Por CATALINA LOBO-GUERRERO
Faltan meses para las elecciones parlamentarias en Venezuela, pero uno de los rostros clave de la contienda, el diputado opositor y fundador del partido Primero Justicia, Julio Borges (Caracas, 1969), está bajo la mira del chavismo. El Gobierno de Nicolás Maduro le acusa de haber orquestado un supuesto golpe de Estado en connivencia con miembros del Ejército del Aire que incluiría bombardear el Palacio presidencial de Miraflores.
Pregunta. El Gobierno lo está acusando de participar en una supuesta conspiración junto con sectores de la oposición con los que usted ha mantenido amplias diferencias. ¿Cómo interpreta esa acusación?
Respuesta. El discurso de Maduro de los últimos días es que todos somos iguales. Como diciendo, aquí nadie se salva. De cara a las elecciones de la Asamblea Nacional en los próximos meses lo que se viene es polarizar, blanco o negro, no hay matices.
P. Por estas acusaciones usted no solo quedaría inhabilitado para participar en política sino que podría perder la inmunidad parlamentaria, y dado lo que ha sucedido con otros opositores, podría terminar en la cárcel mientras se adelanta el juicio. ¿Qué es lo que más teme que pueda pasar?
R. Uno siempre se preocupa por la suerte personal, pero lo que más me preocupa es que Venezuela no tenga la sensatez de manejar esta crisis, que se nos vaya de las manos a todos y terminemos en un país tomado por la anomia completa. Tenemos la responsabilidad de evitar ese barranco que tenemos justo al lado. Y por la crisis del petróleo, por la crisis política y por todo lo que ha sido esta polarización, está muy cerca de nosotros. Este es un país donde el bien más escaso no es el papel higiénico sino la racionalidad. Apuesto a que todavía estamos a tiempo de eso.
P. ¿Cómo ve usted al presidente Nicolás Maduro en esta encrucijada?
R. Cuando fui a Miraflores al diálogo en abril y tuve oportunidad de hablar con Maduro le dije, y lo sigo pensando, que él puede tener una oportunidad de redibujar los planos de la casa en Venezuela. Si él diera ese paso, Venezuela se lo compraría inmediatamente.
P. ¿Por qué cree que no lo ha hecho hasta el momento?
R. Siempre he pensado que Chávez era como el crazy glue, porque tenía pegados desde políticos de izquierda pro Cuba, hasta militares con una visión nacionalista de derecha, hasta intelectuales. Él logró ser un imán de cosas que en la vida real no se unen por lo general. Habiendo desaparecido la figura de ese líder, todos ellos están como atrapados en ese laberinto.
P. Entre muchos venezolanos ha existido una idea de que cuando no se ve una salida a ese laberinto, los militares están llamados a entrar en escena. A usted el gobierno lo señala justamente de actuar siguiendo esa teoría.
R. Que se vea a los militares como el deux ex machina que viene a resolverlo todo no ha sido una solución sino más bien un problema. Tenemos que lograr un proceso constitucional, en el cual las Fuerzas Armadas sean absolutamente institucionales y alejadas de la política, y sobre todo, de la política partidista. Eso es uno de los retos más importantes que tenemos entre manos para el futuro. Pensar que ellos o que la comunidad internacional va a solucionar el problema es un error.
P. Este viernes llega la comisión de cancilleres de Unasur que acompañó los diálogos que se truncaron el año pasado. ¿Qué espera del papel de la comunidad internacional en esta crisis?
R. La comunidad internacional no va a solucionar el problema sino facilitar un avance y que podamos tener una especie de rayado de la cancha en un momento donde no hay institucionalidad. Que podamos tener unas reglas del juego acordadas para que podamos tener en las próximas elecciones a la Asamblea Nacional una válvula de escape.
P. Esas elecciones, justamente, para muchos venezolanos vienen a constituirse como un punto de quiebre, casi que son vistas como la última oportunidad de recuperar un equilibrio institucional que mucha gente siente que se perdió, ¿Comparte usted esa visión?
R. Absolutamente, hay una diferencia en este momento con todos los momentos del pasado. Una abrumadora mayoría de venezolanos quiere un cambio. Cuando competíamos con Henrique Capriles en las elecciones de 2012, uno de los dramas nuestros era que la gente no quería cambio. Pero desde la muerte de Chávez, y estamos cumpliendo dos años, sí lo quieren. Si aquí logramos ese equilibrio democrático en la Asamblea, por supuesto nosotros seremos los primeros beneficiados, pero el país lo necesita y el gobierno necesita esa realidad.
P. Pero también hay mucho desencantamiento, desánimo, frustración, muchos cuestionan las garantías para participar en unas elecciones libres.
R. Siempre he apostado al voto, incluso cuando se tomó la decisión de no votar en las parlamentarias del 2005, eso nos costó la división de nuestro partido. El problema del voto en Venezuela no es que se lo roban para dárselo a otro candidato, es el ventajismo. Lo que hay es que luchar contra un poder total en comunicación, en la nómina del Estado, en dinero, en coerción. Pero al final si tienes una mayoría articulada y sólida, ganas. Lo hemos probado en diferentes espacios, se ganó en 2007 la reforma que propuso Chávez, en distintas gobernaciones y alcaldías, por eso Henrique Capriles empató el 2013. Y hoy cuando te digo que la gente ya tomó la decisión, no es que la va a tomar, sino que quiere un cambio. Nuestra misión es ir construyendo, escalón por escalón, una mayoría abrumadora y creo que llegamos ya a ese momento.
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