Salir a hacer la compra en un supermercado venezolano no es tarea fácil. De este a oeste en la capital, Caracas, desde tempranas horas en la madrugada se observan filas de hombres, mujeres, niños y ancianos para adquirir alimentos. Las colas se hacen cada dÃa más interminables. Ahora también, en algunos barrios, se añade la concentración de gente esperando las bolsas de alimentos subsidiados, distribuidas por los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) que según el presidente Maduro buscan acabar con la «guerra económica». Sin embargo, las protestas y disturbios generados en las últimas semanas como consecuencia de la escasez son el reflejo de que este nuevo plan no ha dado los resultados esperados.
El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social en Venezuela (OVCS) registró en mayo de 2016 al menos 641 protestas. O lo que es lo mismo, 21 protestas cada dÃa en todo el paÃs. El informe de esta ONG señala que las revueltas por la escasez de alimentos aumentaron un 320% en comparación con mayo de 2015.
En la República Bolivariana conseguir arroz, azúcar, pasta, jabón de baño, desodorante, papel higiénico o toallas sanitarias a precios regulados o legales, es como que te toque el primer premio de la loterÃa. Nadie entiende por qué escasean todos los productos en las cadenas de alimentación. Esos productos son accesibles en el mercado negro, que los vende con sobreprecio ante la mirada de las autoridades sin que nada les ocurra a los especuladores. La escasez de alimentos y los altos precios han obligado a muchas familias a reducir el número de comidas. En las largas filas los rostros y cuerpos de la gente denotan un paÃs con hambre. La gran mayorÃa de los ciudadanos aguantan horas de cola junto a los supermercados buscando productos regulados porque el sueldo no les alcanza.




