Pete Rose, el extremista por José Alberto Medina Molero

Hoy, pero en 1984, Pete Rose conectó el sencillo 3.503 para dejar atrás al legendario Ty Cobb. Del “Rey del Hit” siempre hay algo qué leer.

En 1963 se ganó el apodo de “Charlie Hustle”, se lo puso nada menos que Mickey Mantle. Ocurrió que un partido contra los NYY y pusieron  a Rose como corredor  emergente con un out, con batazo por tercera Pete Rose corrió desde la inicial hasta la antesala, hasta tercera, luego anotó con una línea floja  y ganaron 3-2, después del juego entrevistaron a Mickey Mantle de los Yankees y el dijo ” ¿vieron a ese tal Charlie Hustle que nos gano hoy?” , en el periódico del siguiente día salió publicado “CHARLIE HUSTLE BEAT THE YANKEES”  y de ahí se me quedó Pete Rose para siempre.

En el siguiente escrito de nuestro amable colaborador José Alberto Medina, algo más que leer de Pete Rose.

Pete, el extremista

José Alberto Medina Molero

Cuando muchos de nosotros éramos  adolescente y nos decían que un jugador era un buen bateador, respondíamos de inmediato con dos preguntas: ¿Puede batear a las dos manos como Pete Rose? ¿Juega con el alma, como ese pequeño, pero fuerte pelotero de la gran maquinaria roja ?. Definitivamente desde mediados de los sesenta hasta bien entrados los ochenta Pete Rose implantó una nueva y corajuda forma de jugar al béisbol, con entrega, fuerza y talento a borbotones.

Su carta de presentación en la historia del béisbol: 4256 hits de por vida. La mayor cifra de imparables bateada por un jugador en la historia de la gran carpa. De hecho sólo lo acompaña en el club de los 4000 aquel portento de bateador que fue Ty Cobb (4189).  Su jugada inolvidable: la del 14 de Julio de 1970. Rose protagonizó uno de los finales de juego de estrella más escalofriante. Estadio, Riverfront . El Presidente Richard Nixon hizo el primer lanzamiento de la noche en un juego que abría Jim Palmer por el joven circuito y Tom Seaver por la Nacional, nuestro Luis  Aparicio abrió en el SS de la Americana. 51838  asistieron a un partido épico por el epílogo que tuvo, que no fue otra cosa que la manera típica de entender el juego del  fortachón de Cincinnati. En la baja de la entrada 12, Rose corría en segunda   de un juego empatado a 4 carreras por bando. Ante un hit al jardín central Rose, como un proyectil, cruzó por tercera y se embaló para la goma buscando dejar en el terreno  a los de la Americana, su único obstáculo era el cátcher, Ray Fosse y el tiro que ya venía asurcando el aire del Riverfront: en un final de suspenso Rosé le pasó literalmente por encima a Fosee, en un estremecedor encontronazo, del cua el valeroso receptor no se recuperaría del todo.

Hay una jugada que en lo particular me parece que devela en toda su inmensa magnitud la intensidad de juego que desplegó Pete Rose durante 3562 encuentros (otra cifra tope en la historia de la gran carpa): ya jugando  con los Filis en una postemporada el equipo contrario da un foul fly por lo lados de la primera, base que  Rose defendía, Pat Boone, el cátcher de Filadelfia pide el batazo y Rose se le coloca a corta distancia. En el último instante la bola pega en la mascota de Boone y sale disparada hacia un lado, en eso los reflejos de Pete fueron cruciales para de un ágil manotazo hacer el out. Esa era su proverbial forma de ser ganador  y de participar en este juego.

Así jugaba el béisbol Pete, duro, lanzándose de cabeza en las bases ( es curioso que sólo haya estafado 198 bases, aunque en su corpulencia haya estado el secreto de su velocidad promedio) para ayudar a ganar a su equipo. En ello fue el arquitecto de un inolvidable estilo de afrontar los encuentros, regándolos de pasión, vergüenza y donaire. Algo que rara vez e ve en los diamantes de béisbol. Pete fue tan buen bateador que llegó a coleccionar 10 temporadas (de sus 24 en grandes ligas) con al menos 200 hits. Este registro fue igualado en la 2010 por otro bárbaro con el madero, Ichiro Suzuki, quién de acuerdo a las proyecciones no podrá batirlo este año.

Al igual que los espejos, la realidad tiene dos caras, y ese afán por ganar también acarrea problemas y bastantes graves.  Entre estos en Rose destacó el vicio del juego, su otro gran amor . Cuentan quienes lo conocieron en la 64-65 (justo después de ganar el premio al Novato del año en la Nacional) con los Leones del Caracas, que pasaba casi el mismo tiempo apostando en la Rinconada que en el Estadio Universitario, y esto no es una exageración. Esta tendencia truncó el superseguro camino a Cooperstown de este predestinado del béisbol retirado exactamente hace 25 años: llegó a comprobársele que apostó en partidos de béisbol mientras era manager de Cincinnati, por lo que fue objeto de ostracismo peloteril de las boletas que considera el Comité de Cronistas.

El más grande hiteador de todos los tiempos perdió así su apuesta mayor. Hasta allí lo llevó su extremismo, el de ganar a toda costa.

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Hoy, pero en 1984, Pete Rose conectó el sencillo 3.503 para dejar atrás al legendario Ty Cobb. Del “Rey del Hit” siempre hay algo qué leer.

En 1963 se ganó el apodo de “Charlie Hustle”, se lo puso nada menos que Mickey Mantle. Ocurrió que un partido contra los NYY y pusieron  a Rose como corredor  emergente con un out, con batazo por tercera Pete Rose corrió desde la inicial hasta la antesala, hasta tercera, luego anotó con una línea floja  y ganaron 3-2, después del juego entrevistaron a Mickey Mantle de los Yankees y el dijo ” ¿vieron a ese tal Charlie Hustle que nos gano hoy?” , en el periódico del siguiente día salió publicado “CHARLIE HUSTLE BEAT THE YANKEES”  y de ahí se me quedó Pete Rose para siempre.

En el siguiente escrito de nuestro amable colaborador José Alberto Medina, algo más que leer de Pete Rose.

Pete, el extremista

José Alberto Medina Molero

Cuando muchos de nosotros éramos  adolescente y nos decían que un jugador era un buen bateador, respondíamos de inmediato con dos preguntas: ¿Puede batear a las dos manos como Pete Rose? ¿Juega con el alma, como ese pequeño, pero fuerte pelotero de la gran maquinaria roja ?. Definitivamente desde mediados de los sesenta hasta bien entrados los ochenta Pete Rose implantó una nueva y corajuda forma de jugar al béisbol, con entrega, fuerza y talento a borbotones.

Su carta de presentación en la historia del béisbol: 4256 hits de por vida. La mayor cifra de imparables bateada por un jugador en la historia de la gran carpa. De hecho sólo lo acompaña en el club de los 4000 aquel portento de bateador que fue Ty Cobb (4189).  Su jugada inolvidable: la del 14 de Julio de 1970. Rose protagonizó uno de los finales de juego de estrella más escalofriante. Estadio, Riverfront . El Presidente Richard Nixon hizo el primer lanzamiento de la noche en un juego que abría Jim Palmer por el joven circuito y Tom Seaver por la Nacional, nuestro Luis  Aparicio abrió en el SS de la Americana. 51838  asistieron a un partido épico por el epílogo que tuvo, que no fue otra cosa que la manera típica de entender el juego del  fortachón de Cincinnati. En la baja de la entrada 12, Rose corría en segunda   de un juego empatado a 4 carreras por bando. Ante un hit al jardín central Rose, como un proyectil, cruzó por tercera y se embaló para la goma buscando dejar en el terreno  a los de la Americana, su único obstáculo era el cátcher, Ray Fosse y el tiro que ya venía asurcando el aire del Riverfront: en un final de suspenso Rosé le pasó literalmente por encima a Fosee, en un estremecedor encontronazo, del cua el valeroso receptor no se recuperaría del todo.

Hay una jugada que en lo particular me parece que devela en toda su inmensa magnitud la intensidad de juego que desplegó Pete Rose durante 3562 encuentros (otra cifra tope en la historia de la gran carpa): ya jugando  con los Filis en una postemporada el equipo contrario da un foul fly por lo lados de la primera, base que  Rose defendía, Pat Boone, el cátcher de Filadelfia pide el batazo y Rose se le coloca a corta distancia. En el último instante la bola pega en la mascota de Boone y sale disparada hacia un lado, en eso los reflejos de Pete fueron cruciales para de un ágil manotazo hacer el out. Esa era su proverbial forma de ser ganador  y de participar en este juego.

Así jugaba el béisbol Pete, duro, lanzándose de cabeza en las bases ( es curioso que sólo haya estafado 198 bases, aunque en su corpulencia haya estado el secreto de su velocidad promedio) para ayudar a ganar a su equipo. En ello fue el arquitecto de un inolvidable estilo de afrontar los encuentros, regándolos de pasión, vergüenza y donaire. Algo que rara vez e ve en los diamantes de béisbol. Pete fue tan buen bateador que llegó a coleccionar 10 temporadas (de sus 24 en grandes ligas) con al menos 200 hits. Este registro fue igualado en la 2010 por otro bárbaro con el madero, Ichiro Suzuki, quién de acuerdo a las proyecciones no podrá batirlo este año.

Al igual que los espejos, la realidad tiene dos caras, y ese afán por ganar también acarrea problemas y bastantes graves.  Entre estos en Rose destacó el vicio del juego, su otro gran amor . Cuentan quienes lo conocieron en la 64-65 (justo después de ganar el premio al Novato del año en la Nacional) con los Leones del Caracas, que pasaba casi el mismo tiempo apostando en la Rinconada que en el Estadio Universitario, y esto no es una exageración. Esta tendencia truncó el superseguro camino a Cooperstown de este predestinado del béisbol retirado exactamente hace 25 años: llegó a comprobársele que apostó en partidos de béisbol mientras era manager de Cincinnati, por lo que fue objeto de ostracismo peloteril de las boletas que considera el Comité de Cronistas.

El más grande hiteador de todos los tiempos perdió así su apuesta mayor. Hasta allí lo llevó su extremismo, el de ganar a toda costa.

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