es verdad, en este momento estamos siguiendo un sendero de presión económica, financiera, diplomática y de sanciones contra la economía e individuos, de revocación de visas, pero es imposible decir qué va a pasar en los próximos meses, es imposible decir y por eso no decimos que esta opción es inconcebible, está sobre la mesa”.

El exdiplomático es el halcón con más horas de vuelo entre los voceros que se han apropiado del tema venezolano. En una entrevista concedida a la BBC, Abrams se volvió a dirigir a quienes piensan que lo de “todas las opciones sobre la mesa” es una broma o una frase vacía. “Yo creo que Maduro piensa que los norteamericanos se van a aburrir y se van a ir. Yo recuerdo a un tipo llamado Manuel Noriega que también pensó así (…) y terminó en una prisión federal norteamericana”, dijo.

 

Desde el 23 de enero de 2019, apenas minutos después de que Juan Guaidó asumiera como presidente interino conforme al artículo 233 de la Constitución Nacional, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, el vicepresidente, Mike Pence, el consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, el secretario de Estado, Mike Pompeo y el mismo Abrams vuelan y trinan en perfecta formación y sincronía.

“Lo primero que destacaría de la comunicación que hemos visto desde los Estados Unidos es justamente eso, la coordinación de los mensajes. Estamos ante algo que no veíamos desde hace mucho tiempo por parte de los norteamericanos en relación al tema venezolano: una acción coordinada en términos de vocería. Es un asunto que no vimos en la administración Obama. Fíjate, cuando la línea es enviar mensajes conciliadores todos van por ahí, cuando hablan de sanciones todos van por ese carril y así”, explicó Oswaldo Ramírez Colina, experto en estrategia política y director de ORC Consultores.

Ramírez observó otro dato curioso en ese patrón de vuelo: la capacidad de reacción de la vocería es muy rápida. Por ejemplo, tras la detención de Roberto Marrero cuatro voceros respondieron vía Twitter en cuestión de horas. “Eso evidencia un alto nivel de coordinación con los principales actores de la política venezolana dentro y fuera del país, como Carlos Vecchio, Julio Borges, etc. Esto en sí mismo es un mensaje: existen canales directos de comunicación entre ellos, sin muchas alcabalas”, argumentó Ramírez.

 

A juicio del director de ORC Consultores, las características del discurso desde los Estados Unidos en relación con Venezuela permiten afirmar algo crucial: está en marcha un plan coordinado, o dicho de otro modo, no se trata de declaraciones aisladas o fortuitas.

La experta en marketing político y magíster en Campañas Electorales, Carmen Beatriz Fernández, coincide en identificar una línea discursiva clara, sin embargo, la organiza en torno a dos nodos distintos. Por un lado está el discurso del Gobierno que está bien alineado y por el otro está el discurso del Estado que no lo está tanto. “Cuando analizas el discurso de los cargos del Ejecutivo notas que siguen la línea de Trump aunque unos sean más duros que otros. Ahora bien, cuando escuchas a vocerías del partido demócrata no están tan alineadas, a eso me refiero con la distancia entre el discurso del gobierno de Trump y del Estado norteamericano”.

Esta discrepancia no ha evitado que, en ciertas áreas específicas, se haya dado un apoyo bipartidista a la causa venezolana, como la adopción unánime en la cámara baja de tres proyectos de ley que buscan aumentar la presión sobre Maduro. Concretamente aprobaron restringir la exportación de gas lacrimógeno hacia Venezuela, ordenar al gobierno estadounidense aportar 150 millones de dólares en ayuda humanitaria y solicitar al Departamento de Estado y a organismos de inteligencia una evaluación de la amenaza que representa la cooperación entre Rusia y Venezuela.

David Smilde, profesor de la Universidad de Tulane y especialista en el tema venezolano en WOLA (Washington Office on Latin America), opinó que para los opositores a regímenes autoritarios es importante la coordinación con aliados externos que trabajen a favor a un cambio.

“Puedo decir que los Estados Unidos tiene un gran peso en el mundo y en la región por lo que su impacto es contundente sobre la situación. En efecto, han logrado poner al gobierno de Maduro en crisis y ciertamente han despertado la atención de muchos en el mundo, sin embargo, eso también tiene un lado bastante negativo”, dijo.

Al exponer cuáles considera que son los aspectos desfavorables de la ascendencia de los Estados Unidos sobre la oposición venezolana, el académico destacó dos puntos: la limitación de la estrategia y la animadversión hacia la intervención de norteamérica en la región.

“En los Estados Unidos hay una fuerte resistencia a la idea de negociar con Maduro, dicen una y otra vez que cualquier negociación da aliento al régimen. Creo que la oposición tendría un juego más abierto si no tuviera a los Estados Unidos detrás. Puertas adentro, la presencia de los Estados Unidos radicaliza a la oposición y puertas afuera está empujando hacia un conflicto geopolítico con las narrativas y posiciones tradicionales de la Guerra Fría. Estos efectos eran predecibles”, acotó el profesor universitario.

Con relación a los voceros, Fernández afirmó que la escogencia de Abrams fue un mensaje en sí mismo. “Él es el especialista. En la entrevista que concedió a El País se muestra muy seguro de sí mismo. Él puede generar toda la animadversión del mundo pero también genera respeto pues ha estado a cargo de misiones muy complicadas. Abrams encarna como ningún otro el espíritu del halcón. ¿Qué mensaje envía su presencia? Pues que la administración Trump está dispuesta a llegar hasta el final”.

Otro vocero que se ha apropiado del tema venezolano es el senador republicano Marco Rubio, cuya línea dura se pliega en gran medida al discurso de los halcones del Ejecutivo aunque está mucho más enfilada hacia una audiencia clave: su electorado. Un dato particular salta a la vista en su timeline de Twitter e Instagram: mezcla con naturalidad citas bíblicas y burlas al presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, Diosdado Cabello.

 

 

 

“Rubio es quizás quien envía los mensajes más frontales pues intenta convertirse en el referente más importante para el tema latino. Es el propio ´bad cop´. Se burla de una figura de la que pocos venezolanos se atreven a hablar. No tiene miedo. Son pocos los que pueden enviar el mensaje de no tenerle miedo a Diosdado Cabello. Creo que él ha sido el más claro en hablarle a los militares diciéndoles que deben transitar el puente hacia el exilio o la cárcel. Él es quien más claro dice que están dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias y que este es un proceso irreversible”, afirmó el director de ORC Consultores.

Fernández agregó que al analizar el discurso de los norteamericanos hay que considerar el rol de los políticos en su plan de hacer política. “Trump de alguna manera cae ahí pero quien definitivamente cae con más nitidez es Rubio, cuyo discurso va más allá del alineamiento con el Ejecutivo. Es un discurso irreverente, casi parece ir por la libre pues se dirige a sus propios electores de la Florida. Por eso se mete tanto con Cabello quien es el tipo más odiado y rechazado por encima incluso de Maduro”.

 

Sanciones, ayuda humanitaria y la “troika de la tiranía”

Ramírez clasificó en tres categorías los mensajes de la vocería de la administración Trump con relación a Venezuela. “La primera es la amenaza creíble: los voy a sancionar. Creo que esa es la gran traducción de ´todas las opciones están sobre la mesa´, va en función de la presión y las sanciones económicas, los embargos financieros y petroleros, las amenazas a terceros países como India, Rusia y China que pretenden seguir ayudando al régimen de Maduro”.

 

Foto del encuentro del Diario Miami Herald

 

Sentado en el salón oval junto a Fabiana Rosales, esposa de Guaidó, el mismo Trump reiteró que el régimen de Maduro tiene bastante presión sobre sí. “No tienen dinero, no tienen petróleo, no tienen nada. Tienen bastante presión sobre ellos ahora mismo. No tienen electricidad. Aparte de la opción militar, no pueden tener más presión de la que ya tienen”.

En ese punto Smilde coincide con Trump: “No hay más presión que se pueda ejercer sobre Venezuela. Es más, yo de hecho creo que se están pasando con la presión. La presión siempre debe complementarse con algún tipo de trabajo diplomático para tratar de canalizarla hacia un desenlace productivo porque si no hará que Maduro se atornille más y termine siendo peor para la población”.

El académico ve un paralelismo entre el modelo de presión-colapso que intentan con Maduro y el aplicado en Cuba. “Sanciones sobre sanciones solo hicieron que la población se volviera más dependiente del régimen de Castro. Eso puede llegar a pasar en Venezuela. Creo que todo venezolano tiene que estar bien claro de que si esto pasa será una tragedia para ellos pero para Rubio, Trump, Bolton, etc., no sería una tragedia porque ellos siempre podrán decir ´un poquito más, un poquito más´”.

Apoyándose en la crudeza del ´realpolitik`,  Smilde describió cómo ese modelo de presión ha funcionado para los legisladores en el sur de la Florida y para los candidatos republicanos por décadas. “Tener el conflicto con Cuba es valiosísimo pues es un tema de campaña constante. Insisto, la oposición venezolana debe tener claro que los intereses que están en juego son muy distintos para los venezolanos que para los políticos en los Estados Unidos que no van a sufrir si la estrategia no logra su cometido”.

La segunda línea discursiva norteamericana ha sido la relativa a la ayuda humanitaria. “Esta área es clave porque es una de las grandes preocupaciones de la comunidad internacional. La real dimensión del sufrimiento dentro de Venezuela es desconocida inclusive para muchos venezolanos fuera del país. Los niveles de depauperación de la clase media son enormes. Los Estados Unidos sí tiene información de primera mano sobre esta crisis y sabe que a medida que pasan los días el tema de la ayuda humanitaria es vital pues se traduce en mayor presión migratoria en los países de la región cuyos presupuestos no dan para atender a los desplazados”, argumentó Ramírez.

El secretario de Estado, Mike Pompeo, asumió desde temprano la vocería de las consecuencias de la crisis humanitaria venezolana, catalogada hoy como una emergencia humanitaria compleja por la organización Human Rights Watch en su informe anual. De allí que en la reunión de la Organización de Estados Americanos del 24 de enero ofreció más de 20 millones de dólares para una primera atención de la emergencia. Dos días después se sentó frente al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para exponer “las historias de venezolanos cuyo futuro fue robado por políticas erradas, opresión y corrupción del régimen de Maduro”.

 

El vicepresidente Mike Pence también se ha apropiado de esta arista discursiva. A sus reuniones con la diáspora venezolana en los Estados Unidos se suma que el próximo 10 de mayo abordará la emergencia humanitaria venezolana nuevamente ante el Consejo de Seguridad de la ONU.  

 

 

La tercera faceta discursiva es el retorno a la democracia. Aquí pareciera que el gran objetivo no se limita a la salida de Maduro sino a lograr la democratización de todo el hemisferio occidental.

Bolton fue el primero en esbozar este plan cuando habló de derrocar a la “troika de la tiranía” conformada por Venezuela, Cuba y Nicaragua durante un discurso pronunciado en la Universidad de Miami Dade en noviembre de 2018. “La troika de la tiranía en este hemisferio -Cuba, Venezuela y Nicaragua- finalmente encontró a su oponente. Ese triángulo de terror que se extiende desde la Habana hasta Caracas y Managua es la causa de un inmenso sufrimiento humano, una fuente de inestabilidad en la región y la cuna del sórdido comunismo en el hemisferio occidental”, declaró.

Smilde argumentó que desde que Bolton dio ese discurso dejó claro que Venezuela era una parte importante de la política exterior de Trump, lo que trajo consigo varias repercusiones. “Primero, despertó a políticos y grupos de solidaridad mundial que llevaban silenciosos por años. Se trata de grupos antiimperialistas, grupos que resisten a la visión imperialista de los Estados Unidos. De pronto, al asumir ese rol protagónico en la región se despierta toda esa resistencia y empuja hacia un discurso con reminiscencia de la Guerra Fría”.

El profesor universitario -quien lleva más de una década investigando el paso de la democracia al socialismo en Venezuela-, apuntó que la reacción adversa al liderazgo de los Estados Unidos era previsible. “Esto lo habíamos advertido hace mucho tiempo: los Estados Unidos no debe tratar de liderar el proceso de transición a la democracia en Venezuela porque va a ser una distracción muy grande pues tiene demasiada historia en la región. No es el actor más efectivo”, argumentó.

 

Y a todas estas, ¿qué mensaje escucha Maduro?

Tan bien avenido a descifrar el trino de los pájaros, cabe preguntarse por qué Maduro sigue donde está, por qué no escucha las advertencias y negocia su salida. Fernández lo resumió así: la vocería norteamericana tiene un reto, hacer ver que sus amenazas son reales. “Para que se dé un proceso de negociación efectivo tiene que haber una amenaza creíble. La nomenclatura venezolana ha demostrado que nunca negocia si no tiene la pistola en la sien. Sin esa pistola toda negociación la ven como un ardid para ganar tiempo. ¿Que Trump diga que todas las opciones están sobre la mesa representa una pistola contra la sien? Pues sí. ¿Si lo dice Abrams?, pues también”, agregó.

Pero tras meses de amenazas y sanciones da la impresión de que la retórica norteamericana se ha topado con oídos sordos. “Pienso que los cubanos están teniendo mucha influencia. Una de las preguntas fundamentales que se hace la nomenclatura es si las amenazas de los Estados Unidos son reales o son un bluff. Eso es lo que explica y define las actuaciones de Maduro. Yo siento que hasta ahora ha habido una convicción de que los Estados Unidos está ´bluffeando´, y no sé si esa es una interpretación propia de Maduro o si es una interpretación de la Habana”, dijo Fernández.

La experta agregó que el más interesado en que Maduro no llegue a un acuerdo es Cuba. “La Habana prefiere un desenlace violento que incluya la muerte de Maduro a un desenlace pactado en el que se pierda la narrativa épica de la revolución. Para la revolución cubana es preferible cien veces que la revolución venezolana acabe por una intervención militar norteamericana a que acabe porque cuatro corruptos narcotraficantes pactaron y entregaron”.

El director de ORC Consultores plantea otra posibilidad: que los actores del régimen de Maduro no estén cohesionados en torno a cómo deben proceder en este contexto. “Hechos como el asesinato del concejal Fernando Albán, la detención del diputado Juan Requesens y la de Roberto Marrero indican que estamos frente a un grupo que se está radicalizando con la intención de sabotear cualquier intento de negociación. La reciente visita a Venezuela de Rodríguez Zapatero puede estar alineada con lo expresado por Abrams en relación a que España sería un destino para personeros del régimen. Ah, pero ese ´toronto´ solo se lo ofrecen a Maduro y otros militares, Cabello no se lo comería y puede que sea él quien esté detrás de estas acciones. Hay patrones claros de juego individual, no todos están montados en cerrar filas con Maduro”.

 

¿Y la negociación también está sobre la mesa?

“Estamos preparados para hacer todo lo necesario para recuperar la democracia en Venezuela”, dijo Abrams en la entrevista a Caracol Radio. Si bien el enviado especial para Venezuela no descartó que la intervención militar pudiera ser empleada si así lo decide Trump, afirmó que sería “prematuro” que la Asamblea Nacional aprobara la invocación del artículo 187 numeral 11 de la Constitución, el cual autoriza el empleo de misiones militares venezolanas en el exterior o extranjeras en el país.

“La situación está empeorando en Venezuela cada día pero no creo que en Europa, en América Latina, Canadá o en los Estados Unidos estemos pensando en este momento de una reacción militar. Yo no puedo decir qué va a pasar mañana pero mi consejo sería que en este momento no sería muy útil”, dijo Abrams.

Ante este contexto, Smilde sugirió que de llegarse a conformar un plan que incluya el cambio del Consejo Nacional Electoral, el cese de funciones de la Asamblea Nacional Constituyente y la observación internacional, los Estados Unidos podría abrirse a cambiar la estrategia. “Va a depender del contenido, de cómo se presente la propuesta porque a Trump le faltan 20 meses para las elecciones y no va a aceptar algo que se vea como una claudicación”.

El experto de WOLA señaló que de plantearse una inversión en el orden de los tres pasos -cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres-, el reto más grande le tocaría no a Trump, sino a Guaidó.

“La fórmula propuesta por Guaidó ha tenido mucha acogida y será muy difícil echarla para atrás, pero si esa termina siendo la opción más viable creo que le tocará probarse. Un líder de verdad es aquel que cuando llega el momento decisivo y deba tomar una decisión que no es popular, es capaz de explicarla y de movilizar a la gente en una nueva dirección. No es fácil, pero ese es el reto del liderazgo”, concluyó Smilde.

 

 

 

 

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