Poco a poco se va desvelando el secreto de la operación que acabó con la vida de Bin Laden. Las piezas del rompecabezas se van uniendo. El número exacto de Navy Seals fue de 23 acompañados de un intérprete y el ahora famoso perro rastreador de explosivos de nombre Cairo. Como bien salió en la recreación animada que hizo CBS News fueron tres Seals los que tenían la instrucción de enfrentar a Bin Laden. Así pasó en el segundo y tercer piso de la casa en Abbottabad. Los efectivos habían volado en dos helicópteros Chinooks, hechos con material Stealth, a prueba de radar y con motores más silenciosos que los normales. Como se supo apenas pasó el incidente, uno de los helicópteros se averió al chocar su rotor trasero con la muralla de la casa, nave que fue luego destruida con explosivos para que sus elementos secretos no cayeran en manos de otra potencia militar… Por cierto que ayer Pakistán lo devolvió sus restos incinerados y las partes aún enteras al gobierno americano. En la casa había una decena de mujeres y 18 niños que a la salida de los militares fueron encerrados en un lugar seguro para que la explosión provocada del helicóptero accidentado no les llegara.
Como explicaron tanto CBSNews como ABCNews en las simulaciones digitalizadas en sus páginas de Internet el equipo militar encontró resistencia en el primer piso y dispararon contra tres hombres, matándolos, y una mujer que alertó con gritos a Bin Laden de la llegada de los intrusos “infieles”.
Fue en el tercer piso que se toparon con Bin Laden los tres operadores encargados de encontrarlo. Al verlo, desde el descanso de las escaleras superiores, corrió hacia su cuarto para protegerse ya que los primeros disparos no lo habían alcanzado. Un soldado lo siguió y entró para encontrarse con dos mujeres que protegían al terrorista y las apartó a un lado sospechando que tenían chalecos explosivos. Otro Seal entró y le disparo a Osama al pecho. Luego a la cabeza. Éste disparo le voló más de la mitad del rostro.
Lo que en un principio se dijo era el nombre en clave de Bin Laden, “Gerónimo”, era solo la letra G del proceso que había comenzado apenas tocaron tierra en el complejo habitacional del talibán mayor.
Otros 24 miembros del equipo esperaban como refuerzo a bordo de dos Chinooks en una zona desierta en Pakistán a una distancia de dos tercios de Abbottabad, donde habían aterrizado tras salir de Jalalabad (Afganistán) y donde esperaban órdenes. Uno de esos dos Chinooks voló luego hasta la guarida de Bin Laden para recoger el cadáver del terrorista, los Seals que se habían quedado sin transporte y las armas y material incautado en el asalto.
El cadáver fue llevado la base militar de Bagram en Kabul, Afganistán, y luego hasta un portaaviones en el Mar Arábigo desde donde fue lanzado al mar.
La corresponsal del diario El País de Madrid (www.elpais.com) en Washington Yolanda Monge informó en una de sus reseñas estos datos desconocidos: “…que la decisión de lanzar el ataque aquella noche del 1 de mayo se tomó porque se temía que el plan acabase filtrándose a la prensa debido a que ya lo conocía demasiada gente dentro de la Administración. Entre las nuevas revelaciones, una resulta especialmente curiosa y despoja a Bin Laden del nombre en clave que el mundo creyó que se le había atribuido para la operación. Bin Laden no era Gerónimo, nunca lo fue. Gerónimo era la representación de la letra ‘G’, la fase en la que se encontraba el comando enviado a capturar a Bin Laden en el momento de tener contacto visual con el terrorista y de lo que informaron al cuartel general de la CIA en Langley (Virginia). Cada paso de la misión había sido etiquetado alfabéticamente (A, Alfa; B, Bravo… en el alfabeto militar, la ‘G’ tiene atribuida la palabra ‘Golf’ pero por razones internas decidió usarse el nombre de Gerónimo).
Lo que queda probado con los exclusivos datos aportados ayer por la agencia Associated Press y recogidos de fuentes cercanas a la operación es que tanto la Casa Blanca como los soldados protagonistas del asalto sabían que sólo tenían una sola oportunidad, que si Bin Laden se les escapaba -si es que estaba en la casa- podía desaparecer durante otra década…”.





