Un barril sin fondo

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Los saudíes vuelven a patear el tablero al rebajar el precio del crudo que envían a EEUU. Rusia es uno de los productores de petróleo que ha “empeorado la situación” al bombear la mayor cantidad de petróleo en décadas en un esfuerzo por conseguir divisas fuertes en efectivo, dice The Wall Street Journal. No descartan que el precio del petróleo caiga por debajo de los 40 dólares por barril. Libia y Venezuela reducirían producción de crudo, señala informe

Evidentemente, la agencia de viajes que vende pasajes para el tren ejecutivo de la República Bolivariana de Venezuela equivocó el destino. El presidente Nicolás Maduro y su consorte viajaron esta semana a Moscú, para tratar de convencer al gobierno de Rusia que reduzca la producción de petróleo con el propósito de apuntalar los precios del producto. Fueron recibidos por un funcionario de segunda categoría porque no había disponible otro de tercer rango.
Tal como informó

The Wall Street Journal, Rusia e Irak son dos de los principales productores de petróleo acusados de “empeorar  la situación. En lugar de reducir la producción tras la baja de los precios del crudo, han comenzado a bombear la mayor cantidad de petróleo en décadas en un esfuerzo por conseguir moneda fuerte”.

En cuanto al reino de Arabia Saudí, el lunes de esta semana dispuso darle otra patada al tablero al volver a bajar la cotización del petróleo que envía a Estados Unidos.

Aramco, la empresa petrolera saudita, redujo el precio del crudo que vende a refinerías norteamericanas en 60 centavos de dólar por barril. Fue la última rebaja mensual que hace el gobierno de Riad desde que el 27 de noviembre la Organización de Países Exportadores de Petróleo decidió en Viena mantener las actuales cuotas de producción.
Para compensar,

Aramco aumentó en 60 centavos de dólar el barril de crudo liviano que envía al Asia.
La urgencia de los saudíes en continuar la guerra de precios se debe a que el West Texas Intermediate, el crudo de referencia en Estados Unidos, oscila en los 50 dólares por barril, el nivel más bajo desde abril de 2009.

Analistas indicaron que el propósito de Arabia Saudí es recuperar su cuota en el mercado reduciendo el precio del crudo hasta conseguir que resulte poco rentable la producción del petróleo norteamericano extraído de esquisto bituminoso.

Pero la apuesta de los saudíes es riesgosa. Nuevas técnicas de “fracking,” la inyección de agua caliente a presión en rocas bituminosas a fin de pulverizarlas y extraer el producto, han abaratado la explotación. Se trata de una carrera contra el tiempo.

¿Quiénes se hallan en mejores condiciones para ganarla? Algunos expertos dicen que avances en los métodos de extracción petrolera recuerdan lo ocurrido con artículos electrónicos como máquinas digitales o computadoras, cuyos precios pasaron de miles a centenares de dólares en escasos años.

Entre tanto, el gobierno de Riad trata de eludir las acusaciones de otros productores, expresando que la baja en la cotización del petróleo no es resultado de su incremento de suministros al principal mercado del mundo, sino de un lerdo desarrollo en la economía global.

Tim Guinness, un alto funcionario de Guinness Atkinson Asset Management Inc., una firma que supervisa inversiones en mercados energéticos, dijo que “hay exceso de oferta en el corto plazo. No nos sorprendería que el petróleo llegue a menos de 40 dólares por barril”.

Otro factor que está causando una estampida en los precios del crudo es que sigue creciendo en Estados Unidos el inventario de los suministros de petróleo.

The Wall Street Journal atribuyó el fuerte aumento de la producción, la de mayor nivel en varias décadas, a las nuevas tecnologías para explotar esquisto bituminoso. Pero hay otras causas. En ese sentido, la última reunión de la OPEP en Viena mostró por un lado una parálisis total de los productores a la hora de ponerse de acuerdo, y por el otro, un grito unánime de “¡Sálvese quien pueda!” previo a una estampida general para la mutua rebatiña de mercados.

Gurú pronostica nuevas bajas

Ed Morse, de Citigroup, es el analista que predijo en marzo de 2014 un precio global del petróleo de 75 dólares por barril. En ese mes, el crudo se cotizaba a más de 100 dólares el barril, y la mayoría de los expertos pronosticaban que seguiría el alza durante un período prolongado.

Morse y su equipo han revisado en estos últimos días sus pronósticos para el 2015. Al principio, estimaban una cotización global de 80 dólares por barril. Ahora, consideran que el precio del petróleo durante este año oscilará en los 63 dólares.

Pero tal vez se vean obligados a revisar el diagnóstico. Esta semana el crudo Brent, cota de referencia a nivel mundial, promedió los 53 dólares por barril, y el West Texas Intermediate cruzó en Estados Unidos el umbral de los 50 dólares por barril. En una ocasión, se cotizó a algo más de 47 dólares.

En un flamante estimado, Morse dijo que la oferta de crudo durante el 2015 es superior a la esperada, y que se acrecentará en la primera mitad del año. Eso se debe a que sigue subiendo la producción de petróleo obtenido de “fracking”.

Otros elementos son la guerra de precios lanzada por Arabia Saudí y que “cientos de miles de barriles de crudo canadiense enfilan hacia la costa del Golfo de México”.
Como resultado, el crudo Brent podría promediar los 55 dólares por barril, un 12 por ciento menos que en el previo estimado.

La cotización del petróleo aumentaría en los últimos meses del año. Uno de los factores, señaló el informe, sería la baja de la producción “en Libia y en Venezuela, así como a un crecimiento global de la economía”.

No se explican los detalles de esa merma en la producción de crudo libio y venezolano.
Todos esos ingredientes no auguran nada bueno para la economía venezolana. Lo único que puede hacer el gobierno de Maduro es continuar cruzado de brazos, mientras factores externos siguen privando a las arcas del estado del dinero necesario para pagar a proveedores, y se agudiza la escasez de productos esenciales. La medida más sensata sería retornar a la opacidad previa, y ordenar al Banco Central que siga ocultando las cifras del desplome.

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Los saudíes vuelven a patear el tablero al rebajar el precio del crudo que envían a EEUU. Rusia es uno de los productores de petróleo que ha “empeorado la situación” al bombear la mayor cantidad de petróleo en décadas en un esfuerzo por conseguir divisas fuertes en efectivo, dice The Wall Street Journal. No descartan que el precio del petróleo caiga por debajo de los 40 dólares por barril. Libia y Venezuela reducirían producción de crudo, señala informe

Evidentemente, la agencia de viajes que vende pasajes para el tren ejecutivo de la República Bolivariana de Venezuela equivocó el destino. El presidente Nicolás Maduro y su consorte viajaron esta semana a Moscú, para tratar de convencer al gobierno de Rusia que reduzca la producción de petróleo con el propósito de apuntalar los precios del producto. Fueron recibidos por un funcionario de segunda categoría porque no había disponible otro de tercer rango.
Tal como informó

The Wall Street Journal, Rusia e Irak son dos de los principales productores de petróleo acusados de “empeorar  la situación. En lugar de reducir la producción tras la baja de los precios del crudo, han comenzado a bombear la mayor cantidad de petróleo en décadas en un esfuerzo por conseguir moneda fuerte”.

En cuanto al reino de Arabia Saudí, el lunes de esta semana dispuso darle otra patada al tablero al volver a bajar la cotización del petróleo que envía a Estados Unidos.

Aramco, la empresa petrolera saudita, redujo el precio del crudo que vende a refinerías norteamericanas en 60 centavos de dólar por barril. Fue la última rebaja mensual que hace el gobierno de Riad desde que el 27 de noviembre la Organización de Países Exportadores de Petróleo decidió en Viena mantener las actuales cuotas de producción.
Para compensar,

Aramco aumentó en 60 centavos de dólar el barril de crudo liviano que envía al Asia.
La urgencia de los saudíes en continuar la guerra de precios se debe a que el West Texas Intermediate, el crudo de referencia en Estados Unidos, oscila en los 50 dólares por barril, el nivel más bajo desde abril de 2009.

Analistas indicaron que el propósito de Arabia Saudí es recuperar su cuota en el mercado reduciendo el precio del crudo hasta conseguir que resulte poco rentable la producción del petróleo norteamericano extraído de esquisto bituminoso.

Pero la apuesta de los saudíes es riesgosa. Nuevas técnicas de “fracking,” la inyección de agua caliente a presión en rocas bituminosas a fin de pulverizarlas y extraer el producto, han abaratado la explotación. Se trata de una carrera contra el tiempo.

¿Quiénes se hallan en mejores condiciones para ganarla? Algunos expertos dicen que avances en los métodos de extracción petrolera recuerdan lo ocurrido con artículos electrónicos como máquinas digitales o computadoras, cuyos precios pasaron de miles a centenares de dólares en escasos años.

Entre tanto, el gobierno de Riad trata de eludir las acusaciones de otros productores, expresando que la baja en la cotización del petróleo no es resultado de su incremento de suministros al principal mercado del mundo, sino de un lerdo desarrollo en la economía global.

Tim Guinness, un alto funcionario de Guinness Atkinson Asset Management Inc., una firma que supervisa inversiones en mercados energéticos, dijo que “hay exceso de oferta en el corto plazo. No nos sorprendería que el petróleo llegue a menos de 40 dólares por barril”.

Otro factor que está causando una estampida en los precios del crudo es que sigue creciendo en Estados Unidos el inventario de los suministros de petróleo.

The Wall Street Journal atribuyó el fuerte aumento de la producción, la de mayor nivel en varias décadas, a las nuevas tecnologías para explotar esquisto bituminoso. Pero hay otras causas. En ese sentido, la última reunión de la OPEP en Viena mostró por un lado una parálisis total de los productores a la hora de ponerse de acuerdo, y por el otro, un grito unánime de “¡Sálvese quien pueda!” previo a una estampida general para la mutua rebatiña de mercados.

Gurú pronostica nuevas bajas

Ed Morse, de Citigroup, es el analista que predijo en marzo de 2014 un precio global del petróleo de 75 dólares por barril. En ese mes, el crudo se cotizaba a más de 100 dólares el barril, y la mayoría de los expertos pronosticaban que seguiría el alza durante un período prolongado.

Morse y su equipo han revisado en estos últimos días sus pronósticos para el 2015. Al principio, estimaban una cotización global de 80 dólares por barril. Ahora, consideran que el precio del petróleo durante este año oscilará en los 63 dólares.

Pero tal vez se vean obligados a revisar el diagnóstico. Esta semana el crudo Brent, cota de referencia a nivel mundial, promedió los 53 dólares por barril, y el West Texas Intermediate cruzó en Estados Unidos el umbral de los 50 dólares por barril. En una ocasión, se cotizó a algo más de 47 dólares.

En un flamante estimado, Morse dijo que la oferta de crudo durante el 2015 es superior a la esperada, y que se acrecentará en la primera mitad del año. Eso se debe a que sigue subiendo la producción de petróleo obtenido de “fracking”.

Otros elementos son la guerra de precios lanzada por Arabia Saudí y que “cientos de miles de barriles de crudo canadiense enfilan hacia la costa del Golfo de México”.
Como resultado, el crudo Brent podría promediar los 55 dólares por barril, un 12 por ciento menos que en el previo estimado.

La cotización del petróleo aumentaría en los últimos meses del año. Uno de los factores, señaló el informe, sería la baja de la producción “en Libia y en Venezuela, así como a un crecimiento global de la economía”.

No se explican los detalles de esa merma en la producción de crudo libio y venezolano.
Todos esos ingredientes no auguran nada bueno para la economía venezolana. Lo único que puede hacer el gobierno de Maduro es continuar cruzado de brazos, mientras factores externos siguen privando a las arcas del estado del dinero necesario para pagar a proveedores, y se agudiza la escasez de productos esenciales. La medida más sensata sería retornar a la opacidad previa, y ordenar al Banco Central que siga ocultando las cifras del desplome.

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