La campaña de 2008 de Adán Chávez constituye el ejemplo singular de cómo el dinero público es desviado en afanes proselitistas. Si lo hace el Presidente, si lo hacen los gobernadores, si lo hacen los parlamentarios, ¿por qué no el hermano? Por qué no él, cuyo papel estratégico no sólo era ganar por ganar, sino servir al “fin noble y elevado” de garantizar la continuidad del poder de la familia en la tierra natal, evitando así que otros alcanzaran el poder, y esos otros, los opositores, o los resentidos de la disidencia, investigaran, averiguaran, y destaparan la olla de los desaguisados del padre, la madre, los hermanos, los sobrinos, los nietos, los amigos.
En el transcurso de esa campaña me instalé en Barinas. Y en vivo y en directo, observé y saqué conclusiones. Esto es lo que escribo. Que había esa razón noble en la gesta de Adán, en el sacrificio de Adán, quien, disciplina de revolucionario, abandonaba la comodidad del paraíso del poder en Caracas para sudar, patear, caminar, dolerse el calor, el polvo, las denuncias y las intrigas familiares y enemigas en Barinas.
El poder de su hermano todopoderoso no lo expulsaba de Caracas, en este caso le hacía ver que su nuevo rol estaba en Barinas, donde la revolución, frente a la anarquía del mando, reclamaba orden y cordura; frente al desastre de la administración familiar, reclamaba obra, gestión; frente a la división revolucionaria, reclamaba unidad. Barinas era ya un riesgo. Perderla, un gran costo.
De modo que para alcanzar el objetivo del triunfo, Adán podía contar con todo el peso institucional afincado y puesto en función de su candidatura.
Los tres objetivos de la Operación Adán
Desde la partida de Caracas a Barinas, el hermano mayor podía declararse y sentirse gobernador, favorecido porque la oposición partía dividida, con un gran bloque constituido por la disidencia y otro bloque menor encabezado por Rafael Simón Jiménez, -el viejo amigo-.
Sólo Adán podía parar la sangría de votos chavistas, desplazados hacia la opción de quien era alcalde de Barinas, jefe de la división, y ex-chavista de peso: Julio César Reyes. Sólo Adán podía restablecer la fuerza del chavismo telúrico, de la esencia barinesa, del espíritu de la casta. Es así como la Operación Adán se diseñaba en función de tres objetivos:
1- Que la oposición no llegara a la gobernación. El candidato con mayor chance era Julio César Reyes, alcalde de Barinas, anterior ficha de los mismos Chávez, ex-secretario de gobierno, inclusive, pero migrado al lado opositor por habérsele cerrado todas las opciones de ser el abanderado oficial. Todavía en la campaña, Reyes decía que su pelea no era con el Presidente sino con los Chávez que ejercían el mando en Barinas, o sea, el padre, la madre, Argenis, y los otros hermanos. Reyes mantuvo esta posición que le rendía dividendos hasta que Hugo Chávez terminó de cerrar filas con el clan, acusándolo de traidor, Judas César Reyes, lo bautizaría y repetiría hasta el cansancio: Judas César Reyes.
2- Había que frenar las aspiraciones de Argenis, considerado el aspirante natural a suceder el padre, toda vez que había sido el único en acompañarlo en la gobernación, asumiendo directamente los costos y los beneficios de la gestión. Argenis, al mismo tiempo, resultaba incómodo a sus hermanos mayores, Hugo, el Presidente, y Adán, el ministro y todopoderoso factor detrás del trono en Caracas. Incómodo desde el seno familiar, con historias –ya leyendas- de tenerse pocas migas, de encerrarse en cuatro paredes a dirimir diferencias a pulso y fuerza. Incómodo en las ambiciones de poder. No se había visto –salvo en la época de caudillos y guerras civiles- que una familia se sintiera en el derecho de repartirse feudos de mando, y en el caso de Hugo, Adán y Argenis, pareció ser la norma desde los orígenes del poder. Hugo que se quedara en Caracas, como gran señor, y Barinas más bien atrapada en las ambiciones y estilos de Adán y Argenis. Pelearon por el control del MVR, primero, y del PSUV, después. Adán, a confesión del ex-diputado Wilmer Azuaje, “me usaba para atacar a Argenis”, y éste respondía con sus propias herramientas. Adán pasaba a controlar el partido, y Argenis se iba a la gobernación, a mandar con el padre y la madre. Ido Adán a Caracas a posiciones de mayor jerarquía, todo quedaba en manos de Argenis que, además, es el preferido de Doña Helena, la matrona de los Chávez. Eran celos que antes de ser gobierno se quedaban en la cocina y en las habitaciones de familia y que después –qué culpa tiene el país y qué culpa tiene Barinas- eran canalizados en la disputa política, en la disputa por parcelas de poder. Por más de ocho años reinaría Argenis en los llanos de Barinas, y en ese periodo forjaría la imagen de jefe político y también de déspota y corresponsable de la gestión paternal. Como su intención era seguir al frente del poder en Barinas, las consecuencias serían impredecibles tanto para los hermanos como para el poder chavista en lo regional y a nivel nacional. “Barinas es un infierno”, decía el empresario Ricardo Fernández Barrueco, temiendo que lo peor pudiera estallarle al propio Adán en la cara. Pero hay que decirlo ahora: Con Adán, se acabó el caos en la administración chavista en Barinas.
3- Con Adán en la gobernación de Barinas, se garantizaba la continuidad y también la opción de poner un mínimo de orden en el desastre. Era decirle a Argenis quédate tranquilo, margínate, piérdete de la política barinesa y saldrás bien parado, no habrá averiguaciones, no habrá culpas, no habrá ataques. Y es que a decir verdad, la protección de Argenis pasaba por proteger al padre, responsable directo, en tanto es quien formalmente firmó decretos de emergencia para saltarse las licitaciones de las obras, es quien firmó las partidas presupuestarias, es quien entregó a dedo contratos y órdenes de compra, es quien admitió compañías de maletín. Es, además quien no vio ni escuchó ni advirtió de nada de lo malo y lo podrido. Con poco de orden, tal vez Barinas y el país se olvidaran de los otros Chávez. Con gestión y obra, tal vez no recordaran ni siguieran hablando tanto de las tierras, de la corrupción, de los presuntos negocios. Con mano derecha y mano izquierda, Adán intentaba poner a raya el pecado original. Pero Argenis no se escondió. Argenis reapareció en octubre de 2009 apuntándose como delegado al Congreso del Psuv, demostrándole a Adán y a Hugo que juntos no podían con él, a menos que…. se pusieran de acuerdo y vetaran a Argenis como candidato a diputado a la Asamblea Nacional. En efecto, Argenis no alcanzó la nominación por obra y gracia del muro de los hermanos mayores. Pero llegó a Caracas a salvar al gobierno de la crisis eléctrica. En eso ha estado. Y de pronto el Presidente se enfermó.
La plata de la campaña
Despejados los objetivos, había que mover la totalidad de los recursos disponibles. Ya se ha dicho, en los gobiernos de tendencia autoritaria, la dirigencia confunde lo propio y lo ajeno, lo público y lo particular. Y como el triunfo no estaba asegurado, sobre todo por el peso electoral de la capital, Barinas, donde reinaba Julio César Reyes, la maquinaria debía ponerse en movimiento, sin reparar en precio ni en costos. Importaba el fin, el resultado. En el comando se estaba consciente de que no era posible el escenario anterior del padre ganando con casi el 77% de los votos. A nivel nacional, Chávez y el chavismo venían cayendo de niveles récord de 63% a un 50% y en cambio la oposición se levantaba, superaba un duro 33%. Entonces, ¿qué garantizaba que en Barinas no ocurriera lo impensable y Adán perdiera? De hecho, sacaría el 50,48% de los votos frente al 43,95% de Julio César Reyes, aunque la oposición, obtenía casi el 49%, sumando los votos de Jiménez y Reyes. Triunfo con diferencia mínima, entonces. Mínima ventaja. A la hora del voto, ¿qué pesó más? ¿El nepotismo, el sectarismo, la impunidad, la falta de transparencia en los manejos públicos, o la pésima candidatura de Adán? También estaba la impresión (flotaba entre los chavistas) de que se cometía una injusticia con Argenis –el candidato natural. Pero Hugo apelaba a los sentimientos, y decía que el voto por Adán significaba votar por él mismo.
Entonces vino esto: PDVAL, la gobernación, Banfoandes, el Banco Industrial de Venezuela, PDVSA, las alcaldías, todos los organismos movilizaron recursos a favor de la candidatura de Adán. Era toda la estructura del Estado a favor del candidato. Era el tráfico con la comida social, con los créditos, las lavadoras, la promesa de una casa, de un terreno. Un resumen de lo que distribuyó el tantas veces quebrado Banco Industrial de Venezuela, asoma la punta del iceberg. Más de 30.000 millones de bolívares. Para ser exactos, 32.000 millones de bolívares. O sea, únicamente en lo que respecta al BIV, 15 millones de dólares oficiales de la época puestos a la orden de una candidatura regional, de un gobierno provincial, pero el gobierno de provincia más emblemático en la estructura de poder. La cantidad de dinero no es especulación. Son cifras oficiales del BIV. Y si la cifra redonda no aclara el carácter proselitista de los recursos, los rubros sí: 2.119 microcréditos personales para un total de 7.000 millones de bolívares. Eran créditos entre 500.000 y 5.000.000. Se entendía que era una ayudita en medio de la campaña electoral. En la Plaza Bolívar de Barinas, frente al palacio de gobierno, la gente hacía colas, llenaba planillas, comentaba y esperaban, aguardaban, se sometían a la inclemencia del tiempo, que por esos días de septiembre y octubre era lluvioso. Se financiaron 59 autobuses para transportistas. Y financiamiento para 200 viviendas en una urbanización cercana a la capital. Donaciones para equipar cuatro escuelas (qué miseria con la escuelas), y se entregaron sillas de rueda, bastones, andaderas, muletas e insumos para cuatro ambulatorios (qué miseria también con los ambulatorios). El presidente del BIV junto al gobernador-padre repartía y Adán Chávez recogía, recogía los votos. Y recogía votos en las otras colas donde la gente formaba para adquirir un mercado a precios subsidiados por PDVSA y PDVAL. El equipo de campaña se paseaba previamente por las barriadas de un municipio, pulsaba la opinión de los votantes sobre las necesidades más urgentes, y de acuerdo al resultado de la encuesta, aparecían los funcionarios del BIV, o PDVSA, o de la gobernación, o del Ministerio de la Vivienda, ofreciendo más bolsas de comida, una nevera, materiales de construcción, una petrocasa, una beca escolar, un carguito de barrendero o portero en alguna dependencia oficial. Todo condicionado al triunfo de Adán, cuya gestión pasaba a reto personal, y debido a ese reto, Ricardo Fernández, antes de caer, antes de que Adán lo abandonara a s u suerte y a la furia de Hugo Chávez, afirmaba que “en Barinas puede afincarse o fracasar la revolución”. Pero fracasó otra vez el BIV, intervenido en mayo de 2009, y fracasaba él, cuyo imperio económico era objeto del brazo implacable de Hugo Chávez, su antiguo aliado.






