Los adultos mayores que se mantienen activos podrÃan ayudar a reducir sus probabilidades de perder capacidades mentales, sugieren dos nuevos estudios.
Ambos informes aparecen en la edición en lÃnea del 19 de julio de la revista Archives of Internal Medicine, para coincidir con presentaciones programadas para el martes en la Conferencia Internacional sobre la Enfermedad de Alzheimer, en ParÃs.
“Observamos una medida objetiva de actividad fÃsica. La mayorÃa de estudios anteriores observaban niveles autorreportados de actividad fÃsica, que siempre conllevan cierto error inherente”, señaló la autora lÃder del primer estudio Laura E. Middleton, del Centro de Recuperación del Accidente Cerebrovascular de la Heart and Stroke Foundation, en el Instituto de Investigación Sunnybrook, en Toronto.
Al usar esta medida, los investigadores hallaron que los que estaban más fÃsicamente activos tenÃan un riesgo 90 por ciento más bajo de desarrollar un declive cognitivo significativo, en comparación con los que estaban menos fÃsicamente activos, apuntó.
“Debido a que este método puede capturar todos los tipos de actividad fÃsica, esto sugiere que la actividad fÃsica de baja intensidad podrÃa ser importante”, señaló Middleton. “No se trata solo de trotar, nadar o montar bicicleta, sino que tal vez tan solo moverse por la casa, realizar tareas, caminar al aire libre podrÃa también ser una protección importante contra el deterioro cognitivo”.
“No debemos solo animar a la gente a hacer ejercicio, sino disuadirles de ser sedentarias”, añadió.
Para el estudio, el equipo de Middleton recolectó datos sobre 197 hombres y mujeres que participaron en el estudio continuo de Edad, Envejecimiento y Composición Corporal. Los participantes tenÃan una edad promedio de 74 años cuando comenzaron el estudio, y ninguno tenÃa ninguna dificultad cognitiva, señalaron los investigadores.
Para determinar los efectos de la actividad sobre la capacidad mental, los investigadores midieron la cantidad total de energÃa utilizada por los participantes. Para hacerlo, usaron un método llamado “agua doblemente etiquetada”, que muestra la cantidad de agua que pierde la persona, una medida objetiva de la actividad metabólica del individuo.
Durante entre dos y cinco años de seguimiento, el grupo de Middleton halló que los que tenÃan mayores niveles de actividad fÃsica tenÃan menos probabilidades de desarrollar cualquier déficit cognitivo, en comparación con los que tenÃan los menores niveles de actividad fÃsica.
Esos hallazgos fueron confirmados al pedir a los participantes que tomaran el Mini examen del estado mental modificado. Los investigadores también registraron factores como las puntuaciones del Mini examen del estado mental modificado al inicio del estudio, factores demográficos, masa corporal, sueño, salud autorreportada y diabetes.
Middleton señaló que aunque no se puede afirmar que estos hallazgos sean causales, “se trata de una asociación entre la actividad fÃsica y el cambio cognitivo”.
En el segundo estudio, un equipo liderado por Marie-Noel Vercambre de la Fundación de Salud Pública de la Mutuelle Generale de l’Education Nationale en ParÃs, observó el efecto de la actividad fÃsica en mujeres que participaron en el Estudio cardiovascular de antioxidantes en las mujeres, que incluyó a mujeres con enfermedad vascular y tres o más factores de riesgo de enfermedad cardiaca.
El grupo de Vercambre determinó el nivel de actividad fÃsica en 2,809 mujeres al inicio del estudio, y cada dos años posteriormente. Además, llevaron a cabo entrevistas telefónicas con las mujeres, que incluÃan pruebas de capacidad mental y memoria. Las pruebas se administraron al inicio del estudio, y tres o más veces durante los próximos 5.4 años.
Los investigadores hallaron que las mujeres más fÃsicamente activas tenÃan las tasas más bajas de desarrollo de declive cognitivo. Además, las mujeres que hacÃan caminatas a paso vivo por 30 minutos cada dÃa, o su equivalente, tenÃan un riesgo más bajo de deterioro cognitivo.
El Dr. Eric B. Larson, del Instituto de Investigación en Salud Grupal de Seattle y autor de un editorial acompañante en la revista, comentó que la asociación entre la actividad fÃsica y la capacidad mental probablemente tenga que ver con la salud vascular general.
“A medida que envejecemos, es probable que nuestros cerebros puedan soportar menos estrés”, comentó. Pero el ejercicio mejora la salud vascular, añadió.
Larson cree que los beneficios del ejercicio sobre la capacidad mental pueden acumularse incluso si uno comienza a hacer ejercicio a una edad avanzada. “PodrÃa haber incluso más beneficio, porque el estado es más arriesgado”, dijo. “Para una persona mayor, simplemente seguir caminando es un beneficio inmenso”.
Incluso tras el inicio de la demencia, el ejercicio puede resultar beneficioso, aseguró Larson. “Caminar una, dos o cuatro veces por semana con un cuidador lleva a mejores resultados y una persona más feliz”, afirmó.
FUENTES: Laura E. Middleton, Ph.D., Heart and Stroke Foundation Center for Stroke Recovery, Sunnybrook Research Institute, Toronto; Eric B. Larson, M.D., M.P.H., Group Health Research Institute, Seattle; July 19, 2011, Archives of Internal Medicine
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