Ideologías de liberación en el mundo islámico por Adriana Boersner

La fase de descolonización de los países de la región de Medio Oriente y Magreb es un evento reciente no sólo en la cronología de la historia mundial, sino también, en el imaginario de las sociedades de estos países.

A diferencia del desarrollo histórico, político, económico y social de los países del Golfo Pérsico, que se han fortalecido a razón de regímenes monárquicos como único sistema de gobierno desde la creación del Estado moderno árabe, hay países árabes “modelo” en la creación de ideologías y promoción de líderes, que predominaron en la escena regional tanto en las décadas de los ’20-´40, como en las décadas posteriores a la descolonización.

El movimiento tercermundista a través de la remodelación de perfiles políticos, culturales y de simbología, dio un nuevo perfil a estos nuevos estados independientes, propagándose al mismo tiempo, políticas e ideologías similares entre los nuevos jefes de Estado. A diferencia del perfil de los guías de comienzos del siglo XX, muchos de tendencia reformista, donde se veía la predominancia de pensadores como Mustafá Kemal (Turquía) o Mohammed Alí Jinnah (Pakistán), se verá a partir de los años cincuenta, jefes de estado, y figuras políticas que lucharán y se enfrentarán con Occidente, proyectándose en la escena internacional como Gamal Abdel Nasser (Egipto), Sukarno (Indonesia), Ayyub Jan (Pakistán), Mohamed V (Marruecos), o Burguiba (Túnez).

La liberalización política de la década de los años ´20- ´40 será la premisa de estos pensadores para fundar los nuevos Estados. A partir de la década de los ´50, los líderes políticos empezarán a plantearse una refundación en términos de liberalización económica y de emancipación social.

Las ideologías de liberalización que acompañaron estos procesos de descolonización, se asentaron en formas y opciones que en un primer momento parecieron funcionar, hasta que los proyectos individuales de los jefes de estados y partidos únicos empezaron a derivar al poco tiempo, en otro tipo de apuestas, alejadas de las necesidades de las sociedades.

La opción socialista aparecerá como un programa ineludible en casi todas las reformas de sistemas políticos implementados tras la caída de monarquías pro Occidentales de la década de los años´20-´50, fascinando tanto a la élite árabe musulmana, como a los grupos laicos y demás grupos sociales.

La noción de socialismo se transmitió por la propaganda comunista de la época, reforzado por las alianzas político- económicas y la cercanía de la región con la URSS. Este apremiante proyecto era tender el puente entre el socialismo como una práctica socioeconómica perfectamente compatible con el Islam, siendo ejemplos de ello, el gobierno de Gamal Abdel Nasser en Egipto (1956-1970) y el de Alí Bhutto en Pakistán en 1970.

La institucionalidad republicana. Muchos países islámicos luego de su independencia, decidieron adoptar este camino por variadas razones, forjando un nuevo sistema, diferenciado de las monarquías gerontocráticas del pasado. Turquía fue el primer ejemplo como República musulmana con Mustafa Kemal Atatürk, asentado por una fuerte influencia de Occidente debido a la formación de este nuevo cuerpo de élite política en universidades europeas.

El Camino Revolucionario (thawa) patentado en la Carta Nacional Argelina de 1964 o en el Programa de Trípoli de 1962, no sólo abordará la asunción del socialismo, sino también, el compromiso de dejar atrás la opción del reformismo para comprometerse con la revolución social. Sin embargo, la idea de revolución e Islam no tendrá a la larga vigencia debido a que los presupuestos ideológicos no apelará a una relación ni con las instituciones tradicionales creadas luego de la descolonización, ni con la ideología islamista, que ha sido sólo concretada con la Revolución Islámica de Irán en 1979.

¿Qué pasa con las ideologías en el mundo islámico de hoy?

Los eventos recientes de la Primavera Árabe y las consecuencias y efectos que sigue repercutiendo en la región del Medio Oriente y Magreb como las dimisiones de gobiernos que parecían ser indestructibles, la vuelta a la violencia en el Cairo para exigir desmantelar la élite militar que sigue en el poder, el traspaso de poder posible en Yemen, la escalada de violencia en Siria y los impases históricos entre Israel-Irán e Israel y Palestina, resultan ser dinámicas propias de sesenta años de desgaste de políticas económicas y sociales desaprovechadas.

El Islam fue punta de lanza para muchos proyectos políticos luego del proceso descolonizador. Con la independencia de los países del Medio Oriente y Magreb, la mayor parte de los regímenes buscaron en las fuentes islámicas, la legitimación necesaria para su opción institucional y agenda política. Hoy por hoy, se alejan de esa tendencia por perseguir un proyecto claramente personalista, sin uso de la religión como vehículo necesario de concreción para esa agenda propia.  Quienes si deciden mantener la religión como arma coercitiva y al mismo tiempo generadora de esperanza, son los grupos y movimientos fundamentalistas (violentos y no violentos) para contrarresta el poder del Estado.

Como bien expresaba hace poco el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, Siria se encuentra en un “punto de no retorno” algo que se extrapola a todos los eventos que se ven y verán en los próximos años en la región. El miedo se ha perdido y los pueblos reclaman cambios para que el orden que rigió por tantos años, sea derrumbado.  Sin ideologías hegemónicas que inundan las calles, sin reclamos por crear instituciones políticas específicas, los movimientos de ese siglo de algunos países islámicos, se alejan de lo que alguna vez sirvió a líderes árabes como fórmula para deslastrarse de países Occidentales como Reino Unido, Francia o Estados Unidos.

Las ideologías no son el motor de estos fenómenos transformadores en el Medio Oriente y Magreb, sino más bien, la carencia de gobiernos y líderes que no terminan de comprender que la agenda pública no puede responder a una agenda particular. Las revoluciones de los años ´50 son la antítesis de los procesos liberadores que se viven en el siglo XXI con la Primavera Árabe, que sustentadas sobre slogans y no necesariamente en ideologías, están creando un efecto transformador igual o mejor que tras la descolonización en el siglo XX.


Adriana Boersner

@aboersner


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La fase de descolonización de los países de la región de Medio Oriente y Magreb es un evento reciente no sólo en la cronología de la historia mundial, sino también, en el imaginario de las sociedades de estos países.

A diferencia del desarrollo histórico, político, económico y social de los países del Golfo Pérsico, que se han fortalecido a razón de regímenes monárquicos como único sistema de gobierno desde la creación del Estado moderno árabe, hay países árabes “modelo” en la creación de ideologías y promoción de líderes, que predominaron en la escena regional tanto en las décadas de los ’20-´40, como en las décadas posteriores a la descolonización.

El movimiento tercermundista a través de la remodelación de perfiles políticos, culturales y de simbología, dio un nuevo perfil a estos nuevos estados independientes, propagándose al mismo tiempo, políticas e ideologías similares entre los nuevos jefes de Estado. A diferencia del perfil de los guías de comienzos del siglo XX, muchos de tendencia reformista, donde se veía la predominancia de pensadores como Mustafá Kemal (Turquía) o Mohammed Alí Jinnah (Pakistán), se verá a partir de los años cincuenta, jefes de estado, y figuras políticas que lucharán y se enfrentarán con Occidente, proyectándose en la escena internacional como Gamal Abdel Nasser (Egipto), Sukarno (Indonesia), Ayyub Jan (Pakistán), Mohamed V (Marruecos), o Burguiba (Túnez).

La liberalización política de la década de los años ´20- ´40 será la premisa de estos pensadores para fundar los nuevos Estados. A partir de la década de los ´50, los líderes políticos empezarán a plantearse una refundación en términos de liberalización económica y de emancipación social.

Las ideologías de liberalización que acompañaron estos procesos de descolonización, se asentaron en formas y opciones que en un primer momento parecieron funcionar, hasta que los proyectos individuales de los jefes de estados y partidos únicos empezaron a derivar al poco tiempo, en otro tipo de apuestas, alejadas de las necesidades de las sociedades.

La opción socialista aparecerá como un programa ineludible en casi todas las reformas de sistemas políticos implementados tras la caída de monarquías pro Occidentales de la década de los años´20-´50, fascinando tanto a la élite árabe musulmana, como a los grupos laicos y demás grupos sociales.

La noción de socialismo se transmitió por la propaganda comunista de la época, reforzado por las alianzas político- económicas y la cercanía de la región con la URSS. Este apremiante proyecto era tender el puente entre el socialismo como una práctica socioeconómica perfectamente compatible con el Islam, siendo ejemplos de ello, el gobierno de Gamal Abdel Nasser en Egipto (1956-1970) y el de Alí Bhutto en Pakistán en 1970.

La institucionalidad republicana. Muchos países islámicos luego de su independencia, decidieron adoptar este camino por variadas razones, forjando un nuevo sistema, diferenciado de las monarquías gerontocráticas del pasado. Turquía fue el primer ejemplo como República musulmana con Mustafa Kemal Atatürk, asentado por una fuerte influencia de Occidente debido a la formación de este nuevo cuerpo de élite política en universidades europeas.

El Camino Revolucionario (thawa) patentado en la Carta Nacional Argelina de 1964 o en el Programa de Trípoli de 1962, no sólo abordará la asunción del socialismo, sino también, el compromiso de dejar atrás la opción del reformismo para comprometerse con la revolución social. Sin embargo, la idea de revolución e Islam no tendrá a la larga vigencia debido a que los presupuestos ideológicos no apelará a una relación ni con las instituciones tradicionales creadas luego de la descolonización, ni con la ideología islamista, que ha sido sólo concretada con la Revolución Islámica de Irán en 1979.

¿Qué pasa con las ideologías en el mundo islámico de hoy?

Los eventos recientes de la Primavera Árabe y las consecuencias y efectos que sigue repercutiendo en la región del Medio Oriente y Magreb como las dimisiones de gobiernos que parecían ser indestructibles, la vuelta a la violencia en el Cairo para exigir desmantelar la élite militar que sigue en el poder, el traspaso de poder posible en Yemen, la escalada de violencia en Siria y los impases históricos entre Israel-Irán e Israel y Palestina, resultan ser dinámicas propias de sesenta años de desgaste de políticas económicas y sociales desaprovechadas.

El Islam fue punta de lanza para muchos proyectos políticos luego del proceso descolonizador. Con la independencia de los países del Medio Oriente y Magreb, la mayor parte de los regímenes buscaron en las fuentes islámicas, la legitimación necesaria para su opción institucional y agenda política. Hoy por hoy, se alejan de esa tendencia por perseguir un proyecto claramente personalista, sin uso de la religión como vehículo necesario de concreción para esa agenda propia.  Quienes si deciden mantener la religión como arma coercitiva y al mismo tiempo generadora de esperanza, son los grupos y movimientos fundamentalistas (violentos y no violentos) para contrarresta el poder del Estado.

Como bien expresaba hace poco el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, Siria se encuentra en un “punto de no retorno” algo que se extrapola a todos los eventos que se ven y verán en los próximos años en la región. El miedo se ha perdido y los pueblos reclaman cambios para que el orden que rigió por tantos años, sea derrumbado.  Sin ideologías hegemónicas que inundan las calles, sin reclamos por crear instituciones políticas específicas, los movimientos de ese siglo de algunos países islámicos, se alejan de lo que alguna vez sirvió a líderes árabes como fórmula para deslastrarse de países Occidentales como Reino Unido, Francia o Estados Unidos.

Las ideologías no son el motor de estos fenómenos transformadores en el Medio Oriente y Magreb, sino más bien, la carencia de gobiernos y líderes que no terminan de comprender que la agenda pública no puede responder a una agenda particular. Las revoluciones de los años ´50 son la antítesis de los procesos liberadores que se viven en el siglo XXI con la Primavera Árabe, que sustentadas sobre slogans y no necesariamente en ideologías, están creando un efecto transformador igual o mejor que tras la descolonización en el siglo XX.


Adriana Boersner

@aboersner


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