El dolor por los muertos no tiene bando, no tiene color, no tiene ideología. El dolor no se mitiga porque “cayeron por la patria”… ¿por qué patria? ¿por la de Maduro? ¡No podemos construir una patria nueva, distinta, insertada en el siglo XXI, sin complejos ni resentimientos si inmolamos a quienes la van a conducir! Y si el argumento es que en Kiev valió la pena que hubiera muertos, yo pregunto, ¿quién quiere ponerlos?
Cuando me dicen que aquí vamos a una guerra civil, les digo que no, que vamos a una masacre. Porque una guerra civil es un bando armado en contra de otro bando armado. Aquí es un bando armado hasta los dientes –estamos viendo solo una muestra de cómo se ha armado este gobierno- contra otro bando mayoritariamente desarmado. Ese enfrentamiento se llama masacre.
La militarización del Táchira es una muestra de cómo el gobierno se armó hasta los dientes después del 11A. El G2 cubano no puede darse el lujo de que los chavistas dejen de gobernar y harán lo que sea. Y cuando digo “lo que sea” es literal.
Y me preocupa más ahora que la situación se desbordó con una fuerza incontenible. Cuando me dicen que aquí “hacía falta esto” me erizo. Aquí no hace falta ni un muerto más. Aquí puede haber una mortandad sin que eso signifique que el régimen vaya a caer. Quienes dicen que “esto” tenía que pasar, si piensan que habrá muertos, seguramente esperan que los muertos sean los hijos de otros, los padres de otros, los hermanos de otros. Tiene que haber otras formas de resistir que no traigan como consecuencia la muerte o la discapacidad parcial o total de jóvenes que hubieran podido ser útiles al país.
Chávez lo advirtió ad nauseam: “esta revolución es “pacífica” pero armada, no se equivoquen conmigo”. Y Maduro y sus secuaces lo han suscrito. Sus llamados a la paz entre gritos de amenazas, insultos y descalificaciones a quienes adversamos al gobierno darían risa, si no fuera tan trágica la situación. Las actuaciones de la GN y de los perros bravos de los colectivos armados como brazo civil armado del gobierno son solo una muestra de lo que estos salvajes son capaces de hacer.
Entiendo la desesperación de quince largos años de desgobierno, odio, trapisondas y exclusiones. Esta gente está tan llena de odio que no entiende que una injusticia no se resuelve con otra injusticia. Un fuego no se apaga con más fuego. Pero no a costa de nuestros muchachos.
En medio de esta situación descabellada, está la desinformación. Nos quedamos sin televisoras independientes que pasen los sucesos. Dependemos de las redes sociales, que en ocasiones son trampas porque circulan rumores falsos, la mayoría preparados en los laboratorios de guerra sucia del gobierno.
Y entre la tristeza y la incertidumbre, lo que sí encuentro increíble –todavía hay cosas que me sorprenden cuando creo que estoy curada de todo asombro- es que digan que Maduro está loco y que Capriles es un cobarde.
Si Maduro estuviera loco no sería responsable de lo que está pasando y lo es. Y tendrá tarde o temprano (espero que más temprano que tarde) que responder por todos esos delitos. Los locos son locos porque no saben lo que hacen. ¿Calificar de loco a Maduro no es una forma de eximirlo de culpas? ¡Por favor!
Y en cuanto a Capriles, hay ocasiones en las que se requiere mucho más valor rechazar una pelea que darla. Y encuentro injusto que alguien quien ha dado todo por salir de esta pesadilla, ahora sea crucificado de la manera que lo está siendo. Después de dos mil años, las turbas siguen pidiendo que se crucifique a los redentores…
Amanecerá y veremos en nuestra insólita Venezuela…




