Daniel Pardo
Ella es venezolana. Él venezolano. Ella es opositora. Él chavista. Ella es hija. Él padre. Y entre ellos no hablan de polÃtica para evitar que la familia se quiebre.
“De hecho, esta es la primera vez que hablamos de polÃtica”, dice el padre, en referencia a una entrevista que él y su hija le dieron a BBC Mundo en condición de anonimato.
A ella la llamaremos SofÃa. A él Jorge.
SofÃa y Jorge accedieron a hablar conmigo después de haberles solicitado la misma entrevista a unas 10 familias que están en la misma condición: divididas en lo que se refiere a la revolución bolivariana que fundó el fallecido presidente Hugo Chávez hace 15 años.
Pero a pesar de la insistencia, las familias se negaron una tras otra, como si les estuviera pidiendo que me permitieran entrar a su intimidad.
Quizá lo estaba. Porque la polÃtica, que en teorÃa trata los asuntos públicos, en Venezuela parece haber permeado cada rincón del paÃs.
Incluso, el patio trasero de la gente.
“O estás conmigo o estás contra mÔ
Por eso mi primera pregunta es por qué creen que el paÃs está tan polarizado.
Jorge, que tiene poco más de 60 años, me dice que “cuando tú quieres cambiar las cosas, el choque es duro”.
“Nosotros tenÃamos una Constitución, pero no sabÃamos qué era y Chávez nos permitió verla”, señala.
“Mucha gente vio cómo la revolución le tocó el bolsillo, como las cementeras o los productores de alimentos, y eso dividió a mucha gente”, opina.
SofÃa, que tiene 32 años, me dice que ha visto cómo las divisiones son cada vez más acentuadas y el tema polÃtico más sensible.
“Yo voté por Chávez porque sentÃa que necesitábamos un cambio”, afirma. “Pero siento que eso se fue desvirtuando por el camino desde el momento en que empezó a expropiar cosas”.
“¿Por qué tiene que quitarle las cosas a la gente o a cierta gente que ha luchado y trabajado para tener lo que tiene?”
Según ella, Chávez tenÃa un discurso de “o estás conmigo o estás contra mÔ que fomentó esa división.
“Y ahora está esa sensación que leo en las personas de odio o de resentimiento hacia el otro y creo que viene por el lenguaje”, dice.
¿Problema de entendimiento?
Las crÃticas de SofÃa al gobierno están en cada una de sus frases, a pesar de que fue chavista hasta hace apenas unos años: se queja de los altos precios, de la inseguridad, de la corrupción. Y la responsabilidad de esos problemas se la atribuye al gobierno.
Por eso le pregunto a su padre qué opina de esas crÃticas.
“Mucha gente, incluso gente dentro del gobierno, no ha entendido todavÃa qué significa el socialismo democrático que se está planteando”, dice.
Jorge explica aquella famosa frase de Chávez en la que dijo que él no querÃa ser rico, en el sentido de que no es necesario tener más de lo que se necesita.
“¿Para qué necesito 50 pantalones si no los usaré todos? ¿U 80 camisas?”, se pregunta.
Y concluye: “Una revolución no se hace en 10 años ni en 15 años ni en 20 años, y mucha gente eso no lo ha entendido”.
SofÃa se rÃe cuando le pregunto si es que ella no ha entendido de qué se trata la revolución.
Hace una pausa, y dice: “Ahora mismo no entiendo nada. Te digo. Yo, por esto, no voté hace 15 años”.
“SÃ, yo no necesito 50 pantalones ni 50 kilos de arroz, pero si yo bajo al abasto, tengo que conseguir el kilo de arroz que necesito”.
“Pero no, tengo que pasear por ocho supermercados para conseguir el kilo de arroz”, asegura.
Sobre eso, Jorge dice que no es que ella no entienda, sino que “tiene su visión y tiene su derecho de tenerla”.
Pero, ¿y los problemas del paÃs?
“Ciertamente hay cuestiones que están pasando en el paÃs”, dice Jorge. “SerÃa loco decir que hay papel sanitario, si no lo hay”.
“Pero bueno, esas son cuestiones de Ãndole económico, religioso, polÃtico. Pienso que son temas a tratarlos en otras entrevistas”.
Lo que pasa en la familia, pasa en Venezuela
SofÃa y Jorge parecen tener una relación cercana y amorosa, pero el tema de la polÃtica, aseguran, está tácitamente vetado en la casa: “Es un acuerdo implÃcito”, dice él.
¿No deberÃan poder hablar de esto?
“No”, dice Jorge, “yo siento que yo me llevo muy bien con ella. No creo que tengamos que poner cuestiones polÃticas en la mesa. Yo me siento bien con la forma en que nos tratamos y llevamos y conducimos las cuestiones”.
Pero su hija no está de acuerdo: “Yo creo que sà hay que hablar, que no hay que juzgar al otro por lo que piensa”.
Y añade: “Ahora que el paÃs está un poco más en llamas, yo soy la que hace más comentarios. Pero se quedan en el aire, no tienen receptividad”.
Para ella, ese fenómeno de “callar los problemas” también se nota en la esfera pública del paÃs: “Hay una ceguera ideológica que le permite a la gente decir ‘sà está pasando, pero que se está trabajando para eso y no hay que hacerle caso'”.
SofÃa ve dos razones que explican por qué la gente prefiere, como dice ella, pasar por alto la realidad: “Que no dicen las cosas por temor a que les quiten algo” y “porque tenemos miedo de herirnos”.
Por eso concluye: “Si bien nosotros no somos un ejemplo, existen familias que están destruidas por este tema”.




